Dos pasos en el delirio: Danza macabra/La horrible noche del baile de los muertos. Medicina metafísica, amor ultraterreno. Invenciones y reinvenciones del gótico italiano

Una reseña doble que pretende ser única al englobar en un solo texto dos películas que son en realidad una: “Danza Macabra” de 1964 y su revisitación de 1971 “La horrible noche del baile de los muertos”, ambas dirigidas por el más que reivindicable Antonio Margheriti en una operación revisionista que tiene tanto de aprovechamiento de las corrientes como de reflexión sobre la propia obra y que sirve mejor que bien para comprobar los cambios en los patrones y en los gustos del público tras casi una década de cine en la que esta escuela fue apartada del foco por la tremebunda eclosión del “giallo” post-Argento, una nueva manera del horror que a su vez explicitaba bien estos cambios: se pasaba de unos títulos suntuosos y ensoñados enmarcados en el pasado y girando en torno a historias desaforadamente románticas, tétricas y en muchos aspectos enfermizas pero siempre irreales para el espectador que era trasportado a territorios mágicos y estilizados. Frente a estos desvaríos de horror metafísico los “gialli” plantearon un terror palpable que como primera marca de diferencia situaba las historias en el presente, sus colores chillones, sus asesinos enguantados, sus alambicadas tramas de falsos culpables y sus festivales bajas pasiones eran perfectamente contemporáneos, contra el fantasma se oponía la carne, contra el toque intangible el acero teñido de sangre rojísima, contra la belleza ultraterrena de Barbara Steele, el demoledor sex-appeal mundano de Edwige Fenech.

Pero a principios de los 70 y nuevamente de la mano de Mario Bava, el hombre que estuvo en todas casi alumbrando el gótico con “La máscara del demonio” en 1960”y haciendo tres cuartos de los mismo con el “giallo” (o el “proto-giallo”)  a través de “La muchacha que sabía demasiado” en 1962, el “gótico” experimentó una breve resurrección. Curiosamente Bava había filmado “Bahía de sangre” en 1971 una summa artis que en muchos aspectos cerraba y exprimía el “giallo” en una operación de destilación brutal que reducía el género a su esqueleto. Ese mismo año el autor volvía al gótico con otras intenciones y otros conceptos, un reinvención consciente y tamizada por el tiempo de lo hecho a principios de los 60, “Barón sangre” en el 1971  sobre todo la magnífica y poco apreciada (prometo traerla) “El Diablo se lleva a los muertos” en 1973, suponían la mirada de Bava sobre un cine que versando sobre la muerte, ya estaba muerto, quizás esa fue la motivación.

Así otros arquitectos de lo gótico volvían también la vista hacía estos relatos: Freda realizaba un film tan extraño (y fallido) como “Trágica ceremonia en Villa Alexander,1972”, Ferroni volvía con el apreciable cuento vampírico (adaptando de nuevo “La familia de los vurdalak” de Alexei Tolstoi tras el Bava de “Las tres caras del miedo,1963” y arrimándose por igual a la corriente chupasangre que campaba por Europa en la época) “La noche de los diablos,1972”,….Y Margheriti también claro, pero de otra manera, frente a este “aggiornamento” decide plantear una regreso total orquestado a través de un “remake” del ya clásico “Danza macabra” manteniendo todo igual, todo menos el estilo: adiós a la suntuosidad blanquinegra, hola al zoom y el reencuadre. El signo de los tiempos y la moda imperante en colisión frontal contra un relato canónico de fantasmas, maldiciones y amor de ultratumba: Las formas estéticas del presente en combate contra las sensibilidades del pasado. Una operación que se salda con empate, porque la historia aguanta y su fascinación se mantiene, pero el feísmo chirría y algunas ausencias son irreparables.

La historia resulta una de las mejores del extraordinario gótico italiano y no reniega de sus referencias en muchos aspectos a la seminal “La máscara del demonio” en su decidido carácter de melodrama hórrido, de arrebato romántico más allá de la muerte, amor necrófilo imposible y fatalismo en blanco y negro purísimo. Pero aporta algo nuevo e inteligentísimo: adapta a Poe, pero sin adaptarlo (¿!?). De tal manera que Poe será a la vez sujeto y objeto, ejerciendo de narrador y protagonista. Su influencia será total incluso cuando no esté por ninguna parte, algo especialmente logrado en la segunda intentona que fue “La horrible noche del baile de los muertos”, que se abre con una sensacional secuencia que pone en imágenes “Berenice” con un Poe interpretado genialmente por un Kinski pletórico, siendo voz narrativa y actor único de esta puesta en escena (que es con toda seguridad lo mejor de esta segunda aproximación) que culmina con el propio escritor saliendo de esa primera ficción visualizada que se continua únicamente con la narración verbal que está teniendo lugar en un pub londinense en el cual, delirante, cuenta a la concurrencia este espeluznante relato entre vívidas descripciones y gestos crispados.

En ambos casos la película continúa con un desafío: un joven periodista que pretende entrevistar al Edgar Alan Poe termina por aceptar la apuesta de pasar la noche en un caserón supuestamente encantado perteneciente a un tercero, así comienza la verdadera historia. Pero en el trabajo de 1971 Margheriti introduce un énfasis diferente que deja ver una reflexiva modificación: la creación de una historia, la creación de una ficción (incluso con apuntes sobre la imaginación como maldición) tiene una mayor importancia, está subrayada constantemente através  de los diálogos que mantienen los dos personajes durante el camino ambos conversan sobre la sobre la verdad y el artificio que hay en la ficción; Poe está constantemente comentando la historia que vamos a ver, está “montando” la historia que vamos a ver, habla de que el argumento más poético es la muerte de una mujer hermosa (y a esa belleza encontraremos) y despide al periodista con un “toda historia necesita un protagonista”. Esta frase introduce un cambio de estatus para este personaje; hasta ahora era secundario, a partir de cruzar la verja de la mansión será ese protagonista necesario, pero de igual manera estará “dentro” de una historia, la historia que Poe ha construido en ese viaje en coche de caballos y en esa conversación. De igual modo vuelve pasarse de la palabra a la imagen ( a la inversa de la escena de apertura) y Margheriti toma el puesto de Poe como narrador o más bien “el narrador” deja la palabra y usa la imagen, lo cinematográfico sustituye a lo literario. No será casual que tras este prólogo la peripecia en si comience con una larga serie de escenas sin diálogo alguno que crea un clima irreal a partir del uso del decorado, la iluminación y la sugerencia, sin que lo sobrenatural ni siquiera halla aparecido ya estamos en otro mundo: el mundo de las historias.

Lo que presenciaremos en la casa será una suntuosa ceremonia nocturna sobre la persistencia de la tragedia y la historia repitiéndose a si misma envuelta en un logrado trabajo atmosférico netamente superior en al original de 1964 que depende tanto de esa labor de iluminación como de la consecución de un tempo suspendido, paralizado como ese reloj que se detienen al entrar en la casa, y de una paradójicamente fluida narrativa, imparable como el propio drama. Una sensación de pesadilla real con constantes apariciones fantasmales de unos personajes obligados por la fatalidad a mantener un ciclo de terror irrompible. Bellamente logrado a través de una fotografía extraordinaria, luz blanca para los rostros y manchas de negro para los escenarios y vestuario (lo que no solo supone una opción estética apropiadísima sino que sirve para ocultar las penurias presupuestarias) y un trabajo de cámara envolvente que es cambiado el “La horrible noche…” por un exceso de panificación corta, tanto en un montaje  atropellado, como en el abuso del primer plano, aunque el negro de fondo permanezca acertadamente y el color sea siempre de tonos terrosos y verdes exceptuando al blanco o azul de los vestido de la protagonista.

Pero la mayor diferencia a favor de la primera película radica sobre todo a la presencia magnética de la imprescindible Barbara Steele, auténtica “donna angelicata” de ultratumba y musa del género, como la desgraciada protagonista y causante del delirio macabro del subyugado galán,  enfrentada/contrapuesta a la esclavizante altivez de Margarete Robsahm ,sus escenas juntas son electrizantes y Margheriti introduce un componente de perturbadora pasión lésbica muy superior en “Danza macabra” con respecto a “La horrible noche…”, ya que esta segunda el personaje de Elizabeth lo rechaza frontalmente mientras en la primera versión parece asomarse al auto-rechazo y el miedo a caer en un territorio demasiado profundo como motor final del apuñalamiento de Julia por parte de Elizabeth. Sus estremecedores papeles recaerán luego en Michèle Mercier y Karin Field, bellas fuera de toda duda por sin la presencia abrasadora del dúo original.

En todo caso ambos triunfan plenamente en el extraordinario bloque central que muestra la teorías metafísicas del doctor Carmus sobre la pervivencia del ser tras actos de gran violencia y donde se pone en marcha un dispositivo que difumina por completo lo vivido de lo imaginado, una fuerza onírica desatada y plasmada a la perfección a base de una continuidad total entre los dos planos narrativos que la película utiliza a partir de aquí y donde las apariciones y alucinaciones (en parte repeticiones de los hechos del pasados “suspendidos” en el éter) son introducidas sin solución de continuidad. Curiosamente Margheriti  rueda y planifica toda esta parte de un modo casi exacto en las dos versiones dejando las variaciones estilísticas para un final más histérico en “La horrible….” y más melodramático en “Danza macabra”.

La revelación final es que los muertos necesitan perpetuar la violencia y la sangre para, al menos mantener un simulacro de vida (que no es otra cosa que una nueva ficción/representación) con lo que se introduce un curioso pastiche de “vampirismo espectral zombificado” todo en uno de lo más sugerente, y solo la verdaderamente enamorada Elizabeth intentará ayudar al héroe, tan mal interpretado por el estólido George Riviére como por el gesticulante histrión Anthony Franciosa, por cierto. Por desgracia la fuerza de la maldición y el encantamiento de su belleza son tal que ya habra perdido la cabeza sin remedio y en un giro cruelmente irónico morirá justo a la puerta, literalmente atravesado por la verja. Fin de la historia, solo queda por devolverle a Poe la narración y que de nuevo la palabra cierre el film.

En definitiva una dupla llena de encanto y no poco interés teórico que reivindica por si sola el talento de un estupendo director como Margheriti (o Anthony M. Dawson en habitual pseudónimo), clave en estos terreno del melodrama gótico (incluso lo trasladó al “spaghetti-western” en esa joya fantasmagórica que es “…Y Dios dijo a Cain”) pero que ha visto sepultada la parte más interesante de su filmografía bajo la morralla que acumuló en sus últimos años.

Danza macabra

Año: 1964

País: Italia

84 min.

Fotografía: Riccardo Pallottini

Música: Riz Ortolani

Guión: Sergio Corbucci y Giovanni Grimaldi

Reparto: Barbara Steele, Georges Rivière, Margarete Robsahm, Umberto Raho, Arturo Dominici, Silvano Tranquilli

La horrible noche del baile de los muertos (Nella stretta morsa del ragno)

Año: 1971

País: Italia/Alemania/Francia

98 min.

Fotografía: Gugliemo & Sandro Mancori

Música: Riz Ortolani

Guión: Giovano Addesi, Bruno Corbucci, Giovanni Grimaldi y Antonio Margheriti

Reparto: Anthony Franciosa, Michèle Mercier, Karin Field, Peter Carsten, Klaus Kinski

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. mepi dice:

    Si las tuviera a mano me las ponia seguidas en esta fria y lluviosa tarde invernal. Nombras en tu reseña LAS TRES CARAS DEL MIEDO;si tuviera que elegir tres pelis que me marcaron en mi niñez esa sería una de ellas, sobretodo la historia primera dedicada al Wurdarak. Siempre me gusta leerte Esbilla, pero cuando escribes sobre cine de terror, el leerte cobra una nueva dimensión. Un saludo y felices fiestas, creas o no en ellas.

    1. esbilla dice:

      Felices fiestas por igual y muy agradecido. Las tres caras del miedo son tres perlitas, cada una un género y cada una una pieza maestra. Los Wurdalak es también mi preferida, pero “El telefono” es un microgiallo asombrosamente influyente y redondo, tiene toda la abstracción y absurdidad del género condensada.
      Si que me gustan las Navidades más allá de no ser creyente. Me gusta la agitación y el barullo de estos días, el toque “kitsch” y el colorín,las reuniones familiares y las comilonas amistosas.Ir por sistema contra la corriente es tan aburrido y fatigoso como dejarse arrastrar permanentemente.

  2. Buff! Se ne acumulan los post. A ver si ahora con las vacaciones me pongo al día con tus reseñas y de paso con el mío que lo tengo abandonadito.
    A ver, yo de esta dupla sólo he visto ““La horrible noche del baile de los muertos”, y me decepcionó debido seguramente a que, pese a ciertos apuntes interesntes que mencionas, Margheriti es un director que casi siempre me parece estimulante y aquí lo veo algo moroso en la realización. Me parece una vulgarización de ciertos temas sin el álito romántico que Bava sabía imprimir a sus relatos, quizá por ese ansia de adaptarse a los nuevos gustos, que mencionas. Aparte, Anthony Franciosa, que siempre me pareció un intérprete simpático, me lo veo bien luchando con tiburones, zombies y pirañas pero embutido en capa y sombrero de copa como que no. Kinski fantástico, eso sí.
    Como siempre, magnífica esa reflexión que haces de la evolución del fantástico italiano y esperando esa reseña de la extraña “El Diablo se lleva a los muertos”. Mi duda será ¿qué versión has visto? Porque yo me temo que solo he podido visionar la copia distribuida por aquí y que tengo entendido que está bastante masacrada.
    A ver si saco otro ratillo para leer tu reseña de la Lindberg, que merece seguro hacerlo con atención.

    Un saludo y felices fiestas!

  3. esbilla dice:

    Desde luego la original es superio, debido básicamente al negro y plata en el que está rodado y a las dos asombrosas actrices protagonista, sobre todo esa Barbara Steele sin la que el género sencillamente no se podría entender, en muchos aspectos ella “es” el gótico italiano. Yo no encuentro morosa la segunda, lo que si la voe es feota, con tanto zoom y tanta estética setentera peo la presencia de Kinski como Poe la engrandece eso desde luego.
    La que vi de “El diablo…” es la ultima edición en DVD que no tiene el remontaje ni los añadidos post-exorcista uqe tengo entendido colocó el productor. Desde luego para escribir algo enjundioso me queda hacer una pequeña investigación sobre las vicisitudes de esta peli,que no son pocas.
    Felices fiestas a ti por igual y anda que no tienes que leer con lo exhaustivo que me estoy poniendo ultimamente.

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