Hispagiallo:Paul Naschy mirando hacia Italia, Los ojos azules de la muñeca rota/Una libélula para cada muerto

bebd6Partiendo de la base de que el éxito comercial convirtió al “giallo” en una manera de tratar el “thriller” perfectamente codificada y por tanto lista para ser imitada, su variante hispana carece de cualquier personalidad propia y no es siquiera mimético. Ausente por tanto el espíritu retórico, decadente y esteticista de su forma y la perversidad moral y el sentido lúdico de su fondo, queda un “exploit” puro y duro, chabacano y vulgarzote, feo pero sin consciencia, tocado de muerte por la indigencia presupuestaria y la rigidez ideológica del franquismo, ya se sabe que en España no había crímenes ni aberraciones, de tal modo que el “fantaterror” (casi siempre) tuvo que travestir su geografía, dejando con ello parcialmente invalidado cualquier retrato de maldades y sevicias.libelula11 Para poder formular un “giallo” (tomado como extensión de lo criminal) genuinamente español debería haberse podido mirar directamente a la negrura interior, como el propio Naschy en la respetable “El huerto del francés”, el estimable Eugenio Martín en la magnífica “Una vela para el diablo” o Eloy de la Iglesia en su mítica “La semana del asesino” o en la tramposa y abstracta “Nadie oyó gritar”, crónicas descarnadas y grotescas de un país al aguafuerte. Todo sustituido por un sentido algo atravesado del oficio, una artesanía rudimentaria y apresurada, dedicada a buscar el rédito inmediato con la mínima inversión y esfuerzo en la elaboración. La verdadera maldición del cine de género en España, su consideración como producto de derribo, sin valores artísticos ni conceptuales, pero fácilmente exportable, un salvavidas económico favorecido por el “aperturismo” político.

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Los ojos azules de la muñeca rota

Director: Carlos Aured

País: España

Año: 1972

Fotografía: Francisco Sánchez Múñoz

Música: Juan Carlos Calderón

Guión: Paul Naschy y Carlos Aured

Reparto: Paul Naschy, Diana Lorys, Eva León, Maria Perschy, Eduardo Calvo, Luis Ciges, Pilar Bardem

89 min.

blue_eyes09Un film particularmente demencial y hasta divertido si se ve con el ánimo adecuado, pero un producto malo de solemnidad, principalmente por culpa de un guión mentecato y carente de cualquier estructura mínimamente reconocible, además de trufadita de recursos navajeros. Una trama (o así) ambientada de aquella manera en Francia, censura obliga, pero en la que por mucho que Pilar Bardem se pasee fumando con boquilla el bar que regenta es mesetario a más no poder, por la que pululan unos personajes sin pies ni cabeza, un caos absoluto que desde luego Carlos Aured no mejora (recordar que este hombre es autor de un título ya perteneciente al acervo popular, esa cumbre del “S” que fue: “El fontanero su mujer y otras cosas de meter”) por mucho que se esfuerce en dotar a la película de cierta presencia visual.

bebd5Así que reconociendo que en su segunda película Aured se muestra más mañoso con la cámara, por ejemplo la pelea final en las escaleras está estupendamente rodada e iluminada (no así los ridículos “flashbacks” alucinados), el resultado narrativo es igual de necio que en “El espanto surge de la tumba” (con recursos de verdadera vergüenza ajena y carcajada involuntaria como esos “zooms” y reenfoques cundo la policía aparece en el caserón y que parecen decir, ¿quién es el culpable?), lo que acaba por dar como resultado un título de considerable empaque técnico pero nulo ritmo interno, que aburre soberanamente durante su primera parte, solo animada por el desnudista furor uterino de la suculenta Eva León, los latigazos gore o el “pecholobo” de Naschy, e indigna en una resolución más allá de lo rocambolesco y lo barriobajero, incluso para los estándares embaucadores del género al que imita.blueeyes

Por lo general una película soportable que supone una suerte de “agrogiallo”, que incorpora melodrama calenturiento a la vez que reproduce los consuetudinarios crímenes fetichistas sobre beldades acosadas por el charcutero de turno en algún lugar aislado (premisa que el “slasher” reduciría a su esencia: teta, grito y cuchillazo), a los que se salpimenta con mucha actividad picante (a veces de una grosería sonrojante que quizás prefigure al Aured posterior)BEOTBD-(4), perversidades de todo tipo y un Paul Naschy más narcisista aún que de costumbre, luciendo torso de luchador entre un gineceo de taradas y necesitadas (algo que el divo repetiría en la directamente infame “La muerte de un quinqui”) que , comprensiblemente enloquecen por completo ante la llegada de semejante macho.blue_eyes06

Guiños a “Los ojos sin rostro”, crímenes apropiadamente contundentes, epidermis a mansalva y supuesta densidad conceptual, más bien un fárrago de referencias a cual más pretenciosa y obtusa que deja bien claro que si ciertamente Naschy proponía por lo general apuntes e ideas interesantes y de cierta densidad, no es menos verdad que la plasmación solía resultar una pálida copia/aproximación, moviéndose entre las buenas intenciones y la incompetencia de los directores que tuvo a su lado.blue_eyes

Queda la clase de Maria Perschy (encantadora actriz austriaca que trabajó incluso para Hawks en “Su juego favorito” y que recaló en la muy activa cinematografía popular española de los 70), y de Diana Lorys, el estupendo reparto en general con el entrañable Eduardo Calvo (grandísimo actor de doblaje, voz de Michael V. Gazzo en El Padrino II o la de Alfred Hitchcock en su serie televisiva, por ejemplo) como médico de turbios secretos que mueve los hilos de la tragedia, cierto ambiente de muy española burricie que personaliza el conjunto, la contundencia de los crímenes y algunos momentos muy logrados e incluso bellos (la muerte sobre la nieve, el santuario del asesino, la mano dejando su huella ensangrentado sobre el suelo blanco…) todos ellos torpedeados por una banda sonora de Juan Carlos Calderón capaz de provocar embolias.

Una libélula para cada muertodragonfly-for-each-corpse

Director: León Klimowsky

Año: 1973

País: España

Fotografía: Miguel F. Mila

Música: CAM

Guión: Paul Naschy

Reparto: Paul Naschy, Erika Blanc, María Kosti, Ángel Aranda, Eduardo Calvo

96 min.

Si la primera incursión de Naschy en los territorios de lo “gialloesque” se saldaban con un film caradura y arrítmico, pero también divertido a su manera fachosa e innegablemente estiloso gracias a un buentrabajo (intermitente) de Aured en la creación de escenas, que si bien eran aisladas, se resolvían con brillantez, el caso de “Una libélula….” es bien otro, una película fea de ver pero curiosamente ágil de seguir, estéticamente subdesarrolada y donde la penuria presupuestaria y la filmación a toda pastilla se muestran en su descarnado esplendor.una libelula para cada muerto 2

Naschy se afana en una historia mínimamente interesante dentro de su incongruencia y obviedad, que aliña “pseudo-giallo” con gotitas del todavía fresquito “Harry el sucio” y en “exploit” transversal del ya exitoso “poliziottesco”. Un mazacote ideológicamente confuso (cuando no directamente aberrante), con el mañoso “psycho-killer” limpiando la ciudad de drogadictos, putangas, mahometanos tratantes de blancas, invertidos, rockeretes atorrantes, melenillas y gandalla por el estilo (aunque al mejor lo apiola Naschy: un traficante medio mafioso, adúltero y transformista, toma ya), perseguido por un tozudo poli de métodos expeditivos y cigarro perpetuo asistido por su sagaz esposa, la siempre desaprovechada Erika Blanc en lo que supone uno de los puntos más curiosos del invento, en cinéfila referencia a la dupla William Powell y Myrna Loy.libelula14

Todo ello mal interpretado y peor dirigido por el habitual León Klimovsky, director de desganado oficio (el mismo declaraba que básicamente se mantenía activo hasta que aparecía algo que realmente le interesaba) que dejó algún título de interés en los terrenos del “fantaterror” o de la “sci-fi” más sandunguera, como “La saga de los Drácula” u “Odio mi cuerpo”.

una libelula para cada muerto 4Naschy se arregla para colar una muy original (y personal) explicación de corte legendario/erudito al simbolismo de los crímenes y la película se aguanta con cierto estoicismo gracias a aislados momentos afortunados (por ejemplo, el numerito necrófilo de la prostituta), alguna buena idea (como la especie de identificación/desafio que se propone entre criminal y perseguidor) y a que la velocidad narrativa impide pensar en lo que se está viendo. Pero carece de cualquier valor cinematográfico, con una nula valoración de la fotografía o el encuadre, una dirección artística ausente y una total falta de fascinación o atmósfera. Dando como resultado un film desangrado y ramplón de escenografía mendicante y voluntad garbancera.

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