Talento para la autodestrucción: “Street Mobster”. Kinji Fukasaku y Bunta Sugawara combatiendo el sistema desde dentro

Gendai yakuza: hito-kiri yota (Street Mobster)

Director: Kinji Fukasaku

1972

Japón

92 min.

Fotografía: Hanjiro Nakazawa

Música: Toshiaki Tsushima

Guión: Kinji Fukasaku y Yoshihiro Ishimatsu

Reparto: Bunta Sugawara, Noboru Ando, Mayumi Nagisa, Asao Koike, Noboru Mitani, Nobuo Yana

Afanado desde mediados de los 60 en destruir la imagen del yakuza eiga (y del yakuza y de la misma sociedad japonesa) Fukasaku no hace en este Street Mobster otra cosa que seguir avanzando con vehemencia, depurando su discurso por la vía del exceso. El asalto frontal al ninkyo eiga, su destrucción a golpe de puñalada y cámara espasmódica, de frenesí cinemático, es la metáfora misma del rechazo del cineasta a la sociedad construida en Japón tras la posguerra (no es gratuito que la mayoría de sus protagonistas sean huérfanos y/o desclasados) La presentación de sus criminales como verdaderos criminales y no como honorables caballeros es el desnudo, brutal, de la hipocresía misma de una sociedad. Fukasaku está tan descontento y furioso como sus anti-héroes porque quizás siente que nadie es capaz de mirar a su país frontalmente. No es de extrañar que su radicalismo, desarrollado en los cauces del cine de género, explosionase formal y conceptualmente tras esa pieza maestra, desesperada y lúcida que es Under the flag of the rising sun (1972), ejemplo de inconformismo y combatividad.

Pero ese mismo anti-héroe es víctima de su incapacidad para articular un discurso más allá del nihilismo o la autodestrucción. Individualista en una sociedad colectiva rechaza al grupo (como representación de la sociedad en su conjunto) y rechaza cualquier carga moral (incluida la del género cinematográfico al cual está adscrito): el combate entre el giri y el ninjo, la obligación (social) y el sentimiento (personal). Incapacitado para la lucidez elegirá el torbellino. De modo análogo hay que hacer notar la obsesión del director por los escenarios degradados, sórdido, que subrayan el caracter outsider y de “desperdicio” (o de excedente de producción) de sus personajes principales. Fukasaku localiza en aquellos sitios que nadie quiere ver: vertederos, hangares medio demolidos, calles cubiertas de basura, zonas deprimidas…una verdadera cara-b del Japón en desarrollo de la época, construido, en parte, sobre el auge del crimen organizado y su conversión en grupos de negocios.

En este sentido la puesta en escena (o su ausencia) corresponde, como una segunda piel al carácter proteíco su protagonistas: crispada, frenética, repleta de angulaciones imposibles, horror vacui, desencuadres, travellings laterales de ida y vuelta…en definitiva, urgencia, desequilibrio, barroquismo…exceso, verdad. En Fukasaku la destrucción del género, la destrucción de la sociedad están unidos a la destrucción de la forma anterior.

Perteneciente al llamado Gendai Yakuza (algo así como el Yakuza Moderno, esto tendrá explicación un poco más adelante) el film se encuentra todavía a un paso de jitsuroku fiction, es decir las películas basadas en la crónica negra, pero ya supera prácticamente al completo los estándares y reglas del ninkyo (las películas de caballeros honorables) e incluso los del yakuza eiga de los 60, ya de ambientación contemporánea y trabajado insistentemente desde la propia Toei, productora así mismo de esta cinta. Street mobster aparece como un film-bisagra en la evolución de Fukasaku en el sentido en que rompe definitivamente con los títulos tardosesenteros (Japan Organized Crime Boss, Bloodstained clan honor y Sympathy for the Underdog) que incluso podrían llegar a verse, y se han visto, como una suerte de neo-ninkyo y aun pendientes de una formulación plástica dubitativa y con aspectos estilizados cercanos al tebeo (en personajes y soluciones). Pero también por la manera en la cual anticipa futuros logros mayúsculos que vendrán en dos direcciones: el monumental fresco sociocriminal de la pentalogía The Yakuza papers y la inmersión, ultrapersonal, en los terrenos abisales de la autodestrucción que rodean con hálito extrañamente poético dos títulos como Graveyard of honor Yakuza Graveyard .

Aquí encontramos ya la forma y  parte del fondo, todavía con aspectos esquemáticos del pequeño grupo de macarras libres enfrentados (devorados) por guerras entre clanes. Pese a que Fukasaku se aplica ya con saña a la tarea de extirpar todo componente romántico sobre la figura del criminal este aun permanece en al figura, eso si secundaria, del oyabun interpretado con su estilo sinuoso, casi ritualista, definitivamente hierático, por el ex-yakuza devenido en star cinematográfica Noboru Ando, un jefe honorable que intenta salvar al protagonista de si mismo, algo evidentemente imposible y que todavía guarda conexión con el pasado inmediato del género. Igualmente el anti-héroe a cargo del gran Bunta Sugawara -este si una bestia sin redención que solo expiará con la muerte, una salvaje ofuscado que pelea a ciegas contar au n mundo demasiado complicado para él: un perfecto sociópata, en una palabra- presenta una conexión directa con el yakuza eiga de la década anterior, al ser, en realidad Street Mobster la última entrega de la saga producida por la Toei, Gendai Yakuza. Conformada por cinco entregas anteriores a esta con protagonismo recurrente pa el personaje de “Torpedo” Goro (aunque en la cambia su nombre por el de Big Brother Katsumata y esta por el de Okita), sobre cuya figura le sexteto realiza diferentes varaciones de un mismo argumento: salida de la cárcel, formación de un gang de desarrapados y marginales, enfrentamiento con los clanes superiores (uno malvado/otro honorable) y catarsis final en un enfrentamiento con alguna tercera banda que viene del exterior a conquistar nuevos territorios y frente a al que se demuestra el orgullo local y el valor suicida. La saga es, como otras de la misma época (Abashiri Prision, por ejemplo, que ya se trató aquí) un ejemplo de aprovechamiento de un material muy barato (en concepción y ejecución) que se explota al máximo y con rapidez inusitada, entre el primer y el último film solo transcurren 5 años (1968/1972), alrededor de la figura estelar de una actor que por si mismo encarna el pathos del invento. En este caso el físico de alambre y al presencia magnética de Bunta Sugawara como nueva codificación del yakuza (como género cinematográfico y como ejemplo social) lejos de la gravedad introspectiva del no menos formidable Ken Takakura de la década anterior. Desgraciadamente mi contacto con esta serie es de “leídas” así que quien quiera más y mejor información recomiendo este excelente y sintético artículo aparecido en Wild Realm Reviews: Gendai Yakuza/Modern Yakuza

Curiosamente la saga debía de haber sido finiquitada en su quinta entrega, pero el interés personal de Fukasaku la resucitó para una vez más, una que pusiera a prueba lo que tenía en al cabeza y extremaría de modo inminente. Street Mobster era el último jalón, todavía con vida comercial que le permitiría experimentar sobre seguro dando ese paso ya mencionado en una nueva dirección destina a devorar el género. El propio cineasta se explica así en Outlaw Masters on Japanese Film (Chris D., IB Tauris / Palgrave Macmillan, 2005): “ (…) The first film of mine that I felt really successfully blended that documentary feel with the fictitious drama was Street Mobster. From that film on, I was more aware of the real past and contemporary underworld, characters and events I could draw on to give the films a more really-based feeling (La primera película mía en la cual noté que había tenido verdadero éxito mezclando aquel sentimiento documental con el drama de ficción fue Street Mobster. Desde entonces fui más consciente del mundo criminal contemporáneo y pasado, de los caracteres y hechos que podía usar para dar a mis películas una mayor sensación de realidad)

Tiene lugar aquí el choque definitivo entre su sentido del cine de acción previo, los estándares del yakuza eiga de los 60 (incluso en un sentido industrial al decantarse en The Yakuza Papers por una narración-río que sutilmente altera las duraciones determinadas dando un nuevo sentido a la típica producción de sagas, ya que es literalmente un enorme fresco “por entregas”) y la necesidad de ruptura. Fukasaku, a principios de los 70 enfrentará el cine de género con la realidad con el objetivo de derribar la mitología que el medio había construido del criminal (como también al había construido el cine hollywoodiense, por ejemplo) desde la posguerra y especialmente desde el final (teórico) de la ocupación norteamericana.

Si el aspecto de crónica, su ficcionalización de la inmediatez ya prefigura esa suerte de cine de no-ficción que serán la “Batallas sin honor ni humanidad”, el carácter del personaje central, continuado por medios todavía más anárquicos e hiperviolentos en la piel del propio Sugawara en Outlaw Killers: Three Mad Dog Brothers, es el embrión sin refinar de los futuros protagonistas a cargo de Tetsuya Watari (en la mencionadas Graveyard of honor, de hecho el gangster compulsivo y drogadicto de esta comparte origen real con el Okita de Street Mobster que ya basa algunos rasgos en la figura real de Rikuo Ishikawa, y Yakuza Graveyard), personalidades al borde del abismo, sobrevivientes solo por una pulsión de muerte y agarrados de forma terminal a un amor convulso, aquí el enganche imposible entre Okita y una desgraciada prostituta a la que violó siendo jóvenes. Genial interpretación de Mayumio Nagisa, acreditando la excelente mano de Fukasaku para con las actrices y la importancia de los personajes femeninos en unas ficciones asfixiantemente masculinizadas. Su tortuosa historia de amor incluye un plano fascinante: después de una horrible pelea Okita, borracho, va a buscarla al cuchitril donde vive. Ella está tumbada en su futón, completamente tapada. La descubre de golpe para ver que está completamente desnuda y con una navaja apuntándole directamente al rostro. Uno de esos asombrosos destellos, mezcla de poesía de la desesperación, crudo hiperrealismo y fascinante estilización que Fukasaku era capaz de facturar.

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14 Comentarios Agrega el tuyo

  1. paco bas dice:

    Muy bien documentada tú critica de esta película del dúo Fukasaku-Sugawara, que enorme serie de pelis hicieron, la única que me ha decepcionado un poco es la 1 de las new battles, la más floja de todas. Me gustaría añadir como curiosidad que kubrick, por ese tiempo estaba con su Naranja mecánica, una película rompedora para muchos, pero yo creo que Fukasaku fue mucho mejor aunque son distintos retratando la violencia en la juventud, Sugawara vs Mcdowell

    1. Pues mucha gracias. Encontré buenas fuentes, esa es la verdad.
      Sobre lo de Kubrick y la Naranja…su concepto es distinto al completo. La una es una película estilizada, abstracta, que trata el tema de la violencia de un modo entre lo simbólico y lo alegórico con mensaje , digamos “universal”. La de Fukasaku es urgencia pura, realismo a lo bestia y un retrato concreto de un momento concreto del Japón. No son comparables. En mi opinión los filmes que más se asimilan a estos de Fukasaku ahí que buscarlos en el cine de gangsters norteamericano de los 30, James Cagney a la cabeza como ejemplar primitivo de esto anti-héroes.

      (por cierto que me he tomado la libertad de colocar tú nombre aquí y eliminar el comentario aclarando el “anonimato”)

  2. paco bas dice:

    Que suerte tienes parece que las has visto casi todas las de Fukasaku de yakuzas de los setenta a mi aún me falta ver japan organized crime boss y la de lobos cerdos y hombres, que son de los sesenta

    1. No, no las he visto todas…es difícil por cantidad y por amenaza de saturación. Algunas ya están localizadas, eso sí y de tan leído sobre ellas ya parece que las haya visto. Estoy familiarizado pero todavía no tengo eses conocimiento completo. Para variar un poco intentaré que la próxima aparición se centre en sus policiales y títulos de acción de los 60. Te recomiendo mucho el libro de Chris D. que cito aquí y que en su día enlacé en el facebook en formato pdf. Incluye a Fukasaku, claro y la entrevista es formidable.

      Es un lástima que este director sea tan poco conocido o valorado. Su carrera es difícil de seguir, es cierto y no toda parece tener el mismo interés,lo posterior a todo esta largo ciclo yakuza de los 70 me motiva poco, por ejemplo. En cualquier caso es difícil que la reivindicación y el estudio de un autor como Fukasaku traspase el ámbito bloguero, la verdad.

  3. paco bas dice:

    Es irregular en los 80, las películas de samurais ya no tienen la fuerza de las de los yakuzasaunque estan bien hechas, excepto las que hizo para niños, leí que en los 90 dirgio una película de geishas con guión de Kaneto Shindo, decirte también que es curioso el dato de su furioso nihilismo en sus películas, la última película que no termino, es una sátira alocada, que según algunos hace apología del terrorismo me refiero a Battle royale 2, una coña de película bastante fallida por cierto, no se como no la censuraron por completo, tiene gracia por lo alocada que es y el discurso antiamericano que hay en la película sería digno de análisis, quien sabe como habría quedado si al llega a terminar

    1. Ese discurso antiamericano es algo muy nipón, por cierto. En un gran número del filmes de acción, espías, etc…de la década de los 60 y 70 (ya menos) es decir desde el final efectivo de la ocupación los villanos, normalmente en la sombra, eran pérfidos americanos. En esta reseña explico un poco algunos aspectos de la producción de cine de género y la ocupación y como una determino lo otro: https://esbilla.wordpress.com/2010/05/14/yo-traicione-a-un-asesino-a-sueldo-a-colt-is-my-passport-la-nikkatsu-jo-shishido-y-el-cine-mas-cool-del-planeta/

  4. paco bas dice:

    Ja ja espero no molestarte con mis comentarios sobre Battle royale 2 esta considerada una película terrible

    1. Al contrario. Muy interesante porque no la he visto. Creo que ni siquiera llegó a filmarla al completo ¿Es así?

  5. paco bas dice:

    No la termino su hijo Kenta, que por otra parte su padre le mandó hacer el guión de las 2. Hay dos versiones, las 2 duran más de 2 h, a mi no me parece tan distinta de la primera. Pero es bastante incoherente, aunque curiosa la película hay quién dice que hace apología del terrorismo sale como tumban las torres gemelas. El protagonista se ha convertido en un terrorista antisistema, el discurso de Riki Takeuchi, es radical les dice a los chavales adolescentes, que la libertad no existe, porque E,E.U. ha hecho la guerra a los países que ha querido desde la 2 guerra mundial. Otra cosa interesante es que las intenciones de Fukasaku padre e hijo es hacer una superproducción bélica rompedora no como las del reciente cine americano, algo así me pareció leer en una entrevista, que le hicieron a Kenta. Pero las cosas no cuajaron bien la película es una locura sin pies ni cabeza, por lo menos en la versión que yo he visto, aunque no la veo yo tan indigna de ser la segunda parte de la polémica Battle royale

  6. paco bas dice:

    Sobra decir que el gran director KinjI Fukasaku estaba ya muy enfermo de cáncer cuando empezo la película, aunque puede que el resultado hubiera sido parecido si la llega a terminar, un gran director de cualquier manera, creo que con un buen guión habría salido una buena película Battle royale 2 no creo que te guste, uno de los 2 montajes se títula Requiem, la completa es Revenge quizá es mejor

  7. paco bas dice:

    Entonces Adrian por lo que sabes o has leído, crees que el estilo de estas películas empezo en Japan organised crime boss, hasta que lo perfeccionó en Street Mobster y siguió con la descomunal saga Yakuza papers, ya las vi todas menos las 2 de mediados de los sesenta por eso dudo de ese dato. De si esas tratan de yakuzas honorables o de criminales desesperados

    1. Bueno me remito a lo que él mismo dice en Outlaw Masters on Japanese Film (Chris D., IB Tauris / Palgrave Macmillan, 2005): “ (…) The first film of mine that I felt really successfully blended that documentary feel with the fictitious drama was Street Mobster. From that film on, I was more aware of the real past and contemporary underworld, characters and events I could draw on to give the films a more really-based feeling” (La primera película mía en la cual noté que había tenido verdadero éxito mezclando aquel sentimiento documental con el drama de ficción fue Street Mobster. Desde entonces fui más consciente del mundo criminal contemporáneo y pasado, de los caracteres y hechos que podía usar para dar a mis películas una mayor sensación de realidad)”

      Pero el cambio no es radical, sino progresivo. No pasa de hacer un tipo de yakuza eiga a su opuesto de una película para otra. Inocula el pulso documental y el verismo hasta que extirpa por completo las nociones románticas que perduraban en su trabajos de los últimos 60, no en vano llamadas por algún estudioso neo-ninkyo, una catalogación que hago mía también. Street mobster es otro paso en esa dirección, hay que tener en cuenta que pertenece a una saga ya codificada y que está hecha a la medida del estrellato incipiente de Sugawara como nuevo icono del género, totalmente divergente del representado por Ken Takakura. Igualmente aquí perdura el personaje del yakuza honorable en ese Noburo Ando que quiere llevar por el camino recto a Sugawara sin lograrlo.
      También hay que tener en cuenta que sus filmes de los 60 están más influenciados por el noir y el cine de acción que estaba de moda entonces. Estos componente él, y otros autores contemporáneos como por ejemplo Suzuki o Ishii, los llevarán al yakuza eiga, rompiendo así las estructuras codificadas del género

      1. paco bas dice:

        Bueno buenas películas todas las yakuza de Fukasaku, pero muy reiterativo, por eso debio dejar el genero y curiosamente la primera película de Kitano fue un proyecto inicialmente para el. Como buen dato digo no se si será casualidad o no la peli del 69 Japan organised, aparece brevemente Bunta Sugawara como un joven e idealista yakuza, como en la posterior película del año 70, que ya protagoniza, creo que estas películas tienen muchas similitudes, con el cine de Peckinpah ,hasta la de Gamblers in Okinawa, aunque creo que no es del todo intencionado, me parece que no pretendía emular a Peckinpah, fue casual. La verdad es que de esas primeras antes de Street Mobster me gustan bastante, aunque se repiten y usan temas recurrentes, hasta esos finales arrolladores, curiosamente la última de sus películas yakuza, ya no tiene un final kamikaze en la de Hokuriku

  8. Hay que tener en cuenta que estuvo casi 15 años explotando el tema y el estilo. Esos finales de las tardosesenteras son absolutamente románticos, actos poéticos y brutales de sacrificio, pero eran el esquema típico del pequeño clan enfrentado al gran clan que se repetía en l época con insistencia. Es curioso como luego Fukasaku recupera eso desde una perspectiva rabiosamente individualista, siendo esto algo insólito dentro de la cultura japonesa.

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