Batallas sin honor ni humanidad: The Yakuza Papers (1-5)

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Las Batallas sin honor ni humanidad o la pentalogía de los Yakuza Papers,  condensada en dos frenéticos años de producción, supone  uno de los puntos álgidos de la carera de ese angry young man japonés que fue Kinji Fukasaku y al tiempo el engarce entre las películas todavía intuitivas en la vía de la destrucción tanto del ninkyo-eiga, las películas de delincuentes honorables de la década de los 60 que por ejemplo convirtieron a Ken Takakura en icono, como de los títulos glorificadores erigidos entorno a personalidades como el ex-criminal Noboru Ando, y sus trabajos de la segunda mitad de los 70, ya de abierto nihilismo. Todas ellas empeñadas en demostrar lo difícil que es matar y la fácil que es morir, abrazadas a una estética de la fealdad por completo absorbente y aun pesimismo -vital, ideológico, sentimental- que atrapaba sin piedad el zeitgeist de una época de modo análogo a como otros cineastas lo hacían en USA o en Italia dentro del mismo marco del cine criminal.battles

Con la presencia fetiche de Bunta Sugawara, símbolo del yakuza de los 70 , contrapuesto desde el mismo el físico al Ken Takakura de la década anterio y sintetizando todo un discurso moral y estético en su título, Batallas sin honor ni humanidad,  Fukasaku emprendió el camino del Gendai Yakuza –el Yakuza moderno- para desembocar en el pathos desesperado de la Jitsuroku Fiction –las películas basadas en la crónica negra. Una evolución que ya he tratado aquí con los ejemplos de Street Mobster (1972), que inició la saga que resulta el más claro precedente de los Yakuza Papers, le díptico termina Yakuza Graveyard y Graveyard of Honor e incluso esa entrega descolgada, recapitulativa pero todavía furiosa que es Hokuriku Proxy War.

Definidos ya en esos otros textos el modo en el cual se fraguó el cambio en la representación del yakuza y su ética (o ausencia de la misma) The Yakuza Papers ofrece la posibilidad de comprobar el modo en el cual Fukasaku atenta contra un paradigma distinto, pero igual de instaurado, como es el comercial y narrativo. En esta pentalogía (que a su vez conocería una ampliación en otro tres títulos epigonales entre el 74 y el 76 bajo la cabecera The New Battles without Honor or Humanity) Fukasaku altera el concepto de secuela para plantear más bien una historia-río que comparte (y anticipa) diversos estilemas del lenguaje propio de las series televisivas, de una lógica de temporadas que por aquel entonces no existía ni como concepto. Así cada entrega de las sagas Yakuza Papers funciona con una autonomía limitada y a la vez como parte de un todo –algo retomado por George Lucas para Star Wars a partir de su segunda entrega-, de un marco dramático mayor que cobra su verdadero sentido al ser contemplado en su conjunto de fresco viviente de una época a través de su crimen.tumblr_lq3422wPlh1qbewgeo1_500

El protagonismo corresponde en un principio al personaje encarnado por Sugawara, Shozo Hirono, él último yakuza honorable, un tipo que se rige por un código que ya no existía ni cuando él lo abraza durante la posguerra, quien ve como a su alrededor medra y triunfa un mundo en descomposición. Hirono es un hombre fuera del tiempo, un anacronismo, un antihéroe crepuscular enfrentado a la modernidad empresarial de la yakuza que se nutre del resurgimiento económico del Japón tras la miseria, el control norteamericano y el racionamiento. Fukasaku pormenoriza esta evolución de la yakuza desde su renacimiento en el mercado negro hasta su conversión en holdings empresariales que orillan a individuos como Shozo Hirono, representantes ingobernables de un pasado remoto, reliquias de los caballeros honorables –lo cual su pone tanto un ácido comentario social como una mirada metatextual al género-. Pero en realidad este protagonismo no es tal y ya en la segunda entrega aparece desplazada a un rol secundario que permite ampliar tanto el discurso como las medidas del fresco. Así, de acuerdo a esta lógica, los numerosísimos personajes que se mantendrán o irán apareciendo a lo largo de las entregas (temporadas) variarán su protagonismo llegando a dar la sensación de una narración homogénea y simultánea.

battles-03Merece la pena recuperar desde este punto de vista estructural y narratológico hoy día una serie como The Yakuza Papers que desde la intuición y la necesidad avanza un tipo de narración que hoy está colonizando las pantallas y como entonces no lo hace desde los márgenes del cine experimental sino desde los del cine de masas, de consumo global, los blockbusters y desde el lenguaje televisivo de las producciones por cable, este si completamente de vanguardia y libre debido a las peculiares condiciones de producción.

Las sagas Marvel que desembocan en Los Vengadores como gran final de temporada, el tríptico sobre Batman de Christopher Nolan que impone una narrativa que obvia por completo los tres actos y desbarata el concepto de secuela, algo extensivo a la reciente Superman, ya planteada en esos términos desde su entrega inicial, parte de un todo y de autonomía reducida. Lo que unido a los trabajos con la textura/lenguaje digital y la narración simultánea de cosas como El Atlas de las nubes o los films-collage del estilo Looper y a un par de cineastas capaces de leer el presente con tanta claridad como Nolan o Tarantino (incluso Snyder o Michael Bay y su vaciado de la destrucción) da como resultado, por encima de calidades, que las formas sintácticas y narrativas renovadoras/arriesgadas (transmedia, por ejemplo) y las experiencias con los límites del medio provienen o bien  de franquicias o bien de cineastas abiertamente comerciales… una paradoja. Pero esto para otro momento.

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Peces Luchadores: Batallas sin honor ni humanidad (AKA The Yakuza Papers) (1973)

Centrada en el resurgir y la consolidación del crimen organizado en el caótico Japón postbélico esta es la primera entrega imprime la impronta estético/narrativa de toda la serie, reciclando el arsenal de recursos inventado por Fukasaku para sus anteriores experimentos con el yakuza eiga –sobreimpresiones, voz en off distanciada a modo de crónica, congelados, cámara en mano, material de archivo e incluso fotonovela- nacidos de la síntesis previa de referentes que abarcan de la Nouvelle Vague al Roger Corman de La Matanza del día de San Valentín pasando por el lenguaje del  manga.wp-cscdh3

El resultado es un frenesí visual y narrativo definitivamente arrollador que  confiere a toda la película un tono distintivo y un look tan sofisticado como destartalado. Alejada de cualquier tipo de visión romántica o glamourosa sobre la yakuza ofrece un retrato sórdido y miserabilista -atención al corte de dedo bien alejado de la señorial Yakuza de Pollack, una interpretación mítica de la ética/estética del outlaw oriental y sus códigos de honor-  de trempante realismo desmitificador que no por ello, o precisamente a consecuencia de esa mirada irreverente, resulta menos colorista o pasada de rosca que el grueso del cine popular japonés coetáneo.  Una visión negra y farsesca, tremendamente sangrienta, tumultuosa y por momentos también  confusa debido a su desaforado fervor por el exceso.

Bunta Sugawara recicla sus papeles anteriores para Fukasaku para personalizar a Shozo Hirono, un exsoldado metido a matón del mercado negro y posterior miembro de la yakuza reformada que emergerá de aquel contexto de caos, violencia, depresión y oportunidades para los que no tenían escrúpulos. La cruda descripción del submundo del mercado negro ya sirve por si sola para desmontar la leyenda de los caballeros honorables, los ladrones de honor del viejo, desactualizado de inmediato, Ninkyo Eiga.

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Dragones tatuados: The Yakuza Papers, Vol. 2: Deadly Fight in Hiroshima (1973)

Segunda entrega que retoma alguno de los personajes de la inaugural, como el melancólico outsider Hirono, el único hombre recto de Hiroshima que tan bien interpreta Bunta Sugawara, pero en roles secundarios con el fin de plantear no una secuela, sino una ampliación del universo descrito en el primer capítulo.

Superficialmente cuenta el arquetípico auge y caída de un joven criminal, interpretado por  un Sonny Chiba completamente pasado de vueltas e  incendiando la pantalla como ultraviolento matón de sempiternas gafas de sol., pero en realidad vuelve a ser un abigarrado fresco coral del crimen organizado japonés, ambientado en esta ocasión en los años 50 con la yakuza ya establecida y las guerras de clanes en ebullición. Supera a la primera al beneficiarse de un guión más concentrado y a una menor confusión narrativa pero en ningún caso pierde ni empuje ni locura. Sigue por tanto el estilo nervioso (gran uso de la cámara en mano y el desencuadre en los momentos más rabiosos) y los recursos reporteriles (sobreimpresiones, congelados, fotos, etc…) pero además se introduce una estética más sobria y elegante en base de un gran trabajo en la Fukasaku - Hiroshimacerrada puesta en escena, puro horror vacui tanto en interiores como en exteriores.

El resultado es de un mayor equilibrio por comparación a la velocidad única de su predecesora. Violentísima (salvaje el asalto a la casa y brutal final), sádica y de una energía portentosa, (híper)realista y desprovista de cualquier ramalazo idealizado en su decidida plasmación de la evolución de la Yakuza en el Japón de posguerra, ambientándose esta en pleno periodo de guerras de bandas, antes de la instauración definitiva de los territorios y de, sobre todo, la corporativización del crimen organizado.

La mayor novedad radica en la mayor importancia en los personajes femeninos incrustados en un contexto asfixiantemente viril, algo que Fukasaku tratará en otras películas del periodo, lo que supone la incorporación de la mágica Meiko Kaji.

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¡Trágala, perro!: The Yakuza Papers, Vol. 3: Proxy War (1973)

Tercera entrega de este fresco monumental sobre la historia del Japón desde la post-guerra a través de su crimen organizado donde no solo muestra con crudeza y desenvoltura la manera en que la delincuencia está somatizada y enraizada en la sociedad. En esta ocasión Fukasaku modera su estilo desquiciado y efervescente, principalmente porque abandona en gran medida la calle para fijarse en las complejas relaciones internas de los clanes y familias: una intrincada red de lealtades interesadas y hermandades de sangre que no parecen valer gran cosa. El asunto principal es la elección a la dirección de las familias de Hiroshima entre dos veteranos jefes y sus constantes alianzas y traiciones con otras más bscap0007lg0poderosas, buscando siempre el beneficio inmediato, haciendo y deshaciendo enemistades como si tal cosa.  En medio de todo Shinzo Hirono recupera protagonismo (de nuevo Bunta Sugawara, menos taciturno, más embravecido), en virtud  de su simbólico aspecto de anacronismo viviente, el único rufián que sigue rigiéndose por unos códigos que no son más que fachada folklórica y palabrería, rito sin significado. El objetivo de Fukasaku es, una vez más, contrastar su ingenuidad monolítica y sus valores contra el plano de lo real, contra la documentación minuciosa de la verdadera cara de la yakuza.

Pese a la contención general (aunque nunca se pierda ese aire característico de inestabilidad, de que en cualquier momento algo va a pasar), no faltan los estallidos ultraviolentos, las palizas a lo vivo, los tiroteos espásticos a quemarropa, las amputaciones y la cámara en mano agresiva…  pero el film se resiente tanto de una trama farragosa que marea por su cantidad de personajes y nombres (aunque siguen los carteles explicativos sobre congelados y la voz en off reporteril que pone al día de la historia en breves secuencias de fotomontaje) como del carácter serial de The YoCBKYakuza Papers. Así el tercer capítulo resulta frustrante por cuanto carece de esa mínima autonomía y parece finalizar en el punto de ebullición, pero por ello mismo aparece como uno de los más interesantes, al instaurar de forma categórica la continuidad de la serie. Un título más que estimable, rebosante de autenticidad y que se sigue con interés constante gracias a la lograda tensión y a la incorporación (o potenciación) de un curioso sentido del humor, centrado, sobre todo, en el odioso Yamamori, al que vuelve a interpretar genialmente Toshie Kimura: un tiparraco ridículamente presumido, plañidero y manipulador.

Quintales de estilo, gran diseño de producción y espléndido reparto repleto de secundarios del cine nipón popular de la época, entre los que se incluye un breve papel para la fabulosa Reiko Ike, mítica Inoshika Ocho, voluptuosa cantante y una de las reinas del sub-género de chicas pandilleras motorizadas.

4-Battles-Without-Honor-and-Humanity-4-Police-TacticsLos caníbales: The Yakuza Papers, Vol. 4: Police Tactics (1974)

La cuarta entrega desata los elementos latentes en Proxy war, con la guerra entre bandas arrasando Hiroshima y la reacción policial, provocada por la proximidad de las olimpiadas de Tokyo en 1964, y ciudadana ante la desquiciada escalada de violencia callejera y la necesidad de mantener las cosas dentro de un orden. Fukasaku daría al año siguiente la visión de la misma época desde el punto de vista de la policía en Cops vs. Thugs con Bunta Sugawara cambiado de lado de la ley pero igual de insobornable.

the-yakuza-papers-4-police-tacticsSe extrema el carácter de crónica de sucesos y el tono documentalista con una enumeración constante y vertiginosa de cafradas que ayudan al espectador a no perderse entre la complejidad de las relaciones y la velocidad de las acciones, con la puesta en escena de las escaramuzas callejeras más salvajes jamás vistas (atención a la nariz rebanada), con los actores y la cámara poseídos por una especie de euforia demente que les hace moverse entre espasmos y berridos. Pese a que la cantidad de personajes y peripecias esté en el límite de lo manejable, Fukasaku se arregla para no perder el carril de la historia, equilibrando la calma y la furia y recuperando el pulso vivaz y frenético en el retrato de la época, los clubes, las calles y los tipos; esos gangsters de traje y camisa hawaiana, amenazadores y estúpidos, terroríficos y descerebrados, mangoneados por unos jefes mezquinos, cobardes y traicioneros. Todo ello enfocado al objetivo de redondear las consecuencias de los actos exhibidos en anteriores entregas, que aquí tiene en muchos casos su violento final.

Se suman detalles tan sutiles como el sugerido enamoramiento homosexual entre dos de los matones y se apunta (aunque luego se desarrolle) el papel de la prensa y la figura del yakuza como celebridad social; un tema recuperado en Graveyard of Honor.  No falta el humor negro, ni la ironía: tanta matanza no vale para nada tal y como simboliza ese cierre soberbio, una conversación en la cárcel entre el cansado Hirono y Takeda (el estiloso Akira Kobayashi) con un frío que pela y los pies descalzos, reflexionando sobre el cambio de los tiempos y desnudando la miseria y falta de honor al que ha quedado reducido su oficio; todo mostrado con una sencillez y hondura que extirpa cualquier tipo de romanticismo o mitificación.

5-Battles-Without-Honor-and-Humanity-5-Final-EpisodeLa historia hasta aquí: The Yakuza Papers, Vol. 5: Final Episode (1974)

Cierre de esta saga monumental, que más allá de la calidad de cada entrega, supone una rotunda obra maestra. Un film-río avasallador que pasa factura a 30 años de historia de un país a través de su sub-mundo criminal, anotando minuciosamente los cambios socio-económicos operados, simbolizados por esa yakuza que pasa del estraperlo y las escaramuzas en el mercado negro de la post-guerra bajo la ocupación a travestirse en asociaciones políticas, empresariales y comunitarias mientras machaca inmisericordemente cualquier rasgo romántico del yakuza eiga anterior a base de burlarse descarnadamente de unos rituales y valores sin significado alguno -el título “Batallas sin honor ni humanidad” hace referencia al “giri-ninjo” o a la versión de los forajidos el “jingi”, código de conducta basado en la humanidad y la justicia-, de ridiculizar la reputación del bandido honrado protector de los desfavorecidos, exponiendo en crudo la estupidez salvaje (brutal el retrato de los hombres de Hirono en la cárcel), la cotidianeidad cruenta y la indiferencia total hacia la sangre de otros lista para derramarse.bscap0003hg7

Esta quinta entrega funciona casi a modo de epílogo -aunque Fukasaku y el periodista y escritor Koichi Iiboshi, cuyas crónicas son la fuente original, prolongaron la saga durante cuatro entregas más, el tríptico “New Battles Without Honor and Humanity” y la tardía “Aftermath of Battles Without Honor and Humanity”-  dominado por un carácter crepuscular y profundamente amargo, donde la ira y la demencia de las anteriores entregas aparece extenuada, como si los personajes principales mostraran su hartazgo y acabarán por admitir que ni siquiera el advenimiento de la modernidad cambiará algo: simplemente las treguas no duran entre el orgullo y la ambición.

Se echa en falta una mayor presencia de Sugawara como el carismático Shozo Hirono, que reaparece, reflexivo pero indoblegable, en los anticlimáticos y sensacionales veinte minutos finales, pero se compensa con la incorporación en un rol secundario de Jo Shishido, legendario actor fetiche de Seijun Suzuki, completamente fuera de sí, luciéndose en una de sus incontrolables performance como vehemente y borrachuzo jefe que marca las diferencias vistiéndose al modo tradicional, reclamando la autenticidad en exclusiva, el yakuza quintaesencial, y dejando de bscap0005tf2paso, una de las imágenes más memorable de la saga : en mitad de la calle llamando a un taxi a voces con las manos apoyadas en dos pistolas que le sobresalen del fajín; todo delante de un pelotón de policías que le miran estupefactos.

Narrativamente funciona como un reloj y contiene un par de momentos de violencia espasmódica marca de la casa pero de algún modo se nota el cansancio y quizás falta algo de chispa, pero esto no revierte en algo negativo al filtrarse de manera simbiótica hasta el tuétano de la película, amplificando su carácter de cierre adecuadamente pesimista que acierta al no dar lo que se espera, es decir una ración de balazos vengadores, sino simplemente lo que hay.

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