(2012) Agosto / 17

08/08/2012. El cuervo, Lew Landers, 1935, USA

Ejemplo del horror gótico-modernista de los años 30, de gustos delirantes y resultados camp que, esta vez y como otras, toma el imaginario de Poe como excusa para una historia de mad doctor a la medida del talento/presencia/limitaciones de Bela Lugosi, a sus anchas. Aquí el divo personaliza, con su inimitable estilo entre el envaramiento, el narcisismo hiperbólico  y la teatralidad más desaforada, a un famoso cirujano reclamado par salvar in extremis a una joven  y que vive obsesionado con la muerte y la tortura que ha reproducido distintos motivos “poenianos” en su sótano de los horrores. Divertida en cualquier caso, rodado con cierto gusto y aciertos atmosféricos, cuenta con el aliciente de la presencia del gran Karloff en un rol secundario como desgraciado criminal en busca de redención, que termina por verse convertido en un monstruo.

11/08/2012. ¡Piratas!, Peter Lord & Jeff Newitt, 2012, GB

Deliciosos cachivache de artesanía fabricación Aardman donde, esta vez, despliegan su fervor por la comicidad surreal, iconoclasta y finalmente tierna que se sirve del armazón de una historia aventurera prima hermana de los Monty Python pasados por un cartoon de la Warner donde los piratas más desastrosos de la historia conviven con Charles Darwin, un mono con pantalones o la archivillanesca Reina Victoria, embarcados en la posesión de una hembra de dodo que ejerce como loro de la tripulación. Con base literaria en perfecta sintonía con el británico universo Ardman el film se despliega a un ritmo endiablado de gags superpuestos que funcionan a múltiples niveles: del mamporro destrozón a la ironía o el recurso al anacronismo o el absurdo. Todo ello en plastilina, claro.

12/08/2012. Yokai hyaku monogatari (Cien historias de trasgos), Kimyoshi Yatsuda, 1968, Japón

Una de las más curiosas aportaciones al jidai geki fantástico de parte de la productora Daiei, en este caso una historia central, los desmanes que unos caciques ejercen en contra de una pequeña comunidad, sobre al cual se entrelazan diversos cuentos  que comentan alegóricamente la trama principal y en los cuales se iguala el terror, el humor y la maravilla. Todo parte de una ceremonia tradicional consistente en narrar cien historias a la luz de unas velas que van apagándose con cada uno de estos cuentos –labor para la cual se convocó al especialista Shozo Hayashika- y procediendo, al final, a realizar un exorcismo si no se quiere que los yokai se presenten; muestra de respeto a la cual los señores se niegan y que desencadenará el previsible castigo. El conjunto es un film que honra las tradiciones japonesas y despliega la muy particular plástica del cine del país durante los sesenta -en algunos aspectos, como  su abstracción pictórica, asimilable al del gótico italiano- que resulta tan naif como seductora,  a lo cual no es ajeno ni el tratamiento del espacio ni de la luz, ni mucho menos el demencial bestiario de trasgos.

13/08/2012. Man of Vendetta, Woo Min-ho, 2010, Corea del Sur

Melothriller surcoreano que ni destaca ni aburre, tibio por tanto,  con chisporroteos de ese electrizante sentido de la violencia y la tragedia privativo del género en el país desde comienzos de siglo, pero también peligrosamente estandarizado en demasiados aspectos. Esta vez un pastor evangélico ve como su vida se viene abajo tras el secuestro de su hija, pero tras ocho años de creerla muerta el captor reaparece para recomenzar el juego. Sin capacidad de síntesis tarda es despertar de una primera hora muy alargada pero ofrece secuencias de nervio, está rodada con al elegancia habitual y el clímax responde con fuerza, así como los giros dedicados a frustrar al espectador y al héroe. Los aspectos morales que pretende introducir son demasiado superficiales y los personajes clichés, amén de sustentarse un poco demasiado en la casualidad, elemento este, pro lo general, muy bien empleado por los coreanos. Más allá de su valor como película muestra un par de cosa de interés; por un lado la existencia de filmes de clase media, esto es los que componen el grueso de una industria activa y sana, por el otro el peligro de la pérdida de personalidad al acercar los modos propios, distintivos, a los ajenos, aculturizantes.

14/08/2012. Winter’s Bone, Debra Granik, 2010, USA

Para encontrar a su padre, vivo o muerto, y salvar del sistema las propiedades familiares que este puso como fianza una muchacha no dudará en enfrentarse a la cerrada comunidad a la cual pertenece, adentrándose en una madeja de sangre, lealtades y odios. Un hosco americana que se mueve al ritmo de country espectral de la gran banda sonora del ex –Tindersticks, Dickon Hinchliffe. Aunque la excusa sea noir el espíritu dominante es el western, mostrándose el film especialmente capaz cuanto más se acerca a la ética y el tono primordial  de este género. Así, aunque arrastra algunos de lo vicios del cine indie USA se resiste a sucumbir gracias a una sequedad terrosa, una parquedad melodramática y una ausencia de énfasis que remiten una y otra vez al pathos del western. Demuestra convencimiento aunque esté adormecida en algunos tramos y en conjunto es sólida, con gran uso del fuera de campo (visual y dramático), una impagable galería de tipos y dos excelentes interpretaciones de Jennifer Lawrence, ejemplo del valor del underplaying, y de ese soberano actor que es John Hawkes.

15/08/2012. Un tipo serio, Joel & Ethan Coen, 2009, USA

Anti-comedia patética, básicamente la odisea estúpida de un hombre vulgar que recibe una calamidad detrás de otra sin capacidad alguna de reacción, que supone el trabajo más excéntrico y singular de la carrera de los Coen, y seguramente el más arriesgado de todos ellos por cuanto se aleja de cualquier facilidad pese a recordar elementos recurrentes relacionados con el humor perplejo y grotesco de su obra, con la estupidez humana en el centro de todo. Inclasificable, irritante y admirable, por suicida, a partes iguales, de gran exactitud formal, asfixiante incluso, podría colocársela cerca de las  coordenadas de gente como el Mike Judge de la excelente El rey de la colina o del humor marciano de las tiras The far side de Gary Larson.

16/08/2012. Karaula,  Rajko Grlic, Croacia, 2006

En 1987, en plena desmembración postitista y a cuatro años del comienzo de la Guerra de los Balcanes, un grupo de soldados que cumplen servicio en un puesto entre la frontera entre Albania y Macedonia matan el tiempo entre estupideces hasta que su oficial agarra la sífilis y para que su mujer no se entere decide inventarse una amenaza albanesa que los retenga a todos el tiempo suficiente para curarse. Tragicomedia grotesca que funciona razonablemente durante sus tres primeros tercios de farsa (descacharrante el gran Bogdan Diklic como mando obsesionado con las flores) y derrapa en las intenciones alegóricas del último (y nefasto) acto. Si primero juega con los clichés, los protagonistas son un teniente bosnio, dos soldados, serbio y croata, y la esposa eslovena del oficial, luego se revuelca en la obviedad de la Yugoslavia violenta en derrumbe y fuga con todos los protagonistas/arquetipos enfrentados/traicionados. No le faltan destellos (el empleo de los informativos televisivos de la época a modo de fondo en los televisores)  pero resulta superficial en todo caso y la cantidad de registros superan de largo al capacidad de sus responsables quedando todo como un gran chiste que se quiere poner circunspecto, en lugar de comprender que llevar la broma hasta el final siempre resulta más trágico, más lúcido.

20/08/2012. Deváté srdce (El noveno corazón), Juraj Herz, 1978, Checoslovaquia

La hija de un duque está sometida al encantamiento del temible astrólogo Aldobrandini, intentando liberarla ya han desaparecido ocho jóvenes. El noveno será un estudiante, pícaro y descarado, que ha sido detenido durante sus andanzas junto a un grupo de actores ambulantes y al cual obligan a lanzarse a la misión. Al tiempo naif y tenebroso, teatral y exuberantemente cinematográfico, irónico -ese final venenoso- y nostálgico, un delicioso ejemplo del singular sentido de lo fantastique del cine centroeuropeo de la década de los 70 firmado por uno de sus mejores directores: Juraj Herz. De estética distintiva, escenografía desbordante de plasticidad –la alucinada mansión del taumaturgo, incluida una sala en la cual el tiempo puede manipularse a voluntad-, coqueteos surrealistas, romanticismo  e imaginación non-stop desde los mismísimos créditos a cargo de Jan Svankmajer, seduce obligando a profundizar en un cine que se está redescubriendo ahora mismo.

21/08/2012. The man from Hong Kong (El dragon vuela alto), Brian Trenchard-Smith, 1975, Australia-HK

Un desbarrante thriller marcial, imbuido en esa estética (y ética) setentera por completo adictiva -entre otras cosas por su pegajosa banda sonora- que abrió la espita del actioner australiano gracias al talento de bajo presupuesto del singular Trenchard-Smith. Hipervitaminado, repleto de violencia gratuita, interludios melifluos, humor zoquete y secuencias de riesgo a lo vivo sintetiza, pese a ser un coproducción de la Golden Harvest al servicio del divo Jimmy Wang Yu supeditada a la moda kungfuteca, los valores, primarios pero valores, de una manera de entender y ejecutar el cine de acción en Australia. Con una fotografía del gran Russell Boyd que le da un aspecto muy superior al que correspondería por presupuesto y una dirección vibrante y aguerrida de su reivindicable director desborda una concepción directa, física y macarra del género.  Además revela la madurez de una industria que, en muy pocos años, había crecido hasta ser capaz de generar un tejido dedicado al exploit, orgullosamente barato, desafiantemente  cafre.

22/08/2012. Nieve que quema, Karel Reisz, 1978, USA

Un penetrante y sentimental Vietnoir, en brillante síntesis de Jesús Palacios, según una novela, al parecer excelente, de Robert Stone. Karel Reisz, a redescubrir,  dirige con su estilo inaprensible y el resultado es un extraño thriller crítico, violento, lleno de humor  chocante y veneno –el tiroteo final tiene lugar en medio de los restos de una campamento hippie-, abierto incluso a ciertas sombras del western crepuscular.  En el, el vacio vital y el desencanto llevan a un periodista norteamericano a involucrarse en el tráfico de heroína sin medir que las consecuencias terminarán  por afectar a su mujer, Tuesday Weld toda fragilidad, y a un amigo suyo, veterano de guerra, que le hace de correo.  Una visión de la América de los estertores de Vietnam  llena de amargura y sordidez, con Nolte genial como caballero andante alucinado que no puede sacarse la guerra de encima.

23/08/2012. Here We Go Round the Mulberry Bush, Clive Donner, 1968, GB

Las tribulaciones romántico-sexuales de un jovenzuelo son la única excusa argumental necesaria para esta comedia sixties que documenta, entre recursos  pop –fugas mentales, montaje sincopado, pensamientos en voz alta, complicidad constante con el espectador co-generacional…-, el presente de la juventud de clase media de 1968 con mayor fidelidad y vigor que cualquier tratamiento naturalista que se le pudiese dar a la temática. Aquí está la calle y la moda, los temores de la masculinidad y los avances de la femineidad, el conflicto generacional, la diferencia de clases, el auge de la cultura juvenil… pero todo sometido a la comedia sexy, levemente satírica, decididamente anárquica. Esto es el Free Cinema a colores ácidos, superficial pero nada inocente, hedonista pero sincero. El escritor Hunter Davis pone la novela de base, Spencer Davis Group la música y el reparto la redondea, tan fresco que parece recién pescado, en especial muchachas irresistibles como Judy Geeson o la chispeante Angela Scoular.

24/08/2012. El Irlandés (The Guard), John Michael McDonagh, Irlanda, 2011

Pese a haber sido comparado de manera bastante superficial con el cine de Tarantino o incluso de Guy Ritchie (y derivados) lo cierto es que The Guard es un film idiosincráticamente irlandés, que continúa y amplía una cierta tradición en la cual encontraríamos títulos como la magistral El general de John Boorman, la entrañable El crimen desorganizado de Paddy Breathnach o incluso Escondidos en Brujas, escorada incluso hacia commedia dell’arte y dirigida por el dramaturgo Martin McDonagh, hermano del realizador de la presente, todas ellas con la presencia icónica del gran Brendan Gleeson, por cierto. Sin tener todavía la capacidad para fundamentar la existencia o no de un Irish-Noir si pueden, al menos, identificarse una serie de elementos comunes –estéticos, narrativos, tonales…-, repartidos en distintas gradaciones y  consistentes en la mezcolanza de géneros, con el predominio de un humor a la vez cruel y sentimental y un tono entre zafio y melancólico donde no se excluye ni la violencia, ni el patetismo.  Altamente estilizada en lo plástico -acogiendo chistes visuales sobre la saturación de montaje o una paleta de colores/sentido del encuadre, en especial en interiores, que bien podría remitir a un Aki Kaurismaki con más prisas- y con facilidad para extraviarse en el camino que va de la sátira del thriller de gangsters –los comportamientos descaradamente paródicos de los villanos y también de los héroes, la constante chanza cómplice de los clichés del género-  al el western crepuscular, pasando por las buddy movies, el hiperrealismo costumbrista o incluso el recuerdo posmoderno del espíritu contestatario de las comedias Ealing. Demasiado, sin duda.

25/08/2012. Brutal tales of chivalry (Shôwa zankyô-den), Kiyoshi Saeki, 1965, Japón

Con un showdown tan poderoso, violento y estilizado que casi la redime de todo el melodrama folletinesco que se acumula durante el metraje, Shôwa zankyô-den inició una saga de nueve entregas erigidas entorno al carisma de Ken Takakura, epítome del yakuza honorable, héroe trágico de letal estoicismo. Más allá de la fascinación que la elegancia, ora parsimoniosa, ora relampagueante, del divo produce queda un ninkyo eiga arquetípico, donde una ambientación de posguerra sirve como vehículo para la afirmación nacional: un clan yakuza tradicionalista, por lo tanto benéfico, se enfrenta a los excesos de otro occidentalizado, por supuesto maléfico. Esta dualidad se expresa desde la manera de vestirse y comportarse hasta el respeto febril por el giri de unos ante el desprecio de la honorabilidad (tanto como decir de la japonesidad) de los otros. Esquemática pero efectiva, es una pieza muy pura del cine popular nipón del momento, aunque carece de ritmo y es demasiado lacrimógena.

26/08/2012. Señales del futuro, Alex Proyas, 2009, USA

Desmesuradísimo en cuanto a metraje, no deja de ser otra serie B agradable engordada para caber en la talla A dejando por el camino gran parte de sus encantos, y curiosa para ver en paralelo (y en tangente) con la Melancolía de Lars von Trier, un film apocalíptico-religioso que va cambiando de género –paranoia, terror, catástrofes…- según avanza hasta abrazar un fin/principio de sci-fi bíblica sobre el molde rector de la gran mayoría del cine USA post-11S: el melodrama familiar. Rodada con gusto, estándar pero gusto, con un envoltorio a la altura del desembolso y una formidable banda sonora de Marco Belltrami –con sonoridades a lo Herrmann- no deja de tener interés pese a estar plagada de lugares comunes por cuanto responde a una serie de constantes del cine USA de su época y opta por una óptica legítima.

27/08/2012. El General, John Boorman, 1998, Irlanda/UK
Regreso del mejor John Boorman con esta historia de un popular delincuente irlandés que operó desde finales de los 70 hasta mediados de los 90, desafiando tanto a la policía como al I.R.A. hasta que estos lo mataron. El retrato de Cahill contempla un sinfín de contradicciones, bígamo, vividor, violento, infantil, maniático, ególatra e inconsciente… que Brendan Gleeson modela sin aparente esfuerzo, dando lugar a un personaje complejísimo, a la vez encantador y repulsivo, cínico y (a su manera) moral, cuya decisión de ser un criminal es una forma de vida, una rebelión unipersonal y un desafío institucional tanto con respecto al Estado y el Sistema como al para-Estado y el para-Sistema. El contrapeso lo ejerce el policía interpretado, de manera no menos excelente, por Jon Voight; una figura paterna que trata de meterle algo de sentido común en la mollera. Con un ritmo vivaz, donde cabe también la melancolía, se alternan la comedia y la acción, el drama y la picaresca dejando como poderoso fondo todo un comentario/reflexión sociopolítica de 20 años de Irlanda. En color una muy buena película, en blanco y negro una obra maestra.

29/08/2012. Nicky la aprendiza de bruja, Hayao Miyazaki, 1989, Japón

Uno de esos trabajos supuestamente menores de las grandes personalidades que, en realidad, contiene decantadas y simplificadas, todas sus constantes sin otra ambición que la desaparición de la ambición. Miyazaki elude la trama para desplegar un recuento impresionista de anécdotas, personajes y pequeñas aventuras cotidianas que en su proceso de maduración experimenta la joven Kiki (lo de Nicky es invento de la traducción) en su periplo de un año de formación como bruja; esto da una sensación de ligereza, de relajación, que permite exponer motivos y obsesiones sin subrayado, reincidiendo sobre aspectos autobiográficos, Tombo, el muchacho de gafas de concha obsesionado por volar es un buen trasunto de si mismo, mediante una puesta en escena invisible. Luminosa, vitalista, emocionante con limpieza, nostálgica sin resultar empalagosa  y de una pericia técnica tan asombrosa que parece fácil. A algunos los han tratado de fordianos por mucho menos.

31/08/2012. La carretera, John Hillcoat, 2009, USA

Seca y monocorde, viene a sumarse a la ficción post-apocalíptica USA que se lleva desarrollando desde el 11S. Con paralelismos con el The Walking Dead de Robert Kirkman, aunque en una versión más ascética, tampoco puede dejar de vérsela como la intelectualización de, por ejemplo, un Mad Max, sustituyendo el caos orgiástico por introspección metafísica. Dura desde luego, repetitiva también, sin novedades dentro de su temática, en realidad, más allá del justo prestigio de Cormac McCarthy, con una gran interpretación de Mortensen, remarcable trabajo técnico y aspectos de western que pueden conectar el film con la anterior, y mucho, película de Hillcoat: The Proposition.

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