“Pedí agua y me dieron vino rosado, un caballo que sabe aritmética y un perro que te dice la buenaventura”: Hellzapoppin, revista musical, cine experimental y anarquía

Hellzappopin’ (Loquilandia)

Director: H.C. Potter

Año: 1941

País: Estados Unidos

84 min.

Fotografía: Elwood Bredell

Música: Gene de Paul y Don Raye

Guión: Nat Perrin, Warren Wilson según el libreto de John “Ole” Olsen y Harold “Chic” Johnson “Hellzapoppin”, 1938

Reparto: Ole Olsen, Chic Johnson, Martha Raye, Hugh Herbert, Jane Frazee, Robert Paige, Mischa Auer, Richard Lane, Lewis Howard, Clarence Kolb

Hellzapoppin” o “Loquilandia” en afortunada transformación española del intraducible original, no es una adaptación de una obra teatral, “Hellzapoppin” es una idea y una “manera”. Un estilo de representación mutante de la revista musical dejada al ingenio destilado de los cómicos, que abandona las tablas para convertirse en celuloide pero que no por ello abandona lo inesperado y lo imposible. De tal modo que el propio soporte, el mismo medio y las técnicas cinematográficas se convierten en material maleable (al igual que el “Animal Man” de Grant Morrison o el Albert Finney de la serie televisiva de Dennis Potter, “Karaoke” son capaces de “doblar su realidad” y salirse por los márgenes de la película) alterado por el anarquismo cómico que adapta para la pantalla no ya esa comedia musical “Hellzapoppin” del (olvidado) dúo Ole Olsen y Chic Johnson, sino el propio concepto que esta representaba: el más puro “non-sense”, en el que absolutamente cualquier cosa es posible y las leyes de la lógica quedan abolidas.

Así lo que tenemos es una película dentro de otra película, que se abre con la película que adapta “Hallzapoppin” (que además resulta que se hace al tiempo que la vemos!?),  sigue descubriendo toda la tramoya y continua con otra película que a su vez  es una variación sobre “Hellzapoppin” y tiene dentro una versión teatral de la misma obra que Ole y Chic tienen el encargo de montar. Una joya de rabiosa modernidad en la que sus protagonistas no solo saben que están dentro de una ficción sino que interactúan consigo mismos en dos planos diferentes de la misma, con un proyeccionista que no para de meter la pata (nada menos que Shemp Howard, uno de lo “Three Stoogesoriginales) y que además rompen la “cuarta pared” sin empacho alguno, llegando incluso a reclamar que alguien que está en la sala se vaya para casa con un cartelón a toda pantalla.

La post-modernidad antes de la post-modernidad, metaficción sin pretenciosidad alguna, sin intelectualización palizas (incluido el rebobinado de la cinta no vaya a pensar Haneke que se lo inventó el), hermanando el “slapstick”, el vodevil destrozón y el lenguaje dislocado, autoconsciente e hiperacelerado del “cartoon” ( a su vex influencido por el vodevil) que estaba imponiendo Tex Avery en revolucionarios cortos para la “Warner”, con un uso indiscriminado de la absurdez y el caos, recurriendo tanto al humor más sofisticado como a la comicidad primaria y hasta burda, para parodiar con mala leche las comedias elegantonas sobre la alta sociedad de las que usa (de modo muy similar a los hermanos Marx y aquí no se agotan los paralelismos, desde luego, todos eran hijos del teatro de variedades pero mientras los Marx ponían el mundo patas arriba el de Ole y Chic ya lo estaba) sus resortes narrativos y su armazón argumental para amalgamar mínimamente el festival. Para ello el encargado de la dirección será H.C. Potter, artesano fiable que contaba con un par de musicales para Astaire y futuro firmante de la exitosa “Los Blandings ya tienen casa”, un profesional cuyo cometido sería controlar el desmadre en lo posible, darle forma cinematográfica pero a la vez entendiendo la complejidad de base del asunto y las necesidades rompedoras del invento, respetando la jerarquía de Olsen y Johnson como genuinos autores y perfectos conocedores de un material que ya habían re-escrito mil veces, un catálogo de “gags” de perfecta mecánica, que visto hoy adquiere casi un carácter de manual, aunque en plena 2ª Guerra Mundial  resultó ser un fiasco taquillero, quizás tanta locura y tanta experimentación no eran lo que el público necesitaba.

Decae en su último tercio por culpa de que los números musicales ya terminan por cargar y sobre todo por resultar demasiado teatral. De hecho eso es lo que se ofrece durante esta última media hora, una obra teatral en serio constantemente torpedeada por una sorpresa tras otra. Lo que puede dar una idea de cómo sería “Hellzapoppin” sobre el escenario, un musical acelerado con una interacción constante con el público que nunca sabe que es lo que puede suceder.

Así y todo, contando con este interés, falta el brío constante de su hora inicial que es antología del humor y la demencia. Un carrusel de chistes y genialidades a escape libre, padre, madre y espíritu santo de las comedias cinéfilo/absurdas de los ZAZ, con buena música a lo Gershwin o Cole Porter y un número de “dance hall” apoteósico cortesía de los “Harlem Congaroo Dancers”. Una puesta en escena libertaria del humor como dinamita social (y ficcional) que amalgama toda la tradición cómica del vodevil americano y desborda de momentos y actuaciones descacharrantes con glorias  del oficio como Hugh Herbert, como “mortadeliano” detective (y comentarista de la función) en persecución del dúo protagonista, la legendaria cantante y comedianta Martha Raye a sus anchas como compinche de los protagonistas o el imprescindible característico Elisha Cook Jr. como azorado guionista. Una auténtica virguería imposible de explicar, inagotable, poco conocida y desgraciadamente, difícil de ver.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Otra de las que tengo pendiente desde hace tiempo. Que bien suena todo lo que cuentas. Pero ¿es que los norteamericanos han hecho un cine más moderno que en aquellos locos años 30-principio de los 40?

    1. esbilla dice:

      Eso es bien cierto,el cine americano anterior a la 2ªGM tiene una energía,un vigor y una valentía experimentadora asombrosas.Quizás como contraste de un país luchando por salir del pozo de la Gran Depresión. Esta no la dejes pasar, es sencillamente de ver y no creer.

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