El camino pedregoso: Una nueva primavera, una dramedia de Gregory La Cava para Cinearchivo

Toca este mes para Cinearchivo una novedad que me ha gustado bastante más de lo que me esperaba, al encontrarme una propuesta distinta a la que tenía en mente: Una nueva primavera o Primrose path en el original. Un melodrama a contrapelo, tocado por distintos desequilibrios, algunos de ellos ineludible, pero también decidido a buscar una camino expresivo personal que es donde precisamente se encuentra lo mejor de un film obra del especialista en comedias durante la década de los 30 Gregory La Cava, quien desde un ángulo diferente regresa aquí a territorios conocidos de la observación del comportamiento humano, las secuelas de la Gran Depresión o el fantasma de la América del New Deal: Una nueva primavera

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Resulta particularmente curioso ver un film como Primrose Path (comercializado ahora como Una nueva primavera aunque su título real sea una alocución inglesa más bien intraducible y que, por una parte, hace referencia irónica a vivir la gran vida cuando no se puede y por otra contrasta crudamente con el barrio donde vive la familia protagonista, un deprimido suburbio de San Francisco llamada Primrose Hill), desde dentro del mismo, se lucha por no sucumbir a sus pulsiones más facilotas. Es decir, es un melodrama que no quiere serlo, una tragedia en voz baja, que rehúye púdicamente el tremendismo haciendo de la elipsis (recurso en desuso donde los halla en el cine actual) la forma caligráfica esencial hasta el punto de que, como muy bien señala Juan Carlos Vizcaíno en el libreto que acompaña la preciosa edición en DVD por parte de Vértice, «(…) podemos considerar en Primrose Path la coexistencia de dos películas diferentes. Una es la que el espectador contempla, y otra la que subyace y se sugiere tras sus imágenes». La narrativa de Gegory La Cava lleva esta decisión al extremo de regatear los momentos más, en principio, álgidos del drama (también los más escabrosos) con la idea quizás no tanto de desarticular ese tremendismo antes enunciado como de no violentar la dignidad íntima de unos personajes suficientemente machacados. De esta decisión nacen algunos de los momentos más bellos del film, tocados por una serenidad muy rara en ese género que tangencialmente toca la película y que hace del exceso su misma razón, así no veremos ni los momentos de mayor euforia -la boda de los protagonistas- ni lo de mayor derrota —la muerte de la madre en circunstancias particularmente sórdidas—. (…)”continuar

 “(…)Antes de esta debilidad, digamos que hija de su tiempo, lo que la película ofrece es bien distinto y más que apreciable, moderno incluso ya que más que a la tragicomedia a lo que se acercaría sería a una concepto, manejado desde los 90 del siglo pasado con relación a las series televisivas, como es el de la «dramedia», un componente este que se mezclaría con otra modernidad insólita como es la de que, en realidad, se nos están contando una historia sin trama. En cierto modo esta estructura libre prefigura en varios aspectos ese cine de personajes, y más de personajes femeninos, del nuevo Hollywood de los 70 e incluso puede recordar (salvando todas las distancias) a la Alicia ya no vive aquí de Martin Scorsese, la cual era, a su manera, una relectura posmoderna del melodrama y las women pictures de los 40. Un fresco de personajes, estructurado entorno a la figura central de Ellie May (una Ginger Rogers formidable, hay que decirlo, demostrando incansablemente su categoría más allá de ser comparsa de Fred Astaire, en un papel perfecto para su estilo sutil y su belleza fresca) en un momento clave de sus vidas que fluye con naturalidad, enredándose en los momentos de distensión (las secuencias abiertamente cómicas de la cafetería o la deliciosa complicidad entre los jóvenes amantes) y, repito, no recreándose en los de mayor miseria lo cual que quiere decir que el drama sea dulcificado, muy al contrario toda la película (excepción de ese requiebro final ya especificado) exhibe una falta de complacencia absoluta, tanto en las peripecias como en el riguroso perfilado psicológico de unos personajes repletos de dobleces (…) continuar

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