La puta gracia: El verdugo. 50 años apretando

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Cincuenta años de El verdugo y aquí seguimos, con el garrote apretado; y cada vez más vil, por sibilino. Recuerden: Nino Manfredi, pobre, con ojos por los suelos y hombros de resignación universal, terminaba, bueno empezaba, por meterse a aprendiz de verdugo, que era el oficio de su suegro, para poder comprar un piso, todavía en construcción, e independizarse junto a su esposa y churrumbel.

José Luis, que así se llama el personaje de Manfredi, sintetiza al antihéroe de Rafael Azcona: el hombre condenado por no saber decir “No”. Era el mismo personaje de El pisito, primero novela de amor e inquilinato y luego película a medias con Marco Ferreri, de Los europeos o de Los ilusos, de sus novelas post-la Codorniz y El repelente niño Vicente. En ellas Azcona se había inventado el negrorrealismo, el humorismo torcido de tortilla de bonito, Bisontes arrugados y medias suelas marca Heraclio Fournier.ElVerdugoshot

La España de Azcona era un país pobre,  paralítico y muerto; de moral de supervivencia y ética del arreglárselas. En Plácido ya se había encontrado con Berlanga transformando su cine, aunque en esta la ternura natural de Berlanga, de algún modo, prevalecía. En El verdugo, la negrura azconiana, tan bien traducida por Ferreri antes en El cochecito y después en La donna scimmia, uno sus guiones más abisales, se imponía como una mancha de petróleo.

Presentada y ganadora en el festival de Venecia les costó a director y guionista sus respectivas carreras en España. Allí había sido exhibida sin las cédulas y cortes de rigor, cosa de las prisas que, Régimen o no Régimen, España no deja de ser ella misma, y de inmediato sancionada como libelo antiespañol.

Randy Newman, al recoger un premio, creo que era en Holanda, dijo que ya sabía que le daban aquello porque pensaban que odiaba a América, pero que eso no era cierto, que él amaba a América. A Berlanga y Azcona les pasaba lo mismo: ellos no odiaban a España, la querían tanto que no podía otra cosa que ser fieles a su verdad. «I love you/
But I gotta stay true» que cantaba Duffy en Mercy, su rompepista neo-Northern Soul o “Soy amigo de Platón, pero soy más amigo de la verdad”, citando a Aristóteles citado por Ammonio.

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Berlanga tardó cuatro años en volver a dirigir y lo hizo en Argentina, malvendiendo su acariciado proyecto de Las pirañas, un libreto de Azcona a interpretar por López-Vázquez y Laly Soldevilla, para convertirlo en La boutique. Después la comedia en negativo sobre la España del Desarrollismo ¡Vivan los novios! que nadie quiso ver ni menos entender y el exilio, geográfico e íntimo, de Tamaño natural. El cineasta no regresaría en realidad, convertido ya en director-adjetivo, hasta 1978 con La escopeta nacional; el contexto era otro, aunque España, la eterna de picaresca, miseria heroica y patetismo doliente, la misma. Rafael Azcona estaba en todas ellas, claro.

 peliculas135Después de El verdugo había tomado las de Italia animado por Marco Ferreri y por la excelente experiencia en 1962 con Alberto Lattuada en Mafioso; una comedia terrible, sin puta la gracia, al servicio de Alberto Sordi, otro traductor prodigioso del hombre azconiano. Allí pasó los 60, en un universo post-neorrealista en el cual encajaba sin forzar hasta que Carlos Saura lo recuperó para el cine español.

Saura era el cineasta de la escuela oficial, el prodigio del programático Nuevo Cine Español; europeísta y exportable, cripticista y hermético, fabuloso para los cineclubes y el Nuestro Cine. Saura, que era la modernidad estilística y la crítica oscura al régimen, traía de vuelta a Azcona, a quien la modernidad le importaba plin y era cristalino en su reflejo costumbrista, implacable. Y ambos se entendieron, aunque no era lo mismo.

El verdugo, sin querer, terminó algo que quizás había empezando Nieves Conde, un falangista de la primera hora, joseantoniano, en 1957 con El inquilino o quizás lo había hecho el desencantado antimoderno Edgar Neville en el 50 con El último caballo. Tanto da al final; allí se acaba la única posibilidad del neorrealismo español sincero, la que llega del sainete y pasa por el esperpento sin espejo ni callejón, ni gato ni na’. Una España desahuciada que rima consigo misma.

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Publicado originalmente en Asturias 24

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11 Comentarios Agrega el tuyo

  1. John Space dice:

    Consérvese al lado de _Queridísimos verdugos_, y consúmase con frecuencia, sea cual sea el régimen vigente. Recomiéndase acompañar de _Plácido_ durante las fiestas navideñas (!felices ídem, Adrián!).

  2. John Space dice:

    _Cochecito_, peliculaza. Hombrecillo, actorazo. Guionista, autorazo. Director… ?directorazo? Según Aguilar, Ferreri decayó mucho en las décadas siguentes. ?Es cierto?

    1. Yo creo que esas dos pelis son más de Azcona que suyas. En Italia tiene todavía un par de cosas en este registro… con guión de Azcona, al cual se llevó a trabajar allí. Entre ellas La donna scimia que es una obra maestra de la comedia patética. Luego Ferreri se dedica a su obsesiones sexuales-dadaistas-escatológicas y, bueno, es otra cosa.

      1. John Space dice:

        Pues mira, sí. Sólo a Azcona se le podría haber ocurrido esa secuencia final de quitarse el sombrero: ver al pobre hombre cumpliendo su sueño, ir en su cochecito en una carretera planísima y vacía, !la libertad!… hasta que tiene que frenar ante la Guardia Civil, que en Francolandia de libertad nada, monada.

      2. John Space dice:

        Acabo de ver _Los chicos_. Forma parte de sus buenos tiempos; no está Azcona y por tanto tampoco la mordacidad de los “-itos”, pero sí posee la solidez del buen neorrealismo. Un trozo de vida cotidiana en la España de los 50, como la literatura de la época.

      3. Exacto. Es puro neorrealismo pero sin ese extra castizo y grotesco de lo azconiano. Pillé un trocito y me dejó impresionado la limpieza de la copia.

  3. Azconiano total. Le recomiendo la novelita en la que se basa por supuesto.

  4. John Space dice:

    Pues acabo de ver _Esa pareja feliz_, y aunque tal vez no hay tanto vitriolo como en un Berlanga/Azcona, ya se va viendo por dónde iba este cine post-Cifesa. Y la secuencia final, antológica. Antológica.

    1. A la felicidad por la electrónica!

      1. John Space dice:

        !Y sentido comercial!

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