Hay un hombre en el Sur: Justified

Publicado en Neville

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En todos los westerns, en mitad de los tiros, la violencia y las amenazas siempre hay un tipo que se mantiene impasible, que hace lo que dice que va a hacer. En mitad del caos, cuando nada se entiende, siempre queda este héroe extraño y su código.  “I’m a simple man” cantaba Ronnie Van Zand en el clásico de Lynyrd Skynyrd. Pocas cosas hay más complicadas que ser un hombre simple.

Elmore Leonard se hizo famoso por su personal mundo de criminales entrañables, de personajes coloristas, diálogos serpenteantes llenos de ingenio y violencia inmediata. Su visión del noir y de sus personajes pertenecía a una esfera tragicómica de tipos comunes, obreros del crimen y planes absurdos que, por sistema, siempre salían mal. A Leonard las tramas, la mecánica del género, le importaba mucho menos que las posibilidades, infinitas, de capturar con verismo, humanidad y humor, todo el microcosmos que se mueve dentro y en los alrededores del crimen. Busquen Joe LaBrava, quizás su obra maestra, o incluso Cómo conquistar Hollywood, o Fulgor de muerte, más sórdida y violenta de lo habitual, o El cazador de gatos o Rum Punch, convertida en Jackie Brown (y mejorada) por su admirador y alumno Quentin Tarantino, incluso la ácida sátira religiosa Touch.

 300_175746O cualquiera en realidad, es difícil equivocar el tiro con Leonard. Y sobre todo no olviden que antes de ponerse negro Elmore Leonard fue escritor de westerns. Lo hizo desde los 50 hasta los 70, dejando ocho novelas y un puñado de relatos en diferentes magazines del género. Por aquí no hemos tenido demasiada suerte y, juraría, ninguna ha sido traducida. Suyas son Hombre, aquella con Paul Newman haciendo de indio, ¡Qué vine Valdez!, aquella con Burt Lancaster haciendo de mexicano, o Joe Kidd con Clint Eastwood retornado de Europa. También The Tall T, una de las obras maestras del ciclo Ranow dirigidos por Budd Boetticher y protagonizado por unos superlativos Randolph Scott y Richard Boone y El tren de la 3:10, otra pieza mayor, muy mayor, de Dalmer Daves donde Van Heflin y Glen Ford se enfrentaban en un duelo de voluntades de afilados contornos noir, pese a ser nominalmente un western.

Esta dos adaptaciones, aunque basadas en relatos muy reelaborados luego conservan (o anuncian) todas las características posteriores de Leonard como autor (criminal o no). Aquí están los diálogos y las psicologías, los personajes y su mundo por encima de la trama o el suspense, y, sobre todo, están los héroes de una pieza (en apariencia) y los villanos maleables, ambiguos; y está, claro, la relación entre ambos, su baile personal, su identificación y simpatía mutua.

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Cuando uno ve Justified ve, proyectados a la contemporaneidad (que no a la modernidad) a los personajes de Scott, Boone, Ford o Heflin. Los ve en Raylan Givens y los ve en Boyd Crowder, amigos de la infancia que a veces están uno frete al otro y a veces están uno al lado del otro, pero siempre con una complicidad singular, un juego privado que ni una bala bajo el corazón puede cambiar. “Dios le disparó a tu hijo, yo le salvé el alma. O eso dice él” le espeta Raylan a Bo Crowder, el padre de Boyd.

Como The Tall T y El tren de las 3:10, Justified se basa no en una novela, sino en una historia corta –Fire in the Hole– y en un personaje secundario de otras –Pronto y Riding the Rap– lo cual da plena libertad a Graham Yost, showrunner, y al propio Leonard, productor ejecutivo, ideólogo y guionista de varios capítulos para construir todo eso que tanto le gusta al autor y con lo que al serie es plena y espectacularmente coherente: los personajes y el ambiente.

214379-justified-justifiedLa serie comienza con Raylan regresando a Lexington, Kentucky, el legendario y violento condado de Harlan al cual regresa, a la fuerza, el agente de la policía judicial Raylan Givens tras haber despachado en un duelo a un mafioso de Miami. Le dio veinticuatro horas para abandonar la ciudad; un trato justo. No es culpa de Raylan que la gente de hoy no atienda a razones sencillas.

En Wichita, gran western de Jacques Tourneur para Joel McCrea este, en la piel del legendario Wyatt Earp, hace una precisa distinción entre “gunmen” y “gunfighters”, entre hombre de armas y pistoleros. Raylan es un “gunmen” y no bromea ni alardea, no tiene necesidad: actúa. Se pasea por el presente con su sombrero de cowboy y su ética de frontera, su sentido inmediato de la justicia y su código personal. No tanto anacrónico como atemporal, Raylan es el héroe ambivalente norteamericano arquetípico, pero sin tomarse demasiado en serio a sí mismo.

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Volver a Harlan, al Sur, significa regresar al pasado, quizás al único sitio donde todo es demasiado difuso hasta para su propio sentido del bien y el mal. Allí se reencontrará con Arlo, su padre, un viejo estafador y criminal de largo recorrido y con el resto de familias criminales del condado, todas enmadejadas en negocios sucios que no discriminan entre la metanfetamina y el moonshine, entre el siglo XXI y el XIX. La serie, poco a poco, va desprendiéndose de la necesidad de plantear un caso por capítulo, del molde del procedimental televisivo para de un modo pasmosamente orgánico, situarnos en mitad de un cada vez más rico tapiz de personajes recurrentes y secundarios, de tramas y subtramas que se mueven al ritmo de la relación entre los personajes.

Todo ello vertebrado por Raylan y Boyd, es decir Timothy Oliphant y Walton Goggins, nacidos para sus papeles y para sus diálogos. Diálogos que oscilan entre el laconismo del western y la sinuosidad del neonoir; siempre dominados por la ironía, el humor y la precisión. Su manera de decir, su fraseo y su cadencia musical, es lo que redondea la serie. El propio Leonard dijo que sus diálogos sonaban en la serie tal y como lo hacían en su cabeza. Justified es una de las obras maestra de Leonard, da igual el medio y hasta que su implicación sea relativa: captura el espíritu, sintetiza todo la carrera del autor hermanando el western y el noir en un southern criminal lleno de humor negro y penetrante sentido ético.

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7 Comentarios Agrega el tuyo

  1. No es la serie más trascendente o adictiva, pero es entretenida, tiene una atmósfera estupenda, una buena composición de diálogos y un trabajado dibujo de personajes (lo obsesivo que llega a ser Raylan Givens con atosigar al bueno de Boyd Crowder es digno de mención). Yo creo que Woggins, que me había encantado en ‘The Shield’, esa serie tan infravalorada, tampoco está demasiado fino en su actuación. En cambio, Olyphant (¡qué apellido!) me convence del todo por primera vez, cosa que ni siquiera había logrado en ‘Deadwood’ (la vi doblada, advierto). Vamos, que la serie cumple sobrada su cometido. Por lo menos en el primer par de temporadas que he visto hasta ahora.

    1. ¡Deadwood doblada! Está usté en pecado mortal… ande aponer remedio antes de que su alma inmortal se le salga volando del cuerpo por sacrílego.

      A mi me gustan ambos, son el contrapunto clásico del overacting y el underplaying; cada cual magistral en lo suyo y con carisma para regalar.

      1. Hombre, eran otros tiempos y uno se adaptaba a lo que había disponible….

  2. Anónimo dice:

    Adoro al gran Leonard,(D.E.P) y gracias a él, que hasta el último día ha estado ejerciendo de productor ejecutivo y la factura final lo agradece. Un diez para FoxFX y el hiératico, T.Olyphant. Se le ve más comodo de Givens,que en la obra maestra Deawood. Y sí, viva la V.O. Recogida de firmas para acabar con ese chiringuito llamado doblaje institucional. Luego, vienen los informes de la OCDE. Lo dicho, Adrían. Un pedazo de artículo y homenaje al gran Elmore. Un abrazo

    1. ¡Y más Deawood con ese verso shakespeariano!

      Aunque todo sea dicho yo no soy contrario al doblaje, creo que con los dvd’s y la tele dual la convivencia de versiones es ideal… otra cosa es el cine en pantalla grande en salas comerciales (fuera del circuito de festivales y filmotecas, se entiende). Ahí si que es algo a extinguir; a excepción del cine animado, claro (que encima se dobla muy bien).

  3. John Space dice:

    Leonard se nos fue de muerte natural, pero a Giuliano Gemma se lo lleva un accidente de tráfico. Injusticias que no hay forma de vengar, como en el western. ‘Dita sea.

    1. Pues sí, pobre Gemma. No se lo merecía…

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