Yo maté a Jesse James, dijo Robert Ford: Balas vengadoras

 

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Un “western” extravagante, original y desquilibrado (en todo los sentidos) sobre el peso de convertir a un hombre en leyenda y en donde ya refulgen las constantes temáticas y visuales que lo convertirían en uno de los francotiradores del cine americano. Rodada dentro de los estrechos márgenes presupuestarios de la “serie b” con un notable vigor y esa audacia que siempre caracterizó al autor, ese gusto por los temas fuertes y escandalosos, no hay que olvidar que Fuller provenía del reporterismo y las novelas de “a duro”, así como por los personajes en los márgenes de la historia. Coherentemente se fija aquí en el tortuoso Robert Ford, contrafigura del héroe y desclasado absoluto, enamorado (doblemente) doliente, abrumado por la paranoia del perseguido y la carga del mito, brillantemente expresado en la escena de la representación teatral del asesinato, una fantasmagoría brutal, con el protagonista obligado por su propia mano a revivir una y otra vez el ciclo de muerte, una ceremonia de romanticismo necrófilo estremecedor. Un gran personaje beneficiado por la excelente interpretación de John Ireland, fabuloso secundario (inolvidable Cherry Valance en “Río Rojo”) y actor perpetuamente desaprovechado que terminó por reciclarse a presencia de prestigio en el cine europeo de género durante la edad de oro de las coproducciones.1763945290_1db5a62499

Asombra la claridad del subtexto homoerótico, la turbadora intimidad de los dos hombres y la manera de llenar la imagen y los diálogos de dobles sentidos (ejemplar la escena del baño, James en el agua y a su lado Ford acariciando el revolver del primero)1763945304_9e16a16c70, así como la nada desdeñable capacidad de penetración psicológica sobre el personaje central, toda la primera mitad resulta espléndida, con un bloque central magnífico culminado por la escena en la que un desprevenido cantante acaba por tener que interpretar la celebérrima “Balada de Jesse James” delante del hombre que lo elevó a los altares ( la fascinante realeza/ panteón americano que forman los forajidos), un momento que mezcla dolor masoquista, tristeza y revelación. En muchos aspectos la espectral “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford” no deja de ser una lujosa (y estupenda) reformulación/ampliación de este clásico menor, una puesta al día de su temática acerca de la fascinación, el enamoramiento y el deseo de ser el otro.Desgraciadamente en su tercio final la historia se vuelve un “western” más o menos rutinario que aun así conserva chispazos como el regreso de Barbara Britton enlutada por anticipado o el cambio de oscuro a claro en el vestuario del protagonista, y desde luego levanta el vuelo en su fatal duelo final con una puesta en escena demencialmente expresiva: pese a ser de día, en sus contraplanos Robert Ford está rodeado de la negrura absoluta.

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