“I’ve been riding with the ghost”: Apsolutnih sto, historia de dos hermanos.

Un pequeño paseo por el cine balcánico reciente, pero por ese que no llega a los festivales, ese que abraza el género, el thriller en este caso, sin que ello suponga desatender la realidad que le rodea. Este tipo de cinematografías, hay vida más allá de Emir Kusturica, por mucho que un vistazo deje claras no pocas concomitancias con el cine español o italiano, especialmente en su excelente escuela cómica preñada de picaresca y supervivencia, ternura y negrura a partes iguales, acaban por no conocer más vía de difusión que estos festivales donde si son conocidos nombres como el del reciente ganador de la SEMINCI Goran Paskaljevic o en menor medida el del extraordinario Goran Markovic, director prodigio de ductilidad. Pero que por su propia naturaleza acaban por ofrecer una visión reduccionista de estas cinematografías a las que no tenemos un acceso natural, dando la falsa impresión de un cine unidireccional y monotemático, que se mueve entre el nervio de la denuncia y la exquisitez contemplativa. Gracias a la fiable guía del buen Vozidar, traductor impenitente y divulgador incansable, tuve (y tengo) la oportunidad de sumergirme en la cara-b de la producción balcánica, en la que suenan las canciones de un cine de vocación popular, de una cine que por desgracia no traspasa fronteras por muy exitoso que allá sido, y al que gracias a la magia de Internet y a mal pagados difusores que se afanan a la labor en foros y páginas podemos tener acceso. Un cine que merece la pena rescatar, recomendar y ver.

“He estado cabalgando con el fantasma,

haciéndo todo lo que el me decía.”

Apsolutnih sto (Absolute Hundred, Tiro al blanco)

Director: Srdan Goluvovic

Año: 2001

País: Yugoslavia

93 min.

Fotografía: Aleksandar Ilic

Música: Andrej Acin

Guión: Srdan Golubovic, Biljana Maksic y Djordje Milosavljevic

Reparto: Vuk Kostic, Srdjan Todorovic, Paulina Manov, Sasa Ali, Bogdan Diklic, Milorad Mandic, Dragan Petrovic

Apsolutnih sto” es un drama criminal que cumple con el ABC del género con una convicción digna de aplauso, sin inventar nada, pero valiéndose con inteligencia del molde para proponer una historia negra que utiliza figuras arquetípicas, el hermano caído en desgracia y demolido por el recuerdo de la guerra que intenta apagan a base de heroína, el buen muchacho que pierde el camino por salvar a su hermano y decide convertirse en justiciero nocturno usando el fusil de mira telescópica que este esconde, el submundo mafioso cutre y hortera que medró con la guerra y la post-guerra, el poli que sabe más de lo que dice, la ciudad deprimente, etc… Pero trasladándolas con personalidad al contexto de la Yugoslavia post-bélica y valiéndose del tiro y de la mística de las armas con cierto sentido metafórico, un momento para apuntar, un momento para concentrarse y luego todo acaba en una fracción de segundo y como reflexión histórica, pasar de disparar por deporte a disparar a matar.

Sobria y un punto distante, no olvida ni la tensión ni la sorpresa (ni el detalle sociológico, claro pero filtrado por la abstracción genérica) y esta muy bien interpretada (co un estupendo reparto de secundarios en el que destaca en imprescindible Bogdan Diklic como veterano entrenador), sobre todo por Kostic como el joven tirador reconcentrado convertido en justiciero por amor a su hermano y  por el fenomenal Srdjan Todorovic como el ídolo torturado por las secuelas de la guerra en la que fue francotirador, quizás el mejor actor europeo desconocido del cine contemporáneo (pese a su memorable papel en “Gato negro, gato blanco“) e hijo de otra gloria mayor del cine balcánico como es Bora Todorovic, de quién ha heredado la economía expresiva y una mirada entre resignada y dura con la que se mueve con igual comodidad entre la comedia negra y desmadrada (uno de los puntos fuertes de la cinematografía yugoslava y exyugoslava) y el drama crudo.

Extraordinariamente trabajada en cuanto al montaje, con un uso del “paralelo” ejemplar, especialmente en su excelente clímax que contrapone la parsimonia de la galería de tiro y la furia del asalto a la casa, y a una banda sonara que puntea la frialdad de la imágenes (excelentes las escenas del entrenamiento), pero Golubovic (que tiene un film rodado en 2007 y al parecer bastante interesante, “Klopka” una suerte de “neo-noir” sobre el Belgrado actual con muy buen aspecto) se equivoca con algún chirriante alarde visual en exceso “videoclipero” y algún efectismo de más, que van contra el tono de la película, tono en el que acierta por completo cuando permite que la imagen se contagie del ascetismo del disparo y su ritualización, emparentando al “film” con la estética y ciertas constantes del “polar” francés.

Una buena película que entiende, que la modestia que supone plegarse a unas convenciones no supone una menor ambición, sino al contrario, la manera más limpia de hacer tragar al espectador realidades descarnadas, sin sermonear ni impartir doctrina.

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