El rellume XI: Los dinamiteros, cómica España triste.

Los dinamiteros

Juan García Atienza

1964

España

93 min.

Fotografía: Juan Mariné

Música: Piero Umiliani

Montaje:

Guión: Juan García Atienza y Luis Ligero según una historia de Rodrigo Rivero Balestia

Reaparto: José Isbert, Sara García, Carlo Pisacane, Lola Gaos, Paolo Ferrara, María José Alfonso, Xan Das Bolas

Injustamente malconocida joya de la comedia española de la década de los 60 que, por un lado sigue la estela negra de los trabajos de Marco Ferreri y Luis García Berlanga, Azcona mediante, pero con mayor ternura (y sin la hiel) que el primero y menor ambición que el segundo, y por otro esta alimentada del irreproducible aliento de la maravillosa escuela italiana post-neorrealista, con el gran (y recientemente desaparecido) Mario Monicelli y su Rufufú de 1958 a la cabeza. Co-producida mano a mano entre la Ágata Films de José Luis Dibildos, antes de la “tercera vía” y la Columbus italiana (allí se estrenó como L’ultimo rififi, para no dejar dudas a nadie) recibe tanto el impulso económico como ese sentido de la comicidad que, como decía Totò, nace del hambre y el frío  además de incorporar al genial característico Carlo Pisacane (amén de unos cuantos secundarios y el músico Piero Umiliani, prolifico como pocos y responsable del antológico score de, precisamente, Rufufú), no en vano recuperado desde Rufufú e igualmente inolvidable Abacuco, el buhonero judío de la descacharrante La armada Brancaleone otra perla “monicelliana”, que aquí se encarga del de seductor con pinta pajarillo, un elegante gorrón que quiere llevarse de viaje a Mallorca a alguna de las guapas actrices que viven en su pensión. Un personaje delicioso en el cual no resulta difícil ver al Sansoncito que para Carlos Lucas creara La Cuadrilla en Justino, un asesino de la tercera edad (1994). La terna de adorables personajes la completan otra importación, la mexicana Sara García, una actriz extraordinariamente popular en su país que llevaba en la profesión desde el mudo, como abuelita de pacífica apariencia, pero ideóloga del golpe que esta perpetuamente enfrentada a su manirrota (según ella, claro) nuera, nada menos que Lola Gaos, y ese monstruo que fue Pepe Isbert (aunque aquí desgraciadamente doblado por cuestiones de salud) como cascarrabias financista del grupo. Junto a estas influencias, no solo manifiestas sino asumidas desde una postura natural, tampoco se puede desligar la existencia de Los dinamiteros del enorme éxito de la anterior Atraco a las tres de José María Forqué. El film presente se rodó en realidad a caballo entre el 62 y el 63 aunque no pudo ser estrenado hasta 1964, haciéndolo encima en circuitos de repertorio y demás, quedando de esa forma condenado a la indiferencia absoluta.

Con la película de Forqué comparte, desde luego, un afectuoso retrato de los perdedores, pero principalmente el sentido de parodia amable de la fiebre de las películas sobre robos científicamente planificados con un componente caricaturesco francamente gracioso en relación a los arquetipos del thriller norteamericano, en esta tomados a pitorreo a través de una película de gangsters que el trío protagonista acude al cine a ver con el objetivo de aprender las técnicas del oficio y que esta protagonizada, nada menos que por Adolfo Marsillach y Laurita Valenzuela con paródica estética en claroscuros expresionistas del hard boiled norteamericano.

Divertidísima en conjunto, sarcásticamente lúcida de principio a fin retrata con un gracejo y una simpatía, a la cual tampoco son ajenos ni la amargura ni lo sentimental, la realidad tétrica de la España de la supervivencia franquista. Deslizando, que no subrayando groseramente, todo un comentario social sobre la época que vale más que el oro del Perú. Una radiografía chistosa y auténtica de un presente mezquino -el plan se pone en marcha tras la enfermedad y muerte de uno de sus amigos y cliente también de su misma mutua, el cual termina sus días en la más absoluta soledad y miseria- , con esos abueletes entrañables que recuperarán la ilusión al colocarse al margen de la ley/el sistema/las convenciones. Para redondear el conjunto se asienta sobre una puesta en escena muy inteligente y sencilla, en unos diálogos estupendos y en un ejemplar dominio de los tiempos y la medida del gag (la compra de los explosivos o el golpe en si son momentos memorables por si mismos). Realmente una muy buena película, acertadamente costumbrista, soterradamente reivindicativa y de original planteamiento que hace añorar que Juan García Atienza (anteriormente crítico, ayudante de dirección desde finales de los 50 y también guionista de algunas comedias poco destacables) no dirigiese nada más para el cine y en cambio prefiriera consagrarse a la realización de documentales, a la televisión de forma esporádica y principalmente a la escritura y la divulgación de todo tipo de paraciencias y ocultismos.

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6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Anónimo dice:

    Excepcional reparto multinacional y un muy certero argumento desarrollado con solvencia. S

  2. Sr. Feliú dice:

    Si bien es cierto que “Los dinamiteros” carece del mordiente de otras películas urdidas a la sombra de don Rafael Azcona, también lo es que supone una de las mejores aclimataciones a nuestro temperamento de los modos de la “commedia all’italiana”, una vía que en España se truncó por causas estrictamente políticas y censoriales, que no creativas ni (raquítico-)industriales.

    Una delicia. Gracias por recordárnosla, don Adrián.

    siempre suyo, Sr. Feliú

    1. Yo también creo que es la más italiana del periodo, más allá de la co-producción además. Por voluntad y gusto.
      Una pena lo de Atienza, quizás podría haber aportado una filmografía personal, equidistante de las de Ferreri y Berlanga.

  3. sam dice:

    Esta joya la vi hace tiempo, la he puesto en busca y captura, para disfrutarla otra vez. ¡Qué falta le hace al cine español de la época estos artículos tan entusiastas!. Un abrazo.

    1. Esta se encuentra facil. Tanto por medios ortodoxos, está editada en DVD y en grandes superficies la tienen baratita, baratita, como por los heterodoxos.

      Y sí, hay que reivindicar con entusuasmo una época mucho más rica, variada e interesante de los que los dos o tres nombres de siempre nos dejan ver.

  4. Belén dice:

    Es que antes, grandes actores convertían cualquier película en buena. Además de que estéticamente (amén de las historias) eran mejores que las de ahora, por ejemplo. No la he visto ésta, pero sí le he echado el ojo en algún comercio.
    Tenemos muy buen cine aún por descubrir.

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