(2012) Enero 2ª Quincena / 5

16/01/2012. Los Palomos, Fernando Fernán-Gómez, 1964, España
Un Fernán-Gómez escaldado tras El mundo sigue y El extraño viaje dedica los que queda de los 60 a buscar un éxito taquillero a golpe de adaptaciones de obras teatrales de popularidad periclitada; la primera de ellas esta comedia negra, sección cadáver inquieto, de Alfonso Paso a mayor gloria de la pareja de españolitos medios José Luis López Vázquez, insufrible aquí, y Gracita Morales, histriónica pero divertida, como un atontolinado matrimonio utilizado a modo de coartada para un asesinato por unos burgueses arruinados, Fernando Rey, a la sazón jefe de Palomos, y su entonces señora Mabel Karr. Malentendidos, vodevil, leve sátira y mucha agitación para una pieza en la cual el director ni pretende ni intenta disimular el origen teatral, resultando plana y monocorde, además de bastante menos graciosa de lo que se pretende. Manuel Alexandre se suma al barullo y lo mejor lo pone la genial Julia Caba Alba. En todo caso uno puede entretenerse trazando curiosos paralelismos entre la presente y las obras de Francis Veber protagonizadas por su recurrente François Pignon.

18/01/2012. El cabo del terror, J. Lee Thompson, 1962, USA

Atmosférico psychothriller sureño cuya mayor virtud es adaptar sus características como película -ritmo pausado pero tenso, sinuoso trabajo de cámara, amenaza latente…- al particular estilo/personalidad de su genial actor/villano: el gran Robert Mitchum como el monstruoso pero cool Max Cady. Aquí afrontado a la muy diferente masculinidad de un demasiado estólido Gregory Peck. El film mejora, y mucho, cuando abraza sus aspectos más perturbadores (sexualidad depravada, acoso pesadillesco…) y se beneficia, todavía más, tanto de la densa fotografía cortesía de Sam Leavitt como, y en especial, del score aterrador y seductor de Bernard Herrmann.

23/01/2012. Nuestro hombre en La Habana, Carol Reed, 1959, Gran Bretaña

Tercer encuentro Graham Green/Carol Reed y quizás, por comparación, el más flojo de ellos. En este caso se trata de la tragicómica peripecia de un comerciante de aspiradoras captado como agente secreto en al Cuba de los últimos años de Batista, el cual, y en vista de que no tiene ni idea, decide inventarse todo tipo de descabelladas historietas que suministra a sus ineptos superiores. Por desgracia la brillantez de sus chorradas llama la atención de agentes enemigos, convirtiéndose la broma pícara en una oscura red de muertes y traiciones. Mordaz en todo momento, con aciertos satíricos y caricaturescos en cantidad  y unas interpretaciones excelentes (en especial un genial Nöel Coward) que redondean una visión cutre, siniestra y patética del glamourizado mundillo del espionaje. Reed rueda con la mayor elegancia y se permite incluso apuntes barrocos pero la película peca de un ritmo demasiado moroso que hace largo el metraje y su desapego irónico a veces parece simple frialdad.

24/01/2012. La bahía del tigre, J. Lee Thompson, 1959, Gran Bretaña

Una niña es testigo de un crimen, a partir de ese momento establecerá una singular relación con el asesino: un joven marinero polaco encarnado por el intenso Horst Bucholz. Un argumento socorrido muy bien aprovechado por Thompson, director quizás menos limitado, o más inquieto,  de lo que el grueso de su filmografía deja intuir, para construir un film que funciona con naturalidad a diferentes niveles. Thriller emocionante y denso, magnífica fotografía de Douglas Slocombe marcando la diferencia entre el asfixiante barroquismo de los interiores y nocturnos frente al naturalismo de los exteriores, al tiempo que sincera historia de amistad entre desclasados (uno de los aspectos más  sutiles reside en la solidaridad entre los apartados: la niña huérfana, el marinero polaco, la prostituta mulata…) que no esquiva los elementos perturbadores presentes en las narraciones que miran con honestidad al universo infantil (la protagonista enseñándole una bala a otro monaguillo mientras cantan himnos en misa), parcela en la cual el cine inglés se ha mostrado especialmente penetrante. Un tanto alargada, con alguna arritmia y caída melodramática en el tramo central, es un trabajo complejo a descubrir, con un estupendo terceto protagonista; sobre todo la excepcional Hayley Mills, que actúa aquí junto a su padre, John Mills, una de las mejores intérpretes infantiles de siempre.

25/01/2012. The Long Memory, Robert Hamer, 1953, Gran Bretaña

La primera película que Hamer rodó tras abandonar la Ealing fue este un drama noir sobre un hombre, soberbio John Mills con su gestualidad reducida al mínimo, determinado a cumplir venganza tras doce injustos años en prisión. Fatalista pero paradójicamente esperanzada (su obsesivo héroe está escindido entre deseos: la violencia y la paz/el pasado y el futuro) su amargura explica bien la personalidad del cine negro británico en general durante la época, alérgico al glamour, hosco, sórdido y el estilo denso, nada obvio, de su director, quien no duda en introducir elementos humorísticos disonantes o frustrar sistemáticamente al espectador que desea soluciones más explícitas. Formidables localizaciones, en particular el cementerio de barcos, concisión narrativa, elegante uso del montaje paralelo y sobresaliente tercio final.

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