“Hola a la voz del Destino”: “El discurso del Rey” para Ultramundo (el integral)

Sin mayores ceremoniales dejo aquí la reseña firmada para Ultramundo sobre la exitosa El discurso del Rey a cuenta de su reciente (y estupenda) edición en DVD (aquí una reseña del momento del estreno: http://cineultramundo.blogspot.com/2011/01/critica-de-el-discurso-del-rey-kings.html). No es esa gran película, pero es una buena película. Lo cual no es precisamente poco:

El original: http://cineultramundo.blogspot.com/2011/08/critica-de-el-discurso-del-rey-por.html

“Encuentro algo incómodo, indefinible, en una película que coloca el problema personal de un rey sobre la catástrofe que se cernía sobre los que eran sus súbditos. Que el triunfo épico, por ejemplar, sea el hecho de que Bertie, ya Jorge VI, logre vocalizar de forma inteligible su primer discurso previo a la entrada de Gran Bretaña en la 2ª GM, que la emoción se focalice más en la sílaba que en el significado, en el sonido que en el mensaje no deja de tener un componente violento, de grosera hagiografía. Cierto es que tanto el guión como la dirección pretenden dotar al conjunto y al acto mismo de la superación de la tartamudez de un aliento simbólico: Jorge VI, el Rey dubitativo, guió a los británicos con su voz. Un Rey sin dudas para el pueblo sin dudas, un rey seguro que da seguridad. No hay que olvidar que el monarca se hizo célebre con su larga serie de discursos radiados, tampoco que, como John Boorman ilustra en su agridulce Esperanza y gloria (Hope and Glory, 1987) sus esfuerzos eran recibidos por el pueblo con una mezcla de alivio y cariño de palmada en la espalda para el que sigue mejorando.
De igual modo la puesta en escena de este acto final, pulida pero demasiado enfática (saludos a mansalva, subrayados en cantidades inconvenientes, emoción a la fuerza frente a la ironía que afortunadamente preside la mayor parte del conjunto), desdice de nuevo esta intención ambiciosa. En su artículo para Dirigido por… (nº 406, Diciembre, 2010) Quim Casas se preguntaba “¿Cuál sería el resultado de grabar solo la voz del Rey y filmar entonces su efecto en los demás personajes, anónimos o conocidos, o simplemente dejar la trabajada no-dicción de Colin Firth sobre un fondo negro?” Es probable que más honesto, también más radical y difícilmente digerible. Así y todo esta deriva no empaña un conjunto repleto de valores, con más aristas de las previsibles y algunos momentos de lucidez en los cuales el pasado habla del presente cuestionando el nuevo papel de la monarquía en un mundo moderno dominado por la presencia invasiva, voraz, de los medios de comunicación capaces de presentar en crudo primer plano a personajes antes lejanos, casi abstractos.
La monarquía, como institución, como representación simbólica del poder y la patria, se trata en varios afilados diálogos de “negocio”, de pura fachada, de corporación repleta de nuevos formulismos. Cuyo deber contentar al público, al nuevo consumidor de información. Necesita seguir fascinándolo, necesita seguir interesándolo, como el propio Bertie expresa poco antes del discurso final no puede gobernar, no puede dictar leyes ni poner ministros pero debe ser al voz de Gran Bretaña, debe corporeizar una nación. Debe de estar ahí, donde el pueblo espera/quiere que esté y hacer lo que el pueblo espera/quiera que haga. Debe, indefinitiva, representar a un ideal colectivo. Es un Rey, sí, pero no depende en absoluto de si mismo sino de la voluntad de un pueblo de seguir viviendo en al fantasía de un reino. Desde luego este es un tema subyacente en el film, pero no es un tema pobre ni menor.
Además de esta temática de fondo dimana lo que se pone en primer término: a necesidad de una voz propia (la individualidad en un lugar de máxima responsabilidad y necesidades de representación es otra interesante derivación como lo es, por ejemplo, la interpretación: Bertie actúa como se supone que debe y Lionel es en cambio incapaz de actuar y por ello enseña a ser), audible, serena, aceptable. Como bien queda expuesto en la película al terapia no es contra la tartamudez, es contra el miedo. La puesta en escena de Hooper incide en esto, en el temor y el aislamiento: lentes deformantes, grandes angulares, espacios enormes que minimizan a los actores, el micrófono interpuesto frente a la cámara como unas fauces amenazadoras, el rostro de Bertie capturado por la lente en grotescos primeros planos o aplastado contra los decorados hasta hacerle perder tridimendionalidad -un tipo de planificación ya ensayado con mucho acierto y análogas intenciones dramáticas en la estupenda The Damned United, singular biopic sobre los 44 días al frente del Leeds del genial entrenador Brian Clough, dos veces campeón de Europa con el Nottingham Forest en 1979 y 1980-. Resulta brillante el uso de todos estos recursos,

El espacio...

un tanto enfático a veces, sí, pero eficiente a la hora de expresar una serie de emociones y sentimientos de manera palmaria mediante recursos puramente visuales. En tiempo de cine verborreico esto no es precisamente un logro menor.
Especialmente inspirado es el uso del sonido como arma dramática (evidentemente); límpido y exacto, a veces amenazador (el poderoso inicio en el estadio de Wembley donde la vergüenza de Bertie reverbera como un eco infame en los altavoces), a veces esperanzador (el disco grabado con la lectura de Hamlet que Lionel le obliga a hacer con unos auriculares puesto y música a todo volumen para que nos e escuche a si mismo) y de modo más sutil el del color, en combinación siempre con un encuadre que hace parecer las estancias mucho más grandes de lo que son escorando por sistema a los actores a un lado del cuadro y dejando mucho aire por el otro, que varía según avanza la acción de la extravagante decoración de la consulta de Lionel Logue, una suerte de pared desconchada o empapelada de modo indescifrable, hasta las estancias anaranjadas, cálidas de la casa del mismo donde se desarrollaran las

... el equilibrio.

sesiones más adelante. Un cambió de tonalidades y lugar que explica plásticamente el cambio de relación de los protagonistas, su progresiva amistad, la sinceridad de su relación.
En definitiva un film de notable riqueza pese a sus caídas en el tópico y a debilidades en cuanto a desarrollo de ciertos personajes, algunos solo bosquejados, otro dibujados con brocha gorda pero que al menos presenta cierta ambición en sus ángulos en segundo plano que le permite superar su condición inicial del “film de superación personal”. Logros algo empañados por esa incomodidad que no anula una personalidad lejos del decorativismo de época más rancio y que muestra a Tom Hooper como un notable director de actores y un interesante director de espacios.”
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