Antológico Naschy: un dossier definitivo en La abadía de Berzano. Capítulo 1, La furia de Johnny Kidd

Hoy ha comenzado a publicarse en la imprescindible Abadía de Berzano un antológico (en todos los sentidos) dossier sobre la carrera del ya mito Paul Naschy, una iniciativa ambiciosa y sin precedentes que proyecta un recuento crítico, histórico y un poco sentimental también sobre la filmografía completa del creador español más fiel al fantástico. El objetivo es realizar una labor de summa que no tenga alergia a la acidez y esquive en lo posible las tentaciones hagiográficas, logrando con ello una reivindicación, al mismo tiempo consistente y desprejuiciada de una personalidad desbordante y acaparadora, entre lo fabuloso y lo mundano.

Para esta tarea de titanes el abate mayor José Luis Salvador Estébenez (en hábitos Cerebrín) ha tenido la feliz idea de convocar a una serie de articulistas de diferentes “sensibilidades naschyanas” que garanticen la multiplicidad de puntos de vista y la frescura en el juicio, que aunque pueda resultar duro, será siempre cariñoso. Entre estos me encuentro yo mismo, que aportaré algún material ya aparecido aquí y otros cuantos originales.

Entre estos se encuentra La furia de Johnny Kidd, una curioso aunque aburridillo spaghetti-western con intrahistoria con el que tengo la responsabilidad (y el honor, claro) de inaugurar una saga que se publicará cada viernes a partir de hoy mismo. No habrá más que apretar sobre la imagen de Naschy que tenéis en la barra de la derecha y podréis leer cada nueva entrega, en un enlace a La Abadía que se renovará semanalmente.

Ahora un poco sobre esta Dove si spara di più, en su título original, una cinta del montón dirigida en 1967 por Gianni Puccini y que viene a ser una especie de aclimatación a los rigores del eurowestern del Romeo y Julieta de Shkespeare a menor gloria del insufrible pollo Peter Lee Lawrence, uno de esas estrellitas que poblaron al segunda división de género aquí emparejado con al que pronto sería su mujer, la guapísima y sosísima Cristina Galbó.

En ella Naschy tiene un pequeño papel (sin frase), más bien es un extra con cierta presencia, que consiste en parecer luciendo bíceps y pectoral con un aspecto casi de forzudo de circo mientras echa un pulso con el estupendo característico Luciano Catenacci.

Visto así bien poco interés tiene, cierto. Pero tras esta nadería hay un par de pequeñas historias: la primera la insistencia de Paul Naschy en proclamarse ayudante de dirección de este film y la segunda con la naturaleza fantasmagórica de sus doble final. Mientras en la copia italiana (e internacional) La Muerte en persona hacía una tétrica aparición como pistolero enmascarado con una calavera proyectando una luz de interés sobre el film en la española este remate desaparecía. Un final extraño y sugestivo que, en un nuevo rasgo de egocentrismo galopante, Naschy se arrogaba para si mismo. Dentro de mis posibilidades trato de aclarar este misterio y repartir labores a quien en realidad le corresponden, lo que no es fácil dentro del abigarrado panorama del trapacero cine de la época. Para leer el informe solo tendréis que ir aquí: La furia de Johnny Kidd.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Este dossier que están haciendo es un tributo muy merecido. Lo seguiré con cuidado, para que comprenda mejor quien fue Naschy.

    1. Pues si, Pedro. Más allá de que yo aprticipe en el es una iniciativa impresionanteque va a ofrecer algo que no exitía.

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