(2012) Octubre / 9

 

02/10/2012. The Artist, Michel Hazanavicius, 2011, Francia

Un artefacto de reconstrucción, a medias entre lo metalingüístico, lo decorativo y lo sincero que no está nada lejos de las intenciones –estéticas, tonales, cinéfilas…-  de las dos previas películas de la dupla Dujardin/Hazanavicius  sobre las estéticas de los 60 con la excusa del personaje de OSS 117. Esta vez la historia, más melodramática que cómica, se centra en el esplendor, caída y resurrección de un arrogante divo del silente cuando el sonoro irrumpe para re-crear el idioma del cine, y el resultado, a fuerza de querer ser repulido, encantador y brillante, termina por resultar algo repelente, por marisabidillo. No le faltan aciertos, la puesta en escena es elegante, la reconstrucción de época encomiable, los esfuerzos miméticos suelen funcionar –en especial cuando adoptan una tonalidad irónica-… pero es demasiado larga para lo que cuenta.

04/12/2012. El parador del camino, Jean Negulesco, 1948, USA

Melonoir dirigido por Negulesco con su habitual estilo suave como visón sobre la rivalidad finalizada en tragedia de dos viejos amigos, Richard Widmark y Cornel Wilde con sus tipologías de rigor, enamorados de una cantante buscavidas e irresistible que responde al físico y voz ásperos de la gran Ida Lupino. Extraña y cautivadora en su primer tercio, de mortecina atmosfera de hastío vital, y de conclusión más amarga de lo esperado (determinada por la particular expresividad de la actriz, más que por que el final se realmente así) resulta, en cambio, tópica y aburrida en su bloque central; lo cual la hace parecer alargada, transformando esa cualidad triste en indolencia.

07/10/2012. Genoveva, Henry Cornelius, 1953, GB

Comedia Ealing sin ser Ealing, lo cual da idea de éxito del la empresa, dirigida por un Henry Cornelius fuera de la compañía pero recurriendo a un tono,  a un maravilloso color y hasta al protagonista John Gregson, que la hermana con Los apuros de un pequeño tren, del mismo año y dirección de Charles Crichton. Amable, pintoresca y con encanto, es un recital de britanofilia centrado en la rivalidad de dos viejos amigos dirimida durante un Rally de exhibición de coches antiguos.

10/10/2012. The Final Programme, Robert Fuest, 1973, GB

Puesta en escena, que ni narrada ni filmada, por el extravagante Robert Fuest, una traslación psicodélica y (más) farsesca de la primera novela de Michael Moorcock de la saga sobre Jerry Cornelius, prácticamente ininteligible para todo aquel no familiarizado con el material de partida. Jon Finch resulta un Cornelius apropiado junto a la Señorita Brunner encarnada por la belleza rapaz de Jenny Runacre mientras lo que era estilizado y sexy sobre el papel, mediados de los 60, se convierte en glam y grotesco al colisionar de frente contra la década de los 70. Caótica y sincopada, despreocupadamente aleatoria y sin continuidad de ningún tipo se revalida hoy, precisamente, por sus carencias y excesos, su total desfachatez y su feísmo con estilo: el cine que define una época; calidades al margen.

11/10/2012. Le tueur, Denys de La Patellière, 1972, Francia

Polar rugosos y desolado al servicio del último Gabin, sabio, paternal e imperturbable, encarnado de nuevo a su arquetipo final del comisario de la vieja escuela enfrentado por igual a la modernidad del sistema y a la criminalidad cada vez más feroz, esta vez un asesino escurridizo a cargo del italiano Fabio Testi. Dirigido con estilo seco, y algunos feos dejes setenteros, por de La Patellière, uno de esos realizadores de la segunda fila del cine francés de género que bien se merecen una revisión, resulta una ejercicio minucioso en la parte procedimental y brioso en la acción, con ese tono pesimista indisociable del policial en el país.

13/10/2012. Payback (versión director), Brian Helgeland, 1999, USA

Neonoir no se sabe si paródico o solo idiota que adapta por segunda vez la novela de Richard Stark The Hunter, primera del ciclo Parker. En su descargo puede decirse que, al menos, está bien rodada, con una fotografía metálica interesante e intermitentes momentos de expeditiva sequedad, también que en ningún momento pretende ni remakear ni recordar siquiera la abstracta A quemarropa de Boorman, aunque si tenga un tono estilizada cercano al cómic. Ahí se acaba lo bueno. Gibson nunca da el personaje, ni se lo cree ni te lo crees, Greg Henry se dedica a montar su numerito y el guión acumula humoradas (o así) alejándose rápidamente de un tono que bien podría haber recordado al thriller directo y sin complicaciones de los 70 (un poco como The Outfit, la versión de otra novela de Stark/Parker dirigida por John Flynn para Robert Duvall) para revolcarse en una caricatura que alcanza momentos de ridículo sublimes. Si esta es la versión buena, cómo será la otra. En fin, quizás lo malvados productores no sean, después de todo, tan malvados. O a lo mejor es que la cosa era insalvable.

16/10/2012. Abrázame y sáciame de besos, Dino Risi, 1968, Italia

Parodia de las rocambolescas desventuras acumulativas de la literatura y el cine románticos cuya excusa es seguir los desamores de Marino y Marisa, después de que él la rechace por una supuesta falta anterior y ella huya a Roma presa de la vergüenza. Pese a estar escrita por Age y Scarpelli, dirigida por Dino Risi y protagonizada por el estupendo terceto Nino Manfredi, Ugo Tognazzi , con un vestuario y tocados capilares indescriptibles en ambos casos, y la preciosa Pamela Tiffin, no pasa de ser una comedia de escasa gracia y acabado más feo que feísta. Conserva , en cierto modo,  la entraña grotesca de gran parte de la comedia italiana de la época pero sin veneno, pareciendo entonces más soez y fácil que otra cosa.

29/10/2012. Tamara Drewe, Stephen Frears, 2010, GB

Incongruente adaptación del excelente cómic homónimo de Posy Simmonds, que a su vez era una perífrasis de Lejos del mundanal ruido de Thomas Hardy, desorientado entre convertirlo en una comedia, más o menos caústica, o respetar la amargura y progresiva oscuridad del mismo. El resultado es una pasta por solidificar, cuyo guión no se decide por tomar un punto de vista y seguirlo o adoptar un tono y llevarlo hasta el final, cambiando entremedias las reglas del juego para ver si, de alguna forma, logra homologar la variedad de recursos del original. Tampoco Frears atina especialmente con la formulación plástica, resultando todo demasiado brillante, demasiado falso, demasiado aséptico, al tiempo que llena la narración de atajos facilones y hasta groseros. Lástima por Frears, un tipo que vivió días mejores.

30/10/2012. Think fast, Mr. Moto, Norman Foster, 1937, USA

Primera entrega de la serie de la Fox sobre el detective (o así) japonés Mr. Moto según unas populares novelas de John P. Marquand, beneficiada por el talento y las cualidades intrínsecas de Peter Lorre quien entrega un Moto ambiguo, misterioso e irónico. Cine-pulp sin complicaciones ni aspiraciones más allá del entretenimiento inmediato, que conserva no poco encanto ingenuo y valores psicotónicos como ver a Lorre (o a su doble) practicar llaves de judo y repartir puñetazos a diestro y siniestro sin descomponer el gesto de indiferencia.

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