Diciembre 1ª Quncena / 11

01/12/2011. Los jueves, milagro, Luis García Berlanga, 1957, España

Sátira ternurista y ejemplarizante sobre el falso milagreo y la manipulación interesada de la fe, centrada en las fuerzas vivas de un apagado pueblecito que deciden, para animar el decaído balneario, inventarse la aparición de San Dimas promocionando las virtudes del agua local. Lo que no esperan es que, por mediación de un misterioso fugado de la justicia, todos los milagros se vuelvan reales. Reflejo, desde la estilización cómica, de diversas realidades que pretende personalizar el cine religioso (de estampitas directamente) de la época mediante la síntesis con la comicidad berlanguiana, asainetada y más amable por aquel entonces (tiempos pre-Azcona). Cambia el tono en su segunda mitad con la aparición del personaje encarnado por el americano itinerante Richard Basehart, pasándose de una comedia pura a un cierto neorrelismo fantastificado, cercano a De Sica en algunos aspectos. Irregular pero con un reparto formidable de característicos, José Isbert arrolla en la parte humorística y Manuel Aleixandre entrega un personaje estremecedor, de emocionante patetismo.

01/12/2011. Tormento, Pedro Olea, 1974, España

Adaptación de Galdós por parte de ese cineasta sólido, a reivindicar, que es Pedro Olea. Moviéndose aquí entre la sátira sin risas y la tragedia costumbrista en el Madrid tardodecimonónico. Época y lugar al cual regresa un indiano que hizo fortuna, solterón maduro, al cual su parentela pretende desplumar pero que se enamora de una humilde chacha con secreto y decide casarse con ella. Evidentemente la interesada esposa de su primo no piensa permitir tal cosa. Aguda en su retrato psicológico y nada decorativista en la reconstrucción de época, sobria en todo momento pero no por ello menos feroz, analiza minuciosamente una entramado de personajes codiciosos, figurones y envidiosos donde la mezquindad y el miserabilismo esclerotiza absolutamente todo.  Algún recurso anticinematográfico (los pensamientos formulados en voz alta son recurso de culebrón malo) afean un conjunto por lo demás seco e implacable, muy bien interpretado por todo el conjunto de actores con medalla para una antológica Conchita Velasco, encarnación de la España cursi, envidiosa e hija de puta.

04/12/2011. Capitán América: El primer vengador, Joe Johnston, 2011, USA

Al igual que el resto de los trabajos de la Marvel cinematográfica sobre sus personajes una adaptación-síntesis de universos (el clásico y el Ultimate) que fusiona épocas, influencias, sucesos y hasta personajes en esta ocasión, dotando a Craneo Rojo de diferentes características de otros villanos aparte de mantener las suyas propias. Todo ello tamizado por una, bienvenida, óptica retro-pulp que remite a un trabajo previo de Johnston como Rocketeer, añadiendo el universo marvelita a la misma mezcla de Dave  Stevens más Steven Spielberg. De tal modo lo mejor del film, que adapta con licencias la historia de Fabian Nicieza y Kevin Maguire Las aventuras del Capitán América. Centinela de la libertad, con la cual comparte semejanzas argumentales, tono estético y sentido del humor, se concentra en su primera mitad mientras que el último acto parece atropellado y paradójicamente alargado frente al tono clásico del metraje anterior, más pausado y por ello mejor ritmado. Guiños al lector iniciado, secundarios que son bosquejos, más violencia de lo habitual y actores sólidos en todos los papeles con un buen Evans como héroe ingenuo de voluntad de hierro.

06/12/2011. Simbad y el ojo del tigre, Sam Wanamaker, 1977, Gran Bretaña

Una de las más flojas, sino la más, de entre las entradas que componen la deliciosa filmografía de Ray Harryhausen, reincidiendo en la variante (y en el esquema dramático-argumental) “fantasías orientales”. Así el intrépido Simbad se embarca para nuevas aventuras contra hechiceros (“eras” en esta ocasión) que lo llevaran al fin de los mundos conocidos, y por conocer. Plana hasta decir basta, rodada sin imaginación, gusto ni talento por uno de los habituales amanuenses de Harryhausen, cada vez de más baja calidad, tampoco este brilla especialmente en sus momentos personales (ni en sus criaturas a excepción del genial príncipe babuino o el entrañable troglodita) no consiguiendo mucho más que una anodina ración de maravillas a medio caducar, erotismo párvulo y heroísmo soso, tal cual son sus espantosos protagonistas. Así y todo tiene un algo de desafío anacrónico que la hace revisitable.

06/12/2011. X Men: primera generación, Matthew Vaughn, 2011, USA

Renovación, colorista y elegante, de las hazañas mutantes, ahora alegremente envueltos en una deliciosa fantasía bondiana que juega a la historia contrafactual en clave pop. Pese a inconvenientes de rigor -duración desmesurada, reiteraciones de todo tipo, encadenado de finales, secundarios multitudinarios/anodinos, gotas de melodramón…- el resultado es una golosina rodada con mucho más estilo que la media (reincidente en el exterior luminoso del cine de su director y con en algunas ráfagas recuerda a las aventuras de Danny Ocean según Clooney/Soderbergh), empujada por una cámara sinuosa pero nunca chillona, un montaje que deja ver los prodigios, un guión con gracia, una planificación atenta al detalle y un trío protagonista magnífico, en especial ese Fassbender en clave superespía de la deliciosa primera hora y un Kevin Bacon disfrutando en su rol villanesco sin histrionismo alguno, y un diseño de interiores lounge. Ofrece un algo diferente para las adaptaciones comiqueras de superhéroes, tiene sentido del humor pero se toma en serio como película y está abierta al guiño sin saturar a golpe de referencia gratuita.

07/12/2011. Mi hija Hildegart, Fernando Fernán-Gómez, 1977, España

Reconstrucción minuciosa y distanciada de la crónica negra de la II República, en este caso el asesinato de la joven prodigio Hildegart Rodríguez de mano de la, literal y metafóricamente, autora de sus días. La desquiciada madre, Aurora Rodríguez, decidió engendrar y criar a su vástaga para ser la perfecta mujer del futuro, cuando esta quiso ejercer su verdadera liberta, es decir hacer lo que le diera la reverenda gana, esta la mató incapaz de soportar el fracaso de la obra de su vida. El resultado final es frustrante, por impedimentos externos e internos, y el tono, más mostrativo que demostrativo, admirablemente alérgico a la doctrina, termina por resultar contraproducente al escamotear la intensidad pese al formidable esfuerzo de Amparo Soler Leal por transmitir la implacable determinación y la abisal perversidad de su personaje. Estructurada en flashbacks, alguno torpísimo, y de anodino formalismo solo compensado por la aspereza de sus mejores momentos, en especial ese, cosecha de azconiana crueldad, en el cual Aurora marca el cuerpo de Hildegart con su propio nombre, explicitando la posesión que ya el título indica. Por cierto que el gran Guillermo Marín interviene como juez, desgraciadamente doblado.

09/12/2012. Terciopelo azul, David Lynch, 1986, USA

Codificación integral de eso que Michel Chion (y Andrés Hispano) llama “lynchtown”, el núcleo y esencia del esotérico cine de su responsable. A la vez superficial y abismal, juega con los tópicos del noir, con los héroes ingenuos de películas juveniles de los 50 y de con la misma imagen arquetípica de la América eterna a lo Norman Rockwell; no para enfrentar sino para, de acuerdo a su política de convivencia de los contarios en el mismo plano, colocarla en constante cortocircuito con una (otra) alter-realidad repleta de perversidad y espacios hopperianos. Obsesiva, peligrosa, sexual, la música de Badalamenti, el tratamiento del color, el humor dislocado/irónico, las secuencias del otro lado del espejo… todo pulido. Y sobre cualquier cosa los misterios y los secretos, el  motor del cine de Lynch que no puede ser resuelto porque la vulgaridad mundana de la explicación nunca podrá superara a la excitación de que cualquier cosa sea posible.

11/12/2011. Conan el bárbaro, Marcus Nispel, 2011, USA

Lo peor (que ya es decir) de la presente adaptación (¿?) de Conan y su universo es la constatación de que las razones de por que el personaje se ha mantenido como una referencia popular, gracias a los libros de Howard y especial a su larga tradición tebeística, no tienen ningún peso, siendo sustituidas por el exploit de distintos éxitos coetáneos, de El señor de los anillos a 300, que nada tienen que ver con el mundo howardiano y/o marvelita. Así el film carece por completo de personalidad asemejándose, en cualquier caso, a un capítulo sanguinolento de Xena la princesa guerrera, monocorde en ejecución, con un guión nefasto y una puesta en escena por momentos ininteligible (el clímax, en especial) donde todo sucede porque sí,  actuaciones/personajes risibles (la grimosa Rose McGowan debería pensarse otra profesión), personajes odiosos (los femeninos se llevan la matrícula) y diseño de producción mendicante. Solo el físico leonino de Momoa, al cual así y todo le falta un hervor, y algunos destellos escenográficos, los que se adivinan entre la fugacidad de planos y la oscuridad de la fotografía, apuntan hacia lo que pudo ser otra película.

12/12/2011. Carretera perdida, David Lynch, 1997, USA

Una parte de la carrera de Lynch bien podría ser definida como noise-cinema. Al igual que las canciones de los grupos ruidistas una melodía aparece cuando se comienzan a retirar las distorsiones. Ampliación, al bode, y más allá, de la autocomplacencia, de los parámetros noir presentes en Terciopelo azul, aquí Detour parece un plausible punto de partida, donde los multiversos en fricción de su cine crispan esa melodía al fondo. Espacios siniestros, es decir inquietantes por reconocibles pero con algo fuera de lugar, el tiempo moviéndose de maneras misteriosas, sin fin ni principio en una narración que es cinta de Möbius, manierismos y estéticas que se confunden, cultura popular y thriller de la mente a golpe de fetichismo y terrores masculinos. Mientras Patricia Arquette fascina en su doble cliché, los protagonistas masculinos hacen el ridículo, Robert Blake aterroriza y Robert Loggia remeda, mal, a Dennis Hopper. Una película de momentos, especialmente de momentos musicales y mágicos.

14/12/2011. Los secuaces (Le saut de l’ange), Yves Boisset, 1971, Francia

Un film más bien vulgar de un director más bien a recuperar como es Boisset, personal cultivador del polar a lo largo de los 70 y primeros 80. Aquí se narra una historia de venganza personal entre el único superviviente de un clan corso, retirado hace años en Tailandia (por cierto que las historias que se cuentan de sus aventuras exóticas son más interesantes que la película al completo) obligado a volver a Marsella para enfrentarse a un indeseable constructor medio gangster con aspiraciones políticas. Mucha violencia, estilo más pedestre que seco, denuncia de corto alcance y derivas trágicas apagadas para un combinado que, si por algo destaca, es por su heterogéneo reparto: del imperturbable Jean Yanne a la sensual Senta Berger pasando por Sterlin Hayden, característicos del tipo Raymond Pellegrin o Giancarlo Sbragia y, en especial, un Gordon Mitchell memorable como estólido asesino por contrato, el cual acapara los mejores momentos del film.

15/12/2011. Mi calle, Edgar Neville, 1960, España

Film compendio de las fijaciones nevillianas desde una óptica preferentemente ternurista, nostálgica, antimoderna y amable que pasa revista a 50 años de una calle matritense y, claro está, a sus gentes. Un breviario coral, castizo, anquilosado y un punto teatral que tiene un algo de admirable anacronismo pero también de evidente pérdida de sitio. Estructurada en cuadros a través de las épocas remite con claridad a Arniches y se salta cualquier género, pasando del melodrama a la comedia, de la picaresca al sainete o incluso al musical, cupletista o flamenco, siempre al gusto del autor, pues está es una película de autohomenaje y despedida. Desmañada en lo formal, blanda aunque no perdone la cursilería, queda como un trabajo demasiado irregular en el que lo mejor sale de la chispa en el diálogo o del concurso, dentro de su multitudinario reparto, de singularidades del cine español tan admirables como Lina Canalejas, Antonio Casal, Conchita Montes, Gracita Morales, Tota Alba o María Isbert, entre otros.

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12 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Belén dice:

    Un día de éstos me pondré con Neville (me da un poco de vergüenza no haber visto nada) aunque sí estoy atenta a todo lo que cuentas de él. Y en cuanto pueda lo abordo.

    Tampoco conocía la versión de “Tormento” de Galdós. Así que me las apunto.

    ¿La foto de cabecera es de “Mando perdido”?

    1. Lo és. Delon a lo militar.

      De Neville te recomiendo ese cuarteto mágico que forman La torre de los siete jorobados, La vida en un hilo, Martes de carnaval y El crimen de la calle de Bordadores. Si les añades El último caballo redondeas la cuadratura.

  2. Belén dice:

    Sí, a “La torre de los siete jorobados” le tengo ganas porque ya he visto por ahí que se habla muy bien de ella. “Martes de carnaval” adivino (?) que pueda ser versión de la obra de Valle-Inclán, con lo cual aún me interesaría más, si cabe. Las apunto todas. Muchas gracias.

    1. Adivinas mal, pero porque oriento peor. No era martes sino domingo… Domingo de carnaval. Es un “sainete criminal”, en afortunada definición del gran Santiago Aguilar en el Madrid decimonónico realizado bajo la inspiración plástica de los cuadros de Solana. Una gozada.

  3. Belén dice:

    No pasa nada, seguro que es interesantísima igualmente, por lo que cuentas.

    1. Sr. Feliú dice:

      Muy interesante por cuanto busca su inspiración parigualmente en Goya y Solana, en los carteles del crimen de los pliegos de cordel y en esa creación del habla popular madrileña que parió el alicantino Arniches. Si a eso le suma usted un asunto de tráfico de cocaína en el Madrid de la Gran Guerra y un elenco inspiradísimo, puede estar segura de hallarse ante una de las películas más redondas de Neville, oscurecida sólo por los fulgores de La vida en un hilo, El último caballo y La torre de los siete jorobados.

      MI calle hay que verla en contexto. Fue la última película que rodó Neville y conviene verla después de haber saboreado toda su filmografía. En el guión el segmento dedicado a la Guerra Civil era bastante más extenso y la verdad es que se agradece la supresión. Pero, claro, es una de esas películas tan profundamente melancólicas que tienden al conservadurismo, algo que Neville nunca fue.

      Del resto de su cosecha española, señor esbilla, recordarles a sus lectores que la indefinición genérica de la segunda parte es debida a injerencias de una productora ligada al Opus Dei, a la inclusión de nuevas escenas rodadas por otro director y a la intervención del dominico Antonio Garau, al que Berlanga quiso incluir en los títulos de crédito como co-autor del guión.

      Suscribo lo dicho sobre los aciertos de Tormento y las carencias de Mi hija Hildegard.

      1. Belén dice:

        Muchas gracias por la nutrida información, Sr. Feliú. Muy amable.
        Saludos

      2. Es cierto que la censura co-firmó en la práctica Los jueves,milagro. Hace usté bien en remarcarlo. ¿Se sabe, por cierto, quien fue ese otro realizador?

        Coincido en lo desagradable, por inesperado, del episodio de la Guerra Civil de Mi calle. Un film nada desdeñable. Muy sentimental, quizás demasiado pero dada su forma de recapitulación vital se hace comprensible el exceso.

        Me sumo a los vítores para Domingo de carnaval, que a veces parece que sea el hijo tonto del prodigioso Neville de los 40 pero que no desmerece, ni mucho menos, de sus asombrosas coetáneas.

  4. Sr. Feliú dice:

    Fue Jorge Grau, vinculado entonces a Estela Films. Antes de marchar a Italia a estudiar cine.

  5. John Space dice:

    Vi ayer la de Berlanga (& Grau). Basehart se lo debía estar pasando en grande en su papel; lástima que involuntariamente se convirtió aquí en el agente de la Gran Ce. Y el personaje de Aleixandre casi pide a gritos una película propia.

    1. Aleixandre la roba limpiamente.

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