Creepy Little Girl: Spider Baby. Reescribiendo el Gótico Americano desde mediados de los 60 con Jack Hill

Publicado en Cinearchivo dentro de la sección Films de Culto del Siglo XX:

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      1. Nuevas cronologías

El cine es tan ancho, tan largo y tan profundo que no hay manera de terminárselo. Como ocurre con los estudios de la prehistoria cada nuevo descubrimiento obliga  a una recalibración completa, a reordenar las fechas, a desmontar la imagen general que te habías fabricado para sentirte cómodo y cartografiar de nuevo. Quizás por eso me gusten tan poco las listas y las clasificaciones. Tiene un algo arrogante que intenta enmascarar que, básicamente, somos unos perfectos ignorantes.spider_baby_poster_01

Por ejemplo, le echo ahora un vistazo al American Gothic. El cine de terror USA 1968-1980 y encuentro que no hay ni una sola mención a Spider Baby.  El libro fue publicado en 2007. Cinco años después, de alguna manera, encuentro que está desactualizado. Yo mismo he escrito algunos artículos sobre eses periodo tan brillante del cine norteamericano fantástico centrados en lo gótico que por fuerza deben de ser revisados en algunas de sus conclusiones.

Spider Baby es una rareza en tiempos de rarezas y su singularidad es tal que la hace destacar. Es al unísono una película conectada a su propio tiempo y proyectada hacia el pasado y el futuro, de tremenda modernidad al tiempo que provista de un curioso gusto por el homenaje retro. Un trabajo con carácter suficiente como para ser algo más que una oscura referencia estética para grupos de rock’n’roll de sonido pantanosos y fervor por el espíritu torcido y juguetón de lo b tipo The Cramps.

spider-babySupone, además, una oportunidad para recalibrar también la carera de su director, el singular Jack Hill. Uno de los nombres clave del cine exploitation USA de los 70 con aportaciones básicas al W.I.P. (Women in Prison) como las calenturientas e indescriptibles The Big Dol House y The Bird Cage, clásicos del canon blackploitation como Coffy y Foxy Brown –las cuatro a mayor gloria de la gran Pam Grier- o macarradas del tipo The Switchblade Sisters. Pero también uno de esos profesionales para todos, expertos en la fontanería del subproducto capaces de remontar títulos extranjeros comprados al peso, filmar escenas sueltas, añadidos  mil y un parches mientras sobrevivían en la parte menos romántica de la serie b y el cine independiente, ese donde el bajo presupuesto no significa opción de estilo, sino simplemente hambre.

Pero Spider Baby sirve, como también lo hace su siguiente película en solitario, el actioner motorizado Pit Stop, para mostrar que pudo haber otro Jack Hill, uno cercano espiritual y estilísticamente a Sam Fuller, como dice el estudioso del paracinema Chris D. en uno de los documentales que componen la magnífica edición en DVD por parte de Versus. Y es cierto, aunque sea un Fuller del pobre. Jack Hill merece un recuerdo y un estudio aunque solo sea por su valor de resistente, por su honestidad a la hora de abrazar la cara fea del cine.

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  1. Fuera y dentro del tiempo

 

Lo primero que llaman la atención es una especie de sensación de falta de correspondencia entre la fecha que se adjudica, 1968, y lo que las imágenes nos dice. Todo lo que vemos parece fuera de ese tiempo aportando desde fuera del material fílmico una serie de aspectos siniestros, tumblr_lstetazSJc1qd3ucoo1_500descolocantes.

En realidad la respuesta es muy sencilla: la película se rodó en 1964. Cuando finalmente se malestrenó en 1968 el tiempo ya era otro y su naturaleza en origen conectada a su tiempo se había vuelto alienígena, dejando a un trabajo precursor perdido en la eclosión del Gótico Americano de los últimos 60 y primeros 70.

En origen la película había sido financiada por los ignotos Paul Monka
Gil Lasky, un par de empresarios trapaceros que el actor  Karl Schanzer cuando trabajaba para una oficina de detectives privados en California. A través de ellos consiguió una precaria financiación para un proyecto de su amigo Jack Hill, al cual conocía por haber formado parte de la escudería de ayudantes-para-todo de Roger Corman. Así se puso en marcha un proyecto de comedia de horror (¿horrohumor? ¿horromedia?) independiente por entonces titulada Cannibal Orgy, or the Maddest Story Ever Told, un título kilométrico e MBDSPBA EC004irónico muy sixties. Conseguido Lon Chaney Jr. para encabezar el cartel y con buenos profesionales técnicos y artísticos para respaldar a Hill -el estupendo fotógrafo Albert Taylor y el gran músico cormaniano Ronald Stein- la película se filmó rápido y sin contratiempos más allá de los propios de un presupuesto mísero.

Lo malo fue el estreno. Un pase con público negativo hizo que a los productores les entrase el miedo y decidiesen por su cuenta cortar toda la primera mitad de la película. Cuando Jack Hill consiguió recuperar el material resultó que Monka y Lasky estaban arruinados y la película bloqueada. Cuatro años después, cuando se reestrenó brevemente,  George A. Romero había cambiado el sentido del juego con La noche de los muertos vivientes y Spider Baby estaba fuera de su tiempo.

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En cambio en 1964 estaba absolutamente conectada al presente, proponiendo un cuento de humor macabro que correspondía al gran éxito televisivo de los seriales sobre La familia Addams, adaptando la tira cómica creada por Charles Addams para la revista New Yorker en 1938, y Los Monster, una entrañable parodia amable de la vida suburbial USA. Ambas fueron estrenadas en el mismo año de 1964, respondiendo seguramente a un algo particular que flotaba en el ambiente y que se basaba, precisamente, en el gusto norteamericano por esa mezcla de terrorífico y caricaturesco, repulsión y atrayente que podríamos condensar en la palabra “creepy”. Creepy, no en vano, daba nombre a la publicación antológica de historias cortas de terror lanzada por Warren también en 1964 con la intención de recuperar el viejo espíritu de los cómics de la EC, basados en historias cortas de miedo con giro irónico que fueron barridas del mercado con la aparición de Comics Code en 1954.tumblr_m2njyk6Ltp1qzlsdpo1_500

De hecho la pura imagen de la magnética Jill Banner como chica-araña es la definición de “creepy”. Esta actriz debutante, de inquietante parecido con la gran Pamela Franklin sintetiza en su sensualidad, equívoca inocencia y estilizado aire de cartoon tan bien como lo hace la fanfarria estilo Halloween que sobre unos títulos de crédito animados canta el propio Lon Chaney Jr.

Al mismo tiempo Spider Baby participa de esa corriente ya apuntada con los Munster, y también con los Addams, de sátira de las esperanzas y el mundo burgués de la clase media USA a través de una mirrada horrohumoríistica que habla de que el sueño burgués USA es deseable hasta para los más inadaptados y que ellos se esfuerzan por lograrlo; aunque en el camino lo que ofrezcan sea una versión distorsionada del mismo. La película de Jack Hill propone una familia disfuncional que bien a ser el reverso cutre, caníbal y demente de clásicos televisivos como Los Picapiedra o Los supersónicos, ambas productos típicos de mediados de los 60.spider-baby

Junto a esta base común, interconectada de maneras extrañas, Spider Bay resulta ser la continuación natural de obras un poco anteriores de Roger Corman como la estupenda comedia antibeatnik Un cubo de sangre o el clásico low cost La pequeña tienda de los horrores. Dos clásicos de la comedia de horror pero diferenciados con respecto a la obra de Hill en que en estas el humor es el elemento predominante junto a la ternura que Corman siente por sus freaks, variaciones de Jerry Lewis interpretadas por Jonathan Haze o el carismático Dick Miller.  Así sus aspectos sanguinolentos quedan suavizados por la predominancia de un tono cartoon, tan endiablado que desactivan la posibilidad de lo espelúznate.

Pero todo esto es en 1964. Cuatro años después todo ha cambiado. El mundo de la cultura pop al cual Spider Baby pertenecía no existe. Corman está rodando entonces violentas películas de gangsters o moteros, Los Picapiedra y los Supersónicos ya no se emiten, tampoco Los Monster ni La familia Addams. Aquel espíritu naif de mediados de los 60 que convertía hasta el horror y la sátira sociofamiliar en una celebración lúdica se ha disuelto en algo mucho más negro, mucho más terrible.

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  1. Simpatía por los monstruos

 

Tampoco se trata de que a Spider baby le falte ternura o sentido celñebrativo. Al contrario. Toda la película se constituye alrededor de una defensa de la rareza y la singularidad y se sostiene sobre los hombros totémicos de Lon Chaney Jr. Hijo del mito silente Lon Chaney, estrella menor de las películas independientes de horror y sci-fi durante décadas y en el imaginario popular el trágico Hombre Lobo de la Universal, un personaje al cual se cita en un aparte metalingüistico que no sorprende dentro del tono general autoconsciente de Spider Baby.spiderbabylc4

Chaney es el gigante amable, con su rostro cansado y su voz profunda. Una figura paternal comprensiva que solo quiere proteger a los niños salvajes a su cargo de la agresión del mundo exterior a ese caserón aislado en el espacio-tiempo al cual pertenecen.

Hill saca un excelente partido de la localización, contrastando ele aspecto retro de sus habitantes –ropa, coche, modales…- que parece sacado de alguna tira cómica de los 30 con el look y comportamiento contemporáneo de los visitantes en una hábil réplica de continuo equilibrio de contrarios que domina toda la película

Al contrario que en los referentes mencionados antes en Spider Baby existe un contrapeso perfecto entre elementos. En ella lo horrido y lo cómico interactúan, se retroalimenta, creando una tira cómica al tiempo siniestra y despendolada, perturbadoramente erótica y tenebrosa a conciencia. Imágenes como la de Virgina arrastrándose entre una prado cubierto de setas para cazar bichos bajo una piedra son genuinamente espeluznantes y de igual manera las prestaciones sexy de Carol Ohmart hacen referencia descarada tumblr_mfnt1otM7Y1s0wipko1_500a los motivos pin-up de los magazines para adultos – e introducen una nueva dualidad entre el rígido aspecto con el cual se presenta al personaje y la voluptuosidad en encaje negro que luego revelará- y las propias Jill Benner  y Beverly Washburn despliegan un perturbador erotismo inconsciente.

Toda la película se sostiene sobre los contrastes de humor-horror e inocencia-perversidad. Sobre el efecto siniestro, freudianamente hablando, que produce la dislocación de elementos. El extravagante Sid Haig, actor fetiche de Hill, vestido con un trajecillo a lo Freddie Bartholomew es puro efecto siniestro, como lo son las dos actrices protagonistas, claro.

480_spider-babyMemorables secuencias como la seducción lolitesca de Virginia al atontolinado héroe de la función o la divertida cena, llena de guiños, dobles sentidos y humor mordaz conviven con un prólogo que ataca por sorpresa con una descarga de violencia inesperada y con la estilización expresionista, o directamente gótica, de la fotografía de Taylor; el cual saca excelente partido a los interiores y exteriores de una mansión señorial decrépita en los cuales los personajes se mueven al ritmo, ahora burlesco, ahora melodramático de la excelente banda sonora de Stein, que en momentos como la ya aludida secuencia de créditos anticipa incluso ciertos sonidos de Danny Elfman para el cine de Tim Burton. Un cine, o una poética en general, que de manera clara participa de las mismas fuentes de Spider Baby (y por qué no de la misma Spider Baby), aunque en una versión más romántica y naif.

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Y si Burton es la herencia humorística de, entonces Rob Zombie bien puede ser su gemelo malvado: el horror. Con Sid Haigh como ancla no cuesta ver La casa de los 1000 cadáveres como legítima revisitación del universo gótico, de barraca de feria, de Spider Baby. Burla y crueldad, familias abisales y comentarios satíricos del presente a través de la ficción barata, cinéfila y pop.

Antes decía que esta película era convergente y que se disparaba hacia el futuro –Burton Zombie e incluso La matanza de Texas de Tobe Hopper- al tiempo que remitía al pasado. Su voluntad pop está muy presente en esas conexiones con creadores como Corman y con las series de TV y cómics que conformaban la rica cultura popular USA de los 60. Pero como el trabajo de Rob Zombie esta es una obra tremendamente cinéfila y para encontrar su origen primero hay que remontarse a las comedias de horror de los años 30 como El caserón de las sombras de James Whale o las futuras mixturas de humor chorra y terror barato de las producciones menos que b de la década de los 40 desde las cuales recupera al cómico iua06qc54tjlila41negro Mantan Moreland para que replique su perenne estereotipo y sus gags físicos. Un detalle que debido a la fuerte codificación del actor como autoparodia racial supone un componente iconoclasta y arriesgado nada inocente en mitad de la década de los 60.

Jack Hill explica en el documental que acompaña la película que la presencia de Moreland marcaba el tono de la película. Su personaje estereotípico era el de un negro asustadizo, de ojos saltones y constante perplejidad que a la mínima huía de cualquier peligro o responsabilidad. Usar entonces a Moreland en el prólogo y que Virginia lo cazase en su juego de la araña asesinándolo suponía una ruptura con las expectativas inducidas en el espectador. La puerta a que cualquier cosa pudiese ocurrir queda abierta. Spider Baby se desplegaba como un festival de extravagancias, un tren de la bruja del que, a lo mejor, no conseguirías salir. El irónico epílogo, de nuevo referente a las historias con giro de la EC, dejaba claro que, efectivamente, no habías salido.

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