Hasta el nombre: Girolimoni, il mostro di Roma. La dimisión social, Damiano Damiani y los fantasmas de la historia de Italia

Girolimoni, il mostro di Roma

Director: Damiano Damiani

1972

Italia

98 min.

Fotografía: Marcello Gatti

Música: Riz Ortolani

Guión: Damiano Damiani, Fulvio Gicca Palli y Enrico Ribulsi

Reparto: Nino Manfredi, Gabriele Lavia, Orso Maria Guerrini, Guido Leontini, Anna Maria Pescatori, Luciano Catenacci, Mario Carotenuto

El 31 de Marzo de 1924 es encontrada gravemente herida en el Monte Mario, la pequeña Emma Giacobini. Poco antes había sido secuestrada en un parque público. A los pocos meses una nueva niña es secuestrada y esta vez violentada y asesinada. El 10 de Junio de ese mismo año desaparece el político socialista, opositor a Mussolini, Giacomo Matteotti, En agosto sus restos aparecen en un bosque a las afueras de Roma. Durante tres años, entre 1924 y 1927, cuatro niñas más serán asaltadas, en este mismo intervalo Benito Mussolini sufriría cuatro intentos de atentado.

1924 marca el inició real de la dictadura fascista en Italia, antes la violencia amendrentadora en las calles, las demostraciones de fuerza y camisas negras, las contra-huelgas, ya habían demostrado el poder del fascio, incluso Mussolini había formado gobierno en minoría en 1922. Pero en ese año se produce la aplastante victoria electoral de la Lista Nazionale que marca el comienzo de la progresiva carcoma del sistema.

En este contexto sociopolítico, la institucionalización de los órganos fascistas como aparato legítimo de gobierno y actuación, la presencia de un asesino en serie que aterrorizaba a la Roma popular resultaba intolerable para las necesidades del régimen naciente. La consigna era detenerlo como fuera, no detener al culpable, sino detener a la noticia misma, no a los hechos sino a las repercusiones. En un momento de la película el Duce dice que un atentado engrandece la mística del dictador, pero que este tipo de crímenes deterioran la imagen del régimen, su credibilidad como padre y madre de todos los italianos. Los asesinatos serán manipulados, instrumentalizados desde una prensa amarillista, adepta y cobarde que se presta a ser herramienta de control de las masas según una dosificación de la información que, ahora, azuza la indignación y el terror, ahora subraya la determinación del gobierno y su fulgurante éxito en la captura del ya bautizado como “monstruo de Roma”. Quien fuera el monstruo ya era lo de menos. Como explica, de modo tan rotundo como didáctico, uno de los personajes principales del film de Damiani, la idea que subyacía era la de recuperar la pena de muerte con la intención de hacerla extensiva, luego, desde los delitos criminales a los políticos e ideológicos.

Una policía incompetente, burocratizada hasta el absurdo, grotescamente inútil y vaga, ínfimamente dotada y con su propia credibilidad socavada a ojos del pueblo por las “escuadras de acción” de los camisas negras -en un momento de la cinta la policía se ve incapaz de disolver a una turbamulta enfebrecida, que pretende linchar a un pobre carretero a quien han determinado como culpable las habladurías. La aparición de los hombres del fascio con sus porras pone fin de inmediato a la algarada. El orden por el terror y no por el convencimiento- decide, persuadida desde el poder, fabricar su perfecto culpable y quitarse de en medio el problema por el método de no verlo. El elegido será un fotógrafo y mediador legal (es decir, ocupado en encontrar clientela para abogados), un tipo extravagante de vida peculiar: Gino Girolimoni.

En 1972 Damiano Damiani se encontraba inmerso en el mejor y más fértil periodo de su carrera cinematográfica. Entre 1968 y este año había virado el sentido de su carrera (volantazo ya apuntado en el excelente western izquierdista Yo soy la revolución en 1966) centrándose en una tipo de cine profundamente social, abiertamente político pero ajeno a la pretenciosidad alegórica de, por ejemplo, Francesco Rossi. Damiani, director individualista a decir propio, decide ser, además, crudo retratista de Italia desde las fronteras del género. Así su discurso quedaba diluido entre unos códigos reconocibles y un estilo adictivo, directo y sin arabescos, que pone la narración por encima de la tesis, la emoción por encima retórica. Su cien de este periodo viaja, desde una cierta abstracción hasta la crónica con nombres reales, desde el ahora urgente, hasta el pasado reflexivo. El día de la lechuza en 1968 sobre una novela de Leonardo Sciascia que narra la imposibilidad de combatir contra la mafia, Sola frente a la violencia, nuevo retrato de la mafia, protagonizado por la radiante Ornella Muti, que ficcionaliza la historia real (y prácticamente contemporánea) de  Franca Villa, la primera mujer siciliana que se negó casarse con su secuestrador. Dos trabajos con Franco Nero de diferente naturaleza, ambos en 1971, por un lado El caso está cerrado: ¡olvídelo!, en la cual recurre de nuevo a su predilecta abstracción kafkiana, a lo metafórico desde un estilo directo y la exitosísima Confesiones de un comisario, el título fundacional del spaghetti-denuncia, vertiente izquierdista-concienciad(or)a del eurocrimen a la italiana.

Apoyado sobre este arco laboral tremendamente fructífero, Damiani se lanza a revisar, desde una óptica que participa de elementos procedentes de todos estos trabajos, lo más oscuro de la historia italiana del siglo XX y lo hará con una propuesta tragicómica, que parte de lo colectivo para centrarse en lo individual y viceversa. Un fresco histórico a través de la mitología sórdida y una crónica de un tiempo centrada en una tragedia personal que metaforiza la tragedia general de una sociedad dimitida.

Obra capital de su director lamentablemente poco (re)conocida, guarda similitudes, en este sentido “estructural”, con la magistral El estrangulador de Boston (Richard Fleischer, 1968), por ejemplo o con trabajos contemporáneos del mismo Francesco Rosi, aunque Damiani explica con mucha inteligencia que a Rosi le interesa “el problema” por encima de “lo personal”, Giuliano Montaldo o Florestano Vancini quien en 1973 dirigiría El delito Matteotti con Franco Nero en el pael del lider socialista y Mario Adorf como Benito Mussolini. Sorprendentemente este crimen de estado permanece fuera de Girolimoni, il mostro di Roma, pese a que ambos sucesos se superpusieron en la realidad, usándose uno como cortina para el otro. Damiani prefiere elidirlo, no puedo explicar con certeza el porque, quizás por preferir focalizar el drama en el olvidado, en el fantasma oscuramente cómico de la historia, en prevención de que, nuevamente, el mártir heroico lo solapase.

Avanzando por este hilo llegaríamos a la comprobación de la influencia (formal, conceptual, narrativa) que este cine italiano tendrá sobre el nuevo Hollywood, especialmente sobre Coppola y Scorsese, sin duda los directores que mejor entendieron y fagocitaron la europeidad dentro del cine americano del momento. En realidad es Scorsese quien integra de manera más natural esta corriente en su propio discurso fílmico, hasta el punto de que, incluso, la muy reciente (y ya estupenda) serie de la HBO, Boardwalk Empire participa y refiere abiertamente a esta herencia europea en sus formas narrativas y visuales.

Damiani utiliza con inteligencia compositiva y simbólica el plano cenital que le sirve tanto para mostrar el bullicio hormigueante del barrio como para sugerir un control “desde arriba”, una vigilancia perpetua que mira pero no atiende. Este recurso está combinado con una puesta en escena de cierta elegancia que esquiva la mayoría de los peores vicios estéticos de los 70 y que tampoco cae en el decorativismo autocomplaciente de tantas realizaciones de época. La planificación no admite que el minucioso recuento de los sucesos sea perturbado por ninguna tentación de barroquismo, pero, con inteligencia tampoco fía la narración al diálogo (es decir, este no es un film donde se aleccione con discursos puestos en boca de los personajes) sino a la pulcritud de la narrativa visual, al detalle físico capaz de caracterizar por si mismo a un personaje. Además, y al igual que la narración evoluciona de lo general, a lo particular (individual). El fresco social, la multiplicidad de protagonista y la ausencia de punto de vista son progresivamente sustituidos por el apego a la peripecia vital de Nino Manfredi, a su tristemente hilarante degradación personal, a su disolución en el tiempo histórico, así su aparición postrera en el presente durante el epílogo del film lo mostrará como un fantasma, como la imposible encarnación no de si mismo, sino del recuerdo de si mismo como Girolimoni, el monstruo de Roma.

Girolimoni, il mostro di Roma es un film superlativo, de minuciosa elaboración y estremecedora lucidez, que  no rechaza ni lo sentimental ni lo grotesco, lo paródico o lo delirante, que se vale de las reminiscencias de la gran escuela de la comedia costumbrista italiana y lo más importante, de la imagen misma de una actor soberbio, rápidamente identificable con la ese humor lleno por igual de compasión y rigor, el gran Nino Manfredi. Su elección como protagonista responde por igual al insuperable talento tragicómico del intérprete, esa mixtura de ingenuidad y amargura, como a un rasgo definitivo: su romanidad. Manfredi es, junto a Alberto Sordi, el gran interprete de “lo romano” y Gino Girolimoni es para Damiani un especie de romano quintaesencial; pícaro, digno, galante (tanto que parte de su condena viene de no querer delatar a una amante casada), mentiroso…dotado de un humor irónico y negro, de una visión relativista particular de la vida, una melancolía bufa fantásticamente expresada por la música de Riz Ortolani.

El actor (que no aparece hasta mediado el metraje) encarna con toda propiedad a este desgraciado con un estilo que comienza en clave de comedia, avanza como una farsa, se despeña en la tragedia y termina en un pozo de miseria. En un film despiadado, en el que todos los personajes son, o negativos o ridículos, Girolimoni es el único que se salva, es el que mantiene la dignidad, el que no se humilla pese a que Damiani no evite presentarlo como un tipo algo caricaturesco y atildado, un vividor estrambótico al que la realidad golpea inmisericordemente.

Bajo mandato expreso del Duce (cuya caracterización psicológica resulta escalofriante pero que choca con un exceso de maquillaje que deja al estupendo secundario Luciano Catenacci convertido en una mezcla de Rompetechos y Klaus Kinski) Gino Girolimoni fue borrado de la historia, literalmente olvidado poro decreto. Declarado culpable en los titulares e inocente en los tribunales, su nombre le fue robado, su identidad perdida, su historia reescrita a conveniencia. Del auténtico monstruo de Roma, nunca más se supo, nadie investigó, nadie escribió sobre él, si siguió matando no se reflejó. La policía no hizo nada, la prensa desertó de su responsabilidad. Esa era la orden, había dejado de ser noticia y al no ser publicado, no existía.

Damiani interpreta la historia -auténtica ,por muy absurdos que nos parezcan exagerados los groseros testimonios, los bigotes postizos, las niñas mitómanas salvada por la virgen, las ruedas de reconocimiento testicular o las detenciones de tullidos- desde la ficción para extraer una verdad y en base a esto se permite aventurar la posibilidad de un culpable, sacado del mismo proletariado popular del trastevere. Más que eso, incrustado en la entraña misma de la masa manipulable, histérica e inconscientemente homicida a la que se dirige la prensa chillona, en la que se hace fuerte la paranoia. Así el asesino de Damiani es el niño bonito de una brutalizada madre que grita en pleno linchamiento que “la voz del pueblo es la voz de Dios”. Una familia de repulsiva amoralidad, antecedentes directos de los brutti, sporchi e cattivi de Ettore Scola. Una mujer (impresionante Anna Maria Pescatori) capaz de seguir ocultando la culpabilidad de su hijo (Gabrile Lavia con su rostro aniñado, inocente)  incluso cuando este viole y asesine a su propia sobrina.

El naturalismo, la sordidez casi insoportable con la que se presenta esta Roma populachera asombra en tiempos donde la bondad de los pobres y desheredados se da por supuesta, el la que el turismo de la miseria nos hace sentir mejores personas por estar cerca de eso que son tan felices aunque no tengan nada. El director enseña, por las bravas, que los hijos de puta no distinguen ni la clase ni el dinero. La miseria moral succiona el tuétano de la persona, de la sociedad, de la ciudad, del país. El monstruo de Roma es una metáfora abisal de Italia durante fascismo.

Anuncios

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Superior reseña de un film que (una vez más) no he visto. He visto muy poco de Damiani; lo suficiente para considerarlo un director muy pulcro (como apuntas, precisamente), que no tacaño. Poco dado al maniereismo ni a grandes alardes de dirección y de ahí mi simpatía. Este título, leído lo leído, desde luego tengo que buscarlo porque además aparece el gran Manfredi y eso también son palabras mayores.

    Saludos

    1. Este filmo fue, para mi, todo un descubrimiento. Damiani es un director que me gusta mucho en esta época central de su carrera y esta película la desconocía por completo. Un buen amigo de Filmafinity que es un apasionado del cine italiano costumbrista-cómico-negro me llamó la atención sobre ella y, efectivamente, era capital. Lamentablemente está olvidadísima y nulamente distribuida. Te la haré llegar, no te preocupes en buscarla.

  2. Belén dice:

    ¡Madre mía! Pero ¿por qué no he visto aún esta película? Increíble. Me encanta Nino Manfredi desde que lo vi en mi adorada “Venecia,la luna y tú”, de Dino Risi y acompañando a otro que nombras y por el cual siento pasión, Albertone Sordi. Pero qué grandes actores ha dado Italia. ¡Señor! Y bueno, Damiani, que ya lo hemos comentado alguna vez, garantía de calidad. Por si fuera poco, música de Ortolani…Pues sí, hay que verla. Me has convencido, amigo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s