“Esta es su vida”: Profesionalac, una comedia balcánica. La palabra y la obra de Dusan Kovacevic, sátira, ternura e historia yugoslava

Profesionalac supuso, en 2003, el regreso a la dirección del gran dramaturgo y guionista (además de activista político) Dusan Kovacevic más de veinte años después del clásico El espía de los Balcanes (comentada aquí). En esta ocasión ya en solitario y nuevamente adaptando  una obra teatral propia del año 1990 (por cierto editada en España por Proa en 2005 con traducción de otro dramaturgo, el catalán Jordi Galcerán) tan exitosa como la gran mayoría del trabajo del autor, sabio conminador del sulfuro sociopolítico, la comedia costumbrista/alocada y las virguerías simbólicas/metalingüisticas. Nunca obvio, siempre sofisticado, preocupado porque el “mensaje”, la “tesis” no se coman la diversión o  de que esta esté exclusivamente a su servicio. Dejando que la crítica contra el sistema tome habitualmente la forma de una farsa, a veces risueña, a veces triste, siempre melancólica y un punto macabra. Como si sus textos quisieran embotellar una manera de ser, un concepto de “lo serbio” que venera por igual el fatalismo y el jolgorio, la resignación y la burla. Una lucidez que emana directamente del conocimiento orgánico de la derrota.

Dusan Kovacevic (izquierda) dirigiendo a Bora Todorovic

Sería extraordinariamente árido ponerse a desgranar aquí la obra como guionista de Kovacevic (bajo cuyos auspicios han rodado, Slobodan Sijan, Goran Paskaljevic, Goran Markovic o Emir Kusturica), así que baste decir que sin su concurso el cine yugoslavo desde los 80 hasta la actualidad sería completamente distinto. Desde las agitadas comedias corales (Ko to tamo peva, 1980) , hasta la revisión historicista (Maratonci trce pocasni krug en 1982, Underground en 1995 o en otro tono su recientísimo guión para la lujosa Sveti Georgije ubiva azdahu ya en 2009), pasando por las críticas subterráneas y caricaturescas del comunismo y el post-titismo (Poseban tretman en 1980 o la ya mencionada Balkanski spijun en1984) o la sensibilidad cercana al realismo mágico (una gran tradición balcánico y rusa, por cierto, no siempre hay que atribuírsela al “boom latinoamericano”) de la hermosa Sabirni Centar (1989), una singular fábula sobre la persistencia del recuerdo y la doble naturaleza de la muerte, la física y la del recuerdo. En cualquier caso una personalidad indispensable y un caso curioso de autoría indirecta, ya que el estilo de Kovacevic en la dramaturgia y el texto, su extraordinaria clarividencia y su ternura se imponen sobre casi (quizás Kusturica haya sido la excepción en algunos aspectos, aunque en realidad él mismo esté influenciado por el Kovacevic de los primerísimos 80) cualquier director, hasta el punto de poder afirmar que una película escrita por Dusan Kovacevic es una película de Dusan Kovacevic.

Y ahora si, ahora Profesionalac. Esta obra, un enorme triunfo sobre los escenarios, (esta es una insólita particularidad del autor: es una figura permanentemente crítica y desafiante pero paradójicamente popular y taquillero, un extraordinario equilibrista entre lo comprometido y lo mainstream) ya había conocido un adaptación televisiva en 1990 con dos glorias mayores de la actuación yugoslava como Danilo “Bata “Stojkovic y el desarmante Bogdan Diklic (uno de los actores más talentoso que he visto en mi vida) como el policía secreta y el antiguo disidente al que vigiló durante años.

Kovacevic recupera una obra, que curiosamente antecede (y puede verse como una variante para mejor) en no pocos aspectos temáticos a un bodrio exangüe como La vida de los otros (2005), perfecto ejemplo de endomingada qualitè europea que infla una buena idea a base de pretenciosidad transcendentalista, falsa hondura y un domesticada estética de serie lujosa. Y frente a tanto dramatismo sin verdadero drama, esta comedia negra (género indisociable del cine balcánico) aclimata el original a la Serbia contemporánea situando los dos tiempos del relato en la actualidad y en la Yugoslavia en pleno derrumbe durante los años 90 (esencial en ese sentido el sobresaliente La trampa balcánica de Francisco Veiga publicado por Grijalbo en 1994 y revisado en 2002), un cambio que solo beneficia al potencia el discurso y multiplicar el impacto de su sardónico final lampedusiano.

Por desgracia la película en si se resiente por una parte del problema permanente en los guiones de Kovacevic, esto es, su mecánica excesivamente teatral (aquí parcialmente escondida por los constantes flashbacks que airean la trama reducida apenas a una habitación), y por otra de una puesta en escena bastante plana, escasa en recursos puramente cinematográficos y estrictamente funcional. Un inconveniente restañado parcialmente por las virtudes meramente “estéticas” de las palabras y por la fuerza conceptual, la perspicacia histórica y el brío cómico. Es decir, Kovacevic no es un buen director, pero es un hombre con ideas y capacidad para contarlas, con un oficio abrumador y genuino talento, una combinación que le sirve para salir más que airoso del intento y para terminar por entregar un film repleto de virtudes, las que se ven a simple vista y algunas otras más intangibles y capitales.

Así el duelo de personajes en el escenario único de la oficina, ventilado con esos constantes saltos al pasado, es complementado, en una de esas operaciones metafóricas típicas del autor (algo que funciona como espejo de la historia principal, una teatralización que es una obra dentro de la obra y que comenta/complementa esa peripecia central al “ponerla en escena”), por la huelga que se desarrolla en la editorial (y que está comandada por un violento ex-chivato y asesino de la policía) que dirige el personaje de Branislav Lecic: Teodor Teja Kraj un antiguo líder político contra Milosevic, escritor frustrado y profesor universitario reconvenido en empresario que ha olvidado el idealismo por el pragmatismo. Un personaje que, un día recibe la visita de un hombrecillo, Luka Laban jefe de la policía del antiguo régimen, que le entrega unos libros y una maleta que contiene literalmente su pasado, una vida recopilada por quien se encargó de vigilarle.

El film se sostiene en un dupla de personajes principales estupenda pero un punto desequilibrada a favor del memorable comisario que Bora Todorovic compone con su economía de medios habitual y su depurado “timming” cómico, basado precisamente en la contención gestual, aquí además enriquecida por la propia decadencia física del actor, lo que potencia todavía más su habitual gesto resignado y melancólico. Pero si bien es cierto que Lecic no termina de dar la talla como partenaire y que es un actor un tanto rígido, su presencia (en lugar del mismo Diklic, por ejemplo) responde a una voluntad diferente. Y es que el actor interpreta aquí una variación sobre si mismo, y los insertos documentales de la película son por tanto reales, testimonio de sus mítines y actividades cuando lideraba el Plišana revolucija (y en uno de ellos puede verse al propio Kovacevic, interviniendo desde el pasado real en la película que dirige desde el presente), por lo tanto personaje y actor difumina su límites para refundirse en uno solo y dotan a la película y al personaje de una dimensión distinta, cercana a la autoficción. Un arriesgado enfoque que no solo utiliza la metaficción habitual en Kovacevic sino que introduce registros de realidad en territorios de fingimiento. Sometiendo lo narrado a una colisión contra lo vivido, convirtiendo el careo entre personajes en un exorcismo personal. Una inmersión en el pasado inmediato de un país y de una generación a través de la versión “dramatizada”, estilizada, de uno de ellos como símbolo del resto.


Pero este subtexto, este doble nivel, es siempre mantenido a raya por la dirección y la escritura, de tal modo que no pase a un primer plano, sino que se mantenga como elemento enriquecedor y no como único. Kovacevic luce entonces su manejo brillante del gag, con especial mención a su inteligente uso de “lo recurrente” (el amigo siempre descalabrado, la rubia que aparece por ensalmo…)  y en su falta de prejuicios para recurrir al vodevil: Pero sobre todo el film cuenta con una acierto capital: comenzarlo todo de una manera completamente seria y un punto amenazante para volverlo luego progresivamente absurdo (un ejercicio de paranoia espléndidamente logrado también en El espía de los Balcanes, donde la risa nace del miedo) haciendo que la comicidad funcione por contraste.

La caza y vigilancia sobre Teja se abre como una especie de thriller que mezcla reconstrucción reporteril y abstracción kafkiana y se va transformando por momentos en su propia parodia (lo que en cierta manera la convierte en aun más terrorífica) con ese comisario apareciendo con sus mortadelianos disfraces en todos los momentos de la vida del protagonista (genial el detalle del bigote distinto cada vez o el de los músicos encallados en el mismo acorde al reconocerlo durante su primera aparición como improbable vendedor de periódicos en el bar donde se reúne el protagonista con sus amigos) y determinando la dirección de la misma, primero intentando matarlo y luego salvándolo al descubrirlo enamorado de su propia hija, sin que acertemos a discernir cual de los dos intentos es más estúpido y desquiciado. Así cada operación es más ridícula y más delirante (apoteósico el despliegue de policías disfrazados de Papa Noel y descacharrante el momento en el que lleva en brazo al protagonista tras caerse de un tren en marcha) en una escalada que busca desnudar el puro absurdo idiota de un sistema enloquecido y podrido  hasta el tuétano.

Un film que mejora reposado y que supone un recorrido vital y personal por la historia reciente de Serbia durante una década en al que el infierno se instaló en el corazón de Europa sin que a nadie pareciera importarle gran cosa. Un paseo siniestro por la memoria espiada y manipulada de la mano de un hombre que reconstruye su vida de la mano de alguien que, desde la sombra, la conoce mejor que el.

Profesionalac (The Professional)

Director: Dusan Kovacevic

Año: 2003

País: Serbia

104 min.

Fotografía: Bozidar ‘Bota’ Nikolic

Música: Momcilo ‘Bajaga’ Bajagic

Guión: Dusan Kovacevic

Reparto: Bora Todorovic, Branislav Lecic, Natasa Ninkovic, Dragan Jovanovic, Josif Tatic, Miodrag Krstovic, Renata Ulmanski, Milos Stojanovic, Sergej Trifunovic

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Vozidar dice:

    Exquisita labor de investigación (pareces una auténtica eminencia en cine balcánico), y estupendo análisis de la obra de Kovacevic. Es cierto que sin él, a saber dónde estaba el cine yugoslavo. Un genio casi desconocido en la Europa Occidental. De Profesionalac guardo buenos recuerdos (esa canción de “Motorolo”, y lo de los papá noeles), pero fue una de mis primeras películas serbias y la tengo muy olvidada en la memoria. Espero que en una revisión pueda ver todo lo que has podido ver tú.

  2. esbilla dice:

    Muya agradecido, tú eres el único responsable de mi inmersión en el cine de los Balcanes en general y en el de personalidades como Kovacevico o marcovic en aprticular. Y en especial del descubrimiento de una escuela de actores espectacular.
    La reseña ha tenido su trabajo, eso si que es verdad. No hay mucho donde rascar por ahí.

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