Gótico bárbaro español: El carnaval de las bestias. “Dossier Naschy” en La abadía de Berzano

Vuelta a  La abadía de Berzano para avanzar en el desbroce de la vida y obra del mito Naschy. En esta ocasión, llegando ya al año 80, haciéndome cargo de uno de sus trabajos más estimulantes: El carnaval de las bestias. Primera co-producción hispano-japonesa del mundo conocido, cuya partida de nacimiento ya atesora una curiosa(y representativa) historia de oportunidades, casualidades y arrojo, en la forma de una turné de Julia Saly “La Pocha” por el Japón con su cuadro flamenco. Desequilibrado y cazurro pero seductor de puro bárbaro. Demencial incursión en la posibilidad de un horror de verdadera alma española, esto es, tremendista y terrible, grotesca y cruel.

La abadía de Berzano: El carnaval de las bestias

“(…)y de la imparable determinación de Naschy de moverse siempre hacia delante propiciada , en este caso, por una de sus fieles coequipiers de la época, la actriz y bailaora Julia Saly, en vida Julia Salinero, en arte “La Pocha”. En gira por el Japón Saly conoce al ignoto documentalista, realizador televisivo y futuro productor Masurao (o Matsurao) Takeda durante la filmación televisiva de uno de los espectáculos flamencos de su compañía. Al parecer este hablaba algo el español y pone en conocimiento de La Pocha que ha recibido el encargo de realizar una serie de grabaciones sobre los museos españoles. Ni corta ni perezosa la actriz le habla a Takeda de Naschy como el hombre adecuado para rodar el material directamente en España y tal que así sucede comenzándose por la pieza dedicada al Museo del Prado. A partir de aquí el terceto funda al alimón la productora Dálmata Films (la cual aparece compartiendo labores con la nipona Hori Kikaku, casa que encargó los documentales originalmente al parecer) y ya que el director está en Japón para estos asuntos de entregas y demás, raudamente (según una lógica guerrillera, por otra parte admirable: la del haz lo que puedas con lo que tengas en el momento en que lo tengas) pone en marcha la filmación de unos cuantos planos en suelo nipón con algunos actores locales y cierto ambientillo, todo lo cual justifica el posterior bombo como esa co-producción tan inaugural como insólita (y luego repetida). (…)”
“(…)El resultado es una experiencia tan demente que no puede menos que admirarse, tal es su cúmulo de barrabasadas y su extraño poder de perturbación y de prospección de ese horror genuinamente español posible. Cine tronante y desequilibrado que abraza por igual la garrulez más vernácula –los cerdos se ventilan a las víctimas sin más ni más y hasta se nos ofrece la merendola que se pegan con el incauto Pepe Ruiz, galán de vía estrecha y palillo en comisura-, el furor sexual más retorcido -en este caso en varón, el magnífico actor chileno Lautaro Murúa, no atiende a sus mujeres eróticamente al ser estas sus hijas pero en compensación se entrega a rituales sadomasoquistas con la mucama negra y oculta, un vínculo gastronómico irrompible con sus vástagas-, e incluso los derroteros alucinatorio-románticos entre Poe y Becquer –Bruno Rivera viendo su propia tumba en medio del delirio en una escena quizás gratuita resuelta mediante un extravagante ralentí- o los ya mencionados resabios del giallo mentiroso, es decir , todo aquello que tiene que ver con el personaje de “la tercera hermana”, una Julia Saly de rara fascinación cuyo personaje no parece tenor mayor sentido que la de distraer al público en una determinada dirección o más bien la de la pura acumulación de elementos (o directamente de géneros) que formen una suerte de collage aberrante que, de forma insólita, termina por formar algo de siniestra personalidad propia.(…)” continuar
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