Fantasía en el país de los soviets: El nuevo Gulliver/Las aventuras de Ruslan, el mundo de leyenda de Aleksandr Ptushko

Principio y final de la carrera de uno de los grandes cultivadores de la fantasía legendaria según la escuela del Este, el soviético Aleksandr Ptushko. Su primer largo tras dedicarse, como productor, director y animador, a cortometrajes en “stop-motion” de gran éxito popular, “El nuevo Gulliver” y la última realización de sus realizaciones dentro de la revisión del folklore mitológico ruso en calve de “sense ofo wonder” colorista, “Las aventuras de Ruslan” junto a “Sadko” y “La espada y el dragón” los únicos trabajos de este autor indiscreptible estrenados en España.

New Gulliver 1El nuevo Gulliver (Novyy Gulliver)

Co- director: A. Vanichkin

Año: 1935

País: Unión Soviética

Fotografía: Nikolai Renkov

Música: Lev Shvarts

Guión: Aleksandr Ptushko, Grigori Roshal según la  novela de Jonathan Swift, “Los viajes de Gulliver” 1726

Reparto: Vladimir Konstantinovich Konstantinov

75 min.

Ptushko se estrena en el largometraje con una libérrima adaptación propagandística de “Los viajes de Gulliver”, tras una larga experiencia en los cortos de animación con marionetas. En este caso el asunto comienza con unos alegres “pioneros” (que viene a ser la versión comunista de los “boy scouts” o más bien de nuestro muy patriótico Frente de Juventudes con sus Flechas y Pelayos) celebrando la belleza y salud de la juventud bolchevique. El protagonista recibe como regalo a sus méritos el libro de Swift y tras unas cuantas canciones de fervor nacional uno de los monitores comienza a leérselo a la muchachada, de tal modo que nuestro héroe se verá embebido de la narración imaginándose a si mismo como protagonista.

db_12017Tras una “escorribanda” contra unos caricaturescos piratas de cine mudo que termina en naufragio (donde el héroe perderá su libro de tareas, detalle que tendrá luego su importancia), el nuevo Gulliver acabará dando en Lilliput y aquí empieza el mondongo. Ptushko mezcla al (negado) actor protagonista con las marionetas lilliputienses en una interacción admirable, un estilo visual filigranesco repleto de planos enrevesados con panorámicas y complejos movimientos con multitud de personajes en cuadro, alardes técnicos asombrosos y la prefiguración de un barroquismo estético que será marca de la casa (junto a un futuro uso del color por completo arrebatador) y que tiene su mejor momento en el descubrimiento del muchacho y su inmovilización, filmado en un complicado plano-secuencia repleto de “extras”.

Menudean los aciertos cómicos y satíricos, principalmente en la increíble expresividad gestual de los muñecos por una parte y en la bufonesca (y muy grosera) chanza política centrada en el lerdo rey del país cuyos discursos están pregrabados y que es una marioneta en manos de unos ministros pérfidos  apoyados por un parlamento incompetente y peleón tamizados todos por una carga ideológica pesadísima y aleccionadora.
De tal modo el joven protagonista descubrirá la lucha de clases que subyace en la sociedad lilliputiense. Los habitantes de la superficie, ricos y decadentes “rusos blancos”, explotan a los mineros y obreros bajo tierra (una imagen por cierto que reaparecerá en “Ruslan i Lyudmila”, la de los fornidos hombres que sostienen la tierra desde el interior con su esfuerzo esclavo) con infernales maquinarias de increible diseño insectoide y a su vez estos descubrirán el marxismo gracias a aquella perdida libreta de deberes que contiene todo lo necesario para el buen marxista revolucionario. Todo ello impulsará a Gulliver a colaborar en la revolución del proletariado con asalto al palacio de invierno y todo.Pq2pamF9.jpg

Por desgracia el director no es capaz de escapar de las necesidades contractuales y el resultado de semejante mejunje proselitista es que la brillantez formal, el derroche imaginativo (¡los lilliputienses de los lilliputienses!) y la audacia experimentadora acaban sofocadas bajo el peso de las servidumbres publicitarias y la brocha gorda doctrinal. Así y todo merece ser visto, aunque solo sea como pieza arqueológica de dignidad museística.

db_12051Este carácter doctrinario fue atemperándose película tras película o más bien Ptushko aprendió a transformarlo, a contrabandear con el, ocultándolo y haciéndolo menos molesto para el público tras toneladas de imaginación y relecturas hechizantes del pasado legendario de Rusia.

Las aventuras de Ruslan” es otra cosa, una obra en cierto modo recopilatoria que cierra su filmografía de manera tan entrañable y arrebatadora como desequilibrada e irregular. Por ejemplo en España fue exhibida en una muy recortada versión de 92 minutos que con toda probabilidad mejoraba los eternos 150 originales. Una poda que beneficiaría el ritmo interno acelerando la sucesión de maravillas sin cuento, un “non stop” delicioso repleto de encanto y delirio.

Conserva la fuerza primaria de una historia toda leyenda y cuento sobre cuento, pero la cantidad de canciones e interludios musicales (la música de Glinka bellísima ciertamente) excede por mucho lo soportable y la morosidad de algunos momentos (el alargadísimo principio y su eterna conclusión, principalmente) perjudica y mucho el interés de espectador, que en todo caso puede recrearse en los fabulosos decorados, los ricos arabescos o los suntuosos vestidos.russian_ruslan Pese a todo resulta una delicia absolutamente anacrónica que aunque esté rodada en los 70 parece directamente teleportada desde dos décadas antes tal es su impronta visual añeja (solo algunos feos “zooms” delatan la época) o más bien fuera del tiempo. Una mixtura indescriptible de colores imposibles, tallas medievales, “art nouveau”, mitología poetizada e interpretaciones en verso necesariamente exageradas.
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Menudean los momentos geniales y divertidísimos, con todo el film salpimentado de un sano sentido del humor “naive”. Especialmente con la parte de esa princesa menos desvalida de lo que parece que tan bien interpreta la encantador belleza prerrafaelita Natalya Petrova, toreando al pérfido mago Chernomor, enano de kilométrica barba (necesita hasta diez porteadores) en la que reside su poder, todo ello dentro de una guarida de alucinante escenografía que incluye una fuente suspendida en el aire y un bosque de coral blanco, entre otros prodigios menores.

430-headParalelamente el gallardo Ruslán (encarnación de los valores de Rusia frente a los otros pretendientes indignos que representan a su vez diferentes provincias soviéticas) emprende una búsqueda llena de elementos bienvenidamente folklóricos que le enfrenta a la maligna bruja Naina, despechada por un antigua hechizo de amor y ahora entregada a destruir la felicidad de los amantes. Un film imposible de describir o de contar, inolvidable en cualquier caso. Tanto como la gigantesca cabeza parlante que entrega al héroe la espada mágica capaz de cortar la barba de Chernomor, tanto como el sol rojo que ilumina el bosque desnudo, tanto como la corona que vuelve invisible, tanto como la caverna sostenida por gigantes encadenados.

Las aventuras de Ruslan (Ruslan i Lyudmila)ruslud_Large

Año: 1972

País: Unión Soviética

Fotografía: Valentin Gelejn

Música: Tikhov Khrenikov, ópera Mikhail Glinka

Guión: Aleksandr Ptushko según el poema de Alexander Pushkin “Ruslan i Lyudmila”,1820

Reparto: Valeri Kozinets, Natalya Petrova, Igor Yasulovich, Vladimir Fiodorov

150 min.

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