El fin del domino español: El Cisne Negro. Piratas de denso color

Primera entrega del Dossier Pirata que se irá publicando íntegro en Ultramundo a lo largo de un par de meses pasando revista a clásicos , y no tanto, del cine de aventuras marítimas:
 El Cisne Negro (The Black Swan) , Henry King, 1949

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*“El cisne negro” es una película de piratas extraña, más bien una película de aventuras extraña. No es, como era habitual en el género durante la época celebrativa y festiva, como lo pueden ser los títulos con Errol Flynn un poco anteriores como “El Capitan Blood” (Captain Blood, Michael Curtiz, 1935) o “El halcón del mar” (The Sea Hawk, 1940, Michael Curtiz). Clásicos del swashbuckler marcados por su abierto heroísmo, pro identificar la aventura con la felicidad, el riesgo con la maravilla. Películas románticas, en un sentido amplio del término, que fantaseaban con un ideal de libertad, con héroes impolutos luchado contra su propia fortuna para regresar al lugar que, por derecho, les pertenecía.

“El cisne negro”, en cambio, es un título crepuscular Metafórica y literalmente crepuscular, además, debido al empleo por primera vez en el género de la fotografía en color. Pero no un color radiante y luminoso, sino contrastado lleno de negros y rojizos marcados por la ropa del protagonista, de anocheceres y amaneceres, crepuscular en sí misma, no en vano su última frase, pronunciada por Henry Morgan  contra un cielo que se apaga es: “Vámonos, es el fin de los mares españoles” (…) LEER COMPLETAa3225-1

(…) Al igual que en 1950 infectaría de psicología al western “El pistolero” (The Gunfighter, 1950), demostrando lo quebradizo, la neurosis, del físico imperturbable de Gregory Peck, aquí infiltra el antiheroísmo en uno de los paisaje cinematográficos –y literarios- del heroísmo. Para ello se sirve de otro cuerpo, el de Tyrone Power, junto a Peck su actor preferido, que dota a este, y futuros, personajes de una masculinidad diferente y sobre todo de una sensación de falibilidad. Es decir, Flynn o Clark Gable no podía perder, pero Power… eso era otra cosa.

Así fundaba un héroe diferente, humanizado, que necesitaba de la astucia y las triquiñuelas para poder prevalecer. Un héroe que miente, roba, se equivoca… perfectamente adaptado a un relato de piratas sórdido y cruel, donde los momentos de tensión no son las batallas marinas o los duelos singulares, sino los psicológicos, las escenas de interior donde cada adversario mide sus fuerzas con el otro  en espacios lóbregos y reducidos.

BlackSwanThe012012LCSin perder todo el romanticismo inherente a la visión hollywoodiense del tema, la película de King es una historia de traición y de traidores, donde los piratas desdicen su aura legendaria de bandidos fraternales para encarnarse en un grupo de interesados mentirosos entre los cuales, nuestro héroe, no es precisamente el menor de ellos; en realidad será el supuesto villano, si es que hay alguno más allá de los corruptos nobles, ese es Bill Leech, un George Sanders escondidos tras una barba pelirroja pero igual de genial que siempre, paradójicamente el único de los piratas de Tortuga que no acepta el pacto con los británicos, es decir el que se mantiene fuera del Sistema.

De hecho todo este aspecto realista, extensible a las representaciones de los personajes y a la trama misma, responde más a la personalidad e intereses de Henry King –y quizás también a la mano de Ben Hetch tras el guión- que al universo novelesco de Rafael Sabatini que adapta. En cierto modo pude decirse que “El cisne negro” es un Sabatini mirado a través del filtro de las crónicas de Alexandre O. Exquemelin en “Piratas de América”.* (LEER COMPLETA)7990545901_f8089fc36d_z

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