“Jokerman dance to the nightingale tune”: Testigo silencioso. Elliott Gould vs. Christopher Plummer, reviviendo el espíritu de la serie-b desde los cínicos 70

“Bird fly high by the light of the moon,
Oh, oh, oh, Jokerman.”

Hoy habrá nuevo cambio de cabecera (toca una más sicalíptica y festivalera)y con él la obligada revelación del misterio tras ese siniestro Papá Noel  armado y amenazador. Quizá alguno se haya preguntado quién es o a qué película pertenece, alguno hasta ha adivinado quien se oculta tras la barba y de donde está sacado (si, ya se que todo esto es más bien retórico…), bueno el misterio(¿?) será finalmente revelado (con mirar a la izquierda ya valía) : la imagen pertenece a un olvidado y muy simpático thriller canadiense de finales de los setenta titulado en España “Testigo silencioso” y ese tiparraco rojiblanco es nada menos que Christopher Plummer interpretando a un atracador macarra y francamente peligroso que pretende desvalijar la pequeña sucursal de un centro comercial en plenas Navidades.

Claro que la cosa no es tan sencilla, y la intriga, juguetona y permanentemente ingeniosa (apitada de una novela que desconozco por completo por parte del luego interesante director Curtis Hanson) tiene aquí tan solo su punto de partida.

Si Plummer es el antagonista brutal, Elliott Gould prolonga su caracterización desganada e irónica de su fantástico periodo setentero (en muchos aspectos el Gould de aquellos días como en protagonista; un cajero aburrido y corriente plagado de manías obsesivas, frustraciones y planes ocultos. El primero de ellos robar su propio banco.

De tal manera aprovechará las circunstancias del atraco para añadir una cantidad extra al botín y convertir a el ladrón en ese “socio silencioso”, lo que no espera es que su némesis quiera el lote completo (amén de que sea una mala bestia de cuidado) y aquí empieza el verdadero juego. Una ceremonia de acoso, dominio psicológico, intimidación física, manipulación sexual y cinismo destilado que logra conformarse a la vez como perfecto artificio de suspense y humorada negrísima donde nunca está claro quien de los dos es peor.

Si Gould hace nuevamente gala de su particular estilo interpretativo, ese desganado “cool” que le queda como un guante a este personaje misántropo y ambivalente, un tipo corriente con una mente gélida (no solo roba el banco, guarda el botín en una de sus propias cajas de seguridad), Plummer arrasa con la película y tensa cada escena con su caracterización de ultraviolento psicópata de sádicas tendencias y ningún escrúpulo. No tendrá inconveniente en usar a su amante como cebo (logrando en su enemigo el espejismo de un triunfo erótico, aunque paradójicamente Gould no parece enterarse de que su compañera de trabajo, la habitualmente cargante  Susannah York, está coladita por el), una atractiva (y desconocida, al parece también era cantante de cierto éxito local) Céline Lomez a la que le une una malsana relación sadomasoquista, sino que cuando está no cumpla, será masacrada en una escena bestial que incluye una pecera en la que luego flotará su cabeza.

Una película injustamente desconocida (existe una edición en DVD que no es muy allá, aunque puede servir) que entronca con inteligencia con la ya decadente corriente del thriller norteamericano de la época, pero aún más que eso puede verse como una relectura del “noir” “b” de los 40 y 50 al que se le hayan añadido toneladas de desencanto y amoralidad (un poco como el magistral “Charley Varrick” de Don Siegel el genuino “último de los independientes”), heredando además la típica honestidad profesional del cine de bajo presupuesto combinada con el intransferible carisma de los 70. Muy bien dirigida por un Daryl Duke, del que poco puedo aportar más allá de que su formación televisiva (entre otras la mítica “El pájaro espino) no afecta ni se nota en una puesta en escena elegante, pero que sin duda beneficia a una narración vigorosa que no se anda por las ramas.

Un duelo de intelectos y voluntades en el cada contendiente (metafóricamente Gould juega una eterna partida de ajedrez contra si mismo) saca lo mejor/peor de si mismo y en el que el hombre mundano acabará por revelarse como una mente criminal capaz de derrotar, tanto al sistema como al cruel profesional. Y es que, en un clímax final memorable convencerá a Plummer para robar nuevamente (¡esta vez travestido!) el banco con su ayuda, una trampa que terminará con nuestro protagonista no solo venciendo sino apareciendo como un héroe y llevándose a la chica, una chica que estaba al tanto de todo y es que aquí ya no quedan inocentes.

Testigo silencioso (The silent partner)

Director: Daryl Duke

Año: 1978

País: Canada

105 min.

Fotografía: Billy Williams

Música: Oscar Peterson

Guión: Curtis Hanson según la novela de Anders Bodelsen

Reparto: Elliott Gould, Christopher Plummer, Susannah York, Céline Lomez, Michael Kirby, Sean Sullivan, John Candy

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