El amor y la ley: Diabolik contra Kriminal. Pop, anarquía y el zeitgeist de los 60 según Mario Bava y Umberto Lenzi.

Una reseña doble que al final ni es doble ni es reseña, sino más bien un artículo alrededor de dos películas complementarias y totalmente diferentes, La máscara de Kriminal, de Umberto Lenzi y Diabolik de Mario Bava. Trabajos que llegan a lugares muy distintos, aunque un primer vistazo no lo haga suponer, partiendo exactamente desde el mismo. Visiones del cómic, de lo popular y de un época. Espero no divagar demasiado y ofrecer algo entretenido, enjundioso y chispeante. Algo pop en definitiva.

Un pop-art que no estaba colgado de museos bajo el nombre de timadores culturales tan notorios con Andy Warhol, cuyo mayor mérito, aparte de la brillante operación mercantil (e ideológica) de haberse convertido a si mismo en objeto artístico de venta garantizada, estriba en haber obligado a Lou Reed y a John Cale a tragar con Nico en el primer y apoteósica disco de la Velvet Underground, o el ínclito impostor Roy Lichtenstein y sus fatuas reproducciones de viñetas, ejemplo perfecto de desprecio intelectual por lo popular travestido exactamente de lo contrario. No todos son de este pelaje claro y merece bien la pena rescatar juguetes irónicos tan interesantes como la obra de Jasper Jones con la bandera norteamericana o con las letras del alfabeto y los números tomados como objeto artístico, ya que por si mismos un impresiones con significado y estética propias y reconocibles.

Desde luego el arte pop más genuino (accesible y seriado) se vendía en los kioscos a precios populares con firmas de genios auténticos como Jack Kirby, Steve Ditko, Jim Steranko, Gil Kane o Neal Adams entre otros genios qeu desbordaban y reinventaban el medio entre despliegues de creatividad y conexión con el público ante los cuales los cuadros de estos negociantes de si mismo se derretirían de vergüenza. Igualmente las pantallas eran asaltadas por el colorido estridente, las audacias formales y el delirio impremeditado. Desde Japón a Norteamérica pasando por una Europa que tenía Italia  a la cabeza del movimiento.

Diabolik y Kriminal se ajustan a la perfección a esta era y a sus enloquecidos preceptos. Saltan del papel a la pantalla como arte inconsciente y definitivamente pop: industrial y para todos lo públicos, ofreciendo sofisticación con presupuestos de risa, extravagancia sexy, descaro y algo venenoso y juguetón que resulta imposible de definir. Desgraciadamente lo que podía haber sido el nacimiento de todo un nuevo género se vaporizó o más bien fue arrastrado por la marea del abigarrado cine de la Europa de las coproducciones. Más allá de estos dos títulos y la secuela de La máscara de Kriminal, dirigida por Fernando Cerchio y titulada Los 4 Budas de Kriminal (y que desafortunadamente no he visto, así que ya sabéis, se agradecen aportaciones), poco más fumetto nero cinematográfico hay. Y eso que entre una y otra la destajista industria local alumbró, según consigna Javier G. Romero en esa estupenda introducción al cinema bis que es Hecho en Europa, Mister X de Pietro Vivarelli y la parodia (lo que certifica el impacto del género) de Steno Arriba Dorellik y un año después Satanik (otra creación de Bunker y Magnus) también dirigida por Vivarelli y con protagonista femenina, arrimándose en esta ocasión al fumetti per adulti. Si quedó cierto gusto por las adaptaciones comiqueras (una fiebre que se repite de tanto en tanto y que en la actualidad ha adquirido niveles epidémicos) y algún resto iconográfico desperdigado, pero poco más y es una verdadera lástima, porque el estilo y el mismo espíritu del género definían la época a la perfección. No hay más que ver a John Phillip Law y Marisa Mell encarnado a Diabolik y a Eva Kant, ellos son los 60: amorales, bellos y libres.La máscara de Kriminal es la primera de las dos aunque esto sea casi un accidente o más bien el ejemplo perfecto del funcionamiento velocísimo, y siempre atento al siguiente sabor, de la industria italiana. Porque en realidad el film de Lenzi si que es un exploit, pero uno por adelantado, emprendido sobre el proyecto del Diabolik original que iba a dirigir Tonino Cervi (aunque otras fuentes señalan la posibilidad de que Seth Holt se hubiera hecho cargo

Jean Sorel y Elsa Martinelli en una imagen promocional del proyecto de Diabolik

del film con Cervi como productor). Como muy bien explican Anita Haas y Carlos Aguilar en su fantabuloso libro Diabolik Angel, la película, nacida como un pack junto a la infumable Barbarella de Roger Vadim,  estaba pensada para ser protagonizada por Jean Sorel, un Alain Delon de 2ª B con nulo carisma y todavía menores aptitudes interpretativas que se convertiría en arquetipo del macho baqueteado en los psicothrillers sesenteros y calentorros del mismo Lenzi y otros, y Elsa Martinelli, bella y talentosa pero con un aire de Audrey Hepburn mediterránea demasiado dulce y sin el punto de altivez necesario para el personaje. Con el conocimiento de este éxito futurible la maquinaria se pone en marcha y se busca otro tebeo que poder adaptar. La respuesta estará en un tétrico esqueleto sobre fondo negro que ya había nacido al rebufo de la creación de las hermanas Giussani extremando todas las características de este, de tal manera el Kriminal de Max Bunker y Magnus era más malo, más retorcido, más erótico, más todo.

Pero paradójicamente las películas serán exactamente lo contrario, frente al convencional cinismo animado por los trajes coloristas y los detalles poperos del film de Lenzi, Bava ofrecerá lo nunca visto, no solo una estructura narrativa libérrima y despreocupada (compuesto de tres episodios lejanamente ligados y bastante fieles, pese a su personalísima visión), no solo dibujos de acción real, ofrecerá un personaje que será mucho más que un archivillano, potenciado, además por la performance de un John Phillip Law que desborda el plano con su gestulidad y su inaprensible físico filiforme. El Diabolik cinematográfico es el anarquista definitivo, ataca a los pilares de las sociedad y derrumba todos los bancos y todos los ministerios mucho antes de que a Tyler Durden se le ocurriese tal cosa, pero por encima de este terrorismo ilusionista (se podría decir que es un Invisible avant la leerte, guerrillero de  la imaginación en lucha contra la grisura) representa el triunfo del hedonismo, la conversión del hombre en un dios por su propia voluntad y la representación erótica del amor ajeno a todo, incluida la ley o la muerte. Diabolik y Eva Kant, roban, follan, destruyen y aman ajenos a todo y a todos, envueltos en un mundo de diseños imposible, frivolidad vitalista y tecnologías soñadas que les proporcionan los recursos para vencer incluso en la derrota. Son intocables porque su perfección es tal que no se puede ni creer que existan. Se mueven en una ciudad que es pura abstracción op, estilizada hasta el delirio, caricaturesca y paródica porque comparados con ellos todos los demás son/somos ridículos. Lo pueden todo porque se aman y el resto no les importa.

Si a este delirio interno se le añade un Mario Bava burbujeante y en vena genial haciéndose cargo de la dirección y personalizando la película hasta límites asombrosos, no se puede culpar a Lenzi de haber dejado a su Kriminal en el plano de lo mundano. El diseño de interiores (logrado con unos trucajes fotográficos y un uso abracadabrante de las miniaturas), una fotografía psicodélica e hipnótica, una comprensión profunda e intuitiva del lenguaje del cómic que le facilita la composición del plano viñeteado desde dentro. Un recurso espléndidamente explica el dibujante Stephen Bissette en los agradecidos extras de la edición en DVD de la película: mientras la mayoría de adaptaciones toman el estatismo de la viñeta como si fuera algo connatural al lenguaje del comic y componen a partir de ella diversos tableaux, Bava se da cuenta de que esto no es así, las viñetas y su disposición en la página buscan una sensación de gran velocidad, utilizando acciones elididas que el lector rellena mentalmente. De esta manera divide el encuadre creando una impresión de página sobre la que el espectador va pasando la mirada sobre las diferentes acciones dramáticas de la composición mediante la interposición del decorado y la composición en diferentes escalas o profundidades. Y finalmente unos actores nacidos para sus papeles (por cierto que para la irresistible Eva Kant había sido contratada nada menos que Catherine Deneuve, raudamente puesta de patitas en al calle en virtud de su proverbial frialdad/sosería. En cualquier caso una elección más que inapropiada, restañada por un Bava que solicitó a Marilú Toló o Marisa Mell, siendo la austriaca la perfecta elección final, para alegría de un Law con el que inició un apasionado romance que verdaderamente traspasa la pantalla, no hay más que ver como se devoran y como la cámara los acaricia en la antológica escena de la llegada a la guarida. Todo esto y mucho más nuevamente en: Diabolik Angel) que conspiran para alcanzar el cenit de la irrealidad escapista cinematográfica.Frente a este desbarre libertario en todo los sentidos, frente a esta carcajada audaz y desafiante La máscara de Kriminal puede parecer un film vulgar cuando en realidad no lo es, no tiene la culpa de lo que vendría (y de hecho fue un éxito, mientras que Diabolik no) y sin lugar a dudas de haberse realizado después hubiera seguido esa línea, pero Umberto Lenzi trabajaba sin referentes y ese no es un mérito menor. Así este supervillano terrenal estará más apegado a la estética de spionistico imperante en la época y que revoloteaba sobre el triunfo atronador de la saga Bond. El enmascarado interpretado por el guaperas rubio Glenn Saxon (cuyo gesto monocorde y su media sonrisa terminan por ser beneficiosos) casi será uno de esos pseudobonds italianos que menudeaban en la época, aunque sin despreciar paralelismo con los artefactos autoconscientes de Jesús Franco,  divertimentos chispeantes como Lucky el intrépido (1966) o el díptico Bésame, monstruo (1966) y El caso de las dos bellezas (1967).

En el argumento tenemos planes descabellados, escenarios exóticos, bellezas a las que seducir (fantástica y guapísima Helga Liné como (doble) chica Kriminal, casinos más o menos sofisticados, engaños y contraengaños alrededor de unos diamantes, villanos en la sombra,..etc, todo rodado con energía, cierta maña y dejando aquí y allá gustosos detalles sádicos (Saxon desfigurando con ácido a su rival para así suplantarle) muy propios del cinema bis italiano.

Con el añadido diferenciador (para bien) de su carismático uniforme de batalla y de su adscripción sin medias tintas a la maldad, lo que no impide que en realidad sus objetivos y crímenes se dirijan contra otro como él. Kriminal es un malhechor de malhechores, no atenta contra los estamentos políticos o morales, no es un ser superior como el Diabolik baviano, no es una amenaza real porque no es asocial, está dentro del sistema. Solo un ladrón pintoresco y extravagante y tal que así es la película, un divertimento ágil, barato y eficaz, un equivalente en movimiento a las chillonas portadas de los fumetti, puro bolsicine, entretenimiento picante garantizado. Plagado además de buenas soluciones e ideas, desde el bello villanesco que  funciona a la perfección gracias a la referida tipología repulida del actor, hasta sus memorables títulos de crédito o su esplendido final que convierten la imagen cinematográfica en galería de arte, pasando de lo físico a lo dibujado sin solución de continuidad.

La máscara de Kriminal (Kriminal)

Director: Umberto Lenzi

Año: 1966

País: Italia/España

94 min.

Fotografía: Angelo Lotti

Música: Raymond Full

Guión: David Moreno y Umberto Lenzi según el cómic Kriminal de Max Bunker

Reparto: Glenn Saxo, Helga Liné, Andrea Bosic, Ivano Staccioli, Armando Calvo, Esmeralda Ruspoli, Susana Baker

Diabolik (Danger: Diabolik)

Director: Mario Bava

Año: 1968

País: Italia/Francia

99 min.

Fotografía: Antonio Rinaldi

Música: Ennio Morricone

Guión: Mario Bava y Arduino Maiuri según el cómic Diabolik de Angela Giussani & Luciana Giussani

Reparto: John Phillip Law, Marisa Mell, Michel Piccoli, Adolfo Celi