Negro y Plata: El Vampiro / La maldición de La Llorona. El México gótico, folklore local y mitos importados

Programa doble con un par de muestras de una época especialmente prolífica y sugestiva dentro del fantástico mexicano, entre finales de los 50 y el principio de los 60, con dos títulos que representan el origen y la consolidación del cine de horror. Hermanados en muchos sentidos, especialmente en su impronta visual/atmosférica, parten de distintos orígenes para converger en una misma idea: mientras El vampiro mexicaniza un material legendario y dramático ajeno personalizándolo y aclimatándolo a una sensibilidad propia, La maldición de la llorona recorre el camino contrario al incorporar elementos y estéticas foráneas (el cine italiano coetáneo, por ejemplo) a un mito local, enriqueciéndolo y contaminándolo de un cierto aire gotizante de carácter internacional. Además ambas comparten una personalidad esencial para el desarrollo del terror mexicano: Abel Salazar, insufrible galán de segunda fila por un lado (y que fuera El Coyote para Joaquín Romero Marchent en 1954) e imprescindible productor por el otro, que con el objetivo de buscarse un hueco para una carrera alicaída terminó por empezar algo totalmente nuevo, adaptado con personalidad y encima atronadoramente exitoso.

El vampiro

Director: Fernando Méndez

Año: 1957

País: México

95 min.

Fotografía: Rosalío Solano

Música: Gustavo César Carrión

Guión: Ramón Obón

Reparto: Abel Salazar, Ariadna Welter, Germán Robles, Carmen Montejo, José Luis Jiménez, Mercedes Soler, Alicia Montoya, José Chávez, Julio Daneri, Amado Zumaya

Todo un clásico (quizás incluso “el” clásico) del fantástico mexicano, pieza maestra de la edad de oro del género en el país y un título históricamente fundamental por su carácter prácticamente seminal, aunque su director Fernando Méndez ya había realizado un año antes la fundacional El ladrón de cadáveres, la película que, puede decirse tranquilamente, supone el inicio del cine de terror azteca. Una industria que el director colaboró a apuntalar con trabajos como El ataúd del vampiro, secuela prácticamente instantánea de esta con igual reparto pero cambiando la ambientación rural y el maravilloso escenario de esa hacienda decadente -la protagonista, a la que interpreta la guapa Ariadna Welter mantiene el recuerdo idealizado de la infancia pero al llegar el lugar está decrépito, explicitando la  corrupción por la presencia del mal-  por la ciudad y un tétrico hospital, extremando además el tono expresionista y el barroquismo en la realización, el western (otro género que trató con profusión) terrorífico El grito de la muerte ( también usando el sustrato legendario local de “La llorona”) o la muy sugerente Misterios de ultratumba, ambas de 1958 y tan prestigiosas como invisibles.

Méndez era un director de gran clase y un verdadero equilibrista del bajo presupuesto que ofrece un estilo visual suntuoso y artesanalmente elegante, toneladas de oficio y gotas de verdadero genio estético (asombrosa y bellísima la aparición/desaparición del vampiro en un haz de luz que corta la densa oscuridad) a base de envolventes neblinas (memorables las primeras apariciones de la enlutada villana) y brillante claroscuro fotográfico obra de un Rosalío Solano que juega espléndidamente con las sombras e integra con total naturalidad prestamos del look atmosférico de la Universal y también de las siempre sugestivas cintas producidas por Val Lewton (influencias que se extenderán por toda esta edad de oro y que estarán presentes con igual insistencia aunque con nuevos elementos en La maldición de La Llorona) dotando a la cinta de ese remarcable gusto gótico.

Añeja en algunos aspectos, esos trucajes fotográficos o la iluminación de algunos momentos que casi parece importada desde los primeros 30, pero tremendamente moderna en otros antecediendo/compartiendo algunos de los axiomas que manejará (mejor, todo hay que decirlo) la inminente “hammerización” de la mitología vampírica (algo ya explicado por Manuel Aguilar en su reseña para Pasadizo, por cierto), principalmente por una sutil caricia erótica y también por el carácter despiadado del vampiro (no hay más que ver como no tiene mayores problemas en atacar y sangrar a un niño), más cercano a la bestia latiendo tras los buenos modales de Christopher Lee que al aristócrata viscoso de Bela Lugosi. Y es que si la película se ha convertido en objeto de verdadero culto es principalmente por la apabullante presencia del legendario actor gijonés Germán Robles, unido al género a partir de aquí y convertido en indiscutible mini-mito de la sesión doble, como el vampiro Lavud/Duval; enjuto, con vibrante voz de barítono y porte aristocrático, Robles logra fundir el hálito poético (su objetivo no es otro que resucitar a su hermano ejecutado cien años antes) y la falta de piedad solo con su poderosa presencia escénica, con un intenso magnetismo que hace mejorar  a todas luces la película cuando está en pantalla,  algo que por desgracia sucede demasiado poco.

El protagonismo se lo lleva el galán del género de la época y a la sazón productor de muchas de las películas (incluida esta), el insoportable Abel Salazar, desubicado y cargante con su héroe chistoso y sainetero, una interpretación horrible y estúpida que va contra el logrado tono tétrico que preside todo el film. Aún así retener detalles como las fantasmales apariciones de la tía de la heroína, a la que se cree muerta, pero que en realidad recorre los subterráneos y entradas secretas de “Los Sicomoros” para prevenir y proteger a su sobrina, o la manera de integrar un muy mexicano sentido del melodramatismo familiar que personaliza todo el film al tiempo que trae un gustoso aroma folletinesco.  Lo que unido a la embriagadora banda sonora de Gustavo César Carrión consigue que, cuando aparecen  los hilos que balancean a los murciélagos, pues… hagamos como que no los vemos.

La maldición de la Llorona

Director: Rafael Baledón

Año: 1961

País: México

74 min.

Fotografía: José Ortiz Ramos

Música: Gustavo César Carrión

Guión: Rafael Baledón & Fernando Galiana

Reparto: Rosa Arenas, Abel Salazar, Rita Macedo, Carlos López Moctezuma, Enrique Lucero, Mario Sevilla, Julissa

Si El vampiro es uno de las cintas que lo empezaron todo, La maldición de la llorona ya se inscribe directamente en el esplendor del género. Carece entonces del empuje pionero y de la pureza de aquellos dos o tres originales pero da testimonio del perdurable impacto de la formula y de su industrialización, que es lo que al final da naturaleza a un género o aun movimiento. Es decir el género no lo forman los que lo inventan sino los que lo explotan y utilizan perpetuando y extendiendo los logros del original (la atmósfera expresionista, el melodrama, el tono de folletín, etc…) pero también banalizándolos de manera inexorable.

En ese sentido lo primero que hay que decir es que La maldición de la llorona es un título que, si bien luce un cierto prestigio, ofrece resultados bastante pobres, aunque en ningún caso desdeñables y además tiene el interés de comprobar con precisión y sobre el terreno como era ese cine popular industrializado y de bajo presupuesto mexicano del que Rafael Baledón fue conspicuo cultivador. El resultado es un film agradable y modestísimo en todos sus apartados que saquea con poco garbo estético aunque con apreciable inteligencia conceptual el contemporáneo filón del gótico italiano -la presentación de la archivillana sujetando a unos descomunales dogos está birlada directamente de la magistral La máscara del demonio, lo que por otra parte certifica el impacto  que supuso el film de Mario Bava y su tremendo éxito taquillero- refundiéndolo con el folklore mexicano pero termina desproveyéndolo de su pulsión malsana, su perversidad y ese arrebatado romanticismo post-mortem que es marca de naturaleza de la grandiosa escuela mediterránea.

Igualmente reduce el barroquismo decadentista y la belleza terminal de la puesta en escena a una formularia planificación televisiva (o más bien teatral) animada por esporádicos aciertos tétricos y atmosféricos. La realización es tan plana que por momentos recuerda a un trasnochado Estudio 1, pero aún así deja alguna imagen poderosa, como los ojos proyectados que acosa a la heroína  durante su conversión en La Llorona o el bello travelling que sigue a esta entre los árboles del bosque. Se afana en el tono  de maldición trágica que se hereda generación tras generación refundiendo vampirismo, licantropía, vudú, referencias cruzadas a la banshee, etc.. que por un lado anteceden de un modo sorprendente (no tanto por sus parentescos directos como por ese afán de amalgamar distintos orígenes ficcionales en un único cuerpo coherente) a ciertos aspectos de otra obra maestra, en este caso dirigida por  Terence Fisher, como es La Gorgona y por el otro intentan configurar una alternativa local que, en puridad, carece de cualquier tipo de personalidad y resulta excesivamente roma y derivativa -no solo se refiere a Bava sino que también cita por acumulación y con una dudosa ligazón, El Retrato de Dorian Gray, el ciclo Poe emprendido por Roger Corman o el terror Universal, usando descaradamente el célebre momento del Drácula de Browning en el cual el vampiro atraviesa un tela de araña sin romperla- que no logra en casi ningún momento transmitir el arrollador encanto del pastiche cuando está bien hecho.

Excesivamente verbosa y mal interpretada, con un tono constantemente enfático y teatral, cuando no directamente “fotonovelero” del que solo se salva la esforzada caracterización maligna de Rita Macedo (un actriz de fuerza a la que hay que como la puta que acompañaba a Nazarín en el memorable film de Buñuel) como La Llorona reencarnada. En todo caso no desagrada pese a su inanidad, cuenta con una banda sonora notable y destila cierto encanto pobretón –el estupendo maquillaje de la protagonista durante las conversiones con esos ojos vaciados, el final con la campana, alguna buena idea escenográfica, etc…- que puede hacer entender su consideración de joyita olvidada.

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Belén dice:

    ¡Qué blog más completo! ¡Eres una enciclopedia! Y los mexicanos qué estética más interesante para el vampirismo…

    1. esbilla dice:

      Es que hay tanto bueno por ahí perdido!Efectrivamente esa confluencia resulta interesantísima, sin remontarse tanto ni ponerse arqueológico ahí está el Cronos de Guillermo del Toro.
      Además en este caso está el añadido de contar con el genuino vampiro latinoamenricano Germán Robles, que es asturiano y gijonés igual que yo, amén de nieto de Pachín de Melás figura de la poesía, el teatro costumbrista y el folklorismo en asturiano.

  2. Si he disfrutado con el de Douglas, con este ni te cuento! Veo que también controlas el cine fantástico mexicano. Ahí es nada.
    Soy un gran admirador de esta filmografía a descubrir y repleta de títulos y directores más que rescatables. Personalmente me gusta mucho Taboada e incluso Curiel o Urueta que son muy festivos, jajaja. Mendez, como bien dices, es un tío con mucha clase, tiene grandes cosas como este titulo que señalas.
    La maldición de la Llorona está pendiente de ver. Me quedan tantas cosas por ver… afortunadamente.

    1. esbilla dice:

      No te creas que controló tanto como parece…es todo fachada y hablar con mucha seguridad. Digamos que me estoy introduciendo y encontrando cosas y enlazando unas con otras. El fantástico mexicano en particualr y el sudamericano en general me resultan tremendamente atractivos y siempre sugestivos pero igualmente difíciles de localizar y complicados de manejar por lo increiblemte abigarrado de unos caso y lo exiguo de otros.
      En los inicios escribí un articulín, que cro no estaba nada mal, sobre ese tronado que es Mojica Marins y sus dos primeros filmes sobre Ze do Caixao: https://esbilla.wordpress.com/2009/09/18/292/

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