Honor de artesanía: John Flynn hacía buenos thrillers. El ex-preso de Corea/Best Seller

John Flynn es un director del que casi nadie se acuerda ya, lo que tampoco es de extrañar porque desde finales de los 80 su carrera transcurrió sin sobresaltos de subproducto en subproducto, de Stallone a Seagal y filmo por que me toca, artesano apañado que despachaba acción rudimentaria sin más ni más… y fue una pena. John Flynn daba para más, filmó a principios de los 70 “The Outfit” que fue un fracaso y ahora es título de culto y que suponía una revisión de la novela de Richard Stark ( o Donald E. Westlake, como prefieran) que dio pie a la sensacional “A quemarropa” pero sin todo el andamiaje estilístico que había construido Boorman, Flynn ya dejaba claro cuales eran sus maneras: la artesanía, la falta de florituras, el camino directo y la modestia del profesional dedicado al género.  Aun así Flynn no es uno de esos grandes olvidados cuyos méritos comienzan ahora a revalorizarse, tampoco. Está tristemente menospreciado pero no fue un grandísimo director, ni siquiera hizo nunca una gran película perdida, pero tuvo sus momentos, eso desde luego y sabía rodar, que no es poco. Con una diferencia de diez años entre décadas John Flynn dejó rodados con su profesionalidad acorazada dos de los más contundentes y vibrante thrillers de los 70 y 80, “Rolling Thunder” y “Best Seller”, entre ellos no tienen nada que ver, donde uno pone naturalismo crudo el otro presenta estilización genérica, mientras el primero es hijo de su tiempo, el segundo parece ir en contra del mismo, la única relación es la honestidad de su propuesta, una honestidad que parece desaparecida del cine comercial.

“No hay Dios en México”

El ex-preso de Corea (Rolling Thunder)

Año: 1977

País: Estados Unidos

95 min.

Fotografía: Jordan Cronenweth

Música: Barry De Vorzon

Guión: Paul Schrader y Heywood Gould

Reparto: William Devane, Linda Haynes, Tommy Lee Jones, Dabney Colleman, Lisa Blake Richards, James Best

Una notable película de venganzas casi convertida en clásico del sub-género sobre guión del tremendo Paul Schrader, que al parecer no quedó muy satisfecho del resultado tildándolo de racista y fascistoide, aunque en realidad no esté tan lejos (si que es más primario eso desde luego y carece de la capacidad de introspección necesaria para dar la vuelta al discurso) de otros títulos suyos presididos también por esa atracción ambigua por el abismo, pienso en la misma Taxi Driver” o en especial en la terriblemente cruda, obsesiva y enfermiza “Hardcore: un mundo oculto”, revisitación repleta de culpa universal y neurosis de los preceptos del legendario “Centauros del desierto” ambientándolos en el submundo de las pequeñas producciones pornográficas visto a través del torturado prisma ultrarreligioso  del padre desesperado al que interpreta un descomunal George C. Scott. En cualquier caso este contundente “Rolling Thunder” (el título español es ciertamente inexplicable) se adhiere con fuerza a la cara más incómoda del gran “thriller” americano setentero, la que miraba a la bestia interior al tiempo que guiñaba el ojo a los instintos más bajos de la audiencia.

Así John Flynn da lo mejor de si con un estilo contundente y sin florituras para entregar un film rabioso, repleto de nervio, sordidez sin adulterar, un pie en la demencia y encima claveteado por momentos de una violencia estremecedora. Historia de un desubicado prisionero de guerra y anti-héroe repulsivo al que interpreta el magnífico William Devane (actor de rictus permanentemente desagradable y despreciativo que se revela todo un acierto, pese a todas sus penurias nunca llegamos a sentirnos junto a el, su misma presencia física provoca rechazo y pone en guardia), que vuelve a casa, tras varios años de cautiverio, profundamente trastornado y alienado. Premiado y agasajado sufrirá un brutal asalto a su casa por parte de unos criminales mexicanos que quieren lo dólares de plata que le regalaron. Todo termina con el asesinato de su mujer (que le había sido infiel y ahora le tiene pavor, un detalle nada baladí, que subraya tanto el carácter del personaje como su cualidad de desclasado) e hijo y la bestial amputación de una mano triturador de basuras por medio en una escena francamente insoportable.

Paradójicamente este acto aberrante terminará por dar verdadero sentido a su nueva existencia: la venganza. Liado con una muchacha también en plena huída (lo que propicia la inclusión de una historia de amor más bien poco satisfactoria) y montado en su Chevrolet por los servicios prestados, reclutará a un antiguo compañero de armas al que interpreta un joven y más que torvo Tommy Lee Jones y se sumergirá camino a un baño de sangre en la frontera, ese territorio a la vez físico y mítico para los americanos.

Simbólico purgatorio repleto de horrores donde cualquier maldad es posible y en el que por igual se cometen los pecados y se expían las culpas, el “meridiano de sangre” en palabras de Cormac McCarthy, una mística largamente explorada por el cine (la reciente y espléndida “Los tres entierros de Melquíades Estrada” dirigida por el mismo Lee Jones, sin ir más lejos) , la literatura y la música norteamericana, unas veces desde la paranoia, otra desde la opción vital.

Flynn apura el naturalismo más rugoso, incorpora algunos apuntes interesante y malsanos sobre le fetichismo de los objetos (las armas artesanalmente preparadas, el uniforme, las gafas de aviador y por supuesto el garfio) y acepta influencias del Peckinpah de “Quiero la cabeza de Alfredo García” pero sin lirismo y también de los films de/con Bronson aunque con un sentido bien distinto, nada heroico o glorificador y más bien desesperado.

“Alguien ha escrito mi vida en una canción”

Best Seller

Año: 1987

País: Estados Unidos

110 min.

Fotografía: Fred Murphy

Música: Jay Ferguson

Guión: Larry Cohen

Reparto: James Woods, Brian Dennehy, Victoria Tennant, Allison Balson, Paul Shaenar

Un film con una premisa genial parcialmente malograda, obra por cierto del siempre interesante e imprevisible Larry Cohen, gloria menor del “fantastique” con unos cuantos títulos de culto en su haber, como “Q, la serpiente voladora”, “¡Está Vivo!” o “Demon”. El asunto a tratar es el proceso de identificación/amistad entre un cínico y gélido asesino a sueldo y un veterano policía ahora metido a exitoso escritor de novelas criminales a la búsqueda de un nuevo éxito. Éxito que el “hitman” le promete si le ayuda a hundir a un hombre de negocios para el que trabajaba y que le traicionó, lo que el policía no sabe es que su nuevo amigo ya le conocía de mucho antes. La turbia relación inicial, el permiso para mirar en sitios realmente oscuros, la sensación de impunidad ante el crimen, las dudas morales, la manipulación, etc… dará paso a una verdadera lealtad que utiliza y subvierte con inteligencia los estilemas de las muy en boga “buddy movies” que hicieron estragos desde mediados de los 80 a principios de los 90 contraponiendo caracteres antitéticos obligados a entenderse, títulos del tipo de la necia saga “Arma letal” o la nada desdeñable y casi fundacional “Límite 48 horas”, descontando otras como “Danko:calor rojo” o “Colegas a la fuerza” con el mismo James Woods instruyendo a Michael J. Fox.

Acoge además afortunadas influencias de la dramaturgia de David Mamet (diálogos cortantes de extraña cadencia musical, ética de los profesionales, engaños, luchas mentales….) y consigue resultar un “thriller” siempre seco y estilizado que se aparta de las corrientes estéticas reinantes (el imperio del manierismo publicitario destruyó la crudeza que había impuesto el policíaco de los 70 diluido entre esteticismo de pose y mucho haz de luz filtrado) a base de elegancia y sencillez formal. Que consigue dejar no pocos apuntes turbios cuando se enfoca con mayor decisión en la relación entre los protagonista, como el empeño de Woods en caer bien (su asesino demuestra ser un ególatra de cuidado y un “fan fatal” encantado de que un tipo al que admira escriba su vida y por ello no oculta ni mínimante su proceder), en ser aceptado como amigo que lelleva a presentarle a su familia o en sobreprotegerle enfermizamente.

Encima está soberbiamente interpretado por una gran pareja de actores que pocas veces han estado mejor, el perpetuamente desaprovechado Brian Dennehy luciendo falsa hosquedad y el gran James Woods más “cool” que nunca, que ya es decir. Por desgracia camina hacia terrenos un tanto formularios en su parte final y a Flynn le falta garra y acaba por desaprovechar o más bien no apurar del todo, el sugestivo argumento. Aun así merece ser redescubierto y está repleto de aciertos.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Pues qué voy a decir? A tus comentarios no les falta ni les sobra nada y coincido plenamente. A mí son dos películas que también me resultan muy agradables de ver aunque sobre dos buenos guiones, Flynn demuestra no ser más que un artesano apañado (cosa que también mencionas).
    Muy acertada tu apreciación de un William Devane (actor cuyo rostro siempre me ha recordado a Aznar XD) demasiado perdido en los últimos años.
    En cuanto a Best Seller señalar que a mí Cohen siempre me ha aprecido infinitamente mejor guionista que realizador.
    Un saludo

    1. esbilla dice:

      Pues nuevamente agradecido, hombre. Flynn es de esos profesionales perdidos en el marasmo de títulos y títulos que sin ser grandes directores bien merecen un rescate y una pequeña alabanza, de esta raza ya no hay muchos hoy. William Devane es un tio desagradable de verdad y el uniforme le queda planchado (con bigote no te diría yo que no, por cierto). Coincido, Cohen tiene ideas absurdamente geniales, pero com director es digamos chapucerete.

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