Hiperkinesia: “Nowhere to hide”, camino al superthriller de Corea del Sur desde Cinearchivo

Publicada originalmente en Cinearchivohttp://www.cinearchivo.com/site/fichaDvd.asp?idRubText=6661

*Para hacer una película sin guión hay que ser un director condenadamente bueno o ser tan audaz como inconsciente. Este segundo caso se acerca más a las características que exhibe Lee Myung-se en la presente Nowhere to Hide, parodia astracanada del superthriller policial de enfrentamientos entre obstinado policía y sofisticado delincuente. Engordada a inyección limpia de clembuterol audiovisual con la forma de un abanico de recursos plásticos usados por aplastamiento. El congelado como figura de estilo, el ralentí como sintagma. Un prólogo en blanco y negro (con algún detalle de belleza hipnótica, al igual que durante el asesinato que pone en marcha la trama, o así, todo sea dicho) arranca un desbarrante coctel de virados, fundidos encadenados sobre planos congelados, fotonoveleros, casi un collage en sus momentos más afortunados, sombras chinescas, una pelea que se transforma en baile por la acción caricaturesca de la banda sonora, slapstick, actores convertidos en dibujos animados de carne y hueso, recursos del manga líneas cinéticas incluidas, multitud de planos rodados a través de ventanas u objetos interpuestos para forzar el escorzo y/o la mirada del espectador. Todo esto podría sintetizar en una audaz alteración caprichosa del tiempo y el espacio, celuloide líquido, maleable, imprevisible. Podría, pero para eso haría falta un talento de mago. Entonces la película funcionaría como una estilización al absurdo del género, que saturada de recursos/efectismos pop, arty y comiqueros transportase el molde conocido a una dimensión representativa diferente. Claro que para eso hay que ser Seijun Suzuki, estar en 1967 y que esto se titulase Koroshi no rakuin (o Branded to kill, que también vale).

   El propio Lee Myung-se explicaba en al revista Sense of Cinema que «La historia y los personajes no están en el foco principal de mi película. Esta es una película sobre el movimiento y la energía cinética». Como intención no está mal, es loable tomar un cliché y experimentar sobe el. Un thriller «perpetuum mobile» que toma el hiperrealismo callejero como marco para una estructura de fuga permanente, de agitación y movimiento, de persecución y contrapersecución (por cierto una idea que ya había tenido el japonés Sabu, es decir Hiroyuki Tanaka , en sus simpáticas Dangan Runner y Postman Blues, rodadas en 1996 y 1997) entre un hierático villano, no pronuncia una sola palabra durante la cinta, el veterano Ahn Sung-ki, y un cochambroso héroe, la estrella Park Joong-hoon en un registro desgravado y con una mímica que recuerdan/anteceden a algunas de las interpretaciones del gran Song Kang-Ho. Ambos parecen perífrasis del Correcaminos y el Coyote pasados consecutivamente por el tamiz del thriller y del anime. Curiosamente este film los reúne de nuevo tras haber protagonizado la exitosa Two Cops en 1993 y dirigida por Kang Woo-suk, una apropiación del esquema acción/humor- compañeros obligados a entenderse de las buddy movies norteamericanas de los 80, Arma letal en particular.

   Aunque las estrechas callejuelas de la ciudad de Seul recuerden a los de la absorbente The Chaser de Na Hong-ji en 2008, aunque la cochambre, el frío nocturno y la lluvia un fenómeno recurrente en las estéticas del thriller sur-coreano, especialmente durante los clímax, evoquen una serie de elementos reconocibles para el aficionado al nuevo thriller surcoreano, aunque el retrato, no se sabe si tierno o implacable sobre la policía surcoreana, no tanto inepta como carente de recursos, inteligencia y capacidades de todo tipo (el patetismo de los interrogatorios, lo paupérrimo de las instalaciones, lo lamentable del aspecto de los agentes…) nos ponga sobre la pista futura de la espléndida Memories of murder de Bong Joon-ho en 2003, incluso aunque todas participen de una sensibilidad capaz de amalgamar la emoción y la acción primaria, el retrato al natural y el humor negro como signos recurrentes de un gran cine criminal,Nowhere to hide es otra cosa. Un experimento pretencioso, infectado de influencias que, en realidad, poco se parece a lo que el cine del país nos ofrecerá en materia noir desde los primeros 2000, es decir desde, más o menos, el Simpathy for Lady Vengeance del imprescindible Park Chan-wook en 2002 hasta anteayer con la arrolladora I Saw the Devil, apoteósica realización de un por lo común irregular pero esta vez inspiradísimo Kim Jee-woon. En la presente no aparece ni el nervio narrativo capaz de sostener sus historias-río, ni el asombroso dominio del espacio escénico, ni la pureza de planificación, ejecución y montaje que han llevado al actioner surcoreano ha sustituir al norteamericano en el corazoncito del aficionado una vez este desertase en los 90 de cualquier verosimilitud y de la mínima noción de puesta en escena.

   Asimismo, es cierto que resultaría injusto compararla con un género, con una corriente expresiva a través de un género más bien, que tanto está ya plenamente desarrollado como depende en nuestra percepción del hecho de que a occidente, y al mercado español en particular, nos llegue ya filtrado en una selección de sus mejores exponentes. No hay que olvidar que hablamos de una de las industrias más boyantes del planeta cine. Nowhere to hide se rodó en 1999, en un contexto industrial que comenzaba tanto a despegar como a codificarse. Está más cerca de una búsqueda de una personalidad a partir de la mimetización de otros estilos (Quentin Tarantino, la animación, el thriller japonés de los 90) como lo estaría trabajos del periodo como la muy exitosa Shiri de Kang Je-kiu, un aparatoso film de espionaje que mira descaradamente al Heat de Michael Mann entre otras cosas. En definitiva: para incondicionales y/o completistas que quieran saber como era el thriller surcoreano antes de ser popular, antes de ser plenamente reconocible.•

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