Algo que ver con el spaghetti-western: 4 balas, 1 revolver. Si te encuentras con Sartana…ruega por tu muerte/Django, Il bastardo/La colina de las botas/El kárate, el colt y el impostor

Cambio de estación, cambio de cabecera (la maravillosa Tres aventureros, que era la anterior ocupante, tendrá su reseña más pronto que tarde) y recuperación de ese formato “grandes éxitos” que ya empleé sobre el peplum (Breviario peplumita) y sobre la Hammer de los 70 (Memorabilia Hammer) y que, principalmente, sirve para recopilar reseñas previas que tengo desperdigadas, al tiempo que intento dar un visión global de un género o un movimiento a través de una serie de ejemplares menos célebres pero igualmente aprovechables, que, por si mismos, demuestran la manera de explotar todas las facetas posibles de una misma temática hasta dejarla en los huesos que fue práctica habitual del cinema bis. En esta ocasión una cuarteto de spaghetti-westerns que se mueven desde la irónica autoconsciencia a la decadencia manifiesta, pasando por la gravedad espectral y el simple bulto.

Si te encuentras con Sartana…ruega por tu muerte (Se incontri Sartana prega per la tua morte)

Director: Gianfranco Parolini

1968

Italia/Alemania/Francia

93 min.

Fotografía: Sandro Mancori

Música: Piero Piccioni

Guión: Renato Izzo, Gianfranco Parolini y Werner Hauff

Reparto: Gianni Garko, Klaus Kinski, Fernando Sancho, William Berger, Sydney Chaplin, Gianni Rizzo, Andrea Scotti, Carlo Tamberlani, Franco Pesce, Heidi Fischer

Caprichoso spaghetti-western con el que Gianfranco Parolini presentó su particular concepción circense del mismo e introdujo a Sartana, un personaje que haría fortuna en sucesivas entregas. Cuatro, nada menos, pero curiosamente con dirección de Giuliano Carnimeo en todas las secuelas (Yo soy vuestro verdugo en 1969, Buen funeral amigos, paga Sartana en 1970 y ¡¡Llega Sartana!!, en 1971. A los que hay que añadir Vende la pistola y cómprate la tumba en 1972 con George Hilton heredando el palpel y un buen número de apócrifos de todo pelaje) y cada una más inclinada hacía el nonsense que la anterior.


El personaje, fusión estético-conceptual entre los personajes de Lee Van Cleef y Clint Eastwood en La muerte tenía un precio (Sergio leone, 1965), fue todo un triunfo personal para su estrella, Gianni Garko. Impulsor principal del asunto y actor de cierto empaque que había comenzado su carrera como westerner mediterráneo en un papel de vesánico villano enfrentado al eternamente doliente Anthony Stefen en la nada desdeñable Baño de sangre al salir el sol, firmada en 1967 por Mario Siciliano y Alberto Cardone. Una historia dramática de odios entre hermanos donde el personaje de Garko se llamaba, precisamente, Sartana. Tras unos cuantos trabajos más en el género en cometidos ya heróicos pero siempre violentamente torturados (un poco al estilo de Steffen, ese gran sufridor) entre los que se cuenta El vengador de Sur de Mario Siciliano ya en solitario, Garko se propone recuperar el fantástico nombre, con esa sonoridad tan sugestiva -no en vano el propio Parolini bautizaría a otra delirante creación suya, esta vez para Lee van Cleef como Sabata (Oro Sangriento y Texas 1870 en 1970y 1972, respectivamente)- con la idea de  establecer un nuevo arquetipo más dentro de la ya abigarrada imaginería del género. El resultado es una especie de James Bond en clave eurowestern con los elementos de tebeo exacerbados, Mandrake, el mago fue una de sus reconocidas referencias plásticas, un verdadero fumetto-western. Sombrero y traje negros, camisa blanca, corbata roja a juego con el forro de su largo capote y el delicioso detalle de una pequeña pistola de cuatro cañones que lleva grabados en el tambor los palos de la baraja francesa. Magnético look que será rematado, a partir de la segunda secuela, con un rubio bigote de herradura en lugar de la barba de un mes.

Medio jugador de ventaja, medio mago, con algo diabólico que cristalizará en algunos de los elementos fantásticos más atractivos de la película, como por ejemplo su espléndido clímax nocturno. Un tiroteo punteado por el improvisado reloj de arena en que el protagonista convierte un saco de oro y desarrollado en el escenario de una funeraria alrededor de un ataúd lleno, precisamente, de oro e iluminado y planificado como si de un film gótico se tratara.
Irónica en todo momento, excesivamente caótica, regada de cadáveres al por mayor y lustrada por un estupendo reparto de característicos, con William Berger de villano vicioso, Fernando Sancho en su sempiterna caracterización de mexicano voceras y un genial Klaus Kinski (que reincidiría como villano en al secuela) en un lamentablemente breve papel de elegante asesino con la cartuchera cruzándole el pecho que rellena de espuma de afeitar la campanilla que lleva colgada de sus espuelas para ser todavía más sigiloso.

Django, Il bastardo (El bastardo)

Director: Sergio Garrone

Italia

1969

94 min.

Fotografía: Gino Santini

Música: Vasili Kojucharov, Elsio Mancuso

Guión: Antonio De Teffé y Sergio Garrone

Reparto: Anthony Steffen, Paolo Gozlino, Luciano Rossi, Rada Rassimov,Teodoro Corrà, Jean Louis, Carlo Gaddi, Thomas Rudy, Lucia Bomez, Emy Rossi Scotti

Django, Il bastardo es un título de cierto culto, mediocre pero curioso, ambiguamente fantastique que reparte (como el anterior) su autoría entre el director, el bien poco frecuentable Sergio Garrone y su protagonista y co-guionista, Anthony Steffen (o Antonio de Teffé según ocupación). Breve divo de la segunda división del género (donde comparte vestuario con otros como el mismo Gianni Garko, Brett Halsey o el inaguantable Peter Lee Lawrence) especializado en papeles de hierático sufridor vengativo como los que le dieron la fama en el díptico bíblico de Siciliano y ardone, Siete dólares al rojo (1966) y Baño de sangre al salir el sol (1967).  En este caso el actro estiliza al máximo su tipología para encarnar (interpretar sería mucho decir) a un infalible pistolero, directamente,  de ultratumba en coherente prolongación de lo que el Django original de Sergio Corbucci y Franco Nero sugería.

Un tanto zarrapastrosa y en general pobretona se balancea entre una exageración de los manierismos post-leone y un tratamiento formal propio del cine de terror que resulta de largo lo más sugerente; con un creativo uso de las sombras y la iluminación tenebrista que se suma a una nada desdeñable capacidad para inquietar desde la planificación y que dota al pistolero protagonista de unos atributos sobrenaturales a los que casi benefician las paupérrimas capacidades de Steffen. Impasible por igual ante la violencia, los arrumacos eróticos de la turbia Rada Rassimov (hermana del gran característico Ivan Rassimov) o la seducción del dinero. Un personaje que plantea un vaciado total del personaje del pistolero del western all’italiana, en base a reducirlo a la bala y la venganza, la herramienta y la motivación primigenias del género. Sin mayores atributos dramáticos, dotándolo de una extraña fuerza conceptual y encontrando al excusa perfecta para alejarse de cualquier lógica física, espacial o temporal. Así y todo, nunca llega a los límites de la obra maestra de Antonio Margheriti, …Y Dios dijo a Cain, una pieza gótica de absorbente irrealidad, de obsesiva nocturnidad en el que Klaus Kinski volvía para cumplir su venganza por una sola noche de viento y muerte.

Más allá de esto y de gustosos detalles tétricos (las cruces inscritas que el anti-héroe presenta a sus futuros ejecutados o la estupenda escena del intento de ahorcamiento en la iglesia, de una tensión verdaderamente conseguida) que se alternan con unos flashbacks ridículos por completo, permanece la genialoide performance del siempre tortuoso Luciano Rossi como psicópata macilento, epiléptico y sádico, la decrépita imagen mortuoria del pueblo vacío, explicitando (sin querer) su condición de decorado para títeres o la constatación sorprendente de como un film de un imitador de Eastwood acabó por influenciar a este en trabajos como Infierno de cobardes (1972) o, incluso, El jinete pálido (1985) en la planificación del tiroteo final.

La colina de las botas (La collina degli stivali)

Director: Giuseppe Colizzi

1969

Italia

91 min.

Fotografía: Marcello Masciocchi

Música: Carlo Rustichelli

Guión: Giuseppe Colizzi

Reparto: Terence Hill, Bud Spencer, Woody Strode, Victor Buono, Lionel Stander Edward Ciannelli, George Eastman, Glauco Onorato, Alberto Dell’Acqua, Neno Zamperla

La  originalidad de ambientarse principalmente en un circo ambulante de La colina de las botas (título tomado prestado de uno de los que Leone manejó para La muerte tenía un precio) se diluye demasiado rápidamente al languidecer el film hacia una especie de remedo de Los siete magníficos (John Sturges, 1960) directamente olvidable, por vulgar y por desaprovechar una idea de partida con tantas posibilidades escenográficas. Protagonizada por Terence Hill  cuando hacía de Franco Nero, en lugar de Franco Nero, emparejado ya con su inseparable Bud Spencer en un rol secundario de bruto noble pero malcarado (toda una novedad, efectivamente), pero previo a la inminente introducción del slapstick en el costroso universo del spaghetti-western. Se beneficia principalmente del co-protagonismo del rotundo Woody Strode y de la agradable presencia de (desaprovechados) secundarios como el blacklisted Lionel Stander, como dueño del circo, del entrañable George Eastman (acreditado como Luca Montefiori, aunque en realidad se llame Luiggi)  o el excelente Victor Buono, actor de la estirpe del gran Peter Ustinov especializado (como aquí) en villanos viscosos y zalameros.

Más o menos cuenta el enfrentamiento entre una troupe circense que socorrerá al zarrapastroso héroe después de haber sido herido, contra los desmanes de una pérfida corporación que oprime a un campamento de mineros (conciencia social y todo). El guión bandea sin criterio por una historia que surge así como así  con una total ausencia de construcción de personajes más allá del carisma de los actores a los que ni siquiera se une una dirección adocenada que, si bien cuenta con algún acierto de puesta en escena, abusa del zoom y el reencuadre (encima el score de Rustichelli es espantoso), y desperdicia sus posibilidades (tampoco muchas, no nos engañemos). Aún así deja apuntes simpáticos y no carece de interés histórico al formar parte de esa especie de tríptico (junto a esta, que es la tercera, hay que consignar: Tú perdonas..yo no en 1967 y Los cuatro truhanes en 1968 con Elli Wallach) con el que Giuseppe Colizzi intuyó el futuro potencial de la pareja Hill-Spencer que ya repetía similar caracterización en las tres y prefiguraba el cambio que vendría, careciendo completamente del toque sádico y turbulento propio del género, siendo este sustituido por un tono más blanco y humorístico por momentos. Y sí, efectivamente, Spencer luce su inimitable técnica de golpeo en un breve festival de sopapos.

El kárate, el colt y el impostor (Là dove non batte il sole)

Director: Antonio Margheriti

1975

Italia/España/Hong Kong

100 min.

Guión: Miguel De Echarri y Barth Jules Sussman

Fotografía: Alejandro Ulloa

Música: Carlo Savina

Reparto: Lee Van Cleef, Lo Lieh, Patty Shepard, Julián Ugarte, Ricardo Palacios, Manuel de Blas, Goyo Peralta, Jorge Rigaud

Inconsistente pero finalmente divertido soja-western (sí, efectivamente todo tiene nombre) nacido del aguzado ingenio industrial de los Shaw Brothers, entonces en plena expansión mundial (por cierto no sería nada descabellado trazar un paralelismo historiográfico entre la evolución, naturaleza, referentes y decadencia del cine marcial honkonés de los 60 y 70 y el spaghetti-western) y Carlo Ponti que fue encargado al reivindicable Antonio Margheriti, autor de un clásico mayor del género como la ya mencionada …Y Dios dijo a Cain, y maestro del gótico que nunca se encontró demasiado cómodo entre pistolas y caballos, a excepción de cuando los pudo llevar a su propio terreno, como en ese título espectral con Kinski.

Realizada sin mayor aspiración que sobrevivir ratando un poco de la moda de las artes marciales, no solo las producciones de la Shaw o el mito Bruce Lee, también el exitazo televisivo del Kung-Fu que protagonizaba David Carradine y que ya colocaba “lo oriental” en medio de un contexto western, forma part de la escasa (por fortuna) nómina de colaboraciones. itercinematográficas, abierta por la (relativamente) célebre Mi nombre es Shangai Joe, sanguinolenta a más no poder y dirigida por Mario Cainao en 1972 con Kiski otra vez de malvado enfrentándose al ignoto Chen Lee -y tan exitosa que hasta conoción una especie de secuela en 1975 con el título de El regreso de Shangai Joe, perpetrada por Bitto Albertini, con un Kinski reincidente y Chen Lee cambiado por Chen Lie (sic.)-  . Además cabe recordar que esta fiebre no solo atacó a Italia, también la Hammer entró en terreno de la coproducción con dos realizaciones en 1974, la gustosa Kung Fú contra los 7 vampiros de oro, dirigida por otro competente artesano como fue Roy Ward Baker y la poco vista (yo al menos no la he padecido) Mercenario del crimen,  una cinta de acción y espionaje con el ajado Stuart Withman a la cabeza del reparto y completada por Michael Carreras tras la deserción de Monte Hellman.

Margheriti acoge el mandado con oficio y lo resuelve aplicando distancia y cierto gusto en la composición (a lo que no es ajeno al presencia del operador Alejandro Ulloa en la fotografía), además de potenciar los elementos tebeísticos del invento, especialmente el  impagable villano que compone una actor tan extravagante como el español Julián Ugarte, un predicador enloquecido vestido con una especie de sotana de cuero y que viaja con su propia iglesia a cuestas, campanario incluido.

El resultado es una comedia picaresca y aventurera saturada de humor burdo y malas escenas marciales -los directores orientales no parecen entender el estilo único que requieren esto interludios, rodadas en la mayoría títulos orientales con una estética totalmente diferente, una planificación dirigida a que luzca la coreografía al modo irreal de los musicales-, construida sobre un argumento demencial y simpatiquísimo: un ladrón americano (la ya estrella Lee Van Cleef pasándolo bien a base de parodiar su propia tipología estoica y elegante) y un espabilado chino (el “kungfuteca”, Lo Lieh en una interpretación más distendida de lo que era habitual en un actor especializado, casi, en malvados y antagonistas) buscando el tesoro escondido del tío de este. Para conseguirlo tendrán que arreglárselas para recomponer las pistas que dejó escritas en las mollares posaderas de cuatro beldades, entre las que se encuentra la eternamente desaprovechada Patty Shepard en un doble papel, en un detalle tan descabelladamente rijoso que no puede menos que seducir.

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26 Comentarios Agrega el tuyo

  1. John Space dice:

    De estas cuatro he visto _Si te encuentras…_ y _La colina de las botas_, y estoy de acuerdo con lo que dices. A la primera le quiero dar otra oportunidad (la vi en VO sin subtítulos y me costó entender la trama), pero la otra no tendrá esa suerte. La edición americana de esta última ya está en el dominio público, por cierto.

    1. La de Sartana es divertida gracias al personaje en si, una creación genial y diferente en su momento con respecto a otros anti-héroes del spaghetti. No me estrña que te costara entender la trama, ni doblada se entiende. Es puro capricho y además parte de su encanto.
      La colina.. es, sencillamente, mala. La otras dos recomendables, una por ese tono fantasmal y tétrico y la otra por su total falta de vergüenza (ajena y propia). Pero ninguna es un clásico de ningún tipo, eso desde luego, aunque todas tiene su importancia histórica en la involución del género.

      1. John Space dice:

        A todo esto, ?te he confesado alguna vez que me gustan las novelitas de vaqueros? (Silver Kane es uno de mis favoritos.) A falta de western mediterráneo cinematográfico, buenas son.

        Y la serie actual del cómic Jonah Hex (dibujada por el gran Bernet) también es una buena opción.

  2. Yo leí cantidades ingentes cuando era guaje. Pasaba los veranos en casa de mis abuelos y mi abuelo tenía un montón de ellas, sobre todo de Marcial Lafuente Estefanía, claro.
    Precisamente de Silver Kane he buscado en un par de librerias de segunda mano que hay en Gijón y Oviedo pero no he encontrado gran cosa, al parecer escasean. Por cierto tras ese pseudónimo se esconde el novelista Francisco Gonzalez Ledesma que también era Rosa Alcazar y Taylor Nummy.
    Hace un año o así me hice con un libro estupendo que editó Glenat y que encontré de saldo, “Héroes y enamorados. La novela popular española” de Salvador Vázquez de Parga. Recomendadísimo.

    De Jonah Hex tengo el Showcase, que es magnífico, pero no he leido nada de las series nuevas, que aunque me llaman mucho la atención, me resultan carísimas. Habra que piratera un poco.

  3. Rules dice:

    Buff…. que aliviio. Yo vi la de Sartana hace unos días y pense me estaba volviendo imbecil porque no entendí nada. En cualquier caso me gustó mucho su iconografía, casi de película de terror. Estupenda la muerte de Kinski y la escena de la barbería, y mención especial para Franco Pesce haciendo de enterrador borrachín y desdentado. Por cierto, es curiosísima la obsesión de los directores italianos con Mandrake, figura que también influyó enormemente a Fellini.

    1. Es verdad eso, Umberto Eco es también un fan y Fellini acarició durante mucho tiempo la posibilidad de una adaptar el tebeo con Mastroianni interpretando a Mandrake. Sin duda habría sido algo digno de verse.

      Las de Sartana (y las de Sabata con Van Cleef igual) son apra dejarse arrastrar por el delirio interno y disfrutar de las ocurrencias y el diseño de los personajes. Si estás pendiente de la trama se te queda cara de tonto, son ininteligibles, todo pasa porque si.

      1. John Space dice:

        Confirmo. Sabata es un auténtico delirio, y tan divertido que le puedes perdonar sus defectos. La BSO, naturalmente, es tan pegadiza como de costumbre en el SW.

      2. Muy divertidas, si. Una cosa medio circense, medio bondesca, toda tebeo de lo más loca.

  4. Con el Spaguetti me he puesto hace relativamente poco (uno no puede abarcar todos los palos de la baraja XD) y de estas cuatro sólo he visto la última más que nada porque a Van Cleef le tengo poco menos que adoración (lo que me costó recuperarme de su prematura muerte).
    Leidas tus reseñas no me queda más que saciar mi curiosidad en cuanto a La Colina de las botas y adentrarme de una vez en la saga-mito de Sartana. De la otra laberíntica saga del spaguetti, Django, sólo he tenido oportunidad de ver la original con Nero y me pareció curiosísima esa fusión de género y estilo y el diseño de producción de una ciudad literalmente sumergida en el fango.

    Como siempre, un trabajo impecable, compañero.

    1. El sapaghetti es un género curioso, parece más uniforme visto desde fuera de lo que luego resulta (pasa algo similar con el giallo pero a un aescala menor). Existen diferentes tendencias que fuerón explotadas hasta la saciedad cada una por su lado.
      No se si tienes el número doble que Nosferatu sacó en octubre de 2002 sobre el género…si no es así intenta hacerte con él, es soberbio. Una puerta perfecta por la que ir entrando.

      1. Rules dice:

        Tienes razón. Con el Spaguetti cualquiera que haya visto las típicas de Leone y las de Trinidad se considera un entendido en la materia cuando dio para mucho de si. Prácticamente cualquier género tiene su trasposición en clave SW.

  5. Belén dice:

    ¡Pero qué pedazo reseña! Dios…¡Genial!
    Lee Van Cleef es garantía. Yo también le tengo especial afición…Sobre todo desde “El día de la ira”.
    Es cierto que la iconografía de Sartana, por su vestimenta y sobriedad es importante.
    Me ha hecho mucha gracia lo de “el siempre doliente Steffen o Di Teffé”.
    Yo me quedo con Carlo y Mario, que son como de casa…Por cierto, qué ojazos tiene Terence Hill…Deslumbran a cualquiera…

    1. Es que son como de la familia, los de nuestra generación crecimos con sus mamporros.

      No me digas que no sufría el pobre Steffen, !le pasan todas las calamidades a él!

  6. Belén dice:

    Sí, sí… Y además pone ya cara de pena. Es difícil encontrar una foto de él sonriente…Pobrecito…Por cierto, murió ya…

  7. Pues eso, poco a poco me voy empapando más allá de Leone. Así que me vienen muy bien tus recomendaciones. Y´sí, por supuesto. ya me cuidé en su día muy mucho de hacerme con ese número doble de Nosferatu que es fantástico.

  8. luz dice:

    Que buenos recuerdos! Para los que quieran volver a reírse pueden comprar la colección de Bud Spencer y Terence Hill de AVH

    http://www.avh.com.ar/kioscos/col_bud_terence.html

    =D

  9. Sobre Sartana, coincido con tu opinión. Excesivamente caótica!
    Parolini menosprecio el argumento, la música y las localizaciones… sin Almeria resulta muy verde y poco interesante. Pero la verdad es que con esta peli se lanzo un mote para un puñado de otras, y claro el nacimiento de un personaje inolvidable. Mañana o jueves publicaré mi reseña de esta peli en mi blog.

    1. Me mantendré vigilante entonces.

  10. Sergiodd dice:

    Hola Adrián, no sé si seguís repondiendo pero quería preguntarte sobre una película “del Oeste” (creo que de Spaghetti western) que lo había visto a mediados de los `80 y volví a verla una sola vez más a mediados de los `90 (pero la peli ya era algo viejita, creo que de los años ´70), y trataba sobre un vaquero -no recuerdo si era Django o Rindo, o era otro, que viaja a Japón, en donde aún quedaban los últimos shogunes y samurais, una vez ahí es hecho prisionero por un samurai quien lo lleva atado a un caballo, el guerrero japonés cabalga y él camina “arrastrado” por el equino, luego les salen en el camino sorpresivamente desde un campo de altas hiervas, un grupo de samurais enemigos para atacar al jinete -pues había una guerra civil- el jinete los mata a casi todos con su sable pero cuando iba a liquidar al último, el cowboy aprovecha la distracción para recuperar su revólver y con certero disparo hace literalmente volar la espada katana de la mano del jinete samurai; a partir de ése momento el cowboy es el que toma ventaja y captura como prisionero al jinete japonés así como a su enemigo, “milagrosamente” salvado éste de una muerte segura. Después recuerdo que el protagonista conoce a un viejo shogún y se hace amigo de la hija de éste, una niña de largos cabellos de unos 9 años aproximadamente.

    Debido a que me he olvidado de la trama de la película, sólo puedo mencionar ciertas escenas inconexas, como por ejemplo que éste vaquero casualmente se encuentra con un compatriota y conocido suyo en esas lejanas tierras, quien “trabaja” para el bando enemigo del shogún que hospedó al cowboy, y para colmo éste compatriota suyo es un traficante de armas y entregó al bando enemigo una mortífera y ultra-moderna (para la época) AMETRALLADORA GATLING con la cual hace estragos en las tropas del shogun, padre de la niñita, cuyos soldados sólo usaban espadas y arcabuces medievales.

    En el bando enemigo, cuyo jefe es un corpulento hombre, el cual tiene como sirviente o bufón a un enano muy feo y delgado; y entre otras escenas que recuerdo es que éste enano secuestra a la niña -la cual es físicamente más grande que él- pero él, siendo un varón adulto, igual la domina y somete, y la lleva atada de una soga, sólo con la fuerza de sus pequeños músculos, trasladándose ambos a pié: el enanos delante y la nena atrás y forcejeando. También recuerdo que en esa película caía mucha lluvia; y los gritos de los guerreros japoneses cuando eran heridos por balas o sables, eran como un chillido agudo -similar a los supuestos gritos de dolor de los indios pieles rojas cuando eran heridos por los pistoleros de las películas westerns, o similar a los soldados japoneses de las películas sobre la Segunda Guerra Mundial, liquidados por milicos estadounidenses- para luego quedar tendidos de a montones (los samurais) en las barrosas calles y “plazoletas” del Japón de antaño.

    También me viene a la memoria ciertos sonidos de instrumentos musicales de este film, como: 1) la clásica “guitarra” de cowboys; 2) una flauta indígena americana; 3) pero sobre todo, y lo que más me llamó la atención, era el sonido de un extraño instrumento que sonaba como “resortes de dibujos animados”, y que años después descubrí que era el “MARRANZANO”, típico instrumento italiano, pero que fue heredados de árabes, y éstos de negros africanos. Es evidente que el sonido del marranzano era una forma de decir que la película fue hecha por italianos, si es que no me equivoco, jaja!!. Espero sepas de qué película te hablo, porque yo no lo encuentro por internet, y eso que uso palabras claves en el Google, tanto en castellano como en inglés y en italiano, en “búsquedas”, en “imágenes” y en “videos” pero…nada de nada…

    Acá un ejemplo del marranzano y su particular -y molesto- sonido:

    http://www.youtube.com/watch?=2Ev1mdWTwM

    1. Se contesta, por supuesto.
      Lo malo es que no se que contestarte…
      Desde luego el argumento es tan marciano que hay que verla. Prometo investigar a ver que saco y por lo pronto te recomiendo que preguntes por aquí: http://800spaghettiwesterns.blogspot.com/

      1. Sergiodd dice:

        Gracias, Adrian, por la respuesta (aunque no sea “desilucionante”, jaja!!) y por el enlace que me acabas de dar…

      2. Jeje… ya, lamento no saberlo porque el argumento pinta bien. Pero bueno, pregunta a quien sabe más que yo, que seguro te ayudará.

  11. Sergiodd dice:

    Disculpas, en lugar de escribir “Django o Ringo” puse “Django o Rindo”. Y como no puedo abrir este video desde tu blog, voy a probar con un segundo video:

    http://www.youtube.com/watch?v=1RSQSivGyGU

  12. Sergiodd dice:

    Me olvidé de decir que éste segundo video -que “sí funciona”- la extraña “música” comienza a sonar a partir del minuto 0:47; lo digo para los impacientes.

    SALUDOS.

  13. Sergiodd dice:

    Hola Adrián, otra vez yo, quien posteó en febrero de 2012 -aquí arriba no más- y hace pocas horas recordé sobre esa vieja película de western -específicamente, spaghetti western- en el que mencioné que había COWBOYS pistoleros, SAMURAIS, shogunes, enanos, niñitas, ametralladoras Gatling y raros sonidos musicales; y se me vino a la cabeza el nombre que se le dio a esta peli para el público hispanoamericano (soy de Argentina) y el nombre era “El Samurai de la Muerte” (a pesar de que el protagonista era un vaquero americano y no un samurai), y luego de escribir en el buscador de Google, en la sección IMÁGENES: “El-samurai-de-la-muerte-pelicula-western”, aparece un cuadro con un grupo de samurais de espaldas dispuestos a atacar a alguien en una cabaña y en el cuadro dice, “Tony Anthony in The Silent Stranger”; pues sí, la película se llama “The silent stranger”; en italiano es “Lo straniero di silenzio” (El silencio del Desconocido) y es del año 1968.

    Acá te dejo un corto video del youtube sobre esa película, en el que el vaquero intenta luchar contra el samurai que lo capturó. Espero que funcione el enlace.
    http://www.youtube.com/watch?v=KGzg1EuLYkM

  14. Pues muchas gracias! No la conocía en absoluto y menuda rareza.

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