Como un corte profundo: “The Yellow Sea”, el neorrealismo bárbaro de Hong-jin Na

Publicada íntegra en Ultramundo: critica-de-yellow-sea-hong-jin-na-2011.html

*Me sucede una cosa paradójica con respecto a The Yellow Sea, la segunda de dos películas dirigidas por el más que prometedor Hong-jin Na, siendo al primera The Chaser. En principio tiene varios de los elementos que menos me gustan de la planificación-narración del thriller, y del cine por extensión, contemporáneo. Aspectos que además son extraños dentro de la formalización habitual del adictivo policial surcoreano. Es reiterativa -los flashes en blanco y negro con los cuales el protagonista se tortura pensando en su mujer metida a puta en Corea del Sur. Idénticos en resolución e intenciones a los de Eyes Wide Shut, por cierto- y da vueltas sobre si misma en más de un momento, fuerza lo azaroso, por más que este sea un ingrediente connatural al género, y, en especial está sobremontada. Citando al excelente, aunque no compartida, reseña de Tomás Fernández Valentí en su blog se trata de “(…) una puesta en escena pretendidamente minuciosa, pero en realidad machacona y sobrecargada hasta el ahogo, que no consigue otra cosa que, vuelvo a insistir, alargar en exceso el metraje, rozando lo gratuito: es el triunfo de la imagen por la imagen y del plano por el plano”.

Bien. Es cierto. La necesidad por contar en tres planos lo que se puede contar en uno resulta evidente. Es una imposición de la modernidad que puede percibirse incluso en la excelente Un Profeta de Jacques Audiard –una película que puede admitir una comparación con la presente, tanto por suponer un fresco neorrealista de la criminalidad del presente por cuanto rompe estilísticamente con la elegancia de los trabajos anteriores de sus realizadores-. Una de las consecuencias de esta abundancia de planos (¿la serie televisiva 24 como año cero del fenómeno?) es la ya aludida reiteración, con el extra de una puntuación por capítulos algo retórica. Otra la confusión de determinados secuencias –imposible entender la persecución en coche y como el héroe se libra de la brutal colisión múltiple- y una más la dilatación del metraje; el cual supera fácilmente las dos horas, aunque esto dentro del thriller surcoreano admita matices, ya que esa es la duración que el público local demanda de sus filmes-río. La mayoría de ellos, por otra parte, sostenidos sin problemas en metrajes tan desmesurados. Cuestión de tempos y tradiciones.

Pero admitido esto y admitido el hecho de que es algo que me irrita, apenas me ha pesado en The Yellow Sea. (…) continuar

(…)Todo dentro de un contexto, geográfico, histórico, vital, más verista imposible: el tráfico de personas entre China y Corea, con epicentro en la región autónoma de Yanbian, donde abundan los chino-coreanos. Una minoría extranjera a ambos lados de la frontera. Una entraña esta, la del conflicto racial, presente en algunos de los desesperados yakuza-eiga con los cuales el gran Kinji Fukasaku renovaría (rompería incluso) el subgénero al entrar la década de los 70. Películas como Graveyard of honor(1975) o Yakuza Graveyard (1976) con las cuales The Yellow Sea establece diferentes puntos de contacto a través tanto de la fatalidad de fondo, sin llegar al nihilismo del japonés, como de la espasmódica plasmación de una violencia sucia, resuelta a hachazo y torpes cuchilladas en batallas campales llenas de gritos, confusión y nervios. (…) continuar

(…) la mecánica del thriller convive con el melodrama más o menos desaforado –aquí una trama paralela sobre la búsqueda por parte del héroe de su esposa- e incluso, y esto parece un rasgo de la personalidad del cineasta, con un componente fortísimo de humor chocante, ora negro, ora satírico, que siendo menos frontal que en The Chaser continúa presente, en especial en el retrato farsesco de la policía. Otro elemento recurrente de una parte de thriller surcoreano, capital tanto en el film anterior de Hong-jin Na –allí un ex-policía metido a proxeneta investigaba la desaparición de sus chicas, víctimas de un asesino en serie, ante la incompetencia de las fuerzas del orden- como en esa obra maestra que es Memories of Murder (Joon-hu Bong, 2003).
En realidad, y pese a la ruptura formal que se advierte con respecto a una película de otra -elegante, sinuosa e incluso un punto manierista e su brillantez la primera; sucia, monocorde y de textura digital esta segunda-, no hay tantas diferencias de intenciones. Si de tácticas, claro. Ambas son el relato, irónico y hasta cruel, de un desesperado atrapado en los mecanismos despiadados de la Corea capitalista, y del mundo capitalista por extensión, actual.

El neorrealismo bárbaro de The Yellow Sea es más aparente, salta a la vista, pero en The Chaser está igual de presente. En los dos se exhibe, implacable, la miseria, la corrupción y el desamparo de los desheredados del sistema. Eso que el cine negro, o el cine criminal, retrata con la acre crudeza que le permite el distraer la vista y el entendimiento en la emoción de las pesquisas o el vértigo de la acción. Y si las dos ofrecen igual realismo, también ofrecen análoga estilización. En la presente en la forma de los grotesco, casi de tebeo, casi de esperpento trágico. Así cada una oculta a su contrario tras soluciones formales opuestas: The Chaser es realista en su estilización, The Yellow Sea es estilizada en su realismo. Un realismo de penetrante patetismo, tanto que da en el lirismo.* Leer completa

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