Vec vidjeno: En las grietas del continuo

Vec Vidjeno (Deja vù)

Director: Goran Markovic

Año: 1987

País: Yugoslavia

Fotografía: Zivko Zalar

Música: Zoran Simjanovic

Guión: Goran Markovic

Reparto: Mustafa Nadarevic, Anica Dobra, Milorad Mandic, Bogdan Diklic

Películas como esta tienen la culpa del nacimiento de engendros como este, una muestra excelente de una cinematografía muy activa y rica, por completo (o casi) desconocida, pero además un título con un atractivo que va mucho más allá de cualquier exotismo exclusivista para proponer un trabajo elaborado y fascinante que supone una manera, quizás de choque, pero mejor que ninguna otra de introducirse en el cine del siempre sugestivo Goran Markovic. Un tipo que volverá por aquí.

Un film insólito y perturbador, que no da facilidades, que no camina por la sombra. Una operación complejísima, quizás no plenamente lograda pero que cumple ya solo con el intento. Mezcla de horror metafísico y negrísima comedia sin gracia sobre un hombre que no habita la realidad, sino que habita en las cavidades de la mente, experimentando a la vez todos los tiempos, un presente continuo de traumas y absurdidad. Un anti-héroe pasivo enfermizamente enamorado de una belleza de cristal y vulgaridad, voluble e infantil (la preciosa Anica Dobra), que terminará por provocar un estado de catarsis aterrador, un hermanamiento imposible de melodrama folletinesco con mujer y pelele, sátira costumbrista, reflexión histórica rabiosa y “psicothriller” de sensibilidad “fantastique”.

Erigido sobre una estructura narrativa hipertextual y yuxtapuesta de triple salto mortal en las que unas imágenes o signos remite a otros (de tal modo que podría ser leída/vista en cualquier orden secuencial ya que un concepto/fragmento remitiría inmediatamente a otro y este a otro y así…, concepto poco explorado en el cine pero básico por ejemplo en el lenguaje del cómic y elevado por Alan Moore en “Watchmen” a niveles catedralícios), que sostiene hasta cuatro espacios narrativos diferentes: el presente contemporáneo, un segundo presente en los 70, los recuerdos de pre y post guerra que asfixian al protagonista, y además las violentas alucinaciones anticipatorias que asaltan lo asaltan (unos muy “de palmianos” planos subjetivos que además no se revelan gratuitos, sino que sirve para relacionar visualmente a dos personajes indisolublemente unidos). Un sistema narrativo casi sin parangón que presenta no pocos paralelismos técnicos y espirituales (repeticiones de motivos, atención al detalle escenográfico siempre con intencionalidad dramática, por ejemplo la ropa y los muebles de la decadente habitación colectivizada del protagonista) con la monumental serie británica “The singing detective” del indispensable Dennis Potter, uno de los más singulares creadores audiovisuales del siglo XX, a los que añade manierismo estilístico y un fuerte carácter simbólico (la imagen fascinante de la sangre deslizándose sobre el cristal y del niño lamiéndola en comunión torcida que se repite varias veces y nuevamente con el protagonista y el pequeño hermano de su amada unidos por la muerte y el tiempo) que la dotan incluso de la atmósfera y el esteticismo agobiante del tremendo “Brazil” de Terry Gilliam.

Amenaza con descabalgar y ciertamente se rebela abstrusa e incluso artificiosa por momentos, pero lo justifica sobradamente con su descarada ambición, la elegancia de sus recursos, especialmente las fantásticas transiciones “temporales” realizadas mediante una labor de montaje de filigrana, y un tercio final impresionante, en la que se combina la precisión de los saltos temporales, la violencia entre cómica y aterradora y un final misterioso y extrañamente evocador, donde el personaje de Nadarevic parece tanto esperar su muerte (incluso facilitarla con la resignación de lo ya vivido) como comprender que alguien más comparte su ciclo.

PS: con agradecimiento al apostol de los balcanes que me la descubrió.

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