Los héroes solares: fin de temporada Marvel en Los Vengadores

 Publicada originalmente en NEVILLE: season-finale-los-vengadores

Los Vengadores, así, en mayúscula las dos, es una ración de felicidad, diversión sin culpa, cine de sonrisa y ojos brillantes. Una película-espectáculo directamente desde ese mundo perfecto donde los Mascots son un grupo que todo el mundo conoce. Una canción pop con orquestación de Lee Hazlewood y muro de sonido de Phil Spector. Una anomalía, vaya.

Porque el macrocine y el cine de acción-espectáculo primero es espectáculo y luego, si se puede, cine. O algo que se le asimile. Lo atrofiado suele ganar a lo fluido y el músculo hinchado a la elasticidad. Pero Los Vengadores es fluida y elástica a lo largo de sus casi dos horas y cuarto. Las películas de acción tienden al non-stop: una canción trepidante detrás de otra hasta dar la sensación de que hasta para entretenerse hay un límite. Y es que hay películas de acción que resultan demasiado entretenidas, donde todo es tan a lo bestia que las secuencias se anulan las unas a las otras, donde el cine “con” acción se transfigura progresivamente (¿Arma letal como año cero?) en cine “de” acción. Es decir, cómo la agitación y la destrucción, cómo el movimiento, devoraron el resto en un fenómeno equiparable al cine pornográfico, donde las escenas de transición o diálogo (cuando no las directamente narrativas) se convierten en peaje engorroso que enlaza las eyaculaciones/demoliciones. Poco más que un pequeño descanso entre lo espectacular que deje al público comentar los prodigios que acaba de presenciar.

Un estilo que tampoco no es ajeno a la videojueguización (valga el palabro) del cine de entretenimiento (fenómeno de eclosión ochentera) no sólo en su vertiente estético-narrativa –las secuencias-niveles, las explicaciones de la siguiente misión-, sino desde un prisma industrial y económico al llegar el mercado del videojuego, cada vez más sofisticado, a superar el del cine -de aquí también el desmesurado auge de los formatos domésticos y las versiones y reversiones-, provocando que las películas terminen pareciendo plataformas publicitarias desde las que vender el respectivo juego.

Todo esto ha derivado en una reconversión del cine-espectáculo en, por una parte, un loop de cataclismo hiperrealista en cataclismo hiperrealista y, por otra, en una carrera de una pantalla a otra, de un nivel a otro, que busca incorporar una noción de interactividad. Lo que supone que en no pocos aspectos el regreso del cine a su naturaleza original de fenómeno de feria, de mágico carrusel de prodigios con el asombro agotador como único objetivo. Pero como de asombro nos llenamos pronto, estas películas se agotan antes incluso de terminar su visionado. Son cine de mecha corta, autoconsumible.  Joss Whedon entiende esto de forma natural, convirtiendo Los Vengadores en la cinta  recopilatoria perfecta, llena de trallazos y medios tiempos, de melodías instantáneas y largos desarrollos.

Esquiva incluso el potencial ridículo del material porque, sencillamente, se lo cree. Y entonces tú te lo crees. Y eres feliz. Lo hace porque comprende el material, porque conoce a su público, él mismo lo es, y porque sabe que hay que dar no lo que se quiere, sino lo que se necesita. A veces hay que rebajar un poco para que el efecto de lo venidero se multiplique. Los Vengadores quizás empieza un poco remolona, con una secuencia de acción bastante genérica, una planificación más funcional que otra cosa y algunos dejes televisivos en la confección general. Whedon está tanteando, familiarizándose con los personajes, el ambiente y las exigencias de una gran producción.

Llegará a dominarlas todas, ¡y cómo! Es él quien consigue que Los Vengadores no se convierta en un “Iron Man y…”, o lo que es lo mismo en un “Robert Downey Jr. y…” y lo hace con algo tan sencillo como dirigir al divo a taveñes de algo tan complicado como  que este se deje dirigir. Así logra, a la vez, una espléndida interpretación y un memorable personaje que se aleja del odioso estilo de comicastro autosuficiente de la segunda, ideológicamente nausabunda,  entrega de su propia franquicia.

Con su participación en el guión se asegura un control mayor sobre lo que luego podrá poner en pantalla. Se asegura de acercar los personajes a sus propias inquietudes y tono, al tiempo que respeta las personalidades instauradas de antemano. Sin tanto espacio para desarrollar personajes como tuvo en la televisión o en su espléndida etapa como guionista para la serie Astonishing X-Men, consigue que la mayoría de los personajes estén mejor caracterizados, y de forma mucho más sucinta, que en las propias películas de cada cual, saliendo algunos actores muy favorecidos; caso del limitado Chris Evans, quien entrega, con una actuación muy lacónica, un Capitán América melancólico y digno. Cada cual tiene su momento y cada cual su propio sonido, cada cual recibe un tratamiento personalizado que no rompe con sus anteriores caracterizaciones sino que las refina, las simplifica quitándoles adornos. Funcionan bien individualmente, funcionan bien cuando interactúan con sus diferentes voces y melodías y suenan de miedo cuando se ponen a trabajar juntos. Son una orquesta de solistas, los Traveling Wilburys del superheroismo.

Los Vengadores se convierte, entonces, en la gran película de superhéroes; así sin subgéneros que sirvan de muleta y que han dado material tan formidable como el tríptico batmaniano de Christopher Nolan, cuya personal (y muy coherente con respecto al personaje) acercamiento ni anula ni desdice la luminosidad del de Whedon en particular y la Marvel en general. Y encima Whedon consigue formalizar la más rotunda aproximación al cómic superheroico sin recurrir a ningún estilismo del tebeo: esto es cómic contado con el lenguaje técnico y narrativo del cine. Aquí no hay viñetas reproducidas, ni pin-ups, ni deformaciones de la pantalla para viñetearla, ni siquiera la sangría rellenada de movimiento. Hay vida, vida cinematográfica, que acepta las reminiscencias de la viñeta y abraza sin complejos su sentido de la maravilla y la fantasía.

Si primero controla el guión, la caracterización y la trama –sencilla, sin alardes, pero fruto de una inteligente labor de síntesis entre el universo tradicional, la primera aventura de Los Vengadores contra Loki allá por el 63, el Ultimate, los chitauri, la personalidad de varios de los héroes, y el cinematográfico, hasta lograr una amalgama ideal de todos ellos en la cual ninguno pese más que los otros, desequilibrando la ligereza del conjunto-, pronto domina la puesta en escena, despegándose para bien de los estándares de cine de acción contemporáneo.

Limpia y elegante, sirve lo mismo para las escenas dialogadas, como para las de acción, que siguen una lógica progresiva y no acumulativa culminando en un hiperclimax fantabuloso que nunca agota porque la gradación general que preside la película al completo es aplicada a escala más reducida sobre estos 40 minutos finales, donde la interacción de los personajes funciona de maravilla y Whedon se permite alardes como un plano secuencia sofisticadísimo que los relaciona a todos en distintos puntos del campo de batalla, logrando así la sensación de que todo pasa a la vez.

A parte de sus virtudes cinematográficas y su efectividad para provocar la felicidad, Los Vengadores es la culminación de un nuevo paradigma en el cine no resulta especialmente distinto de otros tantos cambios históricos. Una herramienta nueva marca el ocaso de una cultura a favor de la emergencia de otra. Y así.

En nuestro presente fluido, los cambios de las pantallas determinan los cambios en el consumo, en la difusión/comercialización y en la serialización misma del material, acercándonos tanto a la multiplicidad de soportes/emisores/visores como a la galvanización de medios/lenguajes. El cine hibrida videojuegos, cómics y series de tv, y a su vez éstos se aparean en la búsqueda de una hiperlengua común. Por ejemplo, no seria muy difícil ir “re-capitulizando” los Batman de Nolan hasta convertirlos en los capítulos de diferentes temporadas de una saga televisiva; de igual modo que puede leerse esta trilogía, su funcionamiento interno, como una apropiación contemporánea del lenguaje y lógica del serial cinematográfico de los 30/40.

La contaminación/aplicación del lenguaje serializado de la televisión al cine merece un estudio pormenorizado que aquí solo se pretende plantear con una serie de interrogantes: ¿El formato determina la forma narrativa? ¿La forma narrativa híbrida lleva a un formato también híbrido? Entonces el género (o así) superheroico ha sido pionero en esta promiscuidad de medios/formatos hasta el punto en el cual asistimos a una suerte de fusión entre una hipertrofia de los seriales de los 30 y 40 y la lógica de la “temporadas” de la televisión actual.

Lógica, por otra parte aplicada en doble dirección entre los cómics (el decompressive storytelling que domina el comic-book desde los 2000 con nombre como Brian Michael Bendis o Ed Brubaker a al cabeza)y la propia TV. ¿Son las temporadas arcos o son los arcos temporadas a capítulo por número? Mientras, el cine y en parte la tele se apropian de recursos tebeísticos tanto plásticos como narrativos.

Aunque esto ya pasó en los 30 y en los 60 y 70. A su vez el estilo de los tebeos es cada vez más cinemático desde la explosión renovadora de el Authority y Los Ultimates escritos por Warren Ellis y Mark Millar y dibujados por Bryan Hitch con sus viñetas en scope. El lenguaje del cómic cada vez intenta acercarse más al lenguaje del cine… pero Steranko ya hacia películas en viñetas en los 60 con aquel increíble Nick Furia.

El público del cómic-book de superhéroes demanda verosimilitud y entonces se asiste a una militarización del superhéroe –algo que, por cierto, Whedon parece comentar críticamente en Los Vengadores– que amenaza con destruir su estatus maravilloso, en lo moral y en lo gráfico. La imaginación está amenazada en el tebeo de superhéroes, ya lo han advertido Grant Morrison y Alan Moore.

Y medio de todo esto llegan Los Vengadores, ofreciendo maravilla a raudales, fantaciencia imposible, luz y color, espíritu naif y épica grandiosa. Dando tebeo, comic-book superheroico puro con todos su tópicos expuestos con ingenuidad y gracia, con humor pero sin ironía distante. Eso mismo que que los propios tebeos cada vez dan menos.

También da otras respuestas: si Batman se puede serializar entonces Los Vengadores es la Season Finale de la primera temporada de la serie que es Universo Marvel. La mecánica de las series televisivas aplicada en tiempo real al medio cinematográfico. Al final de cada capítulo/película se introduce el avance del siguiente. Al principio: un resumen. Y Los Vengadores resume durante su primera hora los capítulos anteriores. Y termina con el próximo villano asomándose. Pero eso no lo verás en Los Vengadores 2, sino en Guardianes de la Galaxia, el capítulo 1 de la segunda temporada de Universo Marvel.

 

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