El huerto del francés: Garrote vil para los asesinos de Peñaflor

El pasado 6 de Septiembre cumplía Paul Naschy 75 años, con retraso que mejor manera de inaugurar esta singladura directa a las profundidades que con uno de sus mejores y en consecuencia más desaparecidos trabajos, la prácticamente invisible “El huerto del francés”, el intento más serio y elaborado de Jacinto Molina como director, alejándose del fantástico pero no del terror.

Director: Jacinto Molina

Año: 1977

País: España

Fotografía: Leopoldo Villaseñor

Música: Ángel Arteaga, Rosa León

Guión: Jacinto Molina, Antonio Fos

Reparto: Paul Naschy, José Calvo, Ágata Lys

María José Cantudo, Luis Ciges, Silvia Tortosa

91 min.4

Dos amigos regentan un cortijo a las afueras de Sevilla que sirve de burdel y timba, uno de ellos busca y atrae a los primos al establecimiento con la excusa del juego, una vez allí el compinche los descalabra y entierra en las tomateras.

Uno de los mejores títulos de entre la ingente cantidad de material protagonizado por Naschy y desde luego la mejor de entre las que dirigió (aunque tanto “Inquisición” como la inencontrable “El caminante” supongan filmes más que dignos y “Los Cátabros” una rareza fuera de cualquier tiempo), alejándose conscientemente del “fantaterror” más puro para adentrarse con convencimiento en los caminos de la crónica de sucesos descarnada, en este caso un sucedido en la Sevilla de 1906.

huertocolor El resultado es una suerte de costumbrismo sucio y rugoso, una película seca (ejemplar la resolución de los crímenes, brutal pero sin espectacularizar) aunque un tanto rígida en su empeñada sobriedad, muy competentemente producida, con una notable ambientación y una gran banda sonora (inolvidable el romance cantado por Rosa León que abre y cierra el metraje), muy bien rodada y planificada con elegancia y seriedad (aunque con alguna buena idea burdamente resuelta, como el oscurecimiento artificioso de la iluminación sobre el rostro contrito del protagonista), demostrando preocupación por la composición como elemento dramático y narrativo. Interpretada con cierta corrección pese a un reparto no muy adecuado, excepción del gran secundario Pepe Calvo o la breve intervención de Ciges como verdugo, atento a las glorias del destape, con Agata Lys, Silvia Tortosa o la Cantudo de inocente jovencita, y con el mismísimo Naschy como chaparro irresistible que oculta bajo su fachada de trabajador abnegado y marido ejemplar, a un alcahuete, usureo, ladrón y apiolador serial sin piedad alguna, un genuino “psycho-killer” patrio, de gesto reconcentrado y mentón chulesco. Desde luego supone un intento a tener en cuenta, por su decidida voluntad de explorar la posibilidad de un genuino terror español (junto a una obra mayor como “Una vela para el diablo” de Eugenio Martín y los elogiables intentos autorales de Eloy de la Iglesia con “La semana del asesino” a la cabeza, todos ellos bajo guión del muy reivindicable Antonio Fos), un cine criminal atento a la bestia interior, que no rechaza ni el humor negrísimo ni el cinismo cruel, y además certifica el lamentable hecho de que Jacinto Molina dejó cantidades ingentes de buenas ideas en manos de charcuteros de la cámara que ponían su mermado sentido del oficio al servicio de la facturación de sub-productos y el arrejuntado de planos en tiempo record, todo dentro de un sistema de producción leonino y una dejadez pesetera que condenó al género en España.

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