“They say love conquers all”: la América negra de los 50 en “The file on Thelma Jordon”

You can’t start it like a car

You can’t stop it with a gun

Originalmente publicada en Las tres noches de Brabara Stanwyck:

file-on-thelma-jordon-el-vacio-de-la.html

*En su ya clásico Diccionario del Cine Negro Javier Coma define a Robert Siodmak como “estilista consumado, imaginativo artista de la cámara, usufructuario de la fotografía desde la pictórica preferencia por lo fúnebre (…) edificó asimismo, film a film, un mundo personal que exhalaba profunda desconfianza hacia las interioridades psicológicas de los individuos y hacia los barnices morales de la sociedad. De ahí que emplease la ambigüedad como paso para desvelar con ferocidad las falsedades sociales y describir en definitiva un universo plagado de vilezas”.

The File of Thelma Jordon, su última aportación al noir en Estados Unidos, ya que en Alemania todavía reincidiría con títulos como la excelente El diablo ataca de noche (1957) o Acusación: homicidio (1959) responde desde parámetros enmascarados tras una superficie de melodrama a la medida el talento-personalidad de su actriz protagonista a esta visión ambigua y feroz de los Estados Unidos que Coma señala.  Dos características que solidifican en un final de pesimismo desolador, alérgico a lo acomodaticio. Feroz por cuanto no hay arreglo posible, ni hay engaño ni escapatorias hipócritas para tranquilizar al espectador. El protagonista, un magnífico Wendell Corey, pierde. Pierde de manera categórica y lo pierde todo.  Ambiguo porque supone al tiempo un castigo -ha sido infiel a su esposa, traicionado a su familia y amigos, corrompido su puesto como ayudante del fiscal- y una demostración de la imposibilidad de la libertad real en una sociedad asfixiante. (…) continuar

Pero la presente no es exactamente una “película de mujeres”, pese a la presencia de una actriz distintiva y a un envoltorio compartido por otras producciones. Siodmak bascula el peso dramático en un personaje masculino sin atributos: Cleve Marshall; débil, alcohólico, frustrado… incapaz de convertir a su esposa en una mujer, simbólicamente emasculado por la presencia, ésta si viril y triunfadora, del padre de su mujer; un verdadero hombre americano, millonario hecho a si mismo. A éste respecto resulta todo un acierto la elección de Corey, actor de físico blando, alcohólico él mismo (falleció de cirrosis y sus ojos lo delatan como una radiografía) y que de alguna manera representaba la mediocridad fracasada (vital y moral, que no material) de una masculinidad fifities que se trata aquí, como muy bien expresó también, por vías más psicóticas, en El asesino anda suelto (The Killer is Loose, Bud Boetticher, 1956). (…) continuar

(…)Martin Rubin en Thriller teoriza sobre como “el laberinto es en cierta manera el equivalente espacial de la emoción del suspense y, en contrapartida, el suspense es el equivalente emocional del laberinto; no avanzamos directamente hacia la salida, avanzamos sin llegar a ninguna parte; vamos hacia una meta, la resolución, la salida y, ala vez, nos alejamos de ella”. Siodmak fusiona aquí la penetración sicológica, el análisis sociológico, la mecánica del suspense y la atmósfera del noir en un laberinto que devuelve a su protagonista no al punto de partido, sino más atrás. Todo por culpa de esa debilidad de origen. De nuevo la frialdad de Siodmak(…) continuar

Todos estos componentes, que convierten a The File Of Thelma Jordon no en un film menor (si es que tal cosa existe), sino en un film “entrada” para una década, y todos los títulos mencionados, y más, forman parte de la filmografía autocrítica de los USA de la década de los 50, durante la cual, y no es un dato caprichoso, el país experimentó su primera colisión seria con la derrota y la vergüenza: la guerra de Corea, en todos los aspectos un proto-Vietnam. Los cambios sociopolíticos somatizaban en una cinematografía -o en la cultura general, del rock al expresionismo abstracto pasando por lo beat– mucho más analítica de lo que pueda parecer a simple vista, sobre el auge imparable de una sociedad consumista, de satisfacción inmediata, rica por tanto, encastrada en un molde conservador, de agobiante hipocresía moral. La libertad de las mil y un posibilidades metida en una casita de vallas blancas y césped cortado al ras. Algo demasiado grande en un sitio demasiado pequeño. Los 60 no salieron por generación espontánea.

Noel Carroll en su teoría sobre el suspense basado en el modelo pregunta-respuesta establece que el máximo de suspense se alcanza cuando el desenlace moralmente más deseable aparece como el menos probable. La América de los 50 bullía de suspense, y su cine también.* Leer completa

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