Tonino Valerii dice que así se hacen las leyendas: Mi nombre es ninguno, idolatría, clasicismo y trompazos

La sombra apspaghetti-nobodylastante de Leone ha ocultado demasiados directores talentosos que tal parecieran no tener mayor mérito que la explotación vergonzante de los talentos del maestro, pero una mirada más desprejuiciada, o menos miope, hace aparecer una enorme cantidad de tonos y colores diferentes, un puñadomnn1bw5 de directores que amén de otorgar su verdadera naturaleza al “eurowestern” construyendo verdaderamente el género con sus aportaciones, revelan no pocos casos de auténticas personalidades y talentos genuinos. Entre ellos (gente como Corbucci, Sollima, Questi, Margheriti, Castelari, Lenzi…) siento especial debilidad por el heterodoxo talento de Tonino Valerii, curiosamente el que quizás más haya tenido que soportar el sobrepeso creador de Leone y eso pese a que su estilo es sin duda el menos influenciado, siendo un direc
tor mucho más interesado por el periodo clásico americano y que cuenta en su haber con una obra mayor, no ya del “spaghetti-western” sino del western en general como es “El día de la ira” una de las más agudas reflexiones sobre la violencia, el poder, el desencanto y la construcción de la personalidad jamás alumbradas por el género. ter11Descontando otros acercamientos como la notable y muy original “La muerte de un presidente” con Gemma investigando nada menos que un magnicidio inspirado en el de Kennedy, una pieza revolucionaria (y de comandos) como “Una razón para v
ivir y una para morir
” y por supuesto esta, “Mi nombre es ninguno” el film en el que Leone empuja a Valerii fuera de cuadro pese a que la dialéctica entre clasicismo y modernidad sea puramente “valeriiana” (tensión presente incluso en su único y estimulante “giallo” “Sumario sangriento de la pequeña Stefania”) y que la elegancia a de los mejores momentos de su realización refiera claramente al cine previo del director y no a la mucho más enfática y estilizada (y mucho más poderoso también) impronta de Sergio Leone. Aun así esto no implica no reconocer la labor del director romano como “gestador” del proyecto e incluso como casi co-director (la dilatación temporal de algunas escenas y cierta parsimonia interna llevan su marca) sino un intento de otorgar a Valerii (e incluso a ese extraordinario guionista y una de las personalidades en la sombra de la edad dorada del cine popular europeo que fue Ernesto Gastaldi) lo que en puridad le pertenece de este extraño “SW” profundamente cinéfilo, que reflexiona abiertamente sobre el fetichismo de la imagen a través la metatextualidad post-moderna.La anécdota argumental es mínima: un otoñal pistolero deseoso de retirarse es perseguido por un admirador que desea convertirlo definitivamente en leyenda (y para ello, para transcender el héroe debe obligatoriamente morir, aunque sea de mentirijillas y escenificado e inmortalizado ante la cámara) en este interesantísimo y muy elaborado en todos sus aspectos aunque parcialmente fallido “eurowestern” de carácter casi experimental en su decidido intento de reflexionar sobre el cine, el mnin 1egénero y la ficción desde dentro de la misma y sobre el proceso de construcción los mitos populares sin olvidar ni la diversión, ni la aventura, ni la autoironía.

Confrontación/emparejamiento de dos estilos contrapuestos y finalmente complementarios, el western clásico y el nuevo “spaghetti bufo” popularizado por la saga “Tinidad”, que en sus mejores momentos resulta literalmente dos películas/estilos en una. Con las partes protagonizadas por Fonda filmadas e interpretadas con un modo estilizado y elegíaco de suma elegancia, mientras los momentos con Hill son rodados con las maneras impuestas por “spaghetti” del momento (uso de cámara rápida, “zooms” a mansalva, sonoras bofetadas, comicidad chusca,etc…) y en las que comparten ambos los estilos compiten por imponerse tratando el “presente” de infiltrarse en el “pasado” siendo así el desastrado Terence Hill el que trata de dirigir la trama desde dentro de la propia película. Su personaje (representa) viene desde el futuro del género para dinamitar y reducir el pasado del mismo a lo esencial, el mito. No en vano su personaje es “ninguno” (nombre de resonancias incluso mitológicas, recordar que así o en su variante “Nemo” se hacía llamar Ulises cuando vencía con engaños al cíclope Polifemo al que Il_mio_nome_è_Nessuno_duellonadie/ninguno podía matar) ya que en realidad no pertenece a esta película sino a otro tiempo.

Muy bien interpretada por ambos actores, que saben mantener sus registros (y “looks”) opuestos permanentemente comprendiendo la disonancia que el invento pretende transmitir. Rodada poniendo sobre la mesa una gama de recursos visuales riquísima (a juego con su patrimonio conceptual)  que abarca de lo sofisticado a lo burdo, pero en la que por desgracia la (sana) ambición y la dificultad de la operación hacen que el artefacto chirríe y no siempre
funcione pesando unas partes sobre otras, ser a la vez una cosa y su parodia resulta demasiado dificultoso (lo mismo ocurre con los “Piratas” de Polanski por ejemplo). Con todo destaca por su originalidad e inteligencia, por su decidida densidad de ideas oculta bajo las disonancias y desde luego merece ser revisada y examinada, además Morricone firma una de sus mejores bandas sonoras, que ya es decir.

 

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