Apártate del derrumbe: Malenkaya Vera, la materia negra de la perestroika.

 

Allá  por los muy últimos años 80 y hasta mediados de los 90, tras el derrumbe del sistema de la Europa del Este, comenzaron a llegar a los equipos de la liga de fútbol española multitud de jugadores polacos, rusos, búlgaros…  liberados de las rígidas políticas de retención impuestas a su clubes aparecieron pro aquí mitos del otro fútbol como los polacos del Osasuna, el gran Jan Urban caso aparte, o los extravagantes fichajes del entrañable C.D. Logroñes o del Betis entre otros equipos de la edad más demente del fútbol español. Del serbio Atila Kasac a los  polacos Gregorz Lewandowski, Jacek Ziober o  Ryszard Staniek pasando por el búlgaro Trifon Ivanov, el checo Roman Kukleta, el indispensable rumano del Real Oviedo Marius Lacatus o tantos otros. Lo que más me impresionaba de todos ellos era su aspecto; era como si procediesen de unas difusas coordenadas espacio-temporales ancladas en algún punto entre 1978 y 1982, viajeros desde el tiempo detenido de los totalitarismos.

Los estados totalitarios, cuanto más autárquicos mejor, son como cápsulas del tiempo, o mejor dicho, ralentizadores del futuro. Dentro de su atmósfera particular la tierra gira a la mitad de velocidad que en resto del territorio.  A simple vista, datar con más o menso exactitud una película española en blanco y negro realizada entre 1938 y 1955 resulta casi imposible; todo fueron unos largos primeros 40 en cámara lenta.

Ver esta furiosa Malenkaya Vera, que llegó a estrenarse en VHS en España y fue un considerable éxito internacional debido a su franqueza sexual, un elemento por completo radical y rupturista dentro del contexto URSS, produce el mismo efecto que ver los rostros, estilos y maneras de aquellos futbolistas. No recuerdo donde leía que hay caras, fisonomías, que se ponen de moda una temporada y luego desaparecen. Aquellos rostros venían del pasado, no de uno remoto como esos tipos de los que se dice que tienen cara de antiguo, sino de uno que emergía de los restos del naufragio tras quedar atrapado en el pasado. No es esa sensación elegante de lo retro,  más bien una mezlca de patetismo, sordidez y carisma atravesado.

Malenkaya Vera, La pequeña Vera, nombre de la protagonista, pero también “poca esperanza” está fechada en 1988, a aunque sea un film de una década anterior. No quiero decir que tardase diez años en estrenarse, sino que hay diez años de desfase impuesto por ese tiempo propio. Estética, espiritual y tonalmente es una película punk de los años 70, la versión tardosoviética de las crónicas cutre-juveniles del Paul Verhoeven holandés culminante en 1980 con Spetters, solo que Malenkaya Verna pertenece a los que se llamó la chernukha, la negrura, la mierda negra.

Según explica el estudioso Seth Graham en Chernukha and Russian Films entre 1989 y 1990, es decir un años después del descomunal taquillazo de esta película pionera y rupturista en forma y fondo, el chernukha se convirtió en la estética dominante en el arte ruso y su huella pesimista, brutal y feroz como modo de representación del Rusia post-Soviética se mantuvo en el tiempo hasta el presente como una “ola negra”, citando de nuevo este sensacional texto, dominante tanto en el cine independiente como en aquel orientado a la comercialidad. Uno puede especula incluso que un director tan esencial para comprender la Rusia presente como Aleksei Balabanov (sobre el cual recomiendo al excelente monografía que Jesús Palacios le dedicó editada por el FICXixón) bien pudiera ser el máximo representante actual del chernukha.

De igual manera, y continuando con este hilo especulativo, esta película de Vasili Pichul escrita por su esposa Mariya Khmelik y el movimiento en el cual se inserta serían réplicas homologables a otros movimientos reactivos anteriores, de raíces igualmente naturalistas, desde el neorrealismos, si nos queremos poner estupendos, o el free cinema, donde una estilización estética muy poderosa ejerce de superación de lo estrictamente documental. Pero más que con estos pilares, aunque si tenga relación de padrinazgo, el chernukha parece la versión soviética de cines más punk, de actitud abiertamente destructiva y/o desesperada donde conectaría con aspectos del cine brit post-free cinema –desde la pieza suedehead Bronco Bullfrog (Barney Platts-Mills, 1969)  a filmes como Deep End (Jerzy Skolimowski , 1970) o las barrabasadas de exploit contracultural de Pete Walker como Cool It Carol! (Pete Walker, 1972)- piezas del nuevo cine alemán del estilo del Supermakt de Roland Klick, el mencionado universo holandés sucio de Verhoeven, el realismo documental de Australian New Cinema… o en otro orden los trabajos en España primero de Eloy de la Iglesia -incluso, porque no, de cine quinqui de los últimos 70/primeros 80- y luego del primer Pedro Almodovar de la Movida, curiosamente paralelos a ciertos ejemplos de la Nueva Ola Yugoslava como la grotesca Dos estranguladores andan sueltos. La mayoría, todas en realidad, escenas cinematográficas íntimamente unidas a idénticas explosiones musicales. Como queda reflejado en este caso con una banda sonora a base de pernicioso sonido capitalista: el rock’n’roll. Epítome de la cultura del hedonismo, frisando el nihilismo en el caso del chernukha.

Malenkaya Vera es un melodrama social de paisajes industriales y suburbanos deprimentes que son reflejo externo de la degradación de una país y sus habitantes, sordidez a toda costa, pelas y gritos en pisos destartalados, parodia brutal de los arquetipos de “lo ruso”, angustia juvenil y terror al final de un tiempo. Diagnostico urgente de la glasnost y la perestroika con un tono tan furioso y desagradable –las humillaciones a las cuales el novio de Vera somete inmisericorde a los padres de la chica en largas escenas física y moralmente insoportables- que termina dando en una comicidad oscura, incómoda. La nausea y el grito convertidos en folletín grotesco, en el cual la violencia, el sexo y el rock son componente de una actitud vital furiosa, obcecada  y sin esperanzas de futuro.

 

Malenkaya Vera (La pequeña Vera)

Director: Vasili Pichul

URSS

1988

128 min.

Guión: Mariya Khmelik

Fotografía: Yefim Reznikov

Música: Vladimir Matetsky

Montaje: Yelena Zabolotskaya

Reparto: Natalya Negoda, Andrei Sokolov, Yuri Nazarov, Lyudmila Zajtseva, Aleksandr Negreba

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Pues siguiendo el hilo de la introducción, el futbol post-soviético siguió muy apegado a esa estética feroz durante bastante tiempo. Soy uno de esos críos que creció fascinado por la hoja doble de cromos de Panini de la Bulgaria del USA ’94. Eso sí que era infundir respeto desde el saludo inicial.

    1. Tipos patibularios del gran mundial del 94. Un hito generacional, sin duda.

      1. De vez en cuando se repiten por generación espontánea. Gente de aspecto poco recomendable pero con un magnetismo contracultural irresistible, como esos cuatreros del fútbol de trinchera que era la Grecia del 2004. Fútbol pre-metrosexual del de toda la vida.

      2. Una doblez en el tejido del fútbol moderno.

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