“En una calle tranquila donde los viejos fantasmas se reencuentran”: Escondidos en Brujas, una comedia de la crueldad. Payasos en la Europa de postal.

Escondidos en Brujas (In Bruges)

Director: Martin McDonagh

Año: 2008

País: Irlanda

107 min.

Fotografía: Eigil Bryld

Música: Carter Burwell

Guión: Martin McDonagh

Reparto: Colin Farrell, Brendan Gleeson, Ralph Fiennes, Clémence Poésy, Jérémie Rénier, Thekla Reuten, Jordan Prentice

Escondidos en Brujas (telefílmico título que vulgariza el lacónico original: In Bruges), gustó bastante pero se entendió poco. Tomada como una comedia negro-violenta de onda tarantinesca, vio sus méritos reales minimizados por una comparación particularmente miope

Martin McDonagh dando directrices a Brendan Gleeson

que veía claro un referente lejano y coyuntural y obviaba los antecedentes más descaradamente expuestos por Martin McDonagh.

Debutante aquí, este autor irlandés (aunque nacido en Inglaterra), no hacía otra cosa que prolongar cinematográficamente, y en una clave más accesible y menos salvaje, sus anteriores propuestas teatrales una especie de reinterpretación hiperrealista del teatro de la crueldad de Antonin Artaud, a través de un prisma bastardizado por la cultura pop (lo que le acerca en algunos preceptos al escritor de comics escocés Grant Morrison) y los añadidos grandguignolescos en clave actualizadora. Es decir, no es un desconocido sino un dramaturgo exitoso que traslada al cine lo que venía

Al fondo el campanario. Vigilando las evoluciones de los payasos

realizando para otro medio y de esta transfusión nace lo mejor y lo peor de esta película.

Un estreno apreciable y realmente interesante aunque no esté  logrado por completo, ni sea tan sofisticado como se pretende. Que pierde el paso en un tercio final tontamente pasado de rosca que contrasta, para mal, con la sobria elegancia y la humorística parsimonia del resto del metraje. Y es una lástima, porque McDonagh se revela como un director a seguir, que al menos demuestra convencimiento y cierta personalidad, mientras consigue que la lógica del sinsentido y la inercia de lo imparable se mantengan activas. El argumento es de los más esquemático: un para de asesinos a sueldo tienen que esconderse una temporada porque uno de ellos, Ray, el más joven a metido al pata con un trabajo. El otro, Ken, mayor y experimentado tiene la orden de matarlo. Cansado y compadeciéndose del pobre chico decide no cumplir el encargo.

Básicamente un intento de thriller metafísico, con esa Brujas funcionando a modo de purgatorio (ya sabes, donde van los no muy malos y los no bastante buenos, como el Tottenham, que dice el personaje de Farrell) del que no se puede uno escapar por culpa las razones más peregrinas y los azares más estupidos, y comedia del absurdo situada en algún punto intermedio entre Esperando a Godot y los hermanos Coen, cuyo sonido característico puede oírse en esos personajes descerebrados y obtusos que se mueven como marionetas al capricho de un director que parece disfrutar con su estulticia.

Igualmente no renuncia  a referirse con honestidad a cierta tradición irlandesa del noir ejemplificada en los filmes humanistas de Neil Jordan, la mágica Mona Lisa (con el que no comparte mayores características), o especialmente el injustamente olvidado El crimen des-organizado (1997) del venido a menos Paddy Breathnach y que ya contaba con el siempre espléndido Brendan Gleeson como uno de sus destartalados protagonistas.

Se maneja bien en el terreno de la bufonada amarga y maneja con soltura y no poca inteligencia, a un dúo de personajes arquetípicos y estilizados que  no deja de ser el reflejo de los payasos clásicos: el Clown y el Augusto, el tonto y el todavía más tonto, el estoico y el bufón. Así no son gratuitos sus nombres monosilábicos e impersonales (Ken y Ray) que colaboran a la mayor abstracción del conjunto potenciada por las memorables interpretaciones de Gleeson y Farrell. Si los dos actores irlandeses entienden a la perfección el tipo de actuación que se les solicita, en absoluto naturalista sino un punto excéntrica, contrastada con el resto de los personajes y con el mismo entorno, potenciando así el extrañamiento y la buscada disonancia cómica interna, no resulta igual para el divo Ralph Fiennes, ridículamente sobreactuado en su papel de gangster de poca paciencia y carácter incendiario, arruinando no solo su propio personaje sino que desequilibrando (aún más) la película, escorándola peligrosamente hacía la humorada sanguinolenta y los excesos grotescos. Demasiado visto y mucho menos estimulante que todo lo anterior.

Martin McDonagh rueda con clase y buenas maneras (no siente la necesidad de llamr la atención con piruetas visuales, quizás por ser ya un autor consagrado que trabaja sobre material familiar), con un uso ejemplar de las bellas localizaciones  belgas, utilizadas además esa antedicha intención negra y paródica: la ciudad de cuento, escenografía teatral e impostada, imposible Europa de mírame y no me toques convertida a su vez en doble escenario de ficción, la farsa que viven los protagonistas y el rodaje de una película en la que trabaja la chica de la que se enamorará Ray ofreciéndole su final de “cuento de hadas” bajo el campanario, convertido en decorado a un tiempo kitsch y tétrico. Pero especialmente brilla con diálogos muy bien escritos y rebuscadamente significativos a base de repeticiones, juegos de palabra, absurdos, etc…, (el memorable running gag. “una ciudad de cuento de hadas”, machaconamente repetido como si de un anuncio zombi se tratara) con cierto deje a lo Harold Pinter y se apoya en una estupenda banda sonora del “coeniano” Carter Burwell, triste e irónicamente solemne. Beneficiada con la inclusión del bellísimo tema de The Dubliners, Raglan road, musicalización de un poema de Patrick Kavanagh cantada por el gran Luke Kelly y acompañamiento del  patético y heroico último acto de la vida de Ken.

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Pues sí… recuerdo que los tráilers de esta película se montaron como si fuese una muestra más del cine inglés actual, sucio y cool, de gángsters británicos. Pero fui al cine y me encontré con algo tan diferente que me ganó por completo: un guión modélico (excepto la última parte, cierto), actores en su salsa, una localización estupenda y un aire teatral fresco y reconfortante. Todo en un producto muy atípico.

    Respecto a Ralph Fiennes, te confieso que me divido a la hora de evaluar su trabajo. Claramente está sobreactuado y desentona el tempo y el espíritu de todo lo anterior… pero por otra parte tanto sus intervenciones telefónicas como su aparición en pantalla o sus primeras vueltas por Brujas (con ese espíritu mefistofélico) imponen mucho (incluso exhibe una tensa contención en la entrevista con el ruso y el tuerto). Yo creo que más que un problema de su actuación en sí, lo que le pasa es que se ve afectado por un desenlace que no está a la altura y que explota justamente cuando se concentra su aparición en el metraje.

  2. Por cierto… Clémence Poésy tiene unas facciones más bien feas pero qué bien la trata tanto su propia expresividad como la iluminación y los encuadres. ¡Hacen que me parezca atractivísima en ese rol que podría calificarse como “femme fatale pero no”!

  3. esbilla dice:

    Coincido casi al completo con las dos apreciaciones, Clémence Poésy tiene un “algo” y resulta aquí muy atractiva casi sin proponerselo. Y es cierto que las apariciones telefónicas de Fiennes son memorables, pero físicamente no parece acabar de entender el tono que se le pedía y se excede con lo apayasado. También es verdad que ni el registro era facil (para Gleeson si, claro, pero es que es de esos actores que hace que todo parezca facil)ni el momento que protagoniza en la peli es lo más lúcido, y es una lástima porque el final se pasa de vueltas y lo acelera todo hacia lo grotesco, aunque en cierto modo casi podría verse como la versión moderna del grang guignol, que es otra influencia reconocida del director.
    Respecto a como la venta del film…pues así fue. Veias los anuncios y directamente pensabas en los de Guy Ritchie,en Layer Cake, o en algo por el estilo pero más modesto. Afortunadamente la recuperé luego en DVD y me sorprendió encontra algo tan original y personal. Por cierto que ayer vi Cabeza de perro de Santi Amodeo y algo por el estilo, un título que pasó sin pena ni gloria, mal vendido y peor criticado/acogido y al qeu se le podría aplicar eso que se dice de los futbolistas: “¡si fuera belga o danés o argentino…!

  4. Daniela Campos dice:

    Con sólo ver el tráiler me da curiosidad ver esta cinta, en primera por Colin Farrell y en segunda por los lugares en los que se desenvuelve la historia, la buscaré en HBO GO Streaming el próximo fin de semana sin falta, espero que sea tan buena como lo pinta el tráiler.

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