Así pasa la gloria del mundo: El jorobado de la morgue, adios a Paul Naschy, rey del terror de pipas

La primera entrada que escribí aquí estaba dedicada a “El huerto del francés”,y con tardanza, al 75 cumpleaños de Paul Naschy. Después reincidí en el con otros títulos y traté de definir cual era mi relación con su cine, no soy un entusiasta de sus formas y reconozco las insuficiencias que obstaculizaron constantemente sus trabajos, pero si que me rindo ante las ideas y ante la voluntad de un hombre que empeñó su carrera y su talento en el fantástico, en el cine popular y en especial en el intento mal reconocido de crear una especie de industria, el apuntalamiento de un sistema precario que en no pocos aspectos favoreció, junto a diversas circunstancias socio-políticas y económicas (el aperturismo, la exportación, la doble versión,…) el breve y un poco descolorido esplendor del “fantaterror” español. Naschy creo una manera española de ver los mitos del fantástico y con sus medios, pocos y pobres se emperró en realizar un cine honesto, a veces sonrojante de puro ingenuo, a veces genial de puro inconsciente. Hoy Paul Naschy ha muerto, pero ya sabemos que en el cine nadie muere de verdad y Naschy tenía sangre de celuloide, así que resucitémoslo una vez más.

Esta reseña no debería haber aparecido hoy, estaba preparada para más adelante, después de pasearse un poco por en cine balcánico reciente y de darse una vuelta por el “giallo” de la mano de Tonino Valerii, incluso Ida Lupino iba a asomar sus ojazos fatigados primero, pero al final la realidad fuera de esta burbuja se ha impuesto y no traer algo de Naschy casi me convertiría en un descastado. Jacinto Molina ha muerto al borde del reconocimiento, ni está ya completamente ninguneado ni es solo pasto hagiográfico de admiradores incondicionales, por desgracia aun no ha cruzado el borde, la evaluación rigurosa de su carrera queda todavía pendiente, el desbroce de una filmografía y de sus circunstancias será la que de valor real a la carrera de este autor, porque Naschy con todas sus limitaciones, las propias y las ajenas, era un autor genuino. Sirva de homenaje, tierno pero intentando no ser ni baboso ni adulador gratuito.  Mi postura en relación con el cine de Naschy no cambia y pretendo seguir intentando que el juicio no quede borrado por la admiración personal. Sus películas estaban ahí antes y seguirán ahora, esperemos que más visible y accesibles, queda pendiente ir (re)descubriendo sus virtudes y sancionando sus errores, y lo que es más importante, tratar de enseñar y comprender de dónde vienen ambos.

Traigo entonces un film por el que guardo no poco cariño, “El jorobado de la morgue” que Javier Aguirre dirigiera en 1972 (casi en dupla con “El gran amor del Conde Drácula”) y que me resulta uno de los films más disfrutables de entre la filmografía de nuestro ya legendario (ya se sabe que hay que imprimir la leyenda) Paul Naschy, como (casi) siempre antihéroe trágico que arrastra la maldición de una deformidad que lo margina, aunque en su interior oculte un corazón tan blanco.

En este caso un desdichado jorobado manipulado por un científico “a là Frankenstein”, un prócer de la comunidad que es en realidad un monstruo sin escrúpulos enfrascado en un descabellado proyecto que dará como resultado el nacimiento de un viscoso ser preternatural, una aberración “lovecraftiana” (el film comete el imperdonable error de mostrarlo, cuando en este caso el horror de lo que no se ve no solo resulta insuperable sino directamente recomendable por las penurias presupuestarias) necesitada de alimento humano, y si son jovencitas reventonas, mejor.

Está dirigida con cierto gusto y deja  elegantes soluciones visuales como la transición que hermana una rosa sobre el pecho de Ilsa ( la enferma platónicamente amada por nuestro anti-héroe) recién fallecida con el ramo que Gotho deposita sobre la mesa de la morgue y cuenta con algún destacable acierto atmosférico y tétrico como el cadáver  de la joven medio comido y cubierto de ratas y es que Gotho guarda celosamente la adorada carcasa de la muchacha en un gesto de arrebatada necrofilia y con la esperanza de que el “mad doctor” la resucite o al menos eso es lo que le han prometido, además Aguirre lanza la celebérrima y verdaderamente espantosa imagen de ese dúo de desfigurados atados espalda contra espalda y ofrece una (otra) magnífica caracterización de un muy sentido Naschy (que pese a la chepa no se priva de seducir a una fetichista Rosanna Yanni) que logra transmitir la bondad obtusa y el sufrimiento frustrado del personaje con otra de sus expresionistas interpretaciones, ocupándose el habitual característico argentino Alberto Dalbés del maléfico doctor con más bien poca prestancia y aire mundano,  reservando una intervención secundaria para la siempre bienvenida María Perschy .

Además hacen acto de presencia algunos de los estilemas más interesantes del autor como el enfrentamiento entre ciencia y mito con la genial idea de colocar el laboratorio en una bóveda repleta de objetos de tortura de la inquisición, oculto bajo las catacumbas, explícito hermanamiento/paralelismo entre horrores del pasado y del presente a la luz del discurso “naschyano” sobre los peligros de la ciencia, representando las ansias de control y enfrentado a “lo natural”, un discurso estupendamente analizado por Jesús Parrado en el número que la imprescindible revista Quatermass dedicó al “fantaterror” español en el 2002. Así y todo no es que sea una buena película, aunque sea divertidísima, el guión es pura incongruencia y el pastiche acaba por chirriar de puro saturado (con la no siempre bien entendida que rencia del Naschy guionista hacia la erudición, y es que aquí se agitan guiños a Burke y Hare, citas a Maupassant, ambientes dignos de la “EC”,…) las actuaciones son risibles en la mayoría de los casos, la ambientación obliga a hacer un esfuerzo de abstracción agotador y el comienzo bordea la vergüenza ajena, pero por otra parte desborda convencimiento, amor por el género y devoción de artesano voluntarioso, que no es poco precisamente y que fue uno de los valores genuinos del terror de pipas.

El jorobado de la morgue

Director: Javier Aguirre

Año: 1972

País: España

83 min.

Fotografía: Raúl Pérez Cubero

Música: Carmelo Bernaola

Guión: Javier Aguirre, Alberto S. Insúa y Paul Naschy

Reparto: Paul Naschy, Alberto Dalbés, Rosanna Yanni, Vic Winner, Manuel De Blas, María Elena Arpón

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