Diciembre 2ª Quincena / 9

23/12/2011. Vampyr, Carl Th. Dreyer, 1932, Alemania

Asociativa, simbólica, alucinada obra maestra que con la excusa de Le Fanu propone una narrativa de sintaxis insólita, sumergida al completo en las reglas esotéricas del duermevela cinematográfico. El efecto de lo siniestro se juega en cada corte de montaje, en cada encuadre, en cada movimiento frenético de cámara, en cada espacio vacio y rostro singular para construir un estado de percepción (y de ánimo) receptivo. Inagotable en fondo y forma rebosa creatividad, rarefacta sensualidad, humor negro y verdadero horror a golpe de sombras inverosímiles.

24/12/011. Ángel de venganza, Abel Ferrara, 1981

Un film estilizado y punk que trastea, con retorcida ironía, con dos de los más pegajosos y repulsivos subgénero de los últimos 70 y primeros 80: el rape & revenge y el vigilantismo. Apoyado en la presencia ausente (valga la paradoja) de la sirena Zoe Tamerlis (o Lund), futura diva inaprensible del underground. Perpleja y conmovedora, se ve sumida en una paranoia ciudadana, no se sabe si manifiesto o parodia radicalfeminista, con ecos de Repulsión, esa masculinidad viscosa e hipersexual siempre vista desde la subjetividad distorsionada de al anti-heroína, y sorpresiva influencia comiquera: la protagonista va construyendo su imagen progresivamente, adquiriendo rasgos de mito en uniforme, cada vez más icónico hasta llegar a esa turbadora imagen de la monja armada, abierta a mil y un metáforas y sugerencias. En perfecta coherencia será otra mujer uniformada, masculinizada en este caso, quien acabe con su odisea en el demencial clímax durante una fiesta de disfraces, usando para ello un cuchillo, blandido como una polla en una imagen inequívoca, que la penetra de forma definitiva.

25/12/2011. Steamboat round the bend, John Ford, 1935, USA

Última de las tres deliciosas películas que Ford dirigió para el genial Will Rogers y penúltima de este, quien moriría en accidente de avión durante el mismo 1935. Más cerca que nunca de su admirado Mark Twain, el film es al igual que los anteriores un anecdotario popular y un canto a la sencillez lleno de ternura y agudeza en la observación, con una línea argumental que sirve de excusa, en este caso la injusta condena del sobrino del protagonista por un crimen cometido en defensa propia del cual el único testigo es un tronado predicador que se hace llamar “el nuevo Moisés” (un descacharrante Berton Churchill). El río es metáfora vital y marco socio-geográfico, el ritmo flota con dulzona parsimonia, entreteniéndose en meandros sentimentales o picarescos para terminar por ofrecer un retrato, inventado e ideal, de la arcadia sureña post-Guerra Civil. Si este tríptico fordiano de perfecta coherencia interior y motivos/personajes-actores recurrentes, Doctor Bull, Juez Priest y la presente, merece redescubrirse no menos lo amerita la figura del propio Will Rogers.

26/02/2011. The stranglers of Bombay, Terence Fisher, 1959, Gran Bretaña

Film colonial, con resabios de western y tono policiaco, sobre las actividades de una secta de adoradores de Kali sobre las cuales solo parece preocuparse un honesto oficial del ejército al cargo de proteger a una poderosa compañía que opera en la zona. Entre medias tendrá que enfrentarse a la villanía de los locales, orientales fanáticos, sinuosos y aduladores, ya se sabe, y a la incompetencia de los ingleses, arrogantes como ellos solos. Muy mediocre, pobre de medios y francamente tediosa, encima sobredialogada y con el talento de Fisher prácticamente invisible (a no ser la excelente ejecución de la razzia nocturna a la caravana). Solo puntuales detalles sádicos o la presencia, al fondo, de la pimpante Marie Deveraux animan un invento presidido por al indiferencia, muy bien representada en el estólido protagonismo de Guy Rolfe o en la inapropiada fotografía en blanco y negro.

27/02/2011. La ventana, Ted Tetzlaff, 1949, USA.

Un niño de imaginación excitable contempla un verdadero asesinato durante una noche de verano. Los autores son sus vecinos pero nadie le cree. Angustiosa versión de un relato de Cornell Woolrich con no pocos puntos de contacto con La ventana indiscreta, con el escritor igualmente como base y semejante tortuosidad en la elección de víctima y punto de vista. Pese a que las posibilidades paranoicas se resuelven muy pronto el film no carece de nervio ni de ambigüedad, acogiéndose en todo momento a la percepción del protagonista, el niño prodigio Bobby Driscoll, y se cierra con un tercio final, en especial la conclusión en el tétrico edificio en ruinas, que corta el aire. Sorprenden sus detalles sádicos (por cierto que el genial momento del Torso de Sergio Martino en el cual es el propio asesino quien, a través de la puerta cerrada, facilita a Suzy Kendall la llave que la abre está tomado directamente de la presente) y su violencia áspera, perfectamente complementada por el rodaje callejero en el obrerista Lower East Side neoyorkino. Soberbia fotografía, cometido principal de la carrera de Tetzlaff y gran equipo de secundarios, con un espeluznante Paul Stewart o los siempre excelentes Arthur Kennedy y Ruth Roman.

28/12/2011. El bailarín y el trabajador, Luis Marquina, 1936, España

Fábula benaventiana, ejemplarizante, que adapta la pieza “Nadie sabe lo que quiere” con forma de alta comedia musical al gusto internacional. Sofisticada pero con regusto castizo (memorable Antonio Riquelme) es buena muestra del cine del final de la República, una industria (o así) que se debatía precisamente entre lo localista y lo “continental” sin que estos compartimentos tuvieran que ser siempre estancos, ni mucho menos. Pese a una cierta rigidez general no carece de momentos de elegante inspiración, incluso creatividad como la canción puesta en escena mediante una proto-split screen, y cumple su propósito de homologarse al material foráneo. Reparto estelar, con el galán canoro Roberto Rey escudado por dos “spanish Hollywood” como Ana María Custodio y Antoñita Colomé y por el gran José Isbert, de empresario hecho a si mismo que desea enderezar al señorito que su hija ha elegido como futuro.

29/12/2011. Black Death, Christopher Smith, 2010, Gran Bretaña

Variación medieval, por tanto brutal, sórdida y mugrienta, sobre la justamente legendaria The Wicker Man del 1973. De tal manera, y de manera homologable a aquella, unos rígidos soldados de Dios buscan el motivo de que la peste no haya llegado a un pueblo del interior de Inglaterra protegido por un espeso bosque y un pantano (e ahí la explicación), encontrándose al llegar con una idílica comunidad entregado a los cultos paganos. Áspero naturalismo y deje fantastique conviven en un film sobre el papel sugerente en su colisión religiosa y social (la llegada de los soldados al pueblo resulta brillante por el contraste de color, ambiente e incluso físicos) pero fatalmente resuelto en imágenes al carecer de sentido del montaje o de la puesta en escena, sustituidos por planos sobrantes a porrillo y cámara en mano sin cuento (en los momentos de violencia no se distingue nada y en los de calma marea). Recursos impersonales y vagos que conspiran hasta con los momentos apreciables del film, que los tiene. Ellos son los que lo salvan, junto a la solidez de los excelentes Carice van Houten y Sean Bean o la agradecida recuperación del gran David Warner en un cometido menor; no así gracias al protagonista Eddie Redmayne, horrible.  Atención, por cierto, al holandés Tygo Gernandt homenajeando al Kinski de Aguirre.

30/12/2011. China Girl, Abel Ferrara, USA, 1987.

Ferrara parece darse cuenta pronto, afortunadamente, de que la enésima variación sobre Romeo y Julieta, espolvoreada para la ocasión con el recuerdo del reciente Manhattan Sur de Cimino, es un esqueleto tan débil que no va a sostener el invento, entre otras cosas por su nefasta pareja protagonista. Lo que hace entonces es desenfocar el primer plano de estos para centrarse en el fondo y construir una estilizada fábula de barrio, donde cierta pulsión de honesta serie b deudora de Sam Fuller se mezcla con las estéticas del videoclip que colonizaban los 80; en una mixtura seductora de sombras y neones, de áspero realismo y romántica idealización de pop-rock hortera. Violenta, repleta de elegantes soluciones de narración puramente visual, con un punto de urgencia (y de estética, esos movimientos de cámara) scorsesiana, resulta mejor de lo que aparenta si se logran obviar sus detalles más ñoños.

31/12/2011. Un cuento de Navidad, Abel Ferrara, 2001, USA-Francia

Uno de los títulos más interesantes de al segunda mitad de la carrera de Ferrara, entre otras cosas por suponer un regreso a su ambiente/tono más cercano, el de las fábulas callejeras. En este caso una sobre la odisea de la esposa de un traficante dominicano que es secuestrado durante la Nochebuena, trance a cusa del cual todos, de un modo u otro, recibirán una lección ejemplar. El resultado, fuera de manierismos y veleidades de auteur autófago, es minimalista y sobrio, naturalista pero estilizado tanto en puesta en escena como en narrativa y localizaciones/tipos con una captación testimonial de rutinas y psicologías de la cotidianidad del crimen. Estupenda interpretación de Drea de Matteo y ejemplar reparto de característicos, como siempre en el cineasta.

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