Una necesidad de muerte: “Deathdream” en Pasadizo. Alienaciones y síndromes vistos desde el horror barato.

Acercamiento, completo en Pasadizo, a la extraña y penetrante alegoría horrorífica sobre las secuelas del Vietnam Crimen en la noche (Dead of Night o Deathdream) dirigida por el bien interesante Bob Clark y en la cual, enmascarados por el género, aparecen reflexiones ásperas sobre la drogadicción, la pérdida de la identidad o la pulsión de muerte.

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“(…)Contra todo pronóstico, el film que recoge con mayor acierto y visceralidad la realidad del regreso de estos veteranos quizás no sea otra que Dead of Night[tv/dvd: Crimen en la noche], una microscópica producción independiente de 1974 en plena eclosión del fantaterror norteamericano y en coproducción con la entonces activa, en virtud de una serie de prerrogativas fiscales, micro-industria canadiense con el fin de completar su estrechísimo presupuesto. El horror de serie b seguía siendo político.(…) continuar

En la presente, y probablemente sin planteárselo, Clark logra una desoladora parábola de la alienación padecida por los soldados, de las secuelas, físicas y mentales, del síndrome de la guerra del Vietnam, al convertir a su joven protagonista en, directamente, un muerto viviente mantenido con vida solo por el febril deseo materno y sostenido por la sangre que debe ingerir para evitar el proceso de descomposición. Un planteamiento de notable fuerza alegórica que se sobrepone como puede a la pobreza presupuestaria según un feísmo estético entre lo buscado y lo obligatorio. Paralelamente a David Cronenberg, que aquel mismo año debutaba cortesía de Cinepix, la canadiense AIP del pobre, con Vinieron de dentro de…Crimen en la noche propone la somatización física de la enfermedad psicológica, la pudrición de la carne como manifestación del colapso de la mente.

La película de Clark conecta además con otro film anterior, absolutamente moderno todavía hoy, como es el magistral El héroe anda suelto (Targets) (…) Pese a carecer del impulso reflexivo que ya anima la cinta de Bogdanovich, Clark plantea una idea similar, la del horror fantástico (el monstruo, el zombi, el vampiro) cara a cara con el cotidiano (la guerra, la muerte, la destrucción psicológica de una generación) a través, además, de la elección de un intérprete protagonista de notables similitudes tipológicas, Tim O´Kelley en 1968, Richard Backus en 1974, unall-american boy, perfecto hijo de mamá, rubio, aniñado e inocente, cuyo rostro imperturbable y gélida sonrisa componen una máscara, un rictus que no es otra cosa que manifestaciones especulares de lo que los otros desean ver, no de lo que en realidad bulle dentro. Una interpretación “vaciada” escalofriante, que destaca sin problemas entre la tremenda mediocridad del resto de intérpretes y, a la cual, en una decisión estética absolutamente de cómic, absolutamente de género, se le otorga una dimensión icónica por medio del diseño exterior reconocible que el personaje irá incorporando en el memorable tercio final: jersey de cuello alto, guantes de cuero y enormes gafas de sol enmarcando un rostro macilento. El film igualmente propone un aspecto más, entrelazado con esa representación idealizada del hijo que conecta con la idea de la Norteamérica suburbial, de inspiración Norman Rockwell (aquí en una versión sucia, más por presupuesto y falta de pericia que por otra cosa, sin duda), violentada por todo tipo de ataques externos que vertebra gran parte del fantástico norteamericano de los setenta y ochenta, desde John Carpenter a Steven Spielberg, desde el psychokiller enmascarado hasta los extraterrestres amables.(…)” continuar

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