Guerra hoy, romaticismo ayer; El halcón del mar

Publicada íntegramente en Ultramundo

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Producido en 1940 por la Warner, “El halcón del mar” es un ejemplar perfecto, culminante, del cine de estudios; y a la vez es también un film singular. Es incluso, un film melancólico, porque con él se terminaba una relación especial entre las piezas que lo componían, se deshacía una magia formulada cinco años antes en “El capitán Blood” (Captain Blood, Michael Curtiz, 1935), la película que definió el Swashbuckler, del mismo modo que al presente ejerce como capítulo final de una época y una manera de hacer, siendo por ello una obra recapitulativa de motivos, temas y sensaciones envuelta en un barroquismo del encuadre, siempre lleno de actividad y detalle, que distingue lo mejor de la carrera de su realizador

film-l-aigle-des-mers16Nacido en un principio como una adaptación de otra novela de Rafael Sabatini -adaptada en 1924 por Frank Lloyd – de la cual finalmente solo conservó el título, el proyecto inicial iba a ser una secuela inmediata de “El capitán Blood”, pero el descomunal éxito de esta llevó a sus responsables a la decisión de aprovechar el estrellato fulminante de Errol Flynn en otras variaciones sobre su personalidad viril y aventurera, siempre dotada de una ironía distintiva que lo hacía, simplemente, irresistible; “La carga de la brigada ligera” (The Charge of the Light Brigade, Michael Curtiz, 1936), “El príncipe y el mendigo” (The Prince and The Pauper, , 1937), “Robin de los Bosques” (The Adventures of Robin Hood, William Keighley y Michael Curtuiz, 1938), “Dodge, ciudad sin ley” (Dodge City, Michael Curtiz, 1939), “La vida privada de Elizabeth y Essex” (The Private Lives of Elizabeth and Essex, Michael Curtiz, 1939) …por solo citar la más célebres.

Y de entre ellas un ciclo determinado por la unión de un terceto prodigioso: el carisma de Flynn, la energía de Michael Curtiz y el romanticismo aventurero del gran Erich Wolfgang Korngold, quizás, de los tres, el que dota de una personalidad más compacta a sus intervenciones conjuntas: “El Capitán Blood”, “Robín de los Bosques”, “La vida privada de Elizabeth y Essex” y la presente, “El halcón del mar” –queda, unido, pero algo aparte al estar dirigida en solitario por William Keighley, El príncipe y el mendigo-. Flynn volvería, o más bien seguiría, trabajando junto a su amado/odiado Curtiz, pero nunca más Kornglod pondría música a sus hazañas haciéndole así parecer más heroico que nadie que jamás hubiese pisado la tierra. Por todo ello hay una incomodidad insoslayable en “El halcón del mar” que tiene que ver con la ausencia de Olivia de Havilland, suplantada aquí por la noruega, e insípida, Brenda Marshall, una triste facsímil de la original que provoca que las escenas románticas, y su presencia misma, produzcan una serie de imperdonables parones sin emoción alguna.(LEER)

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(…)Con la idea en barbecho durante cinco años y un puñado de producciones grandes y pequeñas de por medio que modularían el carácter estelar de Flynn en la Warner, aumentando de paso su tirantez con un Jack Warner que siempre odió al tasmano, la idea cambió tanto que hasta se convirtió en una película diferente, una que, sobre el papel, se titulaba “Beggars of the Sea” y que ya era una guión original de Seton I. Miller que el excelente Howard Koch, futuro blacklisted, convertiría en el definitivo, y de nuevo, “El halcón del mar” mediante un brillante ejercicio de síntesis que no solo condensaba los filmes anteriores del equipo reutilizando sabiamente la utilería y escenarios de La vida privada de Elizabeth y Essex, sino, y más interesante, ofrecía un comentario del escenario de la Segunda Guerra Mundial ya en marcha, estableciendo paralelismos cristalinos entre el III Reich y Sea Hawk, The)_03la España Imperial de Felipe II y los problemas políticos internos de Wiston Churchill, reflejado aquí en la reina Elizabeth I, para armar a Inglaterra en los momentos de ascenso del nazismo en contra de la opinión de parte de la clase política y económica británica. El halcón del mar supone el más singular y aparatoso film de esfuerzo bélico emprendido en su época.

El impresionante discurso final de la Reina con el que se cierra la película no hablaba en el año 40 de un territorio romántico del pasado, sino que era un eco inmediato, un reflejo ficcionalizado de la realidad circundante. Lo mismo que ese “Hasta el último barco, hasta el último hombre” con el cual John Burleson –interpretado por el siempre sólido Donald Crisp- subraya el compromiso de la marinaría británica, es el reflejo del “Sangre y esfuerzo, sudor y lágrimas” que Churchill ofrecía como única promesa a los ingleses.

Así el peor enemigo no será tanto el siniestro Felipe II -magníficamente presentado rematando un discurso en el cual su sombra devora al completo un enorme mapa extendido en una pared- que o bien permanece en off la mayor parte del metraje o bien es representado, vicariamente, por la presencia macilenta de Claude Rains como diplomático rastrero, sino por el quintacolumnista Lord Wolfingham, consejero real empeñado en disuadir a la Reina de la importancia de construir una flota de buques para defender el Reino. (LEER)

Annex - Flynn, Errol (Sea Hawk, The)_11

(…)“El halcón del mar” ofrece, en definitiva, una recapitulación aventurera que aglutina el romanticismo de “El capitán Blood”, el carácter de “Robin de los Bosques” y la época de “La vida privada de Elizabeth y Essex” en un formato de superproducción –está filmada en estudio al completo y se construyeron dos veleros de tamaño real que se operaban dentro de una descomunal piscina mediante complejos mecanismos de poleas-como si el propio estudio fuese consciente de que, a la altura de 1940, algo se acababa para el género de aventuras marinas que Flynn, Curtiz, Korngold y al Warner había simbolizado hasta el momento.

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