Tan bellas para morir: Perché quelle strane gocce di sangue sul corpo di Jennifer? Exprimiendo el giallo sexy, luciendo a Edwige Fenech

Perché quelle strane gocce di sangue sul corpo di Jennifer? (¡qué títulos!) no es muchos más que un derivado divertidísimo y descaradamente gratuito del estilo que había impuesto Sergio Martino con sus títulos de paranoia femenina y retruécano argumental para la sexy miope Edwige Fenech, siempre predispuesta a perder la ropa y en los que solía debatirse entre el endomingado galán uruguayo George Hilton, secundarios recurrentes como Alberto De Mendoza o carismáticas presentencias malignas tan estimulantes como Ivan Rassimov o Julián Ugarte. “Guarrigialli” de garantizado entretenimiento y desenfreno tramposo como o La perversa señora Wardh (1971) o Todos los colores de la oscuridad (de 1972 y la más célebre, que no la mejor), que tamizaban el imaginario femenino habitual de Roman Polanski con erotismo gordo y colorín.

Una suerte de “giallo gotizante” (no todo va a ser Argento en el género) que era evolución de los thrillers psicopatológicos teñidos de amarillo que Umberto Lenzi (y también Ricardo Fredda con A doppia faccia,  o Lucio Fulci con Una historia perversa, ambos en 1969 y la segunda con una Marisa Mell que corta el aliento) había propuesto en los últimos 60. Cintas como Orgasmo (1968), Cosí dolce, cosí perversa (1969) o Una droga llamada Helen (1969) en su mayoría para la gloria (menor) de la entregada actriz norteamericana Carroll “Baby Doll” Baker, consagrada a un estereotipo escabroso volcado sobre intrigas de ambición y dinero, con el sexo como arma para lograr espurios fines. Misterios saturados de taras mentales, perversidad calentorra, mucho vicio y mucha maldad, con los ojos puestos en Hitchcock y en  las Las diabólicas (1954) de Cluzot o dispuestos a la rauda italianización del misterio Hammer según Jimmy Sangster, popularizado en cintas tan memorables como, El sabor del miedo (1961) dirigida por la gran esperanza Seth Holt u otros a cargo del gran director de fotografía Freddie Francis como El alucinante mundo de los Ashby (1963) o El abismo del miedo (1964) entre otras.

Pero el film de Carnimeo (facturador de un buen puñado de las circenses hazañas del inefable pistolero y jugador “Sartana”, interpretado primero por Gianni Garko y luego por el propio Hilton) obvia ese componente monetario y esquematiza la historia hasta dejarla en una esquelética (y bien simplona) intriga que recae sobre una sexualmente traumatizada joven (su marido la inició en una ridícula secta orgiástica, siendo las visualizaciones de tales momentos resultan particularmente vergonzantes y muy alejadas de las set pieces de abstracción fetichista que firmaba Martino), aunque paradójicamente luego no parezca tener mayor problema en trabajar como modelo erótica (lo que “justifica” el agradecido festival de desnudos y similares), que alquilará un piso cuya dueña a sido previamente asesinada durante la soberbia secuencia inaugural que comprende una ejecución en un ascensor repleto.

Se convertirá así en parte de una siniestra comunidad vecinal mientras es bombardeada por todo tipo de estímulos sexuales (en perfecta fidelidad a la machacona y monotemática entraña de la película), tal que el Tom Cruise de Eyes wide shut (2002), que funcionan (o así) como representaciones físicas de sus propios deseos latentes; desde el galán que la requiebra y el exmarido que la acosa, hasta la vecina de pulsiones lésbicas que la desea (la sofisticada Annabella Incontrera), pasando por los que la censuran/desprecian, un desdeñoso violinista de moral intransigente padre de esta última (al que incorpora el recurrente y entrañable Jorge Rigaud)  y un odiosa viejecita sobre cuyo desfigurado hijo recaen las principales sospechas de ser el misterioso enguantado que la asalta una y otra vez mientras comete crímenes en su entorno, un killer vestido exactamente igual que el asesino de la seminal Seis mujeres para el asesino (1964) de Bava, un guiño (y no es el único, la escena del ahogamiento en la bañera es idéntica) que acredita que el giallo, tenía ya conciencia de si mismo y de su poderoso impacto popular.

En medio de semejante vecindario/entorno se verá arrastrada a la locura y la paranoia, a base de recalentamiento de bajo vientre  dejando ver como se iban extremando los componentes conservadores y resbaladizos habituales del estilo (especialmente con respecto a la mujer, digamos, “liberada” lo que incluye aquí libidinosas y enfermizas fantasías de violación y dominio), una deriva que resulta seguramente involuntaria y propia de la progresiva brutalización del género tanto en su forma estética como en su fondo ideológico. Igualmente da tres vueltas y media de campana en cuanto a trampas y pistas falsas se refiere, con la aportación estelar de la clave piscoanalítico-chorra de la hematofobia que paraliza/culpabiliza a Hilton y que protagonizará el descacharrante cierre con las gotas sobre el rostro del personaje haciéndole tener una regresión infantil con forma de bochornoso flashbacks que lo cura en el acto.

Con todo y sin ser nada memorable deja ese sempiterno barroquismo (la utilización de las composiciones con espejos, los planos del infinito hueco de las escaleras,…) y deslumbrantes fogonazos incrustados en medio del lugar común y la rutina más o menos agitada por pequeñas joyitas encabezados por el soberbio asesinato de la compañera de piso y amiga de la Fenech a plena luz del sol y en una concurrida calle. Abandonado momentáneamente el ametrallamiento por zoom y exhibiendo una ejemplar planificación, ejecución y tensión, tanto formal como dramática. Una de esas secuencias autónomas tan típicas del género,  momentos de puro gozo estético-descabellado que certifican, en palabras de Javier G. Romero en “El giallo italiano. La oscuridad y la sangre”, que este es el género “donde todo es posible, hasta lo imposible”.

Perché quelle strane gocce di sangue sul corpo di Jennifer? (The case of bloody iris, La lágimas de Jennifer)

Director: Giuliano Carnimeo

Año: 1972

País: Italia

94 min.

Fotografía: Stelvio Massi

Música: Bruno Nicolai

Guión: Ernesto Gastaldi

Reparto: Edwige Fenech, George Hilton, Annabella Incontrera, Paola Quattrini, Jorge Rigaud, Giampiero Albertini, Franco Agostini