Frankenstein created the woman/Frankenstein and the monster from hell. Mentes y cuerpos, carne y espíritu: Terence Fisher, Peter Cushing y las muchas formas del Barón Frankenstein.

•Noviembre 20, 2009 • Dejar un comentario

Sin muchas presentaciones ni ceremonias, dos película de Terence Fisher, uno de los mejores directores de la historia del cine, así como suena, perteneciente a su esplendorosa saga sobre el infame Barón Frankenstein. Ambas son, en principio, cuerpos extraños dentro del ciclo, en una el personaje es casi un secundario y en apariencia y solo en apariencia es un título menor “Frankenstein created the woman”. La otra es la última y fue “la última”, parece fea y lo es, parece destartalada y lo está pero entre las paredes mohosas de manicomio sórdido encierra y nunca mejor dicho toda una reflexión/recapitulación demoledora sobre el personaje e incluso sobre el devenir de “la casa del terror”, “Frankenstein and the monster from hell”, a la vez parodia y espejo.

“Does the body rule the mind or does the mind rule the body? I don´t know…”

Frankenstein created the woman

Año: 1967

País: Gran Bretaña

86 min.

Fotografía: Arthur Grant

Música: James Bernard

Guión: Anthony Hinds

Reparto: Peter Cushing, Susan Denberg, Thorley Walters, Robert Morris

Terence Fisher retoma el personaje casi diez años después de “La venganza de Frankenstein” y con el interludio de “The evil of Frankenstein” facturada por el magistral operador de fotografía y apreciable director Freddie Francis en 1964, en esta extraña realización, mucho más densa de lo que el aspecto levemente “kitsch” de su desaforado romanticismo pueda aparentar.

En esta ocasión el progresivamente enloquecido Barón ocupa una posición secundaria ejerciendo como el elemento necesario para una (doble) venganza de ultratumba, la de una muchacha deforme, coja y con medio rostro desfigurado, víctima de las burlas y vejaciones de los mozos del pueblo a la que el doctor reconvertirá en una belleza despampanante y la del novio de esta (y ayudante de Frankenstein en su nuevo laboratorio), falsamente acusado de asesinato y por ello ajusticiado, tal y como lo había sido su padre. Un fatalismo que Fisher inmortaliza con la presencia obsesiva de una solitaria y descomunal guillotina que amenaza ominosa el plano cada vez que puede. Todo ello en el marco de esa historia de amor entre desesperados que acabará retorciéndose entre todo tipo de sugerencias pringosas y/o luctuosas. El Doctor Frankenstein aprovechará tan dramáticas circunstancias para poner en práctica sus nuevas técnicas de transmigración y sus teorías sobre conservación, es decir queda claro que nuevamente es ajeno a la tragedia y a las personas que le rodean a las que no contempla más que como probetas y sujetos experimentales, un desapego emocional y una frialdad indiferente a la que nuevamente Cushing presta su ensimismada energia y su magnético carisma.

De tal modo el “alma” o la “identidad” conservada en la cabeza decapitada del muchacho será trasportada (¿mesmerizada?) al (arreglado) cuerpo de la chica. A partir de aquí la atmósfera perversa y trágica que Fisher crea resulta tan pegajosa como audaz, de una profundidad conceptual y de huna turbiedad sexual asombrosas: la mente escindida de la chica es dominada alternativamente por uno de los dos ocupantes. El deseo de venganza provoca que la aparte masculina prevalezca y entonces nos encontramos con que el descabezado novio utiliza a “la criatura”, al nuevo (y espléndido) cuerpo de su amada y el deseo que esta lustrosa apariencia provoca, como cebo sobre sus antiguos acosadores a los que irá ejecutando, es decir usa sexualmente a el objeto de su amor, a la que defendió hasta la muerte para satisfacer una vendetta personal. Pero más aún, tenemos una mente masculina usando un cuerpo de mujer para satisfacer apetitos ocultos de la mente femenina y de la misma masculina, recordar que también el era rechazado y así es aceptado….y deseado lo que incluso desliza una extraña pulsión homoerótica. Y viceversa claro, la parte femenina también reclama su ración de atenciones eróticas que no había tenido antes y además saca a la bestia castradora a pasear, exhibiendo con orgullo lo que antes había sido rechazado y negándolo en el último momento. En fin…increíble, que cada cual elucubre su combinación, son tan inagotables como retorcidas. En cualquiera de los casos una idea magistral en su subversivo tratamiento de la dualidad sexual y el descubrimiento del poder erótico como arma. Todo en 86 apretados minutos y sin salirse del género. Formalmente resulta ser una (otra) película tremendamente brillante merced a la elegancia habitual del director, a ese intransferible sentido de la puesta en escena y a l adinámica interna del plano, una mezcla de precisión en el encuadre y movimiento constante en el interior del mismo. Peter Cushing tan bien como suele, dando aquí una imagen más distendida del Barón (sobre todo en comparación a la siguiente y magnífica “El cerebro de Frankenstein” donde descenderá a simas de abyección nunca vistas) que incluso y dada la magnitud de la tragedia acabará por verse conmovido y la más que saludable Susan Denberg antológica en su (doble) papel como pobrecita desvalida y mantis depredadora sexual.

“..y podeis moriros todos de risa porque la llevo con orgullo”, Elvis Costello

Frankenstein and the monster from hell

Año: 1974

País: Gran Bretaña

99 min.

Fotografía: Brian Probyn

Música: James Bernard

Guión: Anthony Hinds

Reparto: Peter Cushing, Shane Briant, Madeline Smith, David Prowse

Un título bastante superior a lo que se le suele conceder que supone un cierre divertidamente sardónico para el glorioso ciclo “frankensteiniano” pero que aún así resulta una triste despedida para el gran Terence Fisher además de una película desmañada y carente casi por completo, aunque refulja por instantes, de la elegancia del maestro, claramente incómodo con las modas hacia las que la “Hammer” viró en los años 70 y que en gran medida precipitaron el adiós de un director que había sido viga maestra en su crecimiento y evolución conceptual y estética.

Ofrece una relectura crepuscular cuyo punto de partida absolutamente genial ya sienta las bases de la ironía cruel que preside toda la función, de tal modo que reencontramos al inefable Barón en un manicomio ¡pero como director!, siendo así el regente el más loco de todos los internos, una inmersión a lo bruto en la demencia y el sinsentido, un mundo bocabajo regido por la lógica extraviada de un personaje convertido en parodia. El atildado “look” de Cushing y el aire ensimismado e incongruentemente risueño que otorga a su interpretación o el aberrante aspecto de la criatura no hacen más que subrayarlo. El antaño imparable Doctor Frankenstein ni siquiera parece darse cuenta de la chapuza que está perpetrando en la creación de ese  recosido grotesco compuesto por abollados restos de serie, en cierto modo tanto como lo está el mismo a esta alturas.

Frankenstein atraerá con malas artes (será condenado por sus experimentos a una temporada en el sanatorio) a un prometedor y revolucionario médico al que forzará a colaborar en una lucha eterna que a estas alturas ya ha adquirido un carácter mitológico y patético a partes iguales. El nuevo discípulo necesario (recordemos que, aparte del carácter vanidoso y arrogante del Barón, este necesita unas manos que hagan la faena desde que el se las quemase en la tercera parte de la serie) está interpretado por el inquietante lampiño Shane Briant, uno de los actores que la “Hammer” intentó lanzar como herederos de los clásicos con bien poca fortuna, a excepción del gran Ralph Bates, claro. El resto es más o menos lo de siempre (el doctor recolectando las piezas de entre la quincalla que ofrecen su enfermos, el jovenzuelo engreído dándose cuenta del camino que toma, la damisela en apuros, aquí la sexy Madeline Smith,  irresistible “Hammer girl” a la que Ingrid Pitt vampirizaba a base de bien en la simpática “The vampire lovers”, etc …) pero todo visto a través de una óptica de frenopático, que acentúa despiadadamente lo inútil del intento y exhibe sin pudor la eterna repetición a la que esta condenado el protagonista. Fisher desnuda a su personaje y lo despoja de cualquier grandeza para dejarlo convertido en un guiñapo terrorífico, un espantajo que barre el suelo de su último fracaso con la ilusión  de comenzar el próximo mientras la cámara se aleja de semejante mundo dejando a los personajes encerrados en una habitación mientras el espectador se va de allí espantado, y con Terence Fisher de la mano.

Honor de artesanía: John Flynn hacía buenos thrillers. EL ex-preso de Corea/Best Seller,

•Noviembre 18, 2009 • 2 comentarios

John Flynn es un director del que casi nadie se acuerda ya, lo que tampoco es de extrañar porque desde finales de los 80 su carrera transcurrió sin sobresaltos de subproducto en subproducto, de Stallone a Seagal y filmo por que me toca, artesano apañado que despachaba acción rudimentaria sin más ni más… y fue una pena. John Flynn daba para más, filmó a principios de los 70 “The Outfit” que fue un fracaso y ahora es título de culto y que suponía una revisión de la novela de Richard Stark ( o Donald E. Westlake, como prefieran) que dio pie a la sensacional “A quemarropa” pero sin todo el andamiaje estilístico que había construido Boorman, Flynn ya dejaba claro cuales eran sus maneras: la artesanía, la falta de florituras, el camino directo y la modestia del profesional dedicado al género.  Aun así Flynn no es uno de esos grandes olvidados cuyos méritos comienzan ahora a revalorizarse, tampoco. Está tristemente menospreciado pero no fue un grandísimo director, ni siquiera hizo nunca una gran película perdida, pero tuvo sus momentos, eso desde luego y sabía rodar, que no es poco. Con una diferencia de diez años entre décadas John Flynn dejó rodados con su profesionalidad acorazada dos de los más contundentes y vibrante thrillers de los 70 y 80, “Rolling Thunder” y “Best Seller”, entre ellos no tienen nada que ver, donde uno pone naturalismo crudo el otro presenta estilización genérica, mientras el primero es hijo de su tiempo, el segundo parece ir en contra del mismo, la única relación es la honestidad de su propuesta, una honestidad que parece desaparecida del cine comercial.

“No hay Dios en México”

El ex-preso de Corea (Rolling Thunder)

Año: 1977

País: Estados Unidos

95 min.

Fotografía: Jordan Cronenweth

Música: Barry De Vorzon

Guión: Paul Schrader y Heywood Gould

Reparto: William Devane, Linda Haynes, Tommy Lee Jones, Dabney Colleman, Lisa Blake Richards, James Best

Una notable película de venganzas casi convertida en clásico del sub-género sobre guión del tremendo Paul Schrader, que al parecer no quedó muy satisfecho del resultado tildándolo de racista y fascistoide, aunque en realidad no esté tan lejos (si que es más primario eso desde luego y carece de la capacidad de introspección necesaria para dar la vuelta al discurso) de otros títulos suyos presididos también por esa atracción ambigua por el abismo, pienso en la misma Taxi Driver” o en especial en la terriblemente cruda, obsesiva y enfermiza “Hardcore: un mundo oculto”, revisitación repleta de culpa universal y neurosis de los preceptos del legendario “Centauros del desierto” ambientándolos en el submundo de las pequeñas producciones pornográficas visto a través del torturado prisma ultrarreligioso  del padre desesperado al que interpreta un descomunal George C. Scott. En cualquier caso este contundente “Rolling Thunder” (el título español es ciertamente inexplicable) se adhiere con fuerza a la cara más incómoda del gran “thriller” americano setentero, la que miraba a la bestia interior al tiempo que guiñaba el ojo a los instintos más bajos de la audiencia. Así John Flynn da lo mejor de si con un estilo contundente y sin florituras para entregar un film rabioso, repleto de nervio, sordidez sin adulterar, un pie en la demencia y encima claveteado por momentos de una violencia estremecedora. Historia de un desubicado prisionero de guerra y anti-héroe repulsivo al que interpreta el magnífico William Devane (actor de rictus permanentemente desagradable y despreciativo que se revela todo un acierto, pese a todas sus penurias nunca llegamos a sentirnos junto a el, su misma presencia física provoca rechazo y pone en guardia), que vuelve a casa, tras varios años de cautiverio, profundamente trastornado y alienado. Premiado y agasajado sufrirá un brutal asalto a su casa por parte de unos criminales mexicanos que quieren lo dólares de plata que le regalaron. Todo termina con el asesinato de su mujer (que le había sido infiel y ahora le tiene pavor, un detalle nada baladí, que subraya tanto el carácter del personaje como su cualidad de desclasado) e hijo y la bestial amputación de una mano triturador de basuras por medio en una escena francamente insoportable.

Paradójicamente este acto aberrante terminará por dar verdadero sentido a su nueva existencia: la venganza. Liado con una muchacha también en plena huída (lo que propicia la inclusión de una historia de amor más bien poco satisfactoria) y montado en su Chevrolet por los servicios prestados, reclutará a un antiguo compañero de armas al que interpreta un joven y más que torvo Tommy Lee Jones y se sumergirá camino a un baño de sangre en la frontera, ese territorio a la vez físico y mítico para los americanos. Simbólico purgatorio repleto de horrores donde cualquier maldad es posible y en el que por igual se cometen los pecados y se expían las culpas, el “meridiano de sangre” en palabras de Cormac McCarthy, una mística largamente explorada por el cine (la reciente y espléndida “Los tres entierros de Melquíades Estrada” dirigida por el mismo Lee Jones, sin ir más lejos) , la literatura y la música norteamericana, unas veces desde la paranoia, otra desde la opción vital.

Flynn apura el naturalismo más rugoso, incorpora algunos apuntes interesante y malsanos sobre le fetichismo de los objetos (las armas artesanalmente preparadas, el uniforme, las gafas de aviador y por supuesto el garfio) y acepta influencias del Peckinpah de “Quiero la cabeza de Alfredo García” pero sin lirismo y también de los films de/con Bronson aunque con un sentido bien distinto, nada heroico o glorificador y más bien desesperado.

“Alguien ha escrito mi vida en una canción”

Best Seller

Año: 1987

País: Estados Unidos

110 min.

Fotografía: Fred Murphy

Música: Jay Ferguson

Guión: Larry Cohen

Reparto: James Woods, Brian Dennehy, Victoria Tennant, Allison Balson, Paul Shaenar

Un film con una premisa genial parcialmente malograda, obra por cierto del siempre interesante e imprevisible Larry Cohen, gloria menor del “fantastique” con unos cuantos títulos de culto en su haber, como “Q, la serpiente voladora”, “¡Está Vivo!” o “Demon”. El asunto a tratar es el proceso de identificación/amistad entre un cínico y gélido asesino a sueldo y un veterano policía ahora metido a exitoso escritor de novelas criminales a la búsqueda de un nuevo éxito. Éxito que el “hitman” le promete si le ayuda a hundir a un hombre de negocios para el que trabajaba y que le traicionó, lo que el policía no sabe es que su nuevo amigo ya le conocía de mucho antes. La turbia relación inicial, el permiso para mirar en sitios realmente oscuros, la sensación de impunidad ante el crimen, las dudas morales, la manipulación, etc… dará paso a una verdadera lealtad que utiliza y subvierte con inteligencia los estilemas de las muy en boga “buddy movies” que hicieron estragos desde mediados de los 80 a principios de los 90 contraponiendo caracteres antitéticos obligados a entenderse, títulos del tipo de la necia saga “Arma letal” o la nada desdeñable y casi fundacional “Límite 48 horas”, descontando otras como “Danko:calor rojo” o “Colegas a la fuerza” con el mismo James Woods instruyendo a Michael J. Fox.

Acoge además afortunadas influencias de la dramaturgia de David Mamet (diálogos cortantes de extraña cadencia musical, ética de los profesionales, engaños, luchas mentales….) y consigue resultar un “thriller” siempre seco y estilizado que se aparta de las corrientes estéticas reinantes (el imperio del manierismo publicitario destruyó la crudeza que había impuesto el policíaco de los 70 diluido entre esteticismo de pose y mucho haz de luz filtrado) a base de elegancia y sencillez formal. Que consigue dejar no pocos apuntes turbios cuando se enfoca con mayor decisión en la relación entre los protagonista, como el empeño de Woods en caer bien (su asesino demuestra ser un ególatra de cuidado y un “fan fatal” encantado de que un tipo al que admira escriba su vida y por ello no oculta ni mínimante su proceder), en ser aceptado como amigo que lelleva a presentarle a su familia o en sobreprotegerle enfermizamente.

Encima está soberbiamente interpretado por una gran pareja de actores que pocas veces han estado mejor, el perpetuamente desaprovechado Brian Dennehy luciendo falsa hosquedad y el gran James Woods más “cool” que nunca, que ya es decir. Por desgracia camina hacia terrenos un tanto formularios en su parte final y a Flynn le falta garra y acaba por desaprovechar o más bien no apurar del todo, el sugestivo argumento. Aun así merece ser redescubierto y está repleto de aciertos.

Fascismo emocional: Contratiempo, Nicolas Roeg enseña que “pasión no es una palabra corriente”

•Noviembre 16, 2009 • Dejar un comentario

badtimingroegContratiempo (Bad timing)

Director: Nicolas Roeg

Año: 1980

País: Estados Unidos

122 min.

Fotografía: Anthony B. Richmond

Música: Richard Hartley

Guión: Yale Udoff

Reparto: Art Garfunkel, Theresa Russell, Harvey Keitel, Denholm Elliott

No pocos directores ven sepultada la gran mayoría de su filmografía bajo el peso de una sola obra, este es el caso del muy interesante, excéntrico y altamente pretencioso Nicolas Roeg, gran operador de fotografía (“Farenheit 451” y “Golfus de Roma”, ambas en 1966, por ejemplo) firmante 8de ese indiscutible clásico de culto que es  ”Amenaza en la sombra“(1973) pero que más allá de esta obra mayor su carrera se mece entre lo justamente olvidable (o evitable) como la inaugural “Performance”(1971) dirigida mano a mano con otro extravagante profesional como Donald Cammell (el hombre tras “Engendro mecánico”, 197) y convertida hoy en pieza de culto en virtud de su estragante caracter “bizarre”  y la presencia de Mick Jagger como trasunto de si mismo o la insufrible “The man who fell to Earth”(1976) a mayor gloria de Bowie y lo penosamente olvidado, como la extraña y pelín demasiado “arty” “Walkabout”(1971), la simpática adaptación de Roald Dahl, “La maldición de las brujas”(1989), “Dos muertes” un título casi invisible pero que cuenta con defensores y al parecer no carece de interés y por supuesto este “Contratiempo” que supone a la vez una película de increíbles posibilidades y un fracaso doloroso perdido en el ensimismamiento.

435606“Contratiempo” es una historia criminal y melodramática de “amour fou” y obsesión sexual contada/reconstruida a través de un ritmo sincopado, una narrativa elusiva y una estructura fragmentaria que es una auténtica exhibición de montaje puramente musical, al que no es ajeno su potente banda sonora que mece a los Who con Billie Holliday y Tom Waits ni, en especial, su trabajada asincronía que mezcla/altera el espacio físico/fílmico mediante la manipulación del sonido en relación a la imagen y viceversa.16

La historia deja oír algunos ecos de “El último tango en Paris”, manierismos visuales y ramalazos de la histeria de Andrej Zulawski (del que también hereda su manera rompedora de tratar estilemas típicos del melodrama), de los trabajos previos del propio director (ese sentido de la narración “alterado” ya funcionaba a toda máquina en “Amenaza en la sombra”) e incluso inopinadas gotas de espionaje (ella procede del Este de Europa y arrastra un extraño 12272_Bad-Timing-03matrimonio con un hombre mucho mayor que bien podría ser un espíay al que interpreta el siempre espléndido Denholm Elliott) que añaden delirio y extrañeza al invento, ennoblecido por una fotografía extraordinaria (con algún efecto sorprendente, como esos fondos desenfocados que parecen deshacerse como pintura húmeda) y sobre todo por esa facilidad asombrosa que tenía el mejor Roeg para volver inquietante y amenazante cualquier cosa solo con la planificación visual y la 12272_Bad-Timing-04precisión en el movimiento de la cámara.

Theresa Russell fascina como desequilibrada belleza mezcla de frialdad, infantilismo y perversidad a partes iguales, que llevará a la perdición a un psiquiatra americano en una Viena extraña y peligrosamente hermosa a la que Roeg somete al mismo tratamiento que a la Venecia de, si otra vez, “Amenaza en la sombra” pero por desgracia el concurso del lechuguino Art Garfunkel como (incapaz) protagonista lastra toda la película Film_303w_BadTimingal no poder transmitir la turbulencia y el progresivo desquiciamiento, la necesidad de poseer lo inaprensible de su personaje, con la excepción del cruel final en el que viola a una Theresa Russell agonizante (la única vez que ella se está quieta y el consigue mandar/controlar) y en el que la inexpresividad del actor se vuelve a favor del momento amplificando la parsimoniosa repugnancia y atrocidad minuciosa de un acto perfectamente milimetrado. Un clímax soberbio en el que el pulso de Roeg tn-VidmanTheresaRussell_BadTiming01_9d06709cdc93f1dc4d305faffc6c6520brilla con fuerza y su personal sentido de la progresión dramática y de la organización espacial, su en ocasiones despegado esteticismo y ese montaje ya referido funcionan a la perfección. Aún así resulta una lástima que el gran Harvey Keitel no se ocupase de este papel en lugar del de bien peculiar policía obsesionado con ese “bad timing” del título original que tiene a su cargo, en ese caso el resultado podría haber sido una obra maestra.

An object of desire you don’t desire to be, I bet the shop window dummies
give in just as easily
I try to top but have to make you drop down to the floor
Moaning in the darkness as we fake some more
Passion is no ordinary word
Not just another sound that you hear at night

poster-w2 Nicolas Roeg Bad Timing DVD Review