El ragnarok de los cowboys: Boetticher y Scott, Seven men from now, aquí comienza todo

7menfromnowyg2El comienzo de la asociación Boetticher-Scott y la fundación de toda una saga de carácter completamente mitológico en la que se reducen los arquetipos, paisajes y motivos del “western” a su forma más pura, por medio de una abstracción conceptual y estética radical, llevando el género a los terrenos de lo preternatural y lo estilizadamente icónico. Una propuesta que eterniza a su protagonista, obligado a vivir el tiempo de los dioses, un circulo de creación/destrucción (con el extremo de “Estación Comanche” “summa” del cine de Boetticher, y un film, literalmente sin principio ni final), en el que el drama se repite a si mismo, una y otra vez.

solo, siempre solo

De tal modo la anécdota argumental será mínima en apariencia pero compleja en el fondo, pivotando siempre sobre la imposibilidad de la venganza (un cine moral, por tanto), será un film en movimiento, pero sin avance, que comienza con la historia en marcha (aquí una secuencia de apertura bajo la lluvia esplendida, en la que el protagonista ejecuta a dos “cowboys” de los que nosotros no sabemos nada pero el si), normalmente con Scott en la lejanía, acercándose penosamente y que llegará a una conclusión inexorablemente insatisfactoria.

Se prioriza el plano largo, maravilla como el director maneja el “scope” dejando respirar el plano y equilibrando siempre la composición con el fondo y el encuadre, y el dramatismo de la acción en contraste con la inmovilidad del paisaje. Lunar, monótono (normalmente rodadas en las mismas o muy similares localizaciones, lo que aumenta la sensación de “ya visto”, de ciclo repetido) y agreste, que concede además una cualidad esencial al fenómeno natural, el viento y la lluvia,  el polvo y el barro.SEVEN_MEN_FROM_NOW-22 El romance siempre será rechazado, el protagonista nunca tendrá tiempo para el amor (lo que no impide que los personajes femeninos sean siempre duros y decididos, nada mansos), es un hombre con una misión y esa misión es de por vida, Boetticher saca petróleo de un actor tan limitado como Scott, convirtiendo su gesto pesaroso pero amable y su figura alargada y terrosa (subrayado por un vestuario que lo iguala al polvo, en ocres, amarillos y marrones) en una espectral imagen de la soledad, en un mapa humano estremecedor. Un héroe extraño que se impone por astucia y paciencia, que se muestra implacable en el uso de la debilidad ajena, así los tiroteos serán secos, rápidos, escaramuzas que aprovecha el momento y el acecho.09 En oposición el villano está matizado y es interpretado por actores más dúctiles (en esta ocasión un Lee Marvin tan magnético como siempre), hace dudar de su maldad y busca cambiar, mientras Scott está obligado a permanecer. Entre ellos se establece vínculos de colaboración y subterraneas corrientes de respeto/simpatía, ambos conocen su destino y este parece acepatado con naturalidad, de tal manera se compone un fatalismo inexorable, el “pathos” de la obra.

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“Seven men from now” resulta por si mismo un film espléndido, moderno y novedoso, un tratamiento diferente del “western” de “serie b” (aunque para Boetticher “ …no existen las películas de serie B o A, solo hay películas buenas o malas”, Dirigido por…Nº 308)  que no olvida sus deberes como entretenimiento, siendo vibrante en su construcción y en su escritura (a la vez directo y sinuoso), vertiginoso en su ejecución, siempre emocionante y seco, pero además es una plantilla en la que aparecen todos los motivos recurrentes (e incluso escenas concretas como el tenso diálogo/insinuación en el carromato, que se repetirá en los mismos términos e intenciones en “Comanche Station”)

de un arco magistral especialmente su núcleo, formado por este, por “Ride Lonesome” (1959) y por la mencionada “Estación Comanche” (1960). en muchos aspectos la misma película revisitada obsesivamente. Mientras “The tall T” (“Los cautivos”, 1956) mantiene cierta personalidad propia (es una película más estática y concentrada, aunque en el resto también están presentes las escenas , el personaje de Scott luce una relajación inicial y una felicidad insólita, aunque si permanecen el villano complejo, aquí un soberbio Richard Boone, y el romanticismo pelado), “Decision at Sundown” (1957) y “Buchanan rides alone”(1958) forman un dupla con motivos y ritmos particulares (y encima en la primera el protagonista va acompañado de un amigo fiel) y por su parte “Westbound” (1959) permanezca casi totalmente ajena al (mal llamado, ya que la productora de Scott solo produjo los dos últimos títulos y este “Seven men from now” fue cortesía de la “Batjac” John Wayne que recomendó precisamente a Scott) “ciclo Ranow”.
En todo caso aquí empieza todo, todo está ya aquí (incluida la presencia esencial de Burt Kennedy al guión, el hombre en la sombra), los ritmos, los colores, las fijaciones, una saga que encierra toda una manera, a la vez naturalista y estilizada de ver, entender y reflexionar sobre el “western” por parte de un autor genuino y de un actor convertido en ídolo tallado.
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