Un superhéroe sobre Inglaterra

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Nunca ha terminado de haber forma de popularizar a un superhéroe puramente británico, un protector definitivo  del Imperio, o de sus restos míticos al menos, homologable en su impacto en el imaginario colectivo de un Superman, un Batman o un Spiderman. Quizás Grant Morrison diría que el puesto se lo merecen John Lennon o Jerry Cornelius, pero esos son una clase diferente de animal.

Las editoriales norteamericanas, con delegación en Inglaterra por lo común, se han empeñado en lanzar versiones de sus héroes britanizadas, pero claro, no termina de ser lo mismo. La DC, por ejemplo, ha sido más modesta y se ha limitado a rescatar desde El Club de Héroes a una psicodélica pareja de justicieros enmascarados, Caballero y Escudera que son remedos de Batman y Robin con cierta gracia de segunda división y posibilidades para el delirio pop.

La Marvel, por su parte, ha preferido las creaciones nuevas, afortunadas algunas pero que no han pasado de secundarios carismáticos o protagonistas excéntricos. Envueltos en estilosos diseños de la bandera podemos rescatar a los fugados de la 2ª Guerra Mundial Spitfire y Union Jack, de quienes Ed Brubaker se acordó para su aggiornamiento de la Guerra Fría en clave superheróica de su primera y excelente mitad de su época en el Capitán América. También a es héroe a contrapelo que es el capitán Britania, evolucionado desde un espesor menor que un folio y un traje de espanto hasta que, Alan Moore mediante, atravesó dimensiones y rediseñó sus aspecto con un estilizado look cortesía de Alan Davis. Dibujante este que, solo o en compañía de Chris Claremont creador del personaje, sería quien a la larga le sacaría mayor provecho al hacerlo partícipe de su maravillosa y abiertamente pop Excalibur.

Demasiado oscuros los unos y extraños los otros como, dados por otra cultura encima, como para ocupar el puesto de superhéroe oficial en cualquier caso. El cómic británico también intentó  durante el esplendor del medio en crear sus propios superhéroes. Pero  por alguna razón, la herencia truculenta de los Penny Dreadfuls o la tradición narrativa folletínesca europea llena de villanos y antihéroes, les terminaban por salir tortuosos y siniestros como The Spider o Zarpa de Acero. Incluso su acercamiento más solar y naif al superhéroe con el Marvelman de Mike Anglo creado a imagen y semejanza del Capitán Marvel de CC Beck y Bill Parker en la Fawcett, quedó irremediablemente pervertido por la mano deconstructivista de Alan Moore a principios de los feroces 80. Al grito de Kimota! el superhéroe pasaba de la neurosis al apocalipsis y de ahí a la divinidad trascendiendo su origen ingenuo  sin que hubiese vuelta de hoja. Los sueños infantiles  británicos de superheroismo eran llevados al extremo del realismo al contestar al pregunta más angustiosa del género: ¿Qué pasaría si un Dios caminase entre nosotros? Bueno, para que iba a caminar, pudiendo volar…

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

La ficción popular bitánica del último quinquenio ha recuperado esta aspiración icónica y fantástica desde los nuevos medios, o desde los transmedios, del presente polimorfo. Con los medios pop confundidos más que nunca la idea del superhéroe británico se ha filtrado a la televisión y al cine; ambos contaminados de ideología comiquera.

Doctor Who, Sherlock o Luther coquetean, acarician, tocan incluso desde ópticas que van desde el neoduardianismo que reivindica un pulp para el Siglo XXI de las dos primeras al tono, de nuevo de folletín y Penny Dreadful, de la última. Pero es Sam Mendes en Skyfall quien hace finalmente consistente al idea, la posibilidad cierta, del superhéroe británico. La imagen de Bond casi al final del metraje, justo antes del elegante epílogo que reinicia la mitología convirtiendo lo crepuscular en renovado, es de una iconicidad equivalente a Batman encima de las gárgolas de Gotham, a Superman sobre los cielos de Metrópolis o a Spiderman balanceándose entre los rascacielos de Nueva York.

De espaldas, solitario, con un abrigo negro y traje, escorado en un lateral del encuadre con una bandera británica ondeando, recortado sobre un Londres ahora tranquilo pero que ha experimentado al amenaza y el miedo del caos y la maldad gratuita conforma una composición, una viñeta hiperrealista que va más allá de la refundación del personaje, supone su estilizada conversión en superhéroe: sí existe un superhéroe inglés, nos dice este cuadro; y se llama Bond, James Bond.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Con Inglaterra amenazada, con Londres bajo el terror y las bombas el superhéroe, Bond, es capaz hasta de regresar de entre los muertos, ungido de inglesidad. La película está llena de imágenes-emblema que constantemente congelan a Bond en el instante, otra vez la viñeta, otra vez el icono. En ellas el ahora rima con el ayer, lo retro con lo contemporáneo y esto con lo atemporal. Todas las encarnaciones de Bond, el multiverso bondiano, se repliegan en una sola. Bond es un Ouroboros, recomienza siempre, es un continuo superheróico que se alimenta de su propia mitología y al tiempo fagocita otras ajenas, contemporáneas a cada una de sus encarnaciones.

Bond es el caballero oscuro para el Londres post-2005. Vive su Año Uno particular redefiniendo sus orígenes para ajustarse mejor a un tiempo de terrorismo unipersonal y líneas de sombra; y tiene, claro, su Joker privado. Uno especular, sí, al agente del caos del The Dark Knight de Christopher Nolan, pero también, y más, a la versión de Moriarty, amanerado, flamboyant, del Sherlock de la BBC. Serie esta que, a su vez, realiza en su segunda temporada una perífrasis batmaniana tan sorpresiva como al final coherente que identifica a Holmes con Batman y viceversa, equiparando sus universos y estableciendo una continuidad superheroica que Skyfall reabsorbe y solidifica.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Holmes, Batman, Bond; Moriarty, Joker, Silva. Todos parecen perseguirse, rebotando imágenes modernas de unos en los otros en una reconstrucción pop que responde a la fragmentación del presente y a una cultura popular donde la cita, la referencia, se ha convertido en un sintagma con significado propio. Del mismo modo en sus espacio convive el realismo y lo fantasioso,  presentando una Inglaterra contemporánea, un Londres específicamente, como el que aparece en Luther, Sherlock y también en Skyfall: atravesado, horadado, por el mal, la amenaza, el terror… pero también vigilado por los superhéroes británicos, sintetizados todos en el Bond de Skyfall: superhéroes ambiguos, que como Holmes dice en el último capítulo de su segunda temporada, “no están de la parte de los ángeles”; pero son necesarios para tranquilizar, para sanar el espíritu del consumidor de cultura pop y crear un imaginario nacionalista perfecto. No es de extrañar que durante la espectacular ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpico de Londres en 2012 James Bond apareciese desde la ficción para proteger a la Reina en un plano que no era exactamente el de la realidad, sino un intermedio, híbrido, donde los superhéroes interactúan con la realeza para fascinar al público con un retorno al ideal de los británico.

Anuncios

13 Comentarios Agrega el tuyo

  1. John Space dice:

    Si no fuera tan pétreo el Craig, su Bond sería más tolerable. ?Supongo que a estas alturas ya no es el mastuerzo que vimos en Casino Royale?

    Y hablando de cómics británicos, ya tardan en hacer volver a The Spider. Debió de ser toda una novedad, eso de que el villano fuera el protagonista que casi siempre gana, en un cómic inglés de los 50.

    1. The Spider… y yo puse The Fly. Corregido ya. Es un personaje de estirpe muy europea, muy Diabolik.

      Craig, creo yo, ha hecho suyo el personaje y le sienta como un guante. Pero para mi Bond es Connery y viceversa.

  2. No sé, una cultura con demasiada tendencia tradicional al sarcasmo y la ironía como para tener un superhéroe propio, ¿no? Holmes, por ejemplo, ya que lo mencionas, suele poseer una carga de acidez bastante elevada. La mayor ‘ingenuidad’ y la creencia en la superación personal de Estados Unidos abona un campo que en la más descreída Europa yo creo que no es directamente cultivable.

    1. Sí, la tradición europea es la del folletín, la del héroe atravesado, pero los ingleses, como son especialitos tiene sus héroes impolutos históricamente pero en la posmodernidad sorprende un Bond tan plenamente superheroico y protector de las esencias del reino. Esta Skyfall es de un nacionalismo alucinante, exaltado. Una reivindicación de la britanidad frente a las amenazas exteriores; no obviemos que Silva, perverso, amanerado, extraño, ambiguo… es extranjero (e interpretado por un extranjero, encima). Un Fu-Manchú de pelo oxigenado en la mejor tradición racista del pulp británico (y esto me arrepiento de no haberlo metido en el texto).

      1. John Space dice:

        El Bond de la era Cameron, en resumen.

      2. Ahí, ahí. Post atentados de 2005 y post Olimpiada exhibicionista 2012 total.

      3. Edita, hombre, edita.

  3. Algo habrá que parchear. Aunque el ultranacionalismo briton de Skyfall de para otro artículo. En ese sentido aquí están el Fleming genuino o el Sax Rohmer más encendido por todos lados.
    Incidamos: Mallory, el nuevo “M” sirvió en Irlanda del Norte, en eso que los ingleses llaman eufemísticamente “The Troubles”… pero su apellido delata que es irlandés, al igual que Bond ya aclara su procedencia escocesa; tenemos entonces al Impero reconstituido dentro de las fronteras de las islas atacadas por al amenaza exteriror, Battle Britons todos a una por Gran Bretaña.

  4. davidimaginauta dice:

    Te falta creo la “Liga de Gente Extraordinaria” de Moore/O’Neil, que viene a ser la forma tácita de Alan de decir que los personajes de la literatura pulp y decimonovenesca son los superhéroes de aquel momento y los padres del concepto americano de gente en mallas. Algo que ya había hozado Philip José Farmer con su “Wold Newton Family”. De hecho diría que son los personajes clásicos reescritos con el estilo de Moore que es según como bastante de comic d superhéroes americano. Añado otros “héroes”: El Shade de Robinson con su origen dickensiano y wildeiano; Constantine que es puro Londres cabrón y macarra; el Sandman de Gaiman con su inextinguible vínculo con Shakespeare; el Lucifer de Carey que es el de Gaiman/Milton y por último el Spiderman británico, Harry Potter, que además de la versión K Rowling tiene un estupendo sosias en la historia que está revolucionando el cómic, Unwritten.

    Un saludo Adrian y muchas gracias por este espacio. Eres de los escritores que más sigo, con la lógica discontinuidad de tanta oferta internetera, pero siempre consciente de lo particular de tu voz. Solo me disgusta que seas fan de Pellegrini.

    1. Y hay que tener en cuenta que, antes de Potter Gaiman ya había parido al niño mago de gafas y lechuza Timothy Hunter…

      Pero con este Bon convertido en superhéroe me refería más a encarnaciones ideales de Inglaterra, a vigilantes… ahí si que Los hombres extraordinarios de Moore tendrían sitio e incluso el Van Helsing, guardián victoriano, de la Hammer. Pero preferí ceñirme, por su proximidad y concomitancias, a la tripleta Sherlock/Luther/Bond y sus sorprendentes (o no) paralelismos con el (pen)último Batman.

      Y tampoco tan fan hombre… admirador moderado, digamos.

  5. Sí, Batman ha acabado siendo la síntesis entre Sherlock+James Bond+La Sombra. Warren Ellis hablaba sobre “un tipo de héroe inglés en particular, que va desde Sherlock Holmes hasta alguien como [el Doctor Gregory] House” caracterizado por estar siempre cabreado. En la lista incluía al Inspector Morse, Jack Regan de The Sweeney, y los personajes de la televisión de los sesenta. Sexton Blake y Bulldog Drummond. Así como las distintas encarnaciones del Dr Who. Yo también incluiría a Luther, aunque a mi de Luther el personaje que me enloquece, excita y perturba es Alice Morgan. Cuando no sale la cosa baja mucho. Es el mejor Joker femenino de la historia.

    1. Si, esa es una tradición propia, que proviene del folletín y se desarrolla en la novela pulp. Más europea, sin contaminar por el asunto superheróico USA. Al contrario que ahora, donde los mitos británicos han abrazado este carácter de superhéroes. El Doctor Who quizás sería un eslabón, pero no controlo lo suficiente su mitología como para meterme en esas profundidades.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s