“La muerte me miró desde el espejo y dijo: -nos parecemos tanto que deberíamos ser hermanos”: Bronson/Winner, El justiciero de la ciudad

deathwish30x40Un film legendario e históricamente definitorio con un éxito con categoría de fenómeno sociológico que provocó una oleada de sub-productos (tanto americanos como especialmente europeos, léase italianos, la mayoría infames pero algunos más que rescatables como “Il cittadino si ribella” de Castellari, con Nero convertido al crimen para combatir el crimen, “exploit” instantáneo que certifica la asombrosa agilidad trapisondista del “cinema bis”), imitaciones y secuelas que se quedaban con la parte más superficial y embotada del invento. Pero principalmente la cinta supone la presentación del “vigilante”, evolución radical del policía insubordinado inmortalizado por Siegel e Eastwood (y sus tropeciéntos epígonos, claro) y sublimación de las fantasías justicieras, de la cruzada de un solo hombre contra una ciudad que simboliza la corrupción absoluta, la Babilonia moderna  indiferente ante la maldad y el sufrimiento de los semejantes.

Death Wish (El justiciero de la ciudad)

Director: Michael Winner

Año: 1974

País: Estados Unidos

Fotografía: Arthur J. Ornitz

Música: Herbie Hancock

Guión: Wendell Mayes según la novela de Brian Garfield “Death Wish”, 1972

Reparto: Charles Bronson, Hope Lange, Vincent Gardenia, William Redfield

sobre todos los vivos...y sobre los muertos

sobre todos los vivos...y sobre los muertos

Una cinta de una ambigüedad ideológica resbaladiza en la que no es gratuito que el personaje sea un liberal que fue objetor de conciencia en Corea. Que aviva pasiones particularmente viscosas a base de apretar teclas sensibles y de conducir al espectador sin ningún tipo de piedad con ocasionales tácticas tirando a rastreras, el viaje a Tucson como mejor ejemplo, tierra idílica de hombres armados que resuelven sus propios problemas y casas entre soleadas colinas, todo casi grosero en su vulgaridad pero que  se salva al colocarlo siempre Winner dentro del punto de vista distorsionado de Kersey.

tu eres yo

tu eres yo

Existe una maniobra consciente de identificar de modo tan sibilino como efectivo al espectador (pasivo), haciéndolo uno con el antihéroe (activo), pero que al tiempo no duda en convertir a este en un verdadero psicópata, lo que nos deja como público en una situación extraña y peligrosa, la fascinación de la violencia, el poder de la ferocidad, visualmente muy bien expresado con ese momento en el que Bronson contempla Nueva York a sus pies desde un azotea.Un personaje que nunca ataca (una de las grandes bazas ambiguas de la película, un escudo moral que sirve tanto para Kersey como para nosotros como participes de su cruzada) pero provoca que las cosas pasen (y nosotros también queremos que pasen), que sale a cazar, a buscar una dosis cada vez mayor (espléndida la reacción de euforia temblona tras el primer contacto con la venganza o la vomitera nerviosa tras el culminar el asesinato inaugural) que se sentirá mejor, feliz y renovado tras comenzar a matar pero que irónicamente, nunca buscará a los verdaderos culpables del crimen original.3516895268_c1948eb20e

Puede leerse también como una radiografía pasada por lija de la psicosis ciudadana, un tratado de la paranoia de la América acomodada, con la espita del miedo abierta a chorro, que usa el “vigilantismo”, toda una forma de sub-cultura para-policial y fascistoide con claros ejemplos en el imaginario popular y una malsana capacidad de fascinación, para analizar un contexto socio-económico infectado que convierte la desconfianza y la (ultra) violencia en causa y solución del conflicto. Cuenta con uso magistral de la portadas de los periódicos (estratégicamente colocados en el encuadre para que puedan leerse) y de los anuncios en vallas publicitarias que enseñan como el justiciero se convierte en figura “pop” y conforman todo un entramado narrativo subliminal realmente trabajado y muy inteligente. Un esfuerzo que logra junto con el reflejo de la reacción de la ciudadanía y la de las autoridades, que quieren que el “vigilante” se retiré porque comienzan a proliferar los imitadores con virulencia exponencial pero no desean arrestarlo para evitar convertirlo en símbolo, permite una panorámica del funcionamiento psicológico de estos fenómenos.

yo soy tu
yo soy tu

Filmada con garra por Winner que era un director de talento (mucho más de lo que suele reconocérsele, en gran parte por culpa de los detritus con forma de secuela que derivaron de este original) de  como certifica esa obra maestra que es “Scorpio”, la rugosa “Fríamente…sin motivos personales”, nuevamente con Bronson de metódico “hitman” enfrentado/comparado a su joven pupilo que ama asesinar, toda una reflexión sobre cambios de mentalidades y valores con forma de “thriller” y no pocos paralelismos espirituales con la anterior,  amén de un “western” tan complejo y con ciertos puntos de contacto con esta “Death Wish” como es “En nombre de la ley” una muy acertada y nada complaciente reflexión sobre el ejercicio y las consecuencias de la violencia), impregnada del estilo inolvidable y muscular de la edad de plata del policíaco americano, saca petróleo del hieratismo natural de Bronson , que resulta perfecto como gélido ejecutor completamente ajeno a la barbarie y se apoyada limpiamente en un “score” grandioso de Herbie Hancock. Muy cruda, seca y verdaderamente atroz, especialmente durante el asalto que causa el drama (la vejación de la hija resulta particularmente insoportable), tan terrorífico, tan aleatorio, una puñalada trapera al espectador que ya queda predispuesto para cualquier cosa que venga.

Incendiaria, a veces simplista, a veces compleja, tan atractiva y turbadora como su imagen final: Bronson llega a la estación de Chicago y unos macarras están molestando a una joven, le tiran las bolsas y Kersey se agacha  a recogerlas, levanta la vista y los ve alejarse, directamente a cámara levanta el pulgar y el índice… y sonríe.

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