Heroína Mutante: Alien: Resurección. Alienverso, Año 2379

Cierre del dossier sobre la saga Alien que a lo largo de los últimos meses de 2013 se ha ido publicando en Ultramundo y dentro del cual me he hecho cargo de la parte , digamos ensayística, quedando la maquetación en manos de Miguel Díaz, así como los pormenores de la evolución estéticas del Alien, y los “Así se hizo” al cargo de Iván Suárez  durante cuatro entregas y Miguel Ángel Muñiz en esta última ocasión.

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2094 Capítulo I: PROMETHEUS, RIDLEY SCOTT, 2012

2119 Capítulo II: ALIEN, RIDLEY SCOTT, 1979

2179 Capítulo III: ALIENS, JAMES CAMERON, 1986

2179 Capítulo IV: ALIEN 3, DAVID FINCHER, 1992

2379 Capítulo V: ALIEN RESURRECIÓN, JEAN-PIERRE JEUNET, 1997

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 Alien Stravaganza

 Si algo ha favorecido la franquicia Alien, más allá luego de los problemas internos y arrepentimientos varios, ha sido el contar con cineastas con cierta firma, con una impronta especial que ponía la rúbrica, y la diferencia, a cada entrega. Así cada capítulo de la odisea interesteral y transtemporal de Ellen Ripley se personalizaba, aun si perder unas señas y unas directrices básicas, una serie de motivos y de dejes estéticos que ofrecían, dentro de la variedad de arreglos, una melodía reconocible.

La trilogía inicial, de hecho, ofrece una singular coherencia, un cierre perfecto, espectral, fuera incluso del hecho de la muerte de la heroína: la saga se abría en 1979 con la tripulación de la Nostromo, y Ripley, despertando de sus cápsulas de estasis… y se cerraba en 1992 con la cámara acercándose, elegíaca, a otra cápsula, vacía, rota. El sueño, o la pesadilla, se había terminado. Ripley había despertado por última vez con la criatura alojada en su pecho, el final ya solo podía ser El Final.

Alien 3 replicaba, a su modo, el Alien original dirigido por Scott reduciendo la escala de su predecesora, volviendo a la bestia única, al huis clos, al monstruo en el castillo, al cara a cara entre Ripley y su Némesis. Porque todo esto va de Ripley, de su humanidad resistente, inconquistable, superviviente con uña, con dientes y con todo. Por eso Alen 3 es tan deprimente, tan oscura, porque al final la superviviente definitiva se rinde; no pierde, eso es distinto, simplemente se rinde; abraza la mutua destrucción garantizada, demuestra que la fuerza imparable y el objeto inamovible al colisionar se vuelven uno en un parpadeo y luego desaparecen.

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Aquella había sido una forma terrible de terminar, así que el tono del regreso debía de ser su exacto contrario. Además la continuidad era imposible, por multitud de razones, con lo cual la historia de un salto vertiginoso de 200 años en el futuro, llevándose por delante toda la mitología creada. ¿Industrias Waylan? No me suena. ¿La Nostromo, la Sulaco? Eso que es… El pasado es un eco, un apunte para fans. Pero, curiosamente, si “Alien 3” evocaba “Alien, el octavo pasajero”, “Alien Resurrection” hace lo propio con respecto a “Aliens: el regreso”. Si la primera y la tercera son  uno contra uno, la segunda y la cuarto exploran las dinámicas de grupo, entre los humanos y entre los propios aliens. Su tono, en origen, es el del pulp espacial, más aventuras que hazañas bélicas, con un hawksiano grupo de heterogéneos profesionales obligados a trabajar juntos en un entorno hostil, rodeados por los indios; Aunque a veces derive casi hacia el cine de catástrofes apareciendo como un excéntrico remake  de “La aventura del Poseidón” (The Poseidon Adventure, Ronald Neame, 1972).

El acento, en definitiva, es el opuesto al de la tercera entrega firmada por David Fincher en un momento político social llenos de negatividad, fracaso y violencia. “Alien Resurrection” es celebrativa y grotesca, una atracción feria alimentada con carbón freak, una comedia negra, gore y extravagante que parece únicamente construida en base a la siguiente ocurrencia demente.

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Esa es la diferencia básica; en la saga original, porque claramente esto es un Otros Mundos, una alocada versión alternativa del Alienverso, la demencia la introducía el Alien. Su feroz se(x/n)sualidad, sus formas elegantes, orgánicas, su mixtura de lo bello y lo aberrante era el elemento lovecraftiano que ejercía como disruptor/corruptor en ambientes de asfixiante realismo, mundanos, industriales. El alien era, en definitiva, la demencia, algo tan imposible que enloquecía todo a su alrededor. En “Alien Resurrection” todo es ya, de entrada, demencial con lo cual la criatura pierde su cualidad primordial, se vulgariza en cierto modo, o más bien se integra en un mundo que si superficialmente conserva esa apariencia mundana e industrial en realidad está habitado por elementos dementes participando en una trama demente.

En “Alien Resurrection” todo es tan “over the top” que dicen los anglos que uno se queda inmunizado al delirio y termina por comprarlo todo… porque todo vale. Desde el casting al diseño de producción, desde la interpretaciones al trabajo de cámara todo está saturado de ideas y destellos tan estrambóticos que los fogonazos de genuina insanía pueden pasar desapercibidos y momentos cumbres como el abandono erótico de Ripley hundiéndose en una colmena de aliens corren el riesgo de pasar desapercibidos y no ser valorados como imágenes cumbre de toda la saga.

 

Bande Dessiné vs Comic-Book

 Decía antes que cada entrega de Alien tiene su marca especial, su distintivo. El de Alien Resurection es la integración del cómic, la asunción, sin máscaras, de estar haciendo tebeo en imágenes. Quizás las mentes pensantes de la Fox llegaron a la conclusión de que si el Alienverso había podido ser trasladado, en una continuidad paralela, al comic a través de las series de Dark Horse en los 90 bien podía recorrerse el camino contrario y llevar el tebeo al Alienverso.

Pese a que en un primer momento fue Danny Boyle el tanteado para encargarse de la dirección, acababa de estrenar “Trainspotting”, una de esas películas que definen los 90, este no se mostró interesado en integrarse en una franquicia que parecía algo histórico, pasado. Alguien vio entonces “La ciudad de los niños perdidos” y decidió que el estilo abigarrado e insólito de aquel par de franceses, Jeunet y Caro, tenía la vibración que la saga necesitaba para atacar la segunda mitad de los 90 marcada por el regreso de la inconsecuencia, las drogas de síntesis, la música electrónica. El grunge decaía, Clinton comenzaba su segundo mandato y Michael Bay redefinía el concepto de película veraniega con “Dos policía rebeldes” (Bad Boys, 1995) y “La roca” (The Rock, 1996). De imponía el hedonismo en definitiva, muy lejos de la angustia de Alien 3 y su universo opresivo.

“Alien: Resurrección” será entonces pura ligereza, una aventura liviana, heterodoxa y un punto cínica, autoirónica, al borde mismo de la parodia (¿intencionada?) de sí misma. Con Marc Caro fuera de la ecuación, aunque participase con algunos diseños de vestuario, Jeunet se embarcaba en una aventura hollywoodiense dispuesto solo a disfrutar de la experiencia descubriendo que, mientras no se saliese de los apretados presupuesto y calendario de rodaje, podía hacer más o menso lo que quisiese, entro ello importar a su equipo más cercano –director de fotografía, montador, técnico de efectos especiales, actores de confianza…- y decidir el tono de aquel Brand New Alien para los segundo 90. La realidad es que la película, escarmentados de la anterior experiencia, está planteada a un escala muy manejable, con rodaje en los propios estudios de la Fox y con un uso ya masivo de la pantalla verde y los efectos digitales, lo cual ayudaba a rebajar el presupuesto dando la sensación, incluso en imágenes finales de tratarse de una serie b cara. Lo cual por otra parte era un coherente regreso a los orígenes, ya que así había nacido la franquicia.

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La elección de Jeunet le daba a la película un aire sofisticado, moderno. Alien se europeizaba y ya se sabe que los europeos miramos estas cosas de la cultura pop usamericana con una sonrisilla condescendiente, de superioridad intelectual. Jeunet lleva la BD al Alienverso, su propio arsenal, atemperado por los modos de producción ajenos y la ausencia de Marc Caro en el diseño. Moebius ya había estado en el origen, participando en la primera entrega brevemente, así que el toque internacional no era extraño por completo a la iconosfera Alien pero ahora se filtra en ella de un modo más claro con un lenguaje que es mixto, entre el cine y el tebeo.

El mundo previo de Jeunet (y Caro), el de la reinterpretación del cartoon norteamericano y las revistas como Metal Hurlant entra en un tensión irresoluble con, por una parte, los recuerdos de los títulos previos que de modo contractual es necesario ir dejando a modo de ganchos y por otra el guión original, escrito por Joss Whedon y que parece un borrador de su posterior serie de culto Serenity, un western espacial a medio camino entre los seriales, los magazines pulp de ciencia-ficción, la televisión de los 60 y los comics de superhéroes Marvel integrados todos en un universo personal que repite temas y motivos de un producto a otro, lo mismo da que sea Buffy Cazavampiros, Astonishing X-Men o Los vengadores.

Las dinámicas de grupo, la tipología de los personajes, las heroínas femeninas, el tipo de diálogo, el sentido del humor y hasta determinados decorados preceden al grueso de la obra de Whedon en general y a Serenity en particular. Y están escritos en serio, quiero decir, hay sentido del humor a rebosar, las réplicas son ingeniosas y todo es ligero, Whedon no escribe otra epopeya de horror ni tampoco un film de frontera como el de Cameron. Se ciñe a las aventuras espaciales de tono pulp entendiendo, pues pertenece a ese tipo de cultura, que se trata de recrear la saga desde un punto de vista pop trayendo la ligereza sin complicaciones de las viejas películas, cómics y series, al estilo/estética de la segunda mitad de los 90, con algo de oscuridad y un poco de gusto por lo retorcido y lo siniestro.

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Esta base es transformada por Jeunet, quien tiene una relación distinta con la cultura popular norteamericana, en su propia visión distorsionada, delirante y, pese a todo, definitivamente audaz de la misma. Está claro que Whedon y Jeunet entienden el material cada uno de modo contrario al otro y lo que en la cabeza del guionista había sido creado como algo sorprendente es traducido por el ojo del cineasta en su versión grotesca.

Esta dialéctica, entre dos tipos que hablan idiomas distintos, a veces produce resultados seductores, por disonantes y excéntricos, la mayor parte del tiempo, en especial según nos acercamos a un clímax tan pasado de vueltas que resulta difícil de creer por la cantidad de aspectos salidos de madre que integra con una alegría digna de mejor causa; pero de vez en cuando ambos conecta y entonces “Alien: Resurrección” funciona como la película de aventuras comiquera que todo el mundo quería que hubiese sido. Cuando esto ocurre el resultado es pasmoso, admirable, tanto como para situarse entre los mejor de toda la serie, y pienso, claro, en Ripley enfrentando a sus hermanas fallidas y liberándolas a través del fuego o en esa set piece subacuática, rodada y coreografiada con una elegancia hipnótica, donde cada plano parece una viñeta que continúa a la otra con la misma fluidez  con la cual los alien nadan.

Ultimate Ripley

 En perfecta coherencia con el desatado comiquerismo de la película la nueva y mejorada Ripley  entra de lleno en la categoría de los superheróico. Si antes, en vida digamos, era una mujer corriente sometida a circunstancias sobrehumanas que la terminan elevando al nivel de los mitos y las leyendas su muerte hace que trasciende: como los héroes de la mitología la muerte no es el final, sino un paso hacia otro tipo de existencia. Ripley muere como mujer para renacer como supermujer completando el camino del héroe.

Ellen Ripley ahora era Ripley 8, una criatura clonada, 1996 fue el año de la oveja Dolly, mutante, mixta, que sintetizaba a la bella y a la bestia en una sola entidad. Al final Ripley no solo no había perdió, resulta que había ganado. Por un lado a la muerte, por otra a su contrario; lo que no te mata te hace más fuere, y hasta lo que te mata diría la superheroina, Eva mejorada.

La maternidad emerge en “Alien: Resurrección” como un tema de fondo, plantado en el primer acto de “Aliens: el regreso” y desarrollado a lo largo de la misma por James Cameron como un motivo así mismo explorado por el cineasta en su dos entregas de Terminator. La brutalidad del acto de arrebatarle a Ripley su maternidad vicaria durante los créditos de “Alien 3” era rematado al final de la misma mediante un acto aun más cruel ya que Ripley experimentaba un embarazo natural antinatural, herético en el contexto religioso original planteado por Vincent Ward y luego recogido, en parte, por David Fincher. Aquello era un paso más en el tipo de narración depresiva, sofocantemente negativa, de la película del 92.

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En “Alien: Resurreción” Ripley, o su réplica evolucionada que conserva parte de la memoria atávica del original vuelve a experimentar una doble maternidad: la natural y la adoptiva. La natural es otra vez aberrante y conduce, de forma inevitable, a la muerte, en este caso no a la propia, por sacrificio, sino a la de su criatura, un Neo-Alien semihumanoide, de diseño por completo que se expresa entre gritos inarticulados y reconoce a Ripley como a su verdadera madre tras decapitar a la reina alien de la cual ha salido por parto natural. Así «el guión también introduce una evolución en la raza alienígena: la reina incubada por Ripley también ha dado un paso adelante en su desarrollo genético y da a luz a un «hijo» que a su vez es una mezcla de alien y humano (piel blanquecina, carnosa; dientes y ojos humanoides; una expresividad hasta entonces inédita; una constitución vagamente antropoide; y cierto instinto que lo empuja hacia Ripley no para matarla sino en busca de calor maternal, lamiéndola como un cachorro con una inesperada y enorme lengua). Se supone, por lo tanto, que la destrucción final del neo-alien a manos de la neo-Ripley posee un componente dramático inédito, puesto que por una vez la teniente siente dolor ante lo que está haciendo: por otra parte, la muerte del «pequeño» es terrible, deshaciéndose su masa debido a la descompresión de su cuerpo esponjoso a través de un pequeño agujero en el cristal de la nave espacial.»

En oposición a esta maternidad aberrante –como todas aquellas que vertebran la saga desde la de John Hurt en Alien, el octavo pasajero- que aquí incorpora contornos de fantaciencia con más de lo primero que de lo segundo, Ripley vuelve a encontrar un sustituto para ese vacío en un personaje como Call que sintetiza a Nwet y a Bishop.

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Call, con el rostro desvalido y lo enormes ojos de Wynona Ryder equivale, para el instinto maternal de Ripley a una Newt reencontrada, ya mujer y tan incansable, valiente y heroica como ella misma y como aquella creía que había sido capaz de sobrevivir sola a una plaga de aliens. Pero Call, al igual que al Neo-Ripely, no es humana, ha trascendido mediante la tecnología. Es un androide creado por androides que como los replicantes de “Blade Runner” es más humana que los humanos, más frágil, más empática. Es al tiempo el siguiente Bishop y la imagen proyectada de Newt.

En ella Ripley encuentra los pedazos de humanidad que le falta ella misma, y Call, por su parte, experimenta lo mismo. A lo cual se añade el abrazo definitivo de Ripely a la vida simulada como algo positivo, tranquilizador, que Cameron había comenzado en “Aliens: el regreso”. No será extraño que los otros dos supervivientes sean los personajes de Ron Perlman, el más deshumanizado y brutal de los mercenarios, y Dominique Pinon, un hombre mecanizado. También puede ser que eso sea producto de ser los dos actores de Jeunet y las dos estrellas de la función, claro.

Si Alien 3 se cerraba con ese final absoluto Alien: Resureción, de acuerdo a su oposición casi ideológica, lo hace, en la versión extendida, con un breve epílogo en la tierra, con el fondeo de un París destruido y un mundo gastado que, paradójicamente, no resulta oscuro ni depresivo, sino esperanzador, la promesa de un nuevo comienzo: tenemos la nave y tenemos al grupo de desclasados del espacio definitivo… y además tenemos a SuperRipley. Joss Whedon parece decir desde el fondo del guión “-Ahí fuera, hay toda una nueva serie esperando. Un montón de aventuras”. Jeunet se limita a sonreír de medio lado y arquear la ceja.

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