El día de los bífidos: Sssssssilbido de muerte, ciencia-ficción “low-fi”, aterradoras mutaciones y doctores locos

Sssssssilbido de muerte (Sssssss)

Director: Bernard L. Kowalski

Año: 1973

País: Estados Unidos

95 min.

Fotografía: Gerald Perry Finnerman

Música: Patrick Williams

Guión: Hal Dresner

Reparto: Strother Martin, Dirk Benedict, Heather Menzies, Richard B. Shull, Tim O’Connor

Un film hasta hace bien poco no ya olvidado sino prácticamente desconocido y que poco a poco parece recuperarse de ese ostracismo injusto (y de las garras de cierto público internetil adepto al paternalismo condescendiente y faltón), ya que, más allá de consideraciones sobre su calidad, merece la pena ser conocido por la forma en la que representa cual sería una de las corrientes más estimulantes de la “fantascienza” y el terror norteamericano de esa auténtica edad de plata desarrollada desde principios de los 70 hasta los primeros 80. Una década sensacional en la que se trataron de recuperar los presupuestos (en todos los sentidos) del fantástico-b de los años 50, una invocación del espíritu del cine de “drive-in” y de cierta noción de la ingenuidad tamizada por el tiempo y reforzada por la técnica (no en todos los casos), una resurrección de las amenazas extraterrestres o de la paranoia nuclear/ecológica en la que los doctores más lunáticos, los animales más agresivos y los monstruos más descabellados volvían a asomar la patita, en títulos que brincan desde la monumental “La cosa, 1982” (o el mismísimo “Tiburón, 1975” de Spielberg) hasta joyas como “Muertos y enterrados, 1980” pasando por clásicos en minúscula como “Piraña, 1978” o “Aullidos, 1980” y simpáticas piezas de baratillo del pelaje de “Playa sangrienta, 1980” o..qué se yo, cada cual tendrá las suyas, multitud de piezas (amén de un buen puñado de escombro cinematográfico)  repletas de cariño y veneración  por el género que todavía andan flotando en el éter a la espera de algún redescubrimiento.

Aquí es donde se inscribe (suponiendo una avanzadilla de esta escuela) “Sssssss: Silbido de muerte” dirigida por el habitualmente televisivo (y se nota, pese a constantes aciertos atmosféricos como ese premonitorio principio con el científico protagonista deshaciéndose de una caja que contiene algo vivo, caja que es vendida a una feria de fenómenos) Bernard L. Kowalski entre cuyos créditos figuran “Los intocables”, “Misión Imposible”, “Las calles de San Francisco”, “Banacek”, “El coche fantástico”, “Magnum” o “Diagnóstico: asesinato” entre muchas otras y la mayoría célebres, es decir el catálogo de un profesional desde los 50 hasta el presente, un hombre que recorrió la historia de la televisión norteamericana (y de Norteamérica) a través de sus series y su cultura popular, lo que no es un mal curriculum , eso desde luego.

Por lo tanto y sin que su carrera haga suponer otra cosa, esto es: un interés personal en el argumentario de la “sci-fi” barata, Kowalski se hace con el encargo de un film descarada y orgullosamente “b” en todos sus aspecto y que supone todo un regreso/homenaje a las maneras narrativas y a la ética propia de ese cine popular cuyos aspectos más icónicos y reconocibles se reciclan aquí en una operación a medio camino entre la continuación espiritual y la referencia mitómana no se sabe hasta que punto voluntaria.El resultado es una entrañable mixtura de película con “mad doctor” haciendo experimentos siniestros y peligroso por un bien mayor (se supone) y “monster movie” clásica añadiendo unas gotas del cine estudiantil propio de finales de los cincuenta y primeros sesenta, además, claro, de influencias del gran Roger Corman.

Un trabajo repleto de aciertos (y también errores: planificación algo “telefílmica” actores de saldo y algún momento romántico tirando a sonrojante) presidido por la interpretación absolutamente genial del “pekinpahquiano” Strother Martin componiendo un personaje de gran humanidad y profundidad con el que escapa del tópico y al que se añade un elemento realmente atractivo: para financiar sus trabajos científicos realiza exhibiciones de destreza con las serpientes en su granja y a su vez las utiliza para eliminar a sus posibles enemigos. Un espectáculo circense prolongado con inteligencia por la presencia de esa feria de monstruos (lo que conecta la película con otra de las tradiciones más singulares del espectáculo americano) en la que el joven protagonista al que encarna Dirk “Fénix” Benedict encontrará a su yo futuro en un momento memorable (que revela el contenido de la caja que abre la película) que tendrá su tétrica correspondencia al final de la historia.

No hay que desdeñar en ningún momento la fascinación/repulsión con la que se retrata a las serpientes o el proceso de mutación del protagonista, todo un antecedente del Cronenberg de “La mosca” (al igual que en aquella los primeros efectos son sorprendentes: un mayor vigor de todo tipo, agresividad, fuerza, etc…, pero pronto comenzarán las transformaciones de la carne) apoyado en el buen trabajo de maquillaje de John Chambers (también responsable del mismo cometido en “El planeta de los simios”) que consigue una aberrante plausibilidad. Con todo no puedo negar que tiene aspectos un tanto baratos y pobretones propios tanto de su modestia industrial como de las propias limitaciones de Kowalski como director, aunque se compensen con amor al género y mucho ingenio. A su manera, un pequeño clásico.

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