“Porque era muy mala”. El esqueleto de la señora Morales: Amparo Rivelles vs. Arturo de Córdova en la edad de oro del cine mexicano

El esqueleto de la señora Morales

Director: Rogelio A. González

Año: 1960

País: México

92 min.

Fotografía: Víctor Herrera

Música: Raúl Lavista

Guión: Luis Alcoriza según el relato de Arthur Machen “El misterio de Islington”, 1927

Reparto: Arturo de Córdova, Amparo Rivelles, Elda Peralta, Antonio Bravo, Guillermo Orea, Rosenda Monteros, Luis Aragón

Negrísima comedia que supone uno de los títulos de oro del cine mexicano y que resulta ser una pieza sorprendentemente desconocida o más bien involuntariamente olvidada o pasada por alto, como si su categoría de comedia, su abierto carácter popular, fuera una pequeña cojera que la impidiese colocarse en el pelotón de cabeza, en el de las permanentemente mencionadas y eso pese a pasar realmente por ser un título histórico y de ostentar una (justa) categoría de clásico, categoría que por desgracia no acaba de verse reflejada en una acceso mínimamente sencillo.

Dificultades para encontrar material (y alguna reseña de interés) al margen, “El esqueleto de la señora Morales” triunfa a lo grande en su apropiación sin reverencias del Buñuel más sardónico (no seré tan presuntuoso como para decir que su etapa mexicana es la mejor, pero desde luego es “mi mejor”) y avanza en paralelo a la agresividad de la época española de Ferreri y Azcona, aunque mucho menos triste y todavía más descacharrante.

Contando con la esencial participación del gran guionista y  habitual de Buñuel, Luis Alcoriza adaptando con descaro y tono popular al escritor gótico Arthur Machen, se construye una sátira amable, amable para los que merecen amabilidad y cariño, claro, para con los otros galones de vitriolo y mala idea, que retrata con aire desenvuelto un drama tremebundo. Una historia tétrica sobre la que un inspiradísimo Rogelio González realiza una labor de cámara sobresaliente, adoptando una estética seria, un claroscuro expresionista de cine negro americano repleto de angulaciones y composiciones rebuscadas (soberbia fotografía, con los rostros recortados por manchas de puro negro) dando lugar a una dialéctica entre las soluciones formales y las ideas argumentales que funcionan por contraste, una especia de efecto anempático visual (también por ese camino avanza su sensacional “score”) que aporta un punto de interés diferente sobre la obra potenciando así el tono caricaturesco.

Al éxito del invento colabora decisivamente la antológica galería de intérpretes, mención especial para la gran colección de secundarios, encabezados por un memorable Antonio Bravo como el muy poco piadoso “Padre Familiar”. Con un uso muy inteligente de la tipología física algo turbia de Arturo de Córdova, que además era un actor habitual de melodramas  y personajes tortuosos (el celebérrimo celoso patológico de “El”, eso por supuesto), para dar vida a ese taxidermista afable y verdaderamente bueno resuelto a cometer el crimen perfecto y encima contarlo. Y todo porque está martirizado hasta más allá de lo soportable por uno de los personajes más odiosos (sino el que más) de todos los tiempos, una auténtica hija de puta, una chantajista emocional, manipuladora, comesantos, agarrada, mentirosa acomplejada por su cojera y arpía castradora a la que estás ansiando que defenestre desde que asoma y a la que personifica una descomunal Amparo Rivelles, sin palabras para su interpretación. Divertidísima de principio a fin, repleta de afortunados “gags” (la misteriosa atmósfera vista arriba y que se crea alrededor de…¡cenar un filete!) y chistes recurrentes (las visitas, la jovencita meona, el historiador palizas y sus formulismos,…), acierta al parodiar y recoger ciertas constantes  de la escuela melodramática típicamente mexicana que  aquí se retuercen y encima no renuncia a funcionar como un “thriller” genuino, con momentos de tensión tan logrados como la resolución del crimen con guiño a Hitchcock vaso mediante incluido o la genial escena de la confesión final, mezcla perfecta de planificación enfática y comicidad satírica cabalgando a lomos de un anticlericalismo burlón que reparte latigazos entre curas metiches, meapilas y beatillas.

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