El gangster existencialista: A quemarropa. Destrucción del espacio,reinvención de los arquetipos, thriller esencial

A quemarropa es el hiperestilo, el filme que terminó el thriller tal y como se conocía hasta su época, despiezándolo, analizando su estructura interna y vaciando sus valores estético. Obligó a que el puzzle que aquí se había deconstruido se volviese a montar desde parámetros diferentes. Hay un punto de ruptura que provoca que, desde 1968, el noir o el policía USA renazcan con un tono distinto al del género antes de esa fecha. Ya había habido avisos, del Murder By Contract de Irving Lerner en 1958  al Código del hampa de Don Siegel en 1964 pasando por el Blast of Silence de Allen Baron en 1961, pero este es el film: la sensibilidad europea penetrando en la entraña norteamericana para alumbrar algo nuevo, rupturista de verada. Llegado justo en el momento en el cual el  thriller mundial de los sesenta que incorporaba  el  avant-garde a los patrones clásicos del género al producirse la alineación estelar de la presente A quemarropa con  El silencio de un hombre de Jean-Pierre Melville y  Koroshi no rakuin (Branded to kill ) de Seijun Suzuki. Trabajos que, desde parámetros y experiencias distintas (Melville alcanzaba la sublimación de su estilo mientras Suzuki se lanzaba por la pendiente del suicidio) terminaban por desembarcar en un mismo lugar: el de la abstracción. Recogiendo unas reglas y unos cánones asumidos y reconocibles para el público desde los que alcanzar un lugar superior de reflexión cinematográfica que viaja desde el cliché hasta la esencia.

Contra el género, contra el personaje:

Boorman llega desde Inglaterra con poca experiencia y toneladas de descaro arrogante. Era más listo y, como todos los directores primerizos, estaba dispuesto a demostrarlo, incluso a exhibirlo, porque A quemarropa tiene un “algo” de ostentación formal. Había ejercido de productor y director en multitud de series y firmado un film pop al servicio de los Dave Clark Five titulado Catch Us If You Can (oHaving a Wild Weekend, según) y que se adhería a los parámetros diseñados por Richard Lester en sus filmes con/para The Beatles a los que se añadían los ecos del free cinema en versión nonsense popero que este director había practicado en la ya mítica El Knack… y como conseguirlo, también en el 65. Es decir, venía armado de vanguardismo, sentido de humor travieso y un molde nuevo que tomaba el montaje, el sonido, la sincronía y el encuadre como un puzzle.

Adaptando una novela de Richard Stark (es decir Donald E. Westlake) de 1962, originalmente titulada The Hunter y que presentaba al luego recurrente personaje de Parker, seco profesional de otros tiempos traicionado por su mejor amigo y lanzado al cobro de una deuda tan real como metafórica. Material hard boiled sin complicaciones que tenía la originalidad de simplificar los caracteres y apurar la rudeza de una manera un tanto novedosa, aunque definitivamente pulp. Boorman da el siguiente paso convirtiendo al Parker original (ahora Walker, literalmente “caminante”; y caminando arriba y abajo se pasa la película) en pura abstracción tipológica (en un instante durante el asalto al ático de Reese, Walker no aparece más que siendo una mano armada que apunta; el hombre convertido en herramienta, una fascinante trasposición estética e ideológica). Encarnado en el laconismo terminal y el underplaying carismático de un insuperable Lee Marvin, el personaje pierde prácticamente su condición de tal para erigirse en icono que no actúa, sino que posa en el encuadre o lo absorbe por completo. No es ajeno a esta característica, a este poderoso influjo, la muy representativa, creativa y reproducible, imaginería que tuvo el film en su día y que ha perdurado hasta hoy como un molde reconocible y extrapolable. Convirtiéndose A quemarropa en un objeto identificable en cualquier contexto, por una imagen, por una pose.
Walker es más un artefacto pop que un sujeto dramático, es un constructo perfecto de las ideas del espectador (de la ficción) sobre un personaje de sus características: es frío e impasible, calculador, implacable, insuperable en el cuerpo a cuerpo, seductor, invencible, imparable, más listo que ninguno y totalmente despiadado.  Marvin no necesita interpretar, su presencia abrumadora lo hace todo, su manera de moverse y de dominar el plano se sobran. Pasa del estatismo total al movimiento frenético; acción y pausa en periodos cíclicos (asombra la perfecta combinación de ambos en el asalto a la casa de su esposa). De igual manera la trama es prácticamente un hilo y el resto de los personajes figuras reconocibles a la primera por el público ya que responden a otros tantos arquetipos genéricos. No hay drama en A quemarropa, lo que hay es la tensión y la violencia consustanciales al noir, un género que lleva la emoción de serie.

Boorman empuja la historia hasta un borde en el que se encuentra con una cierta idea de la comedia del absurdo y todo está sobrevolado por un humor esquinado y perplejo. Además la disposición circular de la historia -comienza y acaba en Alcatraz con Walker emergiendo de las sombras y volviendo a desaparecer en ellas en un detalle que unido a ciertas insinuaciones; en un momento Angie Dickinson en vista de su monomanía le dice: “-¿Tú moriste en Alcatraz, verdad?”- le otorga a la cinta una lejana vibración fantastique, potenciada por el extraño tono onírico del montaje y las repeticiones tanto formales como argumentales: al principio es manipulado y traicionado por alguien en quien confía y al final resulta haber estado nuevamente manipulado por alguien en quien confiaba, en esta caso el aparentemente todopoderoso personaje de Yost al que interpreta el estupendo Keenan Wynn. Claro que finalmente Walker  ha aprendido sobre la inutilidad de su  misión, que ni tiene fin, ni puede cumplirse, y no se dejará atrapar dos veces. El gangster existencialista se desvanece en la sombra.

En otro rasgo subterráneamente irónico Walker no matará en toda la película por su propia mano a ninguno de los hombres a los que persigue (ni siquiera a Reese, que se cae desde su ático accidentalmente) aunque será el elemento imprescindible que provoque el final de todos, es un anticipo de la muerte pero no la muerte misma. Siendo materialmente imparable no consigue nunca su objetivo, la caza será estéril, un chiste cruel.

El fin de la forma conocida:

Si la historia está reducida a su mínima expresión y el género es una gota que queda al pasar la tradición por un alambique es por la necesidad de mantener esa potencia concentrada que permita destruir el film formalmente manteniendo una reminiscencia constante necesaria para que el espectador identifique(mos) fácilmente unos elementos/fuerza que se mantienen en su forma más prístina. A partir de aquí John Boorman se entrega a una deconstrucción del lenguaje que tiene su principal baluarte en un montaje asincrónico que altera/alterna imágenes y sonidos, introduciendo unas escenas en otras, anticipando acciones, mostrando momentos en paralelo o bombardeando con otros ya sucedidos.

Sin duda la secuencia cumbre en este sentido hay que buscarla en la famosa aparición de Walker por un corredor con sus pasaos reproducidos a un volumen atronador mientras se nos muestra primero a su esposa en el apartamento hacia el que se dirige y luego momentos anteriores de ambos mezclados, seguidos de un asalto que será posteriormente repetido mediante ralenties que no reflejan lo que pasó realmente sino una idea estilizada de la misma secuencia vista antes.

Pero quizás el elemento más revolucionario sea el sonido, que ejerce una labor de dislocación del tempo fílmico: la película que ya se abre con un tiroteo donde el ruido va con adelanto con respecto a la imagen y el conjunto termina por provocar la sensación de que cada escena contiene el avance de una futura y el recuerdo de otra anterior. Esta impresión se ve reforzada por el efecto de repetición que preside toda la película, el empleo masivo del flashback como arma aturdidora y motor de creación de un universo cerrado y autorreferencial (a esto se suma esa estructura circular ya mencionada) que hace rebotar unas escenas en/contra otras terminando un diálogo del pasado en el presente y viceversa.

Pero si la sonorización resulta extremadamente llamativa (hay que imaginarse como resultó aplicado sobre los espectadores de 1967) su estilo visual no es menos elaborado en su objetivo de llevar al máximo la estilización. Toda la cinta está dominada por los reflejos (soberbio el contrapicado sobre un espejo roto en el suelo que enmarca a Marvin y a Angie Dickinson), por las proyecciones (literales: durante la pelea en el club rostos agrandados y luces estoboscópicas ocupan el fondo o el rostro de los actores; o metafóricas: Walker y el hitman contratado para matarle y al que tampoco pagan) y las rupturas logradas mediante líneas rectas que, o bien rompen el plano (Walker vigilando a Carter desde un aparcamiento) o bien lo enmarcan en un muy inteligente manejo de los paisajes urbanos y las arquitecturas civiles. La maravillosa localización en el desagüe abandonado o los modernos edificios de apartamentos, por no citar incluso el perfecto corte de unos impecables trajes que tienen mucha más importancia que la meramente cool, es un recordatorio perpetuo de modernidad y de geometría, líneas limpias entrecruzadas sobre la superficie de la pantalla y bajo la superficie del relato.

A esto se une planificación que no ahorra juegos de perspectiva con una panavisión explotada a conciencia, angulaciones chillonas, desencuadres, o planos cortados que hacen desaparecer los rostros dejando solo cuerpos (Reese quitándole el vestido a Chris) o manos y que o bien hace uso de un estatismo absoluto que lo fía todo a la gélida composición (Chris golpeando a un impertérrito Walker, el atentado que acaba con la muerte de Carter) o pone un marcha un frenesí arrollador (el asalto a la oficina de Carter) en el que el movimiento de la cámara no es tan importante como la precisión en el montaje.

Un código subliminal:

Por si en A quemarropa no hubiese ya suficientes cosas a la vista Boorman parece entretenerse en lo que constituye un verdadero alarde de planificación subliminal en la que dos elementos (tres en realidad, ya que los reflejos, los espejos podrían incluirse si problemas en esta categoría) tienen importancia capital: el agua y el color.

Pero hay más. El sexo es otro: lo mismo en su cruel variante utilitarista (Chris como llave para llegar a Reese) como en un aspecto más sutil en esa relación  a tres bandas que se insinúa con un armónico intercambio de gafas de sol durante uno de los muchos flashbacks. Y también por otra vía simultáneamente simbólica y crudamente directa, en la abrupta culminación de la entrada en el apartamento de Lynne, que podría interpretarse como un polvo frenético: la cama salvajemente desecha, la pistola descargada, la frustración de la fugacidad y la imagen, nada gratuita, de Marvin sentado con las piernas separadas balanceando su revolver vacío. Otro icono de los varios que puntúan sintácticamente el metraje. ¿Y puede despreciarse el componente subterráneamente homoerótico que siempre parece brotar en estas historias de criminales con código traicionados por fieles amigos?

Volviendo a lo dos elementos de fuerza mencionados arriba señalar que el más curioso de los dos resulta ser el agua, presente siempre durante los intercambios, asociada tanto a las transacciones como a los asesinatos, igualando los negocios y la muerte. El supuesto pago que Carter va a recibir tiene lugar en el escenario de una canalización, ya arriba mencionado como ejemplo arquitectónico, y por la cual corre un riachuelo al que irá parar el dinero falso. Y la posterior negociación que nos llevará al clímax se realiza en un lujoso chalet presidido por una espectacular piscina contra la que, y en primer plano, Walker intercambiará una identificación y un casquillo con Yost a cambio de información sobre su siguiente objetivo. Ambas secuencias a plena luz, luz diurna, brillante, presidida por blancos y azules; el perfecto opuesto al atmosférico, nocturno, noir del pasado

El uso del color, y con este el de la luz, es uno de los dispositivos estéticos y conceptuales más interesantes de la película, afectando tanto al espacio en el que se desarrolla como al propio Walker. En un detalle que Jim Jarmusch recogió con singular acierto en la excéntrica  Los límites del control (un film especialísimo en el cual en neoyorkino rehace a partes iguales este film y el Branded to kill de Suzuki, empleados ya con anterioridad en la superior Ghost Dog) Lee Marvin cambiará de traje con cada nuevo paso de su misión y cada uno de ellos será de un color distinto, avanzando del frío gris perla del pricipio al cálido salmón con el que cierra el film, dejando por el medio el azul, el negro, el verde o el mostaza. Walker está provisto de una cualidad camaleónica que hace que su vestuario responda a su entorno (es cierto que el cromatismo de los fondos va también en este sentido y que muchos de los personajes están asociados a un color, por ejemplo Carter al verde y Chris al amarillo), y complementariamente, el propio Boorman apuntaba a la voluntad de humanizar al personaje por el método de hacerlo más cálido a través de su vestuario. Así film desborda luminosidad y colores brillantes, un acabado cromado, orgullosamente superficial, pop al fin y al cabo, que contradice visualmente la negrura de lo que se cuenta y del, estilizadamente, despiadado mundo en el que se ambienta, como queriendo mostrar que tras lo vistoso se agazapa la podredumbre.

Esta utilización sensorial de las relaciones entre los colores y su valor emocional, que referencia las teorías de Kandinsky sobre los campos de color, subraya la búsqueda de la emoción oculta tras un film que, como muy pocos, a conseguido rimar los cerebral con lo visceral, logrando desde una propuesta de formalismo (casi habría que decir informalismo dada la raíz abstracta del film) radical sumir al espectador en una experiencia infartante.

 

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25 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Qué artículo más cojonudo, Adrián… se nota que has puesto toda la carne en el asador para despedir la primavera, para jubilar una cabecera que se estaba volviendo emblemática y para revisar esta señora película destinada a cambiar el panorama del noir, a hacer evolucionar las claves de un género que hasta entonces había sido drama e intriga para convertirlo en estilo (que Bogart me perdone) y tensión. Estilo, tensión, pero también un componente ineludible: amoralidad con mayúsculas.

    Gran película. Aunque emocionalmente, eso sí, me quedo con Melville y su Le Samuraï… Delon es mucho Delon, y los asesinos por contrato siempre han sido mi debilidad.

  2. Ah, y el otro día me acordé de ti… estuve revisando dos filmes que no sé si serán de tu agrado pero que, si lo son, te apetece meterles mano en el verano y si admites propuestas sin compromiso, me gustaría verte comentados: Arcadia, de Costa-Gavras es uno; y Brick, de Rian Johnson (¡el otro día lo vi dirigiendo un capítulo de Breaking Bad!), el otro. La primera es relativamente más conocida, pero la segunda encajaría perfectamente en tu labor arqueológica. Sin compromiso, como digo 😉

    1. Arcadia la tengo desde hace tiempo por ahí y todavía no la he visto y Brick no me gustó nada, me pareció soporífera y prefabricada, solo salvo la buena interpretación del protagonista y dos o trs diálogos, amén del ingenio de la propuesta original. Pero el conjuntó no me entró, no me entró…

      1. Pues confieso que a mí me fascinó… me pareció una forma muy fresca de plantear un neonoir a partir de tipologías clásicas, y el uso del instituto como marco de la acción, de ese universo en miniatura, me hizo verla como el reflejo oscuro de Veronica Mars, serie por la que siento especial conexión emocional. Sí te concedo que tal vez sea un poco artificial, pero la prefabricación me parece indisociable de la propuesta… no podía hacerse de otra forma que no fuese ésa si lo que se buscaba era abandonar totalmente la tradición adolescente y embarcarse en los terrenos del “dark pop”. Sea como fuere, la discrepancia es buena y no se puede coincidir siempre…

  3. Pues mira, Veronica Mars me parece una ficción que integra mucho mejor, de manera más inteligente, con más gracia y muchísimas menos pretensiones las influencias y arquetipos del hard boiled que Brick, que la encuentro tremendamente engreida. Y Veronica Mars es un gran personaje, el detective cínico y deslenguado canónico al que manipulan, engañan y baquetean mientras él se cree más listo que nadie, ¡es toda una Marlow!

  4. Duke dice:

    Debo revisionarla sin duda. La vi hace unos meses y no llegué a extraerle todo el jugo que quise, pero sí lo intuí y lo dejé para posteriores revisiones.

    Eso sí, me descubrió al gran Boorman…

    1. Boorman para mi es un gran director, pero tremendamente irregular. Eso si tiene tres filmes magistrales: este A quemarropa, Excalibur que es descomunal y El general que es una de las obras maestras de los 90 y una joya absoluta en su manejo simulataneo de multitud de tonos. Luego también Deliverance, claro, una película estupenda pero un poco por debajo de estas tres a mi entender.

  5. Duke dice:

    El general es colosal, y Brendan Gleeson en ella todavía más.

    Excalibur no la he visto.

    1. Pues no esperes más. Un film apabullante con una fotografía y un tratamiento del color sobresalientes. Traduce a la perfección la fascinación de la mitología artúrica y le añade una violencia bárbara y una escabrosidad sexual potentísimas.

      Gleeson esta descomunal, ese tipo infantil y complejo siempre me ha aprecido todo un pre-Tony Soprano.
      El general pasará por aquí este verano, sin dudas.

  6. Alimaña dice:

    Excelente blog, y ficha muy trabajada de esta gran película… Gratamente sorprendido, no me dejas más remedio que añadir tu página a mis blogs recomendados. Viva el eterno “duro”: Lee Marvin
    Un saludo

    1. Qué menos que corresponder entonces, ¡hay que se buenos vecinos!, pero desgraciadamente no voy a poder. Igual que me pasa con el Madhouse del gran Quimérico, WordPress es bastante puñetero con las descargas y aunque en principio no debería pasar nada (en la Abadía está , por ejemplo) yo pasé por una mala experiencia a las tres semanas de abrir este chiringuito; por culpa de un enlace a una canción que estaba en un sitio que tenía descargas me cerraron el kiosko. Reclamé y finalmente me lo devolvieron pasado un solo dái, pero el susto…Asi que ahora ando con mucho cuidadín. En fin, una pena porque hay un puñado de blogs muy buenos más allá de que tengan descargas (yo mismo las pondría de no tener wordpress esta política, pero como globalmente me gusta más que blogger y las pelis se encuanttran igualmente acepto la restricción) que me gustaría tener recomendados. En cualquier caso te tengo en mis oraciones y te seguiré con interés.
      Muy agradecido por la visita en cualquier caso y fíjate que a mi o que más me ha gustado del tuyo son esas reseñas tan sintéticas. Rapidez, concisión y precisión, muy depuradas. Yo hace tiempo que tengo pensado hacer algo por el estilo una vez por semana pero siempre acabo de lo más torrencial.

  7. Alimaña dice:

    Gracias a ti Adrian, lo del enlace a mi página no me importa, me conformo con que si te gusta el género zombie me hagas alguna visitilla de vez en cuando… lo de la síntesis realmente lo hago por dos razones: Porque soy un poco perezoso principalmente, y tambien porque no puedo explayarme lo que quisiera, ya que pretendo meter muchísimas películas a modo de “catálogo zombiesco”, y realmente no puedo permitirme perder mucho tiempo ampliando las críticas… lo dicho amigo
    Un saludo y nos seguiremos leyendo como buenos vecinos

    1. Lo mejor ese eso, ¡ni siquiera me gusta demasiado el asunto zombie! Pero el blog se lee tan facil..es un sitio de consulta rápida ideal.

  8. white dice:

    I genuinely liked the post, and the extremely cool blog

  9. John Space dice:

    Jo, me leí en una tarde A quemarropa y luego me pillé la peli pensando que adaptaban esta novela, pero no. Desde luego, el día que escriban un libro sobre los cambios de título en el cine yo me compro veinte ejemplares.

    1. Bueno… más que adaptarla la interpreta.

      1. John Space dice:

        Ah, bueno. Pese a todo, prefiero leer la novela antes de ver la película, por si acaso.

      2. Digamos que el argumento, muy esquemático, es el mismo. Pero el tratamiento completamente distinto.

  10. John Space dice:

    Confirmado: la adaptación supera al original, y de manera impresionante, por todas esas razones que has expuesto. Tan alta calidad como la, más fiel, adaptación del gran Cooke; aunque el estilo de éste siempre ha estado más en deuda con los 50 que con la década siguiente. lo cual contribuye a la fidelidad a la novela, claro.

    1. A Cooke casi puede datársele son exactitud en el arco 57/58-63/64.

      La novela la tengo en una de esas Círculo del misterio…pero en cambio recuerdo leerla en la Etiqueta Negra de Júcar (?). Es muy primaria y muy directa. Sin la sofisticación y la parte experimental de Boorman. Y Marvin, claro.

      1. John Space dice:

        Lectura ideal para el verano; eso sí, hacen más difícil seguir leyendo las adaptaciones de Cooke, por si los spoilers.
        Se me olvidaba: ¿qué hay de las demás adaptaciones? Veo en IMDB algunas bastante interesantes (una es de Godard y todo, óle) y otras nada (Statham…).

      2. Solo he visto la de Boorman y la de Gibson y no sé quién, que encima son de la misma novela…
        Con las adaptaciones de Cooke me puse y se me atragantaron. Más novela ilustrada que tebeo. Pero una vez hecho a la idea tengo intención de retomarlas, que aquí las tiene en la biblioteca todas.

    2. No perdón…he visto (y por ahí anda reseñada) The Outfit. Me gustó mucho. Un policial seco, muy 70’s en su feísmo y violencia. Duvall hace de Parker.

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